EL RENACIMIENTO EUROPEO

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EL RENACIMIENTO EUROPEO, se trató de un fenómeno sumamente importante, caracterizado por lo dinámico, coronado por grandes avances, descubrimientos e inventos y precisamente fueron los estudiosos renacentistas quienes empezaron a hablar de la Edad Media, considerándola como una separación entre su época y el pasado clásico. Sin embargo, apenas cambiaron otras cosas.

El centro de la civilización europea seguía residiendo en la religión en 1500. No puede sorprendernos, por tanto, que el primer libro que se imprimió en Europa fuera la Biblia. En 1500 ya había traducciones alemanes, italianas y francesas (los ingleses tuvieron que esperar hasta 1526) y este texto sagrado alcanzó mayor difusión que nunca hasta entonces. Tras la caída de Constantinopla, los europeos empezaron a considerarse los únicos cristianos verdaderos (apenas sabían nada de lo que ocurría en Rusia), idea que les resultaba muy atrayente. Quizá consideraran a Europa el centro del mundo, como lo fue Jerusalén en su momento. Este cambio de actitud se aceleró en el siglo XV.

imprenta de gutemberg

En Maguncia, ciudad de Alemania, apareció la tecnología apropiada en el momento justo. Johannes Gutenberg, quien había comenzado como orfebre, inventó un método para imprimir libros y folletos por medio de tipos móviles, construyendo un pequeño molde de metal para cada letra (su experiencia como orfebre le vino a punto), disponiendo luego las letras, asegurándolas firmemente en su puesto y cubriéndolas con tinta. Así podía imprimir tantas copias idénticas de la página de tipos como quisiera, antes de reorganizar las letras e imprimir copias de la segunda página, de la tercera, de la cuarta, etc. Gutenberg y su mecenas financiero Johann Fust construyeron la imprenta en 1450. La Biblia de Gutenberg, primer libro producido en masa, salió de esta imprenta (o de una de sus sucesoras) hacia 1455.
 

En 1400 llegó a Occidente el mapa de Tolomeo, justo antes de que se iniciara una gran serie de descubrimientos que lo invalidarían. Fueron muchos los elementos que abrieron el camino a esta nueva era. Uno de ellos estribó en el perfeccionamiento del diseño y la construcción de barcos.

mapa de Ptolomeo

El timón de popa constituyó un importante avance en su momento; con la mejora de los aparejos, los barcos pudieron maniobrarse más fácilmente, resultando más rápidos y seguros. En el año 1500 se implantó el sistema de tres mástiles con distintos tipos de velas. En esta época apareció el velero que dominaría los mares durante los trescientos cincuenta años siguientes.

También se realizaron grandes progresos en la navegación. Varios siglos antes, los vikingos fueron destacados navegantes, que realizaron largas travesías oceánicas y se establecieron en Islandia y Groenlandia. Sabían navegar siguiendo una línea de latitud y mantenían el rumbo guiándose por la altura del sol por encima del horizonte a mediodía.

brujulaLa brújula empezó a utilizarse en el Mediterráneo en el siglo XIII (probablemente se inventó en China, pero no existen testimonios que lo corroboren) y la primera referencia a las cartas de navegación está fechada en el 1270.

Con estos recursos, los conocimientos geográficos de los europeos aumentaron más rápidamente en los dos siglos siguientes. La casualidad también contribuyó en algunas ocasiones: un barco que zarpó de Cherburgo y llegó a las islas Canarias en realidad llevaba otro rumbo. Entraron en acción nuevos incentivos y nuevos métodos.

En primer lugar, la esperanza de una ganancia comercial: se sabía que el oro y la pimienta se encontraban al sur del Sahara. A lo anterior hay que añadir la creciente amenaza turca y la esperanza de hallar una ruta que permitiera eludirla o a aliados que ayudaran a combatirla, así como el fervor religioso y la simple curiosidad.

Cualesquiera que fueran los motivos en cada caso concreto, la consecuencia fue que los reyes de países con costas atlánticas empezaron a sentir interés ante la posibilidad de las exploraciones oceánicas. Entre ellos destaca el hermano del rey de Portugal, el príncipe Enrique el Navegante, como se le conocería más adelante.

Parece como si los portugueses de la época hubieran tenido agua salada en lugar de sangre (al igual que los marinos de Devon, Cornualles y Bretaña).

La costa de su país es muy accidentada y está plagada de pequeños puertos y desembocaduras de ríos por los que navegaban centenares de barcos pesqueros y mercantes. En ellos aprendieron el oficio los marinos que llevaron por el Atlántico a los primeros colonos europeos, los portugueses y unos cuantos españoles que fueron en busca de tierras a Madeira y las Canarias.

En cuanto a las empresas comerciales, los portugueses también tuvieron que recurrir al Atlántico, ya que por tierra estaban bloqueados por España y apartados del comercio mediterráneo por la fuerte oposición de genoveses y venecianos, que querían monopolizarlo.

Gracias a las subvenciones que concedió el príncipe Enrique a la investigación —pues en eso se convirtieron las expediciones que organizaba —los portugueses se dirigieron al sur. En 1434 doblaron el cabo Bojador; diez años más tarde se establecieron en las Azores y llegaron a Cabo Verde, en la costa africana. En 1445 dEnrique el Naveganteescubrieron Senegal, donde construyeron un fuerte. En 1473 cruzaron el ecuador y en 1487 llegaron al extremo de África, al cabo de Buena Esperanza.

Obtuvieron grandes beneficios, el comercio de especias que atravesaba el océano Indico, hasta entonces monopolizado por los dhows árabes. Casi en las postrimerías del siglo, el rey portugués encargó a Vasco de Gama, compatriota suyo, que buscara una ruta hasta la India. En mayo de 1498 De Gama desembarcó en Calicut, en la costa occidental. Al fin Europa había conseguido comunicación directa con Oriente.

Por entonces se hizo otro gran descubrimiento en el extremo opuesto del mundo. Un navegante genovés, Cristóbal Colón, pidió ayuda al rey de Portugal para emprender un viaje que, según creía (basándose en Tolomeo), lo llevaría a Asia atravesando el Atlántico por Occidente; pero no recibió apoyo hasta que en 1492 convenció a Isabel de Castilla, y partió ese mismo año. Tras sesenta y nueve días de travesía, sus tres carabelas tocaron tierra en las Bahamas. Dos semanas más tarde descubrió Cuba, isla a la que impuso el nombre de La Española.

Cristobal ColónAl año siguiente regresó con una expedición mucho mejor equipada y exploró las islas que se conocen desde entonces como Indias Occidentales.

Sin saberlo, Colón había descubierto el Nuevo Mundo. Sin embargo, él lo negó reiteradamente, y sostuvo hasta su muerte que había descubierto islas asiáticas. Este acontecimiento transformó la historia universal.

A diferencia de los navegantes portugueses que, a pesar de su valor y sus recursos habían navegado alrededor de un continente conocido y con un destino igualmente conocido, Colón abrió el camino hacia dos continentes de cuya existencia no se tenía noticia.

Por eso los calificamos de «nuevos». En 1495 apareció el primer mapa de sus descubrimientos, en el que Cuba aparecía como una isla en lugar de formar parte integrante del continente asiático (como había hecho jurar Colón a su tripulación).

Mencionaremos una consecuencia de lo anterior y dejaremos los descubrimientos y la expansión europeos para otro libro. En 1502, un italiano zarpó hacia el sur en un buque portugués de la costa del actual Brasil y llegó al Río de la Plata, hecho que vino a demostrar de forma concluyente que existía un continente al sur de la región caribeña en la que se realizaron los primeros descubrimientos. El italiano en cuestión se llamaba Américo Vespucio. En su honor, un geógrafo alemán dio su nombre al nuevo continente cinco años después.

Se producirían más descubrimientos, pero no nos vamos a ocupar de ellos por el momento. La exploración fue la última de las fuerzas que llevó a los europeos a considerar su relación con el resto del mundo bajo un nuevo prisma. La siguiente fase de su expansión consistiría en transformarlo, no sólo en descubrirlo, respaldados por una creciente confianza en sí mismos. Esta carrera de éxitos se inició en 1500, fecha del inicio de una nueva era en la que aumentaría el empuje europeo, de una forma casi ilimitada. No fue el mundo quien vino a ellos, sino ellos quienes salieron al mundo.

Naturalmente, esta actitud no se puso de manifiesto inmediatamente. En el frente otomano, los europeos siguieron sintiéndose amenazados y a la defensiva. Los instrumentos de los descubrimientos aún requerían perfeccionamiento, pero el proceso ya había comenzado. Al descubrimiento seguiría la conquista, lo que supuso también el inicio de una revolución en la historia universal. Tocaba a su fin la época de los mundos distintos.

EL HOMBRE DEL RENACIMIENTO: Renacimiento quiere decir ante todo resurrección de las antiguas civilizaciones de Grecia y de Roma. La lengua griega hacía tiempo que era enseñada en Italia y parecía como si la curiosidad y el espíritu de libre investigación que había caracterizado a la civilización ateniense resurgiera con el estudio del idioma de los antiguos griegos.

El influjo de la cultura romana, por su parte, se hizo sentir también de una manera especial en Italia, el núcleo geográfico en el que la revolución cultural renacentista se haría más notable. A este hecho no eran ajenos fenómenos como la preponderancia del derecho romano, la utilización del latín por parte de algunos grupos sociales y la conservación de un gran número de edificios antiguos.

Pero también el horizonte geográfico del hombre renacentista se había visto ensanchado: aventureros, comerciantes y misioneros habían descubierto tierras hasta entonces desconocidas, alcanzando al tiempo las costas orientales de Asia tras circunnavegar el continente africano.

El desarrollo de los conocimientos científicos había puesto en duda verdades que antaño se consideraban definitivas y que afectaban a cuestiones tan importantes como la forma de la Tierra o el lugar del hombre en el universo. En este mismo contexto se produjeron importantes cambios en lo que a la vida y a las instituciones religiosas se refiere. El principal de ellos fue el provocado por la reforma protestante.

La Europa del Renacimiento: Pese a que Italia fue sin ninguna duda el centro neurálgico de la cultura renacentista, ésta se extendió rápidamente por todas las tierras de Europa. Los constantes viajes de clérigos y estudiantes permitieron una inmediata y completa exportación de los nuevos ideales, que experimentaron a la vez una adaptación a los caracteres de cada país. Así, elementos clásicos como columnas, pilastras y frontones fueron incorporados a edificios de estructura gótica.

En Francia proliferaron las ediciones de los clásicos de la Antigüedad y de los humanistas, al tiempo que se extendía un espíritu de libertad que se habría de materializar en obras como los poemas de Ronsard, el celebérrimo Gargantúa y Pantagruel de Rabelais o los Ensayos de Montaigne.

En Inglaterra, Tomás Moro recogía en su Utopía los rasgos básicos del humanismo de la época, en tanto que en España Garcilaso y Boscán, de un lado, y Nebrija, del otro, abrían las puertas a las nuevas ideas.

Los alemanes se ocuparon entre tanto del estudio de las antigüedades, y así Conrad Celtis se dedicaba con empeño a rescatar textos que testimoniaban el grado de desarrollo cultural que aquellas tierras habían alcanzado en el curso de la Edad Media.

Con todo, el máximo representante del Renacimiento fuera de Italia fue Erasmo de Rotterdam. Hijo ilegítimo de un eclesiástico, nació en torno al año 1469. Aunque no sintió. entusiasmo por el arte del Renacimiento, fue filosóficamente la figura clave de su época, constituyendo el nexo de unión entre el movimiento místico que, conocido como Devotio moderna, floreció en los Países Bajos durante su infancia, y el resurgimiento de los clásicos en Italia.

Erasmo empezó su vida como monje, pero, insatisfecho, huyó a París con el pretexto de perfeccionar su teología. En realidad su interés principal era el estudio de los clásicos. En su Enquiridión o Manual del caballero cristiano (1501) demostró que los clásicos, la poesía y la filosofía eran tan sólo el preludio de un estudio superior a todos, el de las Escrituras.

Su objetivo era fusionar el mundo de la Antigüedad con el del cristianismo, y su obra es una muestra de cómo en el norte de Europa el Renacimiento estuvo al servicio de la religión.

El pensamiento de Erasmo tuvo una gran influencia sobre su tiempo. Aunque el pensador de Rotterdam siguió siendo un católico convencido y estudió el griego original del Nuevo Testamento, quiso que el hombre corriente leyera las escrituras en su propio idioma. Odiaba el vicio y la ignorancia e intentó mostrar el verdadero camino de la cristiandad con su propio ejemplo.


El bautismo de Cristo es una tabla pintada por Piero della Francesca hacia 1445.

LAS CIUDADES Y FAMILIAS DEL RENACIMIENTO

Como no había rey en Italia, porque no estaba unificada en un estado, el poder político estaba en manos de los gobernantes de las ciudades. A estos gobernantes se los denomina a menudo príncipes del Renacimiento, pero en realidad muy pocos eran de sangre real. Algunos provenían de familias aristocráticas. Otros de familias de mercaderes. Lo que les daba la calidad de "príncipes" era simplemente la riqueza y el poder.

Ciertas ciudades se hicieron muy poderosas y controlaron grandes extensiones de territorio fuera de sus murallas. Este a menudo incluía poblaciones más pequeñas y menos poderosas, que se conocía como ciudades estados. Tenían sus propios gobernantes, competían en el comercio y la industria y luchaban entre sí para obtener mayor poder.

En Italia, había cinco ciudades estados principales: Nápoles, Milán, Florencia, Venecia y los Estados pontificios (controlados por el Papa). Los gobernantes de estos estados, con sus riquezas, fueron algunos de los principales mecenas del Renacimiento. Pero fueron también por la ambición y la codicia de sus familias, quienes causaron las guerras entre las distintas ciudades. Los habitantes del pueblo preferían continuar con su trabajo.

Durante un tiempo, Milán fue el estado más poderoso, bajo el reinado de los duques de la familia Visconti. Uno de sus miembros, Gian Galeazzb, llegó a ser una persona tan importante que se casó con la hija del rey Juan II de Francia y una de sus hermanas contrajo enlace con un hijo del rey Eduardo III de Inglaterra. Después de los Visconti, gobernó Milán la familia Sforza, primero Francesco Sforza, un gran capitán de mercenarios, y luego Ludovico Sforza, conocido como II Moro o el Moro, por su tez oscura.

Tanto Florencia como Venecia eran repúblicas, es decir, estados con un gobierno electo o señoría. En realidad, en 1495, sólo 3.200 de los 100.000 habitantes de Florencia tenían derecho a votar para elegir a los miembros de la Señoría. En Florencia, durante más de la mitad del s. XV, una familia, la de los Medici, se convirtió en la virtual autoridad.

En Venecia no había una gran familia dominante porque esa ciudad trataba de mantenerse al margen de la lucha continua entre los estados para poder concentrarse en su comercio marítimo. Era gobernada por el Dux, cuyo mandato era vitalicio, y por un Gran Concejo. Estaba además el Concejo de los Diez, que ayudaba a mantener el orden público en épocas de emergencia y era temido porque su poder iba más allá de la ley.

Si sospechaba que alguien planeaba algo contra el estado, lo hacía matar. Los papas eran líderes políticos y mecenas de las artes, al mismo tiempo que jefes supremos de la Iglesia. Dos de ellos pertenecieron a la familia Médicis.

Fuente Consultada:
Historia Universal Ilustrada John M. Roberts - Tomo I

Los Primeros Mecenas en la Edad Media

 

 

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