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Después de la
guerra de los siete
años entre Inglaterra y Francia , la política británica había tratado de obtener
nuevos réditos de las trece colonias norteamericanas con el fin de pagar los
costos del ejército británico que las protegía. Un intento por imponer nuevos
impuestos a través de la Ley del Timbre de 1675 condujo a revueltas y al rápido
rechazo de la ley.
Los colonos norteamericanos y los británicos
tenían distintas concepciones sobre lo que debía ser un imperio. Los británicos
preveían un solo imperio con un parlamento como la autoridad suprema, que podía
elaborar leyes para todos sus subditos, entre éstos las colonias
norteamericanas. Éstas, por el contrario, tenían sus propias asambleas
representativas, y creían que ni el rey ni el Parlamento tenían derecho alguno a
intervenir en sus asuntos y ningún impuesto podía ser aplicado sin la aprobación
de una asamblea cuyos miembros representaran al pueblo.
En 1777 los americanos vencieron a los
ingleses en la batalla de Saratoga. Entretanto había llegado un ejército
francés, y España había mandado provisiones y armas procedentes de México y las
Antillas.
En
el año 1781 unos 8.000 soldados británicos fueron rodeados en Yorktown
(Virginia) por la alianza franco norteamericana bajo las órdenes de Washington.
Los británicos pidieron la paz y en el tratado de París de 1783 se reconoció por
fin la independencia de los Estados Unidos.
Estaban cansados de lucha y de una guerra que no era popular, pues ambos pueblos
eran demasiado afines y no existía odio real que justificara la matanza.
Desde 1770 hasta 1776 se sucedieron varias crisis,
por lo que los colonos decidieron declarar su independencia del Imperio
Británico. El 4 de julio de 1776, el Segundo Congreso Continental aprobó la
declaración de independencia escrita por Thomas Jefferson. El controvertido
documento político, que afirmaba los derechos naturales de "vida, libertad y la
búsqueda de la felicidad", sostenidos por la Ilustración, declaraba que las
colonias "son estados libres e independientes sin obediencia alguna de la corona
británica". Formalmente, la guerra por la independencia de las colonias
norteamericanas había comenzado.
De gran importancia para la causa de las colonias
fue la ayuda de otros países ansiosos de cobrar venganza por las derrotas
infligidas por los ingleses en guerras anteriores. Los franceses proporcionaron
armas y dinero a los rebeldes desde el comienzo de la guerra, e incluso
oficiales y soldados franceses sirvieron en el Ejército Continental bajo las
órdenes del comandante en jefe George Washington. Cuando el ejército del general
Cornwallis fue forzado a rendirse ante la combinación de fuerzas norteamericanas
y francesas y una flota francesa al mando de Washington, en Yorktown en 1781,
los ingleses decidieron dar por terminada la lucha. El Tratado de París, firmado
en 1783, reconocía la independencia de las colonias norteamericanas y
garantizaba a sus colonos el control de los territorios occidentales que
comprendían desde los Apalaches hasta el río Mississippi.
Líderes tan importantes como George
Washington, Benjamin Franklin y James Madison pretendieron modificar algunos de
los artículos de la Confederación, sin embargo fueron unos delegados los que
tuvieron la idea de redactar una nueva legislación que dio como resultado la
gran Constitución de los Estados Unidos de América que finalmente fue aceptada
en 1788 tras muchas reuniones.
El gobierno central o federal se dividió en tres
ramas, cada una con algún poder para verificar el funcionamiento de las demás.
Un presidente desempeñaría las funciones de jefe del ejecutivo, con poder de
ejecutar leyes, vetar las leyes de la legislatura, supervisar los asuntos
exteriores y dirigir las fuerzas militares. El poder legislativo pasó a ser la
segunda rama de gobierno, una legislatura bicameral compuesta por un Senado,
elegido por las legislaturas estatales, y una Cámara de Representantes, elegida
directamente por el pueblo. La Suprema Corte y otros tribunales, "según se
juzgara necesario", por el Congreso, constituía la tercera rama del gobierno.
Ellos harían cumplir la Constitución como "ley suprema del país".
La Constitución de Estados Unidos fue aprobada por
un estrecho margen por los estados en 1788. Para su éxito fue de especial
importancia la promesa de agregarle una carta de derechos a esta primera pieza
del ejercicio del poder.
De acuerdo con esta promesa, en marzo de 1789 el
nuevo Congreso propuso doce enmiendas a la Constitución; las diez que fueron
ratificadas por los estados son conocidas desde entonces como Declaración de los
Derechos, que garantizan las libertades de profesión religiosa, de expresión, de
prensa, de petición y de reunión, así como el derecho de portar armas, de
protección contra búsquedas y arrestos, de juicio a través de un jurado, de
proceso legal establecido y de protección de los derechos de propiedad.
Muchos de estos derechos derivaban de la filosofía
de los derechos naturales de los filósofos del siglo XVIII, muy popular entre
los colonos norteamericanos. No es de extrañar que numerosos intelectuales
europeos vieran en la Revolución Estadounidense la materialización de los sueños
políticos preconizados por la Ilustración.
Fuente Consultada
Civilizaciones de Occidente Tomo B
Jackson Spielvogel
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