|
|
EL ACCIONAR DEL TERROR FRANCES: Las penas
infligidas a los traidores o presuntos insurgentes fueron más severas en muchos
departamentos periféricos, especialmente en los principales centros de la
insurrección monárquica.
El
tribunal de Nantes, presidido por Jean-Baptiste Carrier, el más severo con los
cómplices de los rebeldes de La Vendée, ordenó la ejecución de más de 8.000
personas en un periodo de tres meses. Los tribunales y los comités
revolucionarios fueron responsables de la ejecución de casi 17 mil ciudadanos en
toda Francia.
El
número total de víctimas durante el Reinado del Terror llegó a 40.000. Entre los
condenados por los tribunales revolucionarios, aproximadamente el 8% eran
nobles, el 6% eran miembros del clero, el 14% pertenecía a la clase media y el
70% eran trabajadores o campesinos acusados de eludir el reclutamiento, de
deserción, acaparamiento, rebelión u otros delitos. Fue el clero católico el que
sufrió proporcionalmente las mayores pérdidas entre todos estos grupos sociales.
El
odio anticlerical se puso de manifiesto también en la abolición del calendario
juliano en octubre de 1793, que fue reemplazado por el calendario republicano.
El Comité de Salvación Pública, presidido por Robespierre, intentó reformar
Francia basándose de forma fanática en sus propios conceptos de humanitarismo,
idealismo social y patriotismo.
El
Comité, movido por el deseo de establecer una República de la Virtud, alentó la
devoción por la república y la victoria y adoptó medidas contra la corrupción y
el acaparamiento. Asimismo, el 23 de noviembre de 1793, la Comuna de París
ordenó cerrar todas las iglesias de la ciudad -esta decisión fue seguida
posteriormente por las autoridades locales de toda Francia- y comenzó a promover
la religión revolucionaria, conocida como el Culto a la Razón. Esta actitud,
auspiciada por el jacobino Pierre Gaspard Chaumette y sus seguidores
extremistas (entre ellos Hébert), acentuó las diferencias entre los
jacobinos centristas, liderados por Robespierre, y los fanáticos seguidores de
Hébert, una fuerza poderosa en la Convención y en la Comuna de París.
Durante este tiempo, el signo de la guerra se había vuelto favorable para
Francia. El general Jean Baptiste Jourdan derrotó a los austriacos el 16
de octubre de 1793, iniciándose así una serie de importantes victorias
francesas. A finales de ese año, se había iniciado la ofensiva contra las
fuerzas de invasión del Este en el Rin, y Tolón había sido liberado. También era
de gran relevancia el hecho de que el Comité de Salvación Pública hubiera
aplastado la mayor parte de las insurrecciones de los monárquicos y girondinos.
Las
reformas de Robespierre concitaron muy pronto la oposición de la mayor
parte de la burguesía, que veía peligrar sus propiedades. Por otro lado, su
forma de gobernar, dictatorial, desagradaba a muchos porque a cualquier crítica
se respondía con la detención y la muerte. Cuando la guerra dejó de ser un
problema y las victorias del ejército republicano garantizaban la estabilidad de
la República, gran parte de los diputados de la Convención se pusieron de
acuerdo para dictar una orden de detención contra Robespierre,
que fue
guillotinado el 28 de julio de 1794.
|
|