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En Egipto y Mesopotamia surgieron
hace unos 5.000 años las primeras civilizaciones complejas que marcaron el
inicio de la Historia. En Extremo Oriente, poco más tarde, también se
desarrollaron grandes civilizaciones en China e India.
Hace unos 5.000 años se produjeron
en Oriente Próximo tres inventos muy importantes: la rueda, la vela y el arado.
Los carros y los barcos de vela permitieron entablar relaciones comerciales
entre regiones cada vez más alejadas. El arado mejoró las cosechas y la
alimentación, lo que produjo un aumento de la población. Otros avances muy
importantes fueron la invención del regadío y la construcción de canales para
transportar el agua a las ciudades y a los campos de cultivo.
La
rueda tuvo pronto muchas aplicaciones, como los
carros tirados por bueyes para el transporte de personas y mercancías y los
tornos para trabajar la cerámica con mayor rapidez y precisión.
La vela se aplicó a los barcos y permitió
aprovechar la fuerza del viento para la navegación y el transporte, con lo que
aumentó el tamaño de las embarcaciones. Así se podían transportar más mercancías
y más personas. El arado, tirado por bueyes,
permitía arar más cantidad de tierra y más rápidamente que con la azada.
La Invención de la Rueda: Las primeras
ruedas que se conocen son las de alfarero. Las que luego se utilizaron aplicadas
al transporte derivan de aquel artefacto. Las ruedas de carro más antiguas se
han hallado entre los restos de la ciudad de Ur, en la Media Luna de las Tierras
Fértiles —región de la antigua Mesopotamia—, y datan del 3000 ó 3500 a. C.
Son piezas de madera maciza fijadas al eje mediante cuñas, demasiado pesadas
como para ser muy eficientes, aunque no dejan de ser funcionales. Hasta ese
entonces, el transporte de cargas terrestre se había realizado en brazos, y con
posterioridad, hasta que se pudieron utilizar animales de carga, en cestas o
angarillas que permitían repartir el peso entre varios hombres. La aparición de
la rueda facilitó algo tan sencillo como que el animal, en lugar de llevar sobre
el lomo o en alforjas una cantidad limitada de carga, pudiera tirar de un carro
y multiplicar la cantidad de material transportado.
Por su dureza y ductilidad, y en función de las posibilidades técnicas de la
época, la madera fue el material idóneo para la construcción de ruedas, y siguió
utilizándose hasta la llegada de la llanta de goma maciza. En este sentido, cabe
destacar la lenta evolución que tuvo este invento, ya que si bien se fue
perfeccionando, lo cierto es que no sufrió modificaciones sustanciales hasta
mediados del siglo XIX, con el advenimiento del neumático.
La pesada rueda de Ur se mantendría vigente, pues, durante unos 5000 años.
Estaba unida, mediante piezas de madera, a un eje móvil, es decir, que la rueda
y el eje cilíndrico giraban juntos; con posterioridad surgiría el modelo de eje
fijo, al que la rueda se unía mediante un pasador, permitiéndole girar con
independencia. Para reforzar el disco de madera, que podía partirse, se lo rodeó
de un aro de cobre. Todo el conjunto era macizo, sumamente pesado y demoraba la
circulación de animales y personas.
La solución fue hallada en Persia Oriental, entre el 2000 y 1500 a. C., cuando
eliminaron paulatinamente secciones del disco, logrando reducir su peso, hasta
desembocar en los que hoy conocemos como “radios”. Los egipcios también conocían
esta tecnología.
Hacia el año 1000 a. C. ya se habían difundido por la península itálica los
carros de dos ruedas sobre los que el conductor se mantenía de pie. Las llantas
de goma no aparecerán hasta la segunda mitad del siglo XIX y pronto serían
superadas: el veterinario escocés John Boyd Dunlop (1840-1921), inventó en 1887
la primera cubierta con cámara de aire, lo que suavizaba considerablemente la
marcha.
En la actualidad, los neumáticos se fabrican con caucho y refuerzos de hilo, y
están especialmente diseñados para brindar la mayor eficiencia en el arranque,
el frenado y la guía de los vehículos automotores. |
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