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La demora de la organización nacional:
El asesinato de Quiroga provocó la sanción, por la Sala de
Representantes de la provincia de Buenos Aires, de una ley —el 7 de
marzo de 1835— , que nombraba a Juan Manuel de Rosas gobernador por
un período de cinco años en vez del lapso habitual de tres. Le
otorgaba también la suma del poder público "por todo el tiempo que,
a juicio del gobierno electo, fuese necesario".
La ley fue aprobada por 36 votos contra 4 y un plebiscito o consulta
popular también la aprobó por 9.312 votos contra 8 (28 de marzo de
1835). El 13 de abril de 1835 Rosas asumió por segunda vez el mando
en la provincia de Buenos Aires, y estábamos muy lejos de lograr una
organización definitiva del país. Rosas siempre se negó al dictado
de una constitución pues consideraba que primero debían organizarse
las provincias internamente y sólo después de ponerse de acuerdo
sobre el tipo de gobierno para el país.
Así lo expresó en 1873, desde su exilio en Inglaterra: "(...) es
preciso antes (de sancionar una constitución) preparar al pueblo
para ello, creando hábitos de orden y de gobierno, porque una
constitución no debe ser el producto de un iluso soñador, sino el
reflejo exacto de la situación de un país (...). Otorgar una
constitución era un asunto secundario; lo principal era preparar al
país para ello y esto es lo que creo haber hecho".
Un planteo similar había hecho anteriormente Rosas en una carta que
le escribió a Quiroga en diciembre de 1834, cuando éste iba a partir
rumbo al norte para mediar en el conflicto entre Latorre y Heredia.
Esta carta, de varias páginas, es la célebre Carta de la Hacienda de
Figueroa, pues en esta estancia se escribió.
Con el ascenso de Rosas por segunda vez al poder, el término
Confederación Argentina cobró plena vigencia. Aunque las provincias
conservaban su autonomía, delegaban en el gobernador de Buenos Aires
los Negocios Generales de la Confederación, como ya había ocurrido
en los momentos anteriores cuando había desaparecido el gobierno
nacional, pero en este caso, serían muchísimos los años en que se
mantendría esta situación.
De esta forma, la provincia de Buenos Aires continuaba ejerciendo la
hegemonía que ostentaba desde los tiempos coloniales. La
Confederación era vista desde el exterior como un todo indisoluble
con un único gobernante, Juan Manuel de Rosas.
Este último gobierno de Rosas duró diecisiete años. Al final de cada
período de cinco años fue reelecto sin oposición. Rosas expresó que
asumía ese "poder sin límites" por juzgarlo "absolutamente necesario
para sacar a la patria del abismo de males en que la lloramos
sumergida". Desde 1835, en la conducción personalista se dieron
unidos causa, partido y gobierno, fundidos con nación y patria.
Así, quienes se oponían a uno se oponían a los otros, y cometían en
todos los casos "delitos" de perjurio y traición que, según Rosas,
merecían tremendo y ejemplar castigo. Cuando Rosas asumió el mando
hubo profusión de adornos en los frentes de los edificios y en los
monumentos como la Pirámide de Mayo; no escasearon los fuegos
artificiales, los grupos con eufóricos "vivas" y "mueras", los
ornamentos colorados por doquier y los llamativos arcos de triunfo.
La carroza de Rosas fue conducida a brazo hasta la Sala de
Representantes, por 25 miembros de la Sociedad Popular Restauradora,
fundada en 1833, y su brazo armado, la Mazorca, cuyo presidente fue
el pulpero Julián González Salomón, quien encabezaba la marcha y,
como los demás, iba vestido de rojo. Hubo oficios en los templos,
que conservaron el retrato de Rosas y la insignia punzó junto a la
Bandera.
La
potestad de Rosas se consolidó con el poder absoluto. La suma del
poder público le permitió disponer de la policía, de la milicia
cívica y de la justicia de menor cuantía; el cuerpo de serenos
creado por Viamonte fue militarizado y pasó a ejercer una estricta
vigilancia política. Rosas transformó el Banco de Descuentos,
fundado por Rivadavia con facultades para emitir papel moneda, en
Casa de Moneda, aumentando cada vez más el circulante. |