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En el siglo XVIII, el absolutismo
triunfa en casi toda Europa. El sistema absolutista puede considerarse la
culminación del proceso de centralización del poder en manos del rey, iniciado
con los estados modernos del Renacimiento.
El centralismo
Durante la mayor parte de la Edad Media, el poder de los reyes era débil frente
al de los señores feudales. Estos últimos ejercían en su señorío el poder
político y económico: cobraban impuestos e impartían justicia. Con respecto a
los grandes nobles, el monarca era sólo el “primus inter pares” (el primero
entre los iguales).
A
fines de la Edad Media, el poder de los señores feudales disminuyó notablemente.
El agotamiento de las tierras, las hambrunas, las pestes y los levantamientos
campesinos fueron algunas de las causas de su decadencia. Esta circunstancia fue
aprovechada por los monarcas para iniciar un proceso de fortalecimiento del
poder real. Este proceso alcanzó su culminación en el siglo XVII cuando se
establecieron las monarquías absolutas en varios países de Europa.
La
característica fundamental del estado absolutista fue la instauración de la
monarquía centralizada. El poder político, que anteriormente se ejercía en el
feudo, pasó a ser ejercido por la corona. Esta nueva forma de gobierno se basó
en la teoría de que el soberano recibía su poder de Dios para, a su vez,
gobernar al pueblo. También hubo un retorno a los principios del derecho público
romano, fundamentalmente en lo referente al derecho absoluto de los gobernantes.
El rey era la fuente suprema de todo poder y de todas las leyes y su decisión
era considerada “la ley”.
El
monarca que llevó al extremo esta concepción del absolutismo fue
Luis XIV de
Francia, cuya frase célebre fue “el Estado soy yo”.
Coronación de Luis XIV: Los
actos oficiales ponían de manifiesto el carácter sagrado de la monarquía. En
ellos se desplegaban los símbolos de la realeza: el manto, la corona, el anillo,
el cetro y la mano de la justicia.
El
rey era el jefe del estado absolutista y ejercía en forma personal el poder. Era
el máximo responsable del bienestar de su reino y de sus habitantes, los
súbditos. Para ello debió contar con un ejército que le permitiera derrotar
militarmente a los nobles rebeldes, a los campesinos sublevados y a las tropas
de los estados enemigos. El estado absolutista ejercía un control sobre la
burocracia, necesaria para la administración del reino, la diplomacia, las
finanzas y el cobro de los impuestos. También se preocupó por el desarrollo del
comercio.
A
medida que las rentas feudales comenzaron a ser percibidas por el monarca, los
nobles debieron depender de la distribución que la corona hacía de aquéllas. De
esta forma la clase noble, debilitada, quedó sometida al poder real. Para
reforzar el control de la administración, el rey se valió de un nuevo tipo de
funcionarios: los intendentes, en Francia y los corregidores, en España. En
algunos países, por ejemplo en Francia, se produjo la venta de cargos públicos y
títulos nobiliarios, que fueron adquiridos por la burguesía. Estos beneficios
otorgados por el rey respondían a una cuestión económica, pues los burgueses,
muchas veces, prestaban plata y financiaban los gastos de la monarquía. Sin
embargo, más allá del aparente beneficio de la burguesía, los monarcas
mantuvieron a los nobles en lo alto de la jerarquía social. Por lo tanto, el
estado absolutista fue el último intento de la clase feudal por dirigir la
sociedad.
Un Teorico del Absolutismo
“Considera al príncipe en su gabinete. De allí parten órdenes que hacen marchar
concertadamente a los magistrados y a los capitanes, a los ciudadanos y a los
soldados, a las provincias y a los ejércitos de mar y tierra. Es la imagen del
Dios, que sentado en su trono en lo más alto de los cielos hace marchar a toda
naturaleza [.11. Ved a un pueblo inmenso reunido en una sola persona; ved este
poder sagrado, paternal y absoluto; ved ¡a razón secreta que gobierna todo el
cuerpo del Estado encerrada en una sola cabeza: estáis viendo la imagen de Dios
en los reyes y tenéis la idea de la majestad real.”
JACQUES Bossuet.
Política sacada de las Sagradas
Escrituras, 1679.
El
este europeo
En el
este de Europa, desde fines de la Edad Media, se llevó a cabo
un proceso de acentuación del sistema feudal, llamado “refeudalización o segunda
servidumbre”. El poder de los burgueses decayó y creció el poder de los señores
feudales, que sometieron a los campesinos a pesadas cargas de trabajo.
Sin
embargo, también en esta parte de Europa comenzaron a
organizarse estados absolutistas. Pero, a diferencia de lo que ocurría en el
oeste europeo, allí el absolutismo se originó como reacción frente a la amenaza
militar de los reinos occidentales. Por otra parte, los países del este de
Europa actuaron como proveedores de materias primas del oeste. Esta situación
generó una dependencia económica del este europeo respecto del oeste.
Ante
el peligro de quedar sometidos a la influencia de los países occidentales, los
nobles fortalecieron sus estados con ejércitos permanentes.
La Reacción de la Nobleza: “Los
cambios en las formas de explotación feudal que acaecieron al final de la época
medieval no fueron en absoluto insignificantes; por el contrario, son
precisamente esos cambios los que modifican las formas del Estado. El
absolutismo fue esencialmente eso: un aparato reorganizado y potenciado de
dominación feudal, destinado a mantener a las masas campesinas en su posición
social tradicional, a pesar y en contra de las mejoras que habían conquistado
por medio de la amplia conmutación de las cargas. Dicho de otra forma, el estado
absolutista nunca fue un árbitro entre la aristocracia y la burguesía ni, mucho
menos, un instrumento de la naciente burguesía contra la aristocracia: fue el
nuevo caparazón político de una nobleza amenazada.”
PERRY
ANDERSON. El
estado absolutista.
Madrid, Siglo Veintiuno editores, 1984.
Historia 2 - El Mundo
Moderno
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