Los
misiles de octubre repercutieron hondamente en el ánimo de los gobernantes de
las potencias mundiales. El sopesar las consecuencias de una guerra nuclear
llevó casi inmediatamente a los Estados Unidos va la Unión Soviética a firmar en
Moscú el Tratado de Prohibición de las Pruebas Nucleares (1963) ya un primer
acercamiento en materia de desarme. Sin embargo, las conversaciones ejecutivas
sobre este tópico sólo se inician en 1969 cuando se establecieron
las
negociaciones para la limitación de armas estratégicas (SALT). Inicialmente
tenía amplias perspectivas, pero el contexto político internacional las limité
prontamente a los sistemas balísticos defensivos (AMB) ya un acuerdo interno de
duración limitada de cinco años sobre el armamento ofensivo estratégico. El SALT
I, con todas sus limitaciones y aplazamientos de los temas difíciles, fue un
buen comienzo, y el acuerdo firmado en Moscú, en mayo de 1972 por
Nixon y
Brezhnev.
Ese
mismo año se iniciaron las negociaciones de SALT II y luego de establecerte una
fórmula para el marco general del acuerdo, las conversaciones se estancaron y no
fueron reabiertas sino hasta la oportunidad que llegó a la presidencia de los
Estados Unidos, Jimmy Carter. El acuerdo SALT II dio origen a la cumbre de
Viena, donde concurrieron Brezhnev y Carter. pero el acuerdo, al no resolver
algunos puntos delicados, no fue ratificado por el Senado norteamericano y su
aplicación práctica quedó reducida a la buena voluntad de las potencias.
Con
la administración Reagan se reafirmó la improcedencia del acuerdo SALT II y se
decidió enfrentar el problema reduciendo en forma significativa el número de
fuerzas estratégicas. Las Strategic Arms Reduction Talks (STAR’]) se
iniciaron en Ginebra en 1982, con la propuesta de que ambas superpotencias se
contentaran con 5.000 ojivas nucleares montadas en no más de 850 misiles
intercontinentales. Luego en una segunda fase, las conversaciones debían
conducir a que ambos países igualaran el peso útil de las cargas nucleares de su
arsenal balístico. Sin embargo, las conversaciones fueron suspendidas en 1983 a
consecuencia del retiro de los soviéticos, hecho provocado por el despliegue en
Europa de los misiles “Cruiser” y “Pershing II” de origen norteamericano. Un
nuevo intento de reanudación también se empantanó al mezclar en una sola
negociación el tema de los misiles de largo alcance con el proyecto de
“Iniciativa de Defensa Estratégica” —más conocido como “guerra de las galaxias”—
que Reagan propiciaba para Estados Unidos.
Esta
situación de impasse entre las superpotencias tendría un cambio positivo por la
entrada en escena de un nuevo primer actor: el recién elegido Secretario General
del PCUS, Mikhail Gorbachov (1985). quien con un nuevo enfoque para su país y
las relaciones internacionales aceleré sustantivamente las conversaciones.
El
primer contacto directo entre Reagan y Gorbachov —la cumbre de Islandia— no tuvo
el éxito esperado, pero dejó el camino abierto para nuevas negociaciones. En
efecto, al año siguiente se desarrollaron en Ginebra dos conversaciones
paralelas sobre control de armas: las START sobre reducción de armas de largo
alcance y las FN 1 sobre limitaciones de fuerzas nucleares de mediano y corto
alcance. Los avances fueron notables y a fines del año se produjo la cumbre de
Washington, oportunidad que Reagan-Gorbachov firmaron un trascendental Tratado
de reducción electiva de las armas nucleares, sometido —lo que era una novedad—
a un estricto control de verificación.
El Tratado del 8 de diciembre de 1987
establece la eliminación de más de mil cohetes nucleares emplazados en Europa, y
por vez primera —luego de cuarenta años de “guerra fría”— acuerda a las
potencias en reducir sus arsenales nucleares en vez de restringir su
crecimiento. Al respecto dijo Gorbachov: “Podemos estar orgullosos de plantar
este retoño, que probablemente crecerá hasta llegar a convertirse en un poderoso
árbol de paz”.