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DESASTRES POR CAUSAS
METEOROLÓGICAS
El
comportamiento de la troposfera, bajo ciertas circunstancias, alcanza
condiciones extremas. Esto puede materializarse en distintos desastres
naturales: inundaciones debido al exceso de precipitaciones, sequías debido a la
falta de lluvias de manera irregular (coincidiendo en algunas ocasiones con olas
de calor). En otros casos, las olas de frío llegan a causar nevadas
extraordinarias, heladas tardías y pérdidas económicas, especialmente en el
sector agrícola. Las granizadas, por su parte, forman parte de los desastres por
causas meteorológicas.
Todos
estos fenómenos impactan de manera considerable sobre la economía de los países,
las nevadas bloquean los caminos, principalmente en las zonas montañosas
ubicadas a una altura considerable, como los Alpes y los Andes
argentino-chilenos, causan la mortandad de animales que mueren de frío y de
hambre, al quedar cubiertas las pasturas por la nieve. Esto último afecta sobre
todo a los países en desarrollo, ya que no se practica la cría de galpón.
Las
inundaciones
Las
catástrofes naturales más frecuentes son las inundaciones. Éstas se originan por
lluvias torrenciales o por deshielos. Producen una serie de
consecuencias como
la perturbación de la economía de la región (sobre todo si es agrícola porque,
cuando el agua se retira, arrastra la capa fértil del suelo. Otra consecuencia
es la contaminación de los suelos y las napas freáticas, poniendo a la población
en riesgo de epidemias.
En
1996, se produjo una de las inundaciones más recordadas por los daños que causó
en Florencia (Italia). Debido a lluvias torrenciales el río Arno, que la
atraviesa, aumentó su caudal y su velocidad (alrededor de 130 km/h), salió de su
cauce e inundó gran parte de Florencia. En esta inundación no sólo hubo que
lamentar las personas que quedaron sin techo y otros daños económicos, sino
también las pérdidas que sufrió la cultura, pues las aguas y el barro entraron a
los museos y dañaron más de un millón de cuadros y otros objetos de arte
Otro
desastre meteorológico es el aluvión de barro. Se produce cuando las lluvias se
tornan torrenciales y caen en áreas con pendientes pronunciadas, destruyendo
todo a su paso. Ello es lo que ocurre en el litoral brasileño, donde los
aluviones que descienden de los morros suelen arrasar las villas de emergencia (favelas)
En
nuestro país, la inundación de mayo de 1998 fue considerada la mayor catástrofe
de este tipo del siglo XX. Afectó a un tercio de las provincias argentinas
situadas a orillas de los ríos Paraná y Paraguay. Las ciudades de Resistencia
(Chaco) y Goya (Corrientes) fueron las más afectadas. La inundación de 1999
afectó una de las zonas agrícolas más productivas del país, comprendida por el
noroeste de Buenos Aires, nordeste de La Pampa y el sur de Córdoba.
Así
también, en abril del año 2003 la provincia de Santa Fe se vio sumergida en lo
que se denominó crisis hídrica. Esta inundación fue provocada por el desborde
del río Salado que afectó de manera rotunda las actividades y provocó perdidas
considerables. El riesgo mayor lo padeció la ciudad de Santa Fe que llegó a
tener casi el 70% de su área de ocupación inundada. Incluso, en el año 2007, a
causa de precipitaciones torrenciales, la ciudad de Santa Fe también se vio
expuesta a inundaciones considerables que afectaron nuevamente las actividades y
causo perdidas materiales.
Estos
fenómenos climáticos deben observarse en el contexto del recalentamiento global,
producto de la contaminación del planeta por más de un siglo.
Las
sequías
Como
primera cuestión, es necesario distinguir aridez de sequía. La aridez es una
condición permanente y las sociedades que viven en los desiertos se han adaptado
a ella, realizando las obras necesarias para suplir la falta de agua. Por el
contrario, la sequía es un fenómeno circunstancial o esporádico que provoca un
desastre.
A
diferencia de los demás fenómenos naturales, las sequías suelen ser prolongadas
y de mayor alcance, por lo que el daño ocasionado a largo plazo es mayor. Las
consecuencias alcanzan a todos los aspectos de la vida. Se pueden destacar:
•
falta de agua potable, por la disminución del caudal de ríos y arroyos y el
agotamiento de las napas freáticas;
•
hacinamiento en las ciudades: éxodo rural a causa de la muerte del ganado por
sed y hambre por falta de pasturas. Además, el viento provoca la voladura de los
suelos arrastrando su capa fértil;
•
crisis económica, el ganado adelgaza por falta de pasturas y baja su precio en
el mercado. Además, su debilidad lo hace más vulnerable a las epidemias. También
se elevan los precios de los alimentos al perderse las cosechas;
•
aumenta la frecuencia de incendios, al elevarse la temperatura y la aridez.
Una
de las sequías más importante se registró en El Sahel (África) entre 1969 y
1973. Afectó al sur del desierto del Sahara y produjo un aumento de su
superficie (en Mauritania, Senegal, Malí, Burquina Faso y Chad). Además,
murieron más de 200.000 personas de hambre y la mayor parte de los campesinos
tuvieron que emigrar por las pérdidas de las cosechas y la muerte del ganado.
Se
pueden distinguir dos tipos de vientos fuertes: el tomado y el huracán.
Por
un lado, los tornados son tormentas que pueden alcanzan una velocidad de hasta
500 km/hora. Se desplazan sobre los continentes entre los 200 y 500 de latitud
en ambos hemisferios, formando una veloz corriente ascendente de aproximadamente
250 m de diámetro. Si los mismos se producen sobre las aguas marinas, se llaman
trombas y representan un serio peligro para la navegación.
En
este sentido, entre los tornados más recientes se destaca el que se produjo en
EEUU en mayo de 1999. Consistió en una serie de 59 tornados, que, uno detrás de
otro, devastaron inmensas áreas de la planicie central, ocasionando la perdida
de viviendas a miles de familias. El tornado más fuerte alcanzó un diámetro de
un kilómetro, y una velocidad superior a los 200 km/hora.
Por
otro lado, el huracán tiene distintos nombres según la región: se lo llama
ciclón tropical en el Caribe, tifón en el Índico y mar de Japón, baguío en
Filipinas y willy-willy en Australia.
Los
huracanes son violentas perturbaciones que se producen en la troposfera. Se
originan por una baja presión atmosférica (de hasta 900 hPa) y giran en forma de
espiral alrededor de su centro (ojo del huracán). Por lo general, son
acompañados de vientos de hasta 300 km/h, por trombas de agua (hasta 2.000
litros por m2 en un día), embravecimiento del mar y tormentas eléctricas.
Los
huracanes se desplazan hacia el oeste, girando luego hacia el norte o hacia el
sur cuando penetra en los continentes. Se originan sobre los océanos, entre los
50° y 20° de latitud, cuando la temperatura de las aguas oceánicas es de 270°C o
aún mayor. Los vientos que alcanzan velocidades de 200 km/hora rotan en círculos
de 500 a 1.800 km. de diámetro, durante varios días o incluso semanas. Hay que
considerar que al llegar al continente produce inmensos oleajes que se abaten
sobre las costas, provocando efectos destructivos. Si bien la velocidad del
viento aminora a medida que llega a tierra firme, las lluvias que se originan
pueden causar inundaciones.
Un
huracán muy devastador fue el Mitch, en 1998. A su paso por Centroamérica dejó
alrededor de 30.000 muertos y desaparecidos, y cuantiosas pérdidas económicas,
ya que destruyó viviendas, puentes, caminos y gran parte de las plantaciones de
café y plátanos. Hay que considerar también el grado en que estas sociedades se
ven afectadas por esta clase de fenómenos. Por lo general en Centroamérica los
países son monoproductores (es decir centran su actividad productiva en un sólo
producto que es primario).
Cuando estos fenómenos climáticos provocan daños severos se produce lo que a
nivel internacional se denomina “catástrofe humanitaria”. Ante ello, los
organismos internacionales como la ONU (Organización Mundial de las Naciones
Unidas) se movilizan de inmediato, como así también los países vecinos y los
desarrollados, para proporcionar ayuda.
Los
desastres se presentan con más asiduidad en los países periféricos. De todos
modos, los países desarrollados se encuentran siempre involucrados, porque son
los responsables de otorgar créditos a los gobiernos damnificados, para que
puedan reconstruir la infraestructura mínima para la población y reactivar su
aparato productivo. |