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Cuando la Tierra se estremece de abajo hacia arriba y se produce un terremoto, murallas, techos, torres de edificios y balcones caen en pocos segundos. La gente se refugia en huertas y descampados, pero muchos quedan atrapados debajo de pesados escombros. Conocer mas en profundidad las causas que originan estos fenómenos naturales, totalmente impredecibles, que comprometen al hombre en toda su vida personal y social, es tarea de grandes corporaciones estatales y privadas de científicos que estudian todos es fenómenos para intentar predecirlos y evitar riesgos humanos.

A diferencia de las tormentas y las erupciones volcánicas, los terremotos son difíciles de vaticinar y se desatan en segundos, sin dar oportunidad de huir, sembrando destrucción y muerte, obligando a millones de personas a abandonar sus hogares. A lo largo de la historia, la Tierra se ha visto agitada por terremotos de mayor o menor violencia que han causado importantes daños. Uno de los más famosos es el que sacudió en 1906 la ciudad de San Francisco, que alcanzó 7,8 grados en la escala de Richter.

La sacudida de la tierra dejó cerca de 3.000 muertos. El terremoto fue tan fuerte que se sintió en el estado de Oregón, al norte, y en Los Ángeles, al sur de California. En los casos en que el fuego no puede controlarse rápidamente, el resultado es aún más devastador. Son esos momentos en los que se comprueba cuan frágil es nuestra vida y cuan expuestos estamos ante la naturaleza.

Otro efecto que acompaña a los terremotos suelen ser los tsunamis, u olas sísmicas. En el océano abierto estas olas pueden pasar inadvertidas. Pero cuando los tsunamis llegan a tierra se vuelven fuerzas increíblemente destructivas y generan olas de decenas de metros de altura que arrasan con todo, desde casas y automóviles hasta edificios. Estas olas, que se expanden por el océano a la velocidad de un avión, cuando llegan a la costa pueden ser más destructivas que los mismos terremotos.

El 26 de diciembre de 2004 el mundo fue testigo de un desastre natural impresionante. Un sismo submarino con una magnitud de 9 grados en la escala de Richter hizo temblar el este del océano índico, provocando varios tsunamis que afectaron las áreas costeras de ocho países asiáticos y causaron la muerte de más de doscientas mil personas. Imágenes satelitales muestran la zona antes y después de la catástrofe.

El 11 de marzo de 2011 sucedió otro terremoto y posterior tsunami en Japón que ocasionó miles de víctimas y obligó a que el país decretara el estado de emergencia nuclear porque la central de Fukushima se vio dañada por el seísmo. En la capital, Tokio, varios edificios temblaron violentamente.

Inundaciones, sequías, erupciones volcánicas, terremotos, explosiones forman parte del comportamiento normal y esperable de la naturaleza y de los sistemas tecnológicos. Todos ellos representan momentos de procesos físicos, geológicos, hidrológicos y técnicos en constante desarrollo. Así, la crecida de un río es parte de su funcionamiento: en cierta época del año, los ríos crecen e inundan áreas anegadizas.

Cuando estos eventos afectan a una sociedad determinada, se dice que ha ocurrido una catástrofe o un desastre. No constituyen desastres mientras no se vincule a ellos una sociedad que, por diversos motivos, no está preparada para hacerles frente. Así, si un terremoto ocurre en un área despoblada, no es posible hablar de desastre, ya que no hay grupos sociales que sufran su impacto. Por eso es importante no confundir "desastre natural" con "fenómeno natural", puesto que los efectos de ciertos fenómenos naturales no son necesariamente desastrosos.

Podemos definir un desastre o catástrofe como una situación detonada por un fenómeno natural (erupción, ciclón, inundación, etc.) o tecnológico (accidentes químicos, explosiones) que afecta a una sociedad dada. En general, los desastres ocurren de manera repentina y sus consecuencias se traducen en importantes alteraciones en la vida cotidiana del grupo social afectado: pérdida de vidas, destrucción de bienes (carreteras, edificios, etc.), paralización de actividades productivas, interrupción de servicios públicos.

Estas alteraciones generan graves trastornos en la estructura económica y social de la sociedad, lo cual determina la necesidad de ayuda y asistencia.

La "alteración en la vida cotidiana" implica una idea de excepción, es decir, que el fenómeno detonante es de una fuerza tal que interrumpe abruptamente la rutina de la sociedad, en forma extraordinaria. Esta concepción solo incluye los grandes eventos y deja afuera los pequeños y medianos, que son más regulares. En este' sentido, se plantean discusiones acerca de cuándo un evento natural o tecnológico genera el daño suficiente como para ser considerado una catástrofe.

Algunas instituciones toman variables cuantitativas para "medir" la magnitud de un desastre: se habla entonces de la cantidad de muertos o de las pérdidas económicas. En este caso, aparecen claramente las diferencias entre el Norte rico y el Sur pobre: desde la década de 1960. la pérdida de vidas humanas representa el 70 % del total de los impactos en los países del Sur, mientras que las pérdidas económicas representan el 75 % de los impactos en los países del Norte.

Por ejemplo, el terremoto de Kobe (Japón) representó una pérdida de 100.000 millones de dólares, mientras que el paso del huracán Andrew por los países caribeños significó una pérdida de unos 25.000 millones de la misma moneda. Por otra parte, el terremoto de Kobe dejó alrededor de 5.500 muertos, mientras que el deslizamiento de lodo que sepultó la ciudad de Armero (Colombia) produjo la muerte de cerca de 25.000 personas. Estas diferencias indican que cuando hablamos de un desastre debemos tener en cuenta el lugar donde se produce. Las consecuencias de un evento serán más o menos catastróficas, según las condiciones sociales y económicas en las que se encuentre la población a la que afecta.

En general, si el evento catastrófico se produce en una sociedad pobre, el proceso de crecimiento económico puede verse seriamente afectado: pero esto no ocurre en una sociedad rica: en el caso del mencionado terremoto de Kobe, las cuantiosas pérdidas económicas solamente representaron el 1 % del producto interno bruto (PBI del Japón.

Estas discusiones se centran en considerar la catástrofe como un "producto", es decir, como un suceso —excepcional— que ya ocurrió. El desastre aparece como algo acabado, ante lo cual solo es posible actuar brindando socorro. Esta visión tiende a identificar la catástrofe con el evento detonante, dejando fuera de la consideración a la sociedad afectada. Como consecuencia, el desastre es visto como una "fatalidad", frente a la cual nada se puede hacer.

Cuando el enfoque se centra en las causas que hacen posible una catástrofe, se advierte que el problema no son los desastres en sí mismos (como "productos"), sino la existencia de condiciones de riesgo que posibilitan su ocurrencia. La pobreza, el desarrollo tecnológico incontrolado, la marginación, la inseguridad conforman situaciones de riesgo.

En estas condiciones, la ocurrencia de una catástrofe no hace más que poner en evidencia la situación de riesgo preexistente. Las condiciones de riesgo permanente en la que viven muchos grupos sociales en la actualidad hacen disminuir su capacidad de resistencia y de recuperación. Por lo tanto, aun un evento de pequeña magnitud puede causar un desastre de consideración.

Situación problema: por lo general, no estamos preparados para prevenir desastres. Es por ello que la mayoría de personas que se ven afectadas cuando hay desastres, como un terremoto, padecen más por la falta de prevención que por el terremoto en sí mismo. Por ello conviene establecer algunos criterios fundamentales para saber actuar en una emergencia de esta naturaleza.(VER: QUE HACER...)

MAREMOTOS: Las olas marinas de origen sísmico, conocidas como tsunamis (y popularmente como maremotos), son producidas por un movimiento vertical repentino de gran magnitud del fondo del mar, provocado por una explosión volcánica submarina o un importante terremoto.

La alteración producida en la superficie del agua se desplaza como un movimiento ondulatorio, a velocidades que dependen de la profundidad del agua a lo largo de su movimiento... Las olas son imperceptibles en el centro del océano pero aumentan en altura al verse frenadas al acercarse a la costa, y en algunas zonas muy poco profundas pueden llegar a la costa en forma de muros gigantescos de agua de muchos metros de altura. Estas olas han sido algunas veces responsables de más muertes que el resto de los fenómenos asociados con los terremotos o las erupciones volcánicas.

Casi todos los tsunamis ocurren en el Océano Pacífico, y después de que ocurriera un desastroso tsunami en 1946 se estableció un sistema de alarma para todo el Océano Pacífico centrado en el observatorio de Honolulú. Basándose en una serie de observatorios sísmicos y estaciones de control de mareas establecidos alrededor del Pacífico, el sistema que incorpora detectores de tsunamis y aparatos registradores de terremotos, desencadena una alarma inmediata al constatarse la probabilidad de uno de estos acontecimientos.

Estas observaciones son enviadas al observatorio de Honolulú, que es el responsable de emitir advertencias a las zonas que puedan ser afectadas. Ocho minutos después del comienzo del gran terremoto de Alaska de 1964, la llegada de las primeras olas sísmicas a Honolulú desencadenó la alarma. En ese momento no se había recibido aún ninguna información de los observatorios sísmicos de Alaska, al haber resultado destruida por el terremoto la torre de control del aeropuerto internacional de Anchorage, que era la que transmitía normalmente las comunicaciones de estos observatorios.

El epicentro y la magnitud del terremoto no pudieron ser determinados hasta haber recibido informaciones de observatorios sísmicos más distantes. Una hora y media después de que el temblor de tierra comenzase, se pudo emitir un boletín, advirtiendo de la situación y características del terremoto. La primera observación de un tsunami fue hecha en Kodiak, e inmediatamente después que el informe de este observatorio fuera recibido en Honolulú, se emitió un boletín, advirtiendo de la presencia del tsunami; en este tiempo la primera onda sísmica estaba aproximándose a la costa canadiense, límite aproximado de la zona de percepción del terremoto. Un fallo de este sistema es que los retrasos atribuibles a las comunicaciones hacen que los avisos lleguen demasiado tarde a las regiones cercanas al epicentro de un terremoto. Pero todas aquellas personas que viven cerca de la costa del Pacífico, saben por experiencia que cuando ellas sienten un temblor de tierra es señal de que un tsunami puede venir a continuación.

Debido a que los tsunamis se desplazan a una velocidad que sólo depende de la profundidad del agua, es posible predecir la hora de llegada del mismo a cualquier zona del Pacífico, una vez que el epicentro haya sido localizado.

5 de Junio: Día del Medio Ambiente

Fuente Consultada:
Geografía La Organización del Espacio Mundial  Serie Libros Con Libros Estrada Polimodal
Maravillas del Mundo de Luis Azlún
Días negros Para La Humanidad Paz Valdés Lira
La Historia de las Cosas Annie Leonard

 

El Cambio Climático

Que es la Ecología?

Cuando La Tierra se Rebela

Terremotos Históricos

Grandes Erupciones Volcánicas

Animales en Extinción


Fuente Consultada: Geografía El Mundo Contemporáneo
Desafío actual: La Relación Sociedad Naturaleza

 

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