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Desde que el hombre comenzó a
crear poblaciones estables y abandonó las costumbres nómadas, la dependencia de
los suelos productivos empezó a ser cada vez mayor, y esto condujo a una
progresiva degradación y alteración de sus componentes. Por su parte, la
explotación de los ecosistemas forestales, que abarcan alrededor del 10% de la
superficie del planeta y el 26% de la de los continentes, contribuyó también a
la erosión y produjo un grave impacto en el clima. El resultado de ambos
procesos es una creciente desertización y desertificación, que preocupan a
muchos científicos.
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