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EL DILUVIO UNIVERSAL:
Cientos de leyendas por
todo el mundo relatan o mencionan una inundación catastrófica, un diluvio
regenerador, que acaba con cualquier vestigio de vida en la Tierra y del que
sólo sobreviven unos pocos elegidos.
“Viendo, pues, Dios que la tierra estaba corrompida
(por cuanto lo estaba la conducta de todos los mortales sobre la tierra), dijo a
Noé: Llegó ya el fin de todos los hombres decretado por Mí: llena está de
iniquidad toda la tierra por sus malas obras; Yo los exterminaré, pues,
juntamente con la tierra.
Verdaderamente terribles en su simplicidad son las palabras con que en la Biblia
se anuncia el Diluvio Universal, el duro castigo al que Dios debió recurrir
cuando los hombres llenaron la tierra con sus pecados. Entre tantos perversos
sólo quedaba un hombre justo, Noé, quien con sus hijos había atesorado las
palabras de los patriarcas y permanecido fiel al culto del verdadero Dios. Por
esta razón el Señor lo llamó y, después de comunicarle su decisión, le ordenó
construir una gran Arca. Noé, con la ayuda de sus hijos, se puso a trabajar
inmediatamente. Cuando le preguntaban para qué construía una barca tan grande y
extraña en un paraje tan distante del mar, respondía:
“Me lo ha ordenado Dios, que quiere castigar vuestros pecados si no os
arrepentís y hacéis penitencia.”
Pero
la gente se reía de él y de sus palabras, y se alejaba, meneando la cabeza, pues
lo creían loco. El Arca tenía 162 metros de largo, 27 de ancho y 16 de alto. Su
interior estaba dividido en tres pisos, recibía luz por un gran agujero abierto
en el techo y tenía una sola ventana y una sola puerta, exactamente como Dios lo
había ordenado. Para construirla se necesitaron cien años: cien años que Dios
quiso conceder a los hombres como aviso del castigo inminente y como una
invitación al arrepentimiento. Pero nada podía ya conmover el corazón de
aquellos seres encallecidos por el vicio y el pecado.
Finalmente, Jehová llamó de nuevo a Noé y le dijo:
“Dentro de siete días comenzará el Diluvio y por
cuarenta días y cuarenta noches haré llover sobre la tierra y destruiré a todos
los hombres. Entra entonces en tu barca, con tus hijos, tu mujer y las mujeres
de tus hijos. De cada especie animal has de tomar dos; un macho y una hembra,
para que la especie no desaparezca. Ocúpate además de reunir en el Arca los
alimentos necesarios para tu familia y para todos los animales.”
Noé
cumplió las órdenes recibidas, entre las risas y las burlas de la gente. Dios
mismo, desde fuera, cerró la puerta del Arca y la lluvia comenzó a caer con
violencia. Los torrentes se transformaron en ríos; los se desbordaron e
inundaron los campos y el nivel del mar comenzó a subir prodigiosamente. Las
aguas invadieron toda la tierra sumergiendo y destruyendo cuanto encontraban a
su paso. Desaparecidas ciudades, que eran el orgullo de los hombres, y se
derrumbaron los templos erigidos a los falsos dioses.
El
violento ruido de la lluvia y el rumor ensordecedor de las olas, que avanzaban
inexorablemente, cubrieron los alaridos aterrorizados de las bestias.
entremezclados con el inútil lamento de los hombres. Aquéllos que se habían
mofado de Noé por su fidelidad al Señor, trataron en vano de salvarse
refugiándose en la copa de los árboles y disputando a los animales un lugar
sobre los montes más altos, mientras invocaban la ayuda de sus ídolos. Todos
fue. ron alcanzados y arrebatados por las aguas, que superaron en ocho metros la
cima de la montaña más alta de la tierra. Con ellos desaparecieron todos los
animales. Sólo el Arca flotaba segura en aquella tumultuosa extensión de agua.
Pasados los cuarenta días cesó de llover y se levantó un viento fuerte y cálido
que, poco a poco, secó las tierras inundadas. Pero sólo después de casi siete
meses, el Arca, transportada por la corriente, encalló en la cima del monte
Ararat que se encuentra en Armenia, Asia Menor. Noé dejó pasar otros cuarenta
días, al cabo de los cuales, al ver qué el nivel del agua continuaba bajando,
quiso probar si la tierra estaba suficientemente seca para él y los suyos.
Abrió
la ventana e hizo salir al cuervo. Éste encontró alimento en la carroña de los
animales ahogados y no volvió más al Arca. Noé probó entonces con una paloma;
ésta no encontró alimento adecuado y regresó. Siete días después Noé repitió la
prueba, y esta vez la paloma regresó con una ramita de olivo en el pico. Noé
comprendió entonces. que la tierra estaba seca y las plantas renacían. Esperó
todavía siete días, después de los cuales dejó salir la paloma por tercera vez.
Ésta no regresó más al Arca.
Sin
embargo, debió transcurrir otro mes antes de que Dios ordenase a Noé salir del
Arca, con todos sus animales. Al poner, el pie sobre la tierra, todavía
convulsionada por la furia de las aguas, su primer pensamiento fue levantar un
altar y hacer un sacrificio para agradecer a Dios la protección dada a él y a su
familia. El Señor, complacido por aquel acto de profunda fe, trazó en el cielo
un arco iris de siete colores y le dijo:
“Creced y multiplicaos y poblad la tierra. Este arco
entre las nubes es y será siempre el signo de mi alianza con los hombres.”
Con
esta promesa, Noé y sus hijos, únicos sobre. vivientes del género humano,
retomaron posesión de la tierra, reducida a una vasta soledad pantanosa. Dura
era la tarea quÉ les esperaba, pero la fe en Dios, reforzada por Sus palabras,
los asistía; y nada es imposible cuando la fe mueve a los hombres.
La Ciencia Intenta Explicar el
Diluvio:
El
antecedente más claro de Noé es un antiguo mito sumerio que más tarde quedaría
recogido en el poema épico conocido como
Epopeya de Gilgamesh hallado en
las minas de la Biblioteca de Asurbanipal en Nínive en 1872, y cuyo protagonista
es Utunapishtim, que sobrevivió con toda su familia a bordo de un arca,
tras siete días de lluvia. Puesto que Abraham, el patriarca hebreo, era natural
de Ur, una de las más importantes ciudades de Babilonia, es fácil suponer que
los patriarcas llevaran con ellos el antiguo relato cuando emigraron desde
Mesopotamia, incorporándolo a su propia tradición.
Las
excavaciones efectuadas en Ur entre 1922 y 1929 dieron con una capa de arcilla
de 2,5 metros de espesor que con seguridad sólo pudo ser resultado de una
inundación de gran magnitud; fue databa alrededor de 3500 a.C. Los sedimentos
descubiertos podrían corresponder a crecidas excepcionales de los ríos Tigris y
Éufrates o a una gran inundación regional.
En 1929, luego de excavaciones
arqueológicas llevadas a cabo en el emplazamiento de la antigua ciudad sumeria
de Ur, el Dr. Wooley descubrió una capa arcillosa de más de dos metros de
espesor. Los análisis mostraron que se trataba de sedimentos dejados por las
aguas. Además, bajo la capa de arcilla aparecen vestigios de una civilización
aún más antigua.
Los
expertos aceptan que, después de la última glaciación, el Mar Negro se inundó
cuando el nivel creciente de las aguas desbordó el Mediterráneo y colmó el hasta
entonces lago de agua dulce, provocando una inundación catastrófica. Pero los
científicos no se ponen de acuerdo en el momento en que ocurrió la inundación,
ni con qué rapidez. La mayoría cree que ocurrió hace unos 9.000 años y que
fue gradual. Pero a finales de los años noventa se planteé que una entrada de
agua masiva a través del Bósforo habría provocado una inundación hace unos 7.150
años, tan rápida y extendida, que obligó a los pobladores a desplazarse muy
lejos, incluso hasta la Europa continental.
La
expedición a Turquía de 2003, patrocinada por National Geographic, que
trabajaba con esta teoría, no logró hallar evidencias contundentes que
relacionasen la inundación del Mar Negro con el diluvio bíblico.
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