TIPOS DE DINOSAURIOS
Teoría de la Extinción

ESOS "LAGARTOS TERRIBLES" DEL MESOZOICO

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Qué es y qué no es un dinosaurio
Con el término dinosaurio se denomina, en la actualidad, a todos aquellos reptiles que vivieron en el Mesozoico, eran terrestres y tenían las extremidades rectas, y no arqueadas hacia afuera como los cocodrilos y los lagartos. Según esta definición, quedan excluidos pterosaurios, reptiles voladores contemporáneos de los dinosaurios, y los plesiosaurios, los reptiles acuáticos que dominaron los mares de la época.

Se consideran dinosaurios no solo los reptiles terrestres gigantes, sino también otros de tamaño medio o a algunos que tenían el tamaño de una gallina. Se cree que, a diferencia del resto de los reptiles, los dinosaurios eran de sangre caliente, como las aves y los mamíferos. También se considera que algunos dinosaurios podrían tener plumas, aunque no  se sabe con certeza si recubrían todo su cuerpo o aparecían solo en algunas de sus partes.

La era Mesozoica, Mesozoico o Era Secundaria fue un periodo de la historia de la Tierra que se inició hace 251,0 ± 0,4  millones de años y finalizó hace 65,5 ± 0,3 millones de años

La ciencia duda de muchos tópicos: no se sabe por ejemplo, si el popular tiranosaurio era un carnívoro terrible o un carroñero oportunista, tampoco si era capaz de correr o, por el contrario, solo podía caminar y trotar con un estilo parecido al de una gallina gigante.

REPTILES ANTIGUOS: Durante muchos millones de años, los reptiles fueron los animales más importantes de la tierra. Esa época se denomina Era de los reptiles.  Muchos de los reptiles que entonces eran comunes se han extinguido.

Entre los primeros reptiles se contaban los pelicosaunos. Estos reptiles terrestres tenían grandes crestas sobre su lomo. Entre ellos se distinguen el estereorraquis europeo, temible carnicero, y el dimetrodón americano, que medía tres metros.

Los plesiosaurios eran reptiles acuáticos. Tenían un cuerpo alargado y achatado, un cuello muy largo y una cabeza diminuta. Sus patas tenían la forma de remos. Algunos de ellos llegaron a medir más de 15 metros de largo, aunque por lo común no pasaban de 7 u 8 metros. No eran veloces nadadores, pero dotados de dientes largos y puntiagudos, eran excelentes cazadores. Sobrevivieron hasta el final del Secundario, hace unos 700 millones de años.

lctiosaurio significa “reptil pez”. Como vemos en la figuras, este nombre es bien adecuado para esos animales. Los ictiosaurios eran mucho más grandes que los peces actuales. Nadaban rápidamente y también podían saltar. Aunque parecían perfectamente adaptados a la vida marina, desaparecieron antes de finalizar el Secundario.

Los mosasaurios fueron unos lagartos marinos que existieron en muy diversas partes del mundo. Los más grandes medían de 9 a 12 metros de largo. Muy comunes durante el Cretáceo, fueron posiblemente los reptiles marinos más temibles,

También existieron en el Secundario reptiles voladores, llamados pterosaurios (reptiles con alas). Se conocen fósiles del pterodáctilo, armado con poderosos dientes, y del pteranodón, el último de los pterosaurios, cuyas alas extendidas medían unos ocho metros.

 

Las aves descienden de los reptiles, pero no de los reptiles voladores, que no dejaron descendientes después del Jurásico. De todos los reptiles que vivieron en esa época, los dinosaurios son los más conocidos. Los más grandes de ellos fueron los animales más gigantescos que hayan vivido en la tierra.

Pero al final del Cretáceo, vastas planicies reemplazaron a los mares, que se secaban. Aparecieron grandes selvas, y este nuevo universo no convino a los dinosaurios, que no encontraban su alimento habitual. En realidad, incapaces dé adaptarse, desaparecieron poco a poco. La desaparición de los dinosaurios señala el fin de la Era de los reptiles.


LOS DINOSAURIOS

Los dinosaurios de los que existieron millares de especies, no vivieron todos en el mismo periodo geológico. Los científicos los dividen en dos órdenes: los ornitisquios reptiles herbívoros bípedos so cuadrúpedos que poseian a la vez pico y dientes y tenían pelvis semejantes a la de las aves, y los saurisquios , con pelvis de reptil, que comprendían a los terópodos, reptiles carnívoros de afilados dientes, con las patas delanteras relativamente cortas y terminadas en tres dedos con garras agudas, y los saurópodos, reptiles hervíboros cuadrúpedos de piel desnuda, cola larga, cabeza pequeña y talla gigantesca.

   

El cuadro  muestra los principales grupos de dinosaurios y las épocas en que vivieron


Dinosaurio proviene del griego demos (terrible) y sauros (lagarto).

La palabra dinosaurio, que significa literalmente «lagarto terrible», fue acuñada en 1 842 por el pionero de la paleontología Richard Owen, uno de los primeros buscadores de dinosaurios. Con esta palabra, Owen denominó a los reptiles gigantes cuyos restos comenzaron a descubrirse en aquella época. Pero el mérito de su hallazgo no correspondió a este científico, sino a un médico aficionado a la geología, Gideon Mantell, que fue quien descubrió los restos de un animal enorme, con grandes dientes que, según él, eran del mismo tipo que los de los reptiles actuales. Llamó a aquel animal Iguanodon, por su parecido con las iguanas modernas.

En su momento, el descubrimiento suscitó gran controversia, Algunos destacados paleontólogos, como Georges Cuvier, consideraban que se trataba de un rinoceronte prehistórico, y no de un tipo de reptil. Mantell tuvo que encontrar un esqueleto completo para que se aceptar a científicamente que se había descubierto un nuevo grupo de reptiles. Luego fueron localizados numerosos restos fósiles de estos reptiles en América del Norte. En la actualidad se sabe que los dinosaurios habitaron en todas las partes emergidas del mundo en el Mesozoico, incluso en la actual Antártida.

Los primeros dinosaurios eran bípedos y sus huellas fósiles fueron tomadas en principio como rastros de aves gigantescas.

Los dinosaurios de mayor tamaño eran mucho más grandes que cualquier animal terrestre de nuestros días. Los más pequeños, en cambio, no eran mucho más grandes que una gallina. Algunos eran pesados y de movimientos lentos; otros, ágiles y veloces.

Su pequeña cabeza dejaba poco espacio para el cerebro, por lo que éste era muy poco voluminoso.

El brontosaurio (lagarto trueno) pesaba 35 toneladas y tenía un cerebro de 500 g. El cráneo de muchos de ellos tenía paredes muy gruesas.

Los saurópodos llevaban una vida semiacuática, pues pasaban sus días en pantanos y lagunas: el agua les ayudaba a soportar su enorme peso.

El braquisaurio fue, sin duda, el mayor de los dinosaurios. Cuando adulto pesaba 50 toneladas y medía 25 metros de largo.

El diplodoco, un herbívoro menos pesado, era sin embargo más largo; llegaba a medir 30 m desde la cabeza hasta el extremo de la cola. Este dinosaurio, como varios otros, tenía en el nacimiento de la cola un ensanchamiento de la médula espinal, al que se atribuyó el papel de un “segundo cerebro”, y que controlaba los movimientos de la cola y de las patas. Esta disposición era muy útil para un animal de semejante tamaño. Supongamos que un dinosaurio carnívoro hubiera mordido la cola a un diplodoco: el mensaje de los nervios, desde la cola hasta el verdadero cerebro, y la respuesta de éste hubiesen exigido varios segundos durante los cuales el diplodoco habría sido, con seguridad, gravemente herido.

El estegosaurio, un herbívoro, tenía sobre el lomo y la cola una cresta de placas afiladas que lo protegían de los que querían atacarlo.

Algunos dinosaurios con cuernos, como el tricerstops, tenían placas óseas sobre el cuello y otros estaban verdaderamente acorazados con placas óseas que recubrían hasta sus patas.

El más grande de los dinosaurios carnívoros fue el tiranosaurio. Medía de 15 a 18 m de largo y su mandíbula presentaba dientes sumamente afilados.

El tracodón, un hervíboro inofensivo, era muy común al finalizar la Era de los reptiles. Algunos dinosaurios con pico de pato tenían sobre la cabeza una cresta de gran tamaño en la que podían almacenar aire, lo que les permitía permanecer sumergidos durante algún tiempo para alimentarse debajo del agua.

El ornitomimo tenía, dejando de lado su cola, formas semejantes a las del avestruz. Sin embargo, no tenía plumas. Las aves descienden de los reptiles, pero no de los dinosaurios.

Los dinosaurios ponían huevos. Se han hallado huevos fósiles del protoceratops,(imagen) un pequeño dinosaurio con cuernos.

 

 

 

 Descubrir fósiles de dinosaurios no es sencillo: son realmente escasos. Con frecuencia además, se encuentran esqueletos muy fragmentados que requieren de una gran labor de reconstrucción. Solo de forma excepcional se han hallado esqueletos completos.

La información que proporcionan los fósiles de esqueletos se complementa con la de otros tipos de fósiles, como los coprolitos (excrementos fosilizados), huevos y nido completos y huellas de pisadas (denominadas icnitas). Estos fósiles aportan, fundamentalmente, información la vida y el comportamiento de los dinosaurios.

Las técnicas actuales permiten reconstruir con bastante precisión cómo serían los dinosaurios. Se utilizan maquetas y reconstrucciones informáticas con programas de diseño tridimensional. No obstante, hay aspectos que son, y seguirán siendo, hipotéticos: Por ejemplo los colores y las texturas de la piel.

TEORÍAS SOBRE SU EXTINCIÓN: (Amplia Sobre Este Tema: Isaac Asimov)

Existe cierta polémica acerca de la extinción de los dinosaurios. Según una de las teorías propuestas, los dinosaurios se extinguieron lentamente como consecuencia de los cambios medioambientales ocasionados por la retirada de los mares poco profundos a finales de la era de los dinosaurios. Sus defensores postulan que los dinosaurios fueron reduciéndose en variedad y número durante un periodo que duró varios millones de años.

Los recientes descubrimientos que indican el impacto de un gran asteroide o cometa en el límite entre el periodo cretácico y la era terciaria, hace unos 65 millones de años, han favorecido la hipótesis de que tal impacto podía haber desencadenado cambios climáticos que provocaron la extinción de los dinosaurios. Se supone que la mayor parte del territorio que comprende América del Norte y del Sur quedó absolutamente devastado por el fuego del impacto. Los efectos medioambientales que sufrió el planeta durante un largo periodo de tiempo fueron, en última instancia, más letales que el propio fuego. El polvo no dejó pasar la luz del sol durante varios meses.

El sulfuro quemado procedente del lugar del impacto, el vapor de agua y el cloro de los océanos, y el nitrógeno del aire se mezclaron y produjeron una intensa lluvia ácida que cayó sobre todo el planeta. Los científicos postulan que la oscuridad y la lluvia ácida detuvieron el crecimiento de las plantas y, como resultado de ella, tanto los dinosaurios herbívoros, que dependían de las plantas para alimentarse, como los carnívoros, que se alimentaban de los herbívoros, quedaron exterminados.

Por otro lado, es probable que sobrevivieran otros animales como ranas, lagartos, tortugas y mamíferos insectívoros de tamaño pequeño, que dependían de los organismos que se alimentaban de plantas en descomposición. Entre las pruebas que confirman esta teoría está el descubrimiento de un cráter de impacto de unos 200 Km. de diámetro en la península de Yucatán en México. En noviembre de 1998 se descubrió un pequeño fragmento de meteorito en el Pacífico que se ha relacionado con el cráter de Chicxulub (en la península de Yucatán) y con la extinción de los dinosaurios.

El análisis geoquímico y petrográfico de este fragmento revela que no fue un cometa, sino un asteroide de más de 10 Km. de diámetro el que provocó, hace 65 millones de años, la desaparición de los dinosaurios. Este asteroide pudo provenir del cinturón de asteroides que giran entre las órbitas de Marte y Júpiter.

LOS DINOSAURIOS EN AMÉRICA DEL SUR:
Se podría decir que la historia de los dinosaurios de América del Sur comienza con los predinosaurios o dinosauriomorfos, que vivieron en las primeras etapas del Triásico, hace aproximadamente 235 millones de años. Gracias a los restos hallados en la formación Los Chañares (al sudoeste del Parque Ischigualasto), se conocieron dos especies de esta familia: el Mamsuchus illoensis y el Lagerpeton chanarensis, considerados antepasados de los dinosaurios saurisquios, es decir, con pelvis reptiliana.

Se ha podido establecer que se trataba de animales pequeños, de apenas 40 centímetros de largo, que contaban con extremidades posteriores alargadas y gráciles que les permitían desplazarse a buena velocidad y, en ocasiones, caminar sobre dos patas. Por la forma de su cráneo y cuello, es evidente que tenían un campo de visión amplio para detectar a sus presas.

En la formación Ischigualasto, que aflora de norte a sur del Parque, se encontraron la mayor parte de los restos de los primeros dinosaurios propiamente dichos, es decir, del Eoraptor lunensis. el Herrerasaurus ischigualastensis y el Frengüellisaurus ischigualastensis, pertenecientes al orden de los saurisquios.

El Eoraptor es el de menor tamaño y el único que pudo ser datado, gracias a que se hallaron varios restos, uno de ellos de un ejemplar casi completo (en fósiles tan antiguos, en realidad, se realiza sobre los sedimentos que lo rodean al mismo nivel; en este caso, ceniza volcánica), todos ellos pequeños ejemplares pertenecientes al orden de los saurisquios.

Del Eoraptor se encontraron varios ejemplares, uno de ellos casi completo, y es el único que pudo ser datado. Se sabe que vivió hace unos 230 millones de años y, por la ubicación de los restos en los estratos, que los otros fueron contemporáneos. El nombre del Eoraptor lunensis significa algo así como "ladrón del amanecer del Valle de la Luna" y le fue dado por el lugar donde se descubrió (Ischigualasto es conocido también como Valle de la Luna) y porque se trataba de un carnívoro que se alimentaba mayormente de las crías de otras especies, especialmente de cinodontes. Es que, en comparación con las otras especies que habitaban el ecosistema, era muy pequeño: medía alrededor de 1,20 metros y pesaba unos 10 kilos.

Era digitígrado, es decir que corría apoyándose en la punta de los dedos de las patas traseras, y se desplazaba a buena velocidad usando su larga cola para mantener el equilibrio. Estos saurisquios son antecesores, por un lado, de los terópodos -considerados los antecesores de las aves-, que se caracterizaron por ser carnívoros y andar en dos patas, y por otro, de los sauropodomorfos, que eran herbívoros y caminaban en cuatro patas. A este último grupo pertenece el Panphagia protos, el abuelo evolutivo de los gigantescos herbívoros que vivieron en el Jurásico.

Del otro orden en que se clasifica a los dinosaurios, los ornitisnuios -que quiere decir "cadera de ave"-, en Ischigualasto se hallaron sólo restos fragmentarios del Pisanosaurus mertii, que, sin embargo, no dejan lugar a dudas de que se tratan de los más antiguos del mundo.

En otra formación de la cuenca, Los Colorados -ubicada en el extremo oriental del Parque, en el límite con el de Talampaya-, se encontraron restos de dinosaurios que vivieron unos 30 millones de años más tarde que el Eoraptor, en la última etapa del Triásico, y ponen en evidencia el desarrollo que estos animales comenzaban a tener. Por ejemplo, el Lessemsaurus sauropoides tenía más de 20 metros de largo y superaba en tamaño a su contemporáneo, el protococodrílo Fasolosuchus tenax, de sólo 13 metros.


Eoraptor lunensis se recuperó un ejemplar casi completo, es el mas famoso

 

PATRIMONIO "MILLONARIO":
Luego de casi un siglo de investigaciones, los científicos continúan detectando nuevos tesoros.

Desde fines del siglo XIX, el Valle de Ischigualasto fue recorrido por distintos geólogos que buscaban yacimientos de carbón, pero ninguno sospechó la riqueza en fósiles que el lugar guardaba. En 1927, uno de ellos, Ricardo Rigal, encontró huellas de anímales cuadrúpedos y comunicó su hallazgo a un prestigioso paleontólogo alemán: fue el principio de la cadena que daría lugar a que, en 1958, Alfred Romer llegara a investigar en Ischigualasto. Ese mismo año se realizó la primera expedición de científicos argentinos, organizada por la Universidad de Tucumán, que fue encabezada por el doctor Osvaldo Reig, un precursor de nuestra paleontología. Formó parte de ella el entonces técnico José Felipe Bonaparte, convertido luego en un referente mundial en el estudio de dinosaurios sudamericanos. Fueron ellos quienes encontraron el primer dinosaurio de Ischigualasto -lo llamaron Herrerosaurusen reconocimiento a don Victorino Herrera, el baqueano que los guiaba y los responsables, en la década de 1960, de gran parte de los descubrimientos de las otras especies. El siguiente hito lo protagonizó el doctor Paul Sereno, de la Universidad de Chicago, quien en 1988 encabezó una expedición en la que hubo centenares de nuevos descubrimientos. Tres aflos más tarde un argentino, el doctor Ricardo Martínez fue quien pondría a Ischlgualasto nuevamente en la boca de todo el mundo al encontrar el Eoraptor lunensis. Martínez repitió la hazaña en 2006, esta vez junto con Osear Alcober, al hallar los restos del Panphagia protos, el abuelo evolutivo de los gigantescos herbívoros que habitaron durante el Jurásico y Cretácico, como el patagónico Argentinosaurus, el animal más grande conocido hasta ahora. En 2000, la gran riqueza fosilífera de la región fue preservada gracias a que Ischigualasto y el Parque Nacional Talampaya, de la provincia de La Rioja, fueron declarados Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.

LA LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA
Dicen los paleontólogos que, durante el Triásico, tuvo lugar una de las más encarnizadas luche de la historia de la Tierra: en sus dos primera épocas, Inferior y Media, casi todos los nichos ecológicos terrestres estaban dominados por le protococodrilos, de gran tamaño y ferocidad Eran diferentes de los actuales cocodrilos, aunque se estima que éstos tuvieron su origen en una rama de aquellos saurios.

El más grande era, probablemente, el Saurosuchus galilei, que podía medir casi 10 metros de largo. Aparentemente, no era un gran corredor, sino más bien un cazador que acechaba a sus presas, a las que podía desgarra fácilmente con su poderosa dentadura. Y había otra gran familia de animales que compartía este espacios, la de los protomamíferos. Éstos fuero dominantes al comienzo del Triásico y declinaron tanto en número como en diversidad de especie con la aparición de los antecesores de los prole cocodrilos. En Ischigualasto están representado dos grupos de esta familia, los cinodontes y lo dicinodontes.

Los primeros están cercanamente emparentados al origen de los mamíferos y pedían ser pequeños como un ratón hasta de gran talla. Por ejemplo, el Exaeretodon frenguellü, que era omnívoro, podía medir hasta 1,50 metros y tenía una cabeza desproporcionadamente grande y robusta comparada con el cuerpo. Los dicinodontes, por su parte, eran herbívoros y se caracterizaban por poseer una especie de pico córneo cortante y una abertura en la frente que cumplía funciones sensitivas. El Ischigualastia jenseni, que podía alcanzar el tamaño de un búfalo africano, es el más grande conocido de esta familia.

Éstos eran los principales actores de la gran batalla del Triásico, sobre la que Ischigualasto tiene más información que ningún otro yacimiento del mundo. Allí se han encontrado fósiles de paleovertebrados de aproximadamente 25 géneros de animales que pertenecieron a distintos grupos. La contienda se extendió por más de 10 millones de años y las numerosas adaptaciones que fueron desarrollando los dinosaurios les permitieron, finalmente, imponerse.

 

Nota: La imágenes son enlazadas al sitio: Salón Hogar en el área de ciencias

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