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Una Reparación Heroica
En la
mañana del 13 de octubre de 1928, en su primer vuelo a los Estados Unidos, el
Graf Zeppelin estuvo a punto de sufrir un accidente de fatales consecuencias.
El
dirigible se encontraba exactamente en la mitad de su ruta entre Europa y
Norteamérica. Era una noche de calor con un húmedo viento sur. Por la mañana
aparecieron amenazadoras nubes de tormenta. El tiempo comenzó a empeorar
rápidamente. Mientras los pasajeros tomaban el desayuno, la aeronave fue
sacudida resbalando tazas y platos de las mesas. Se había rajado parte de la
superficie de la nave. Se ordenó detener los motores y el dirigible quedó al
capricho de los potentes vientos.
Se
presentaron siete tripulantes como voluntarios para reparar la avería: Provistos
de herramientas, sábanas y sogas, treparon por la superficie de la nave
dirigiéndose hacia la popa donde se había desgarrado la envoltura del dirigible.
Los
decididos hombres, atados, se arrastraron sobre la superficie de la nave hacia
la avería. Hubo que detener los motores, porque viajando a contraviento, los
voluntarios hubieran sido despedidos al vacío. En la cabina, consternados, se
hallaban el doctor Eckerier, Lehmann y los demás oficiales. Los vientos
aumentaban y una lluvia torrencial rebotaba contra el dirigible, que fue
perdiendo altura.
Un
oficial desesperado se dirigió a Eckener: “No podemos continuar mas debemos
poner en marcha dos motores”. El jefe debía tomar una decisión. No
se
podía dejar la nave a merced de los vientos, pero poner en marcha los motores
podía significar para los hombres que estaban efectuando las reparaciones una
muerte segura. ¡Y uno de eilos era su propio hijo!
Sin
embargo, Eckener ordenó: “En marcha”.
Comenzaron a funcionar las máquinas. Arriba, los hombres seguían la reparación,
como abrojos prendidos a la epidermis de la nave. El dirigible se desplazó
viajando a contraviento, después cambió y comenzó a viajar a favor del mismo.
Luego de una angustiosa espera, se escuchó un mensaje consolador: “La reparación
está terminada “.
El 1
5 de octubre de 1 928, cuatro años después de que el Zeppelin LR III,
rebautizado “Los Ángeles”, anclase en los Estados Unidos, llegó triunfalmente al
aeropuerto de Lakehurst el Graf Zeppeun, remendada su avería con sogas y
sábanas.
Un extraño pasajero
Cuando catorce días después, la aeronave volaba de regreso a Europa cuando fue
sorprendida durante la noche por la tormenta más fuerte que nunca haya soportado
un dirigible.
Los
terribles vientos comenzaron en la costa sur de Terranova. Luego se desató una
furiosa tormenta que terminó en huracán. Soplando desde el sudoeste a 1 05
kilómetros por hora, con mucha más velocidad que la que llevaba la nave, el
viento la arrastró hacia el norte, mucho más allá de Terranova.
La
noche del 29 de octubre de 1928 presagiaba ser la última del Graf Zeppelin.
Precisamente en esos angustiosos momentos se produjo a bordo un descubrimiento
insólito. Se encontró un polizón en el dirigible. Se hallaba escondido en el
depósito de la correspondencia. Cuando lo sorprendieron estaba casi congelado,
pues al colarse a bordo, en Lakehurst, llevaba puesto tan sólo un pantalón de
verano y una camisa. Su sobrio equipaje consistía en un cepillo de dientes.
Evidentemente no se lo podía expulsar de la nave, y casi muerto de frío se le
dio ropa de abrigo y comida caliente. Cuando se hubo repuesto descubrió que
había sido condenado... a lavar platos.
Mientras tanto los vientos habían amainado considerablemente, pudiendo la nave
retomar su ruta y llegar finalmente a destino.
Aterrizaje Forzoso
El
famoso dirigible se encontró también al borde de la catástrofe durante el vuelo
que realizó en la primavera de 1929. El Graf Zeppelin partió el 1 6 de
mayo a las 6 de la mañana rumbo a los Estados Unidos. Sus escalas previas
serían el sur de Francia y España. Luego de ocho horas de trayecto aéreo, frente
a las costas hispanas, se produjeron desperfectos en uno de los cinco motores.
Se continuó con los cuatro restantes, en tanto los partes meteorológicos
indicaban que habría muy buen tiempo en el océano Atlántico. Pero, al volar
sobre las costas españolas, el motor comenzó a ratear.
Se
decidió que la nave regresaría al punto de partida, en Alemania, lo que
representaba desandar camino, cruzando toda Francia, con sólo tres motores y un
viento en contra que soplaba a noventa kilómetros por hora. Cuando éste amainó,
el dirigible pudo navegar tan sólo a 30 kilómetros horarios. Y encontrándose ya
a 500 kilómetros de su destino, súbitamente, se descompuso otro de los motores.
Sólo dos quedaban funcionando. Cinco minutos después, otro motor comenzó a
mostrar graves fallas. ¡Quedaba uno solo!
Con
su único motor en marcha, el gigantesco dirigible era todavía maniobrable. Se
envió un mensaje de auxilio a una guarnición militar francesa. Desde París
comunicaron que todos los aeropuertos se encontraban en estado de alerta. El
dirigible cambió de dirección para tratar de llegar al más cercano -Tolón-, a
200 kilómetros de distancia, donde eran aguardados por bomberos, soldados y
ambulancias.
A las
8 de la noche se produjo el aterrizaje forzoso en dicho aeropuerto. No se
registró ninguna víctima y la nave salió ilesa.
Necesitamos Víveres
El
Graf Zeppelin no sólo transportaba pasajeros sino también correspondencia. Miles
de cartas eran llevadas por la nave a las grandes capitales. Sudamérica
constituía uno de los destinos habituales del dirigible. Recife (Brasil) recibía
miles de cartas de todo el orbe, las que luego eran distribuidas por el
continente.
El
domingo 24 de noviembre de 1935 el Graf Zeppelin se hallaba sobrevolando las
costas sudamericanas. Se trataba del vuelo número 500. Debía amarrar en Brasil
el día siguiente por la mañana para aprovisionarse de gas, nafta e hidrógeno.
El
capitán del dirigible era Ernesto Lehman, famoso por estar siempre con su pipa
en los labios, pareciendo que ésta era parte de su cuerpo. Eran las 20:00 horas
cuando recibió un telegrama que decía: “Sangrientas manifestaciones en Natal.
Todas las comunicaciones interrumpidas; descenso imposible. Sugerimos regrese a
España “.
¡Había estallado una revolución! Se producían tiroteos en las calles de Recife,
precisamente donde debía descender el Graf Zeppelin. Lehmann respondió: “Debemos
aterrizar en Recite para abastecernos
de
combustible, intenten llevar al aeropuerto el equipo de amarre necesario mañana
a las 9:00 horas “.
Poco
después recibió la contestación desde Red-fe: “Imposible preparativos para
aterrizaje. Tiroteos en las calles”. Y luego otro mensaje: “Demorar llegada todo
lo posible. Aquí la situación es muy grave”.
Eso
era imposible para la aeronave, como así también el regreso. ¿Qué hacer? ¿Cuánto
tiempo duraría la crisis? El capitán Lehmann decidió mantener el dirigible en el
aire, gastando el mínimo de hidrógeno. Constantemente se enviaban y recibían
telegramas. Las tropas gubernamentales rechazaban a los rebeldes pero 1éstos se
habían retirado hacia el aeropuerto! Mientras tanto, los combates callejeros
continuaban.
El
lunes a las 5:40 hs. de la tarde, Recife informaba: “Sobre el aeropuerto fuerte
resistencia, empleo de cañones. Continuar en el aire”. El martes, los combates
continuaban. En el dirigible, el pasaje comenzó a tener miedo. La comida
escaseaba.
De
pronto se presentó una solución inesperada. Un buque de la línea Hamburgo Sur,
el España, se encontraba cerca. Lehmann envió un mensaje al capitán de la nave.
“Por favor, acérquese al Zeppelin. Necesitamos víveres”. La contestación llegó
de inmediato. “Les daremos de todo menos porrones de cerveza. En lugar de eso,
le enviaremos un barril. Saludos “.
El
España, navegando a toda velocidad, llegó al lugar de la cita. Se ubicó debajo
del Zeppelin y se procedió al trasbordo de alimentos. Cuando hubo terminado la
revuelta, el dirigible descendió luego de pasar 120 horas en el aire. Lehmann
tenía miedo de que alguno de los esporádicos disparo pudiera producir la
explosión de la nave, la que estaba cargada con hidrógeno que, como se sabe, es
altamente inflamable. Felizmente nada de eso ocurrió.
Un gas fatídico
Los
dirigibles podían ser también cargados con helio, pero en esa época dicho gas
era producido exclusivamente por los Estados Unidos, los que se negaban a
exportarlo. El hecho de que la gran mayoría de las aeronaves de aquel tiempo
utilizaran hidrógeno, debido a la mencionada prohibición, fue la causa de que se
produjeran las más grandes tragedias que registran los, anales de la aviación.
El Más Famoso
El
Graf Zeppelin fue el más famoso de todos los dirigibles. Surcó los cielos de
todo el mundo durante 7 años. Viajó a la Antártida, a Estados Unidos a
Sudamérica. Estuvo en Buenos Aires en julio de 1934, provocando la
admiración de los argentinos que veían por vez primera un dirigible. Constituyó
todo un acontecimiento su aterrizaje en El Pa)mar. Durante esos 7 años, el Graf
Zeppelin recorrió 1.350.000 kilómetros.
Un Caso Increíble
Los
primeros dirigibles participaron en las acciones de guerra de la Primera Guerra
Mundial, ya fuese efectuando misiones de bombardeo u observación. El talón de
Aquiles de la aeronave era su combustible, altamente inflamable. Un avión por fa
destruir un enorme Zeppelin tan sólo disparando algunas ráfagas de ametralladora
sobre la estructura de la nave, blanco fácil de acertar por ¡ gran tamaño.
Entonces, el dirigible se transformaba en una gigantesca antorcha.
Existió un hombre que salvó su vida a pesar de haberse incendiado el dirigible
en el que se hallaba. Este no era otro que el capitán Lehmann. Durante la
primera contienda se encontraba junto al mandante de la nave cuando un avión
enemigo atacó. La popa del dirigible comenzó a arder. ~ encontraban a 3.600
metros de altura! Era el
fin.
El Zeppelin fue presa de las llamas. Un humo denso comenzó a entrar en la cabina
de mando. Uno de los oficiales, haciendo gala de humor negro dijo: “Aquí está
prohibido fumar”. El Zeppelin se partió en dos precipitándose a tierra como un
bólido. Lehmann se había metido en el cuartito del telegrafista. Luego, no
recordaba más nada de lo que ocurrió. Se dice que, cuando abrió los ojos, un
médico le preguntó: “~Desea un cigarrillo?”
¿Cómo
fue posible la salvación de Lehemann? Es que la cabina de mando junto con la
casilla del telegrafista se desprendieron del Zeppelin en llamas cayendo en un
bosque y quedando suspendidas de los árboles.
El
oficial Lehmann fue el único hombre en el mundo que se salvó de la explosión de
un dirigible en vuelo y de su ulterior caída desde 3.600 metros.
El barril de manteca
En 1
91 7, cuando se hubo recuperado de ese accidente, Lehmann desarrolló su teoría
del barril. Estaba convencido de que los zeppelines, para evitar los ataques de
los aviones enemigos, debían volar muy alto y entre las nubes. Esto daría a las
naves un gran margen de posibilidad de pasar inadvertidas pero, indudablemente,
les impediría
poder
ver dónde se encontraban. La solución consistía, según la idea de Lehmann, en un
barril colgado del dirigible por medio de un cable de acero. Allí ¡ría metido un
hombre que comunicaría por teléfono al Zeppelin todas las novedades, dirigiendo
por ruta segura a la nave oculta entre las nubes.
Naturalmente, el primero que viajó en el barril fue Lehmann.
Sé
trataba de un barril de manteca de aquellos tiempos. En el pasillo del dirigible
había un guinche con 300 metros de cable enrollado. El barril se fijaba al
extremo colgante de la bobina. Un teléfono mantenía en comunicación al hombre
del barril con la aeronave. Lehmann decidió dirigir el Zeppelin desde el barril.
Para eso hizo vendar los ojos al piloto, se metió en el barril y dio orden de
descenderlo lentamente.
Cuando hubo bajado 150 metros, el guinche comenzó a fallar. El cable tironeaba y
el barril se movía locamente. “Miré con miedo -relató Lehmann- que el cable no
era muy grueso y pensé que se rompería en cualquier momento. Por eso, provisto
de mi brújula, efectué con rapidez todos los cálculos para que el dirigible
siguiera una ruta correcta a través de las nubes. Transmití mis órdenes al
piloto (que tenía los ojos vendados) y me hice subir a bordo “.
Más
tarde, Lehmann perfeccionó su invento. Hizo uso de un guinche accionado a motor,
y en vez de un barril, utilizó una canasta.
Caída Libre
El
capitán Strasser, comandante en jefe de los dirigibles, tenía muchas ansias de
instalarse en uno de estos “Moisés”. Pues bien, su pedido fue atendido.
Strasser se ubicó en la canasta. El guinche comenzó a funcionar, desenrollándose
el cable que bajaba al temerario capitán. Pero cuando descendía, la canasta se
enganchó en una larga antena situada en la parte inferior del dirigible. La
canasta se inclinó peligrosamente. En la nave, los que desenrollaban el cable,
ignoraban lo sucedido. El cable continuaba alargándose en el vacío, mientras
Strasser se encontraba debajo del dirigible, agarrado a la canasta que se
inclinaba más y más. Por último, se rompió la antena y Strasser, agarrado de la
canasta, cayó al vacío. Cuando el cable llegó a los 300 metros, el comandante
sintió una brutal sacudida. Pero todo no pasó de un susto.
Fuente Consultada: Los Sucesos Más Insólitos
Herry B. Lawfort
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