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Se
define como aquel valor que nos hace conscientes de la necesidad de recibir
dirección y ayuda en todos los aspectos de nuestra vida. Es decir, nos hace
tener la suficiente humildad y capacidad para considerar y aprovechar la
experiencia y conocimientos que los demás tienen.
En
este sentido nos disponemos a escuchar con calma y atención; considerando con
mayor detenimiento las sugerencias que nos hacen, logrando así tomar decisiones
mucho más serenas y prudentes, teniendo como base aquella información recibida.
Aquí la docilidad determina y ayuda a que seamos personas más sencillas.
Usualmente, intentamos solucionar, decidir y ejecutar todo según nuestros
criterios, pensando pocas veces de nuestra vida en las necesidades que realmente
tienen los demás. Sin embargo, esto no quita que acertemos con la decisión
adoptada, pero muchas veces fracasamos y erramos, debido a que consideramos como
inútiles los consejos recibidos de aquellos que nos rodean.
Una
cuestión a tener en cuenta es que la docilidad, no nos convierte en personas
inútiles, dependientes, faltos de carácter y de decisión. Sino lo contrario,
alguien que quiera mejorarse en diversos aspectos deja de lado un sentimiento
muy común en nosotros: la superioridad, para adentrarse en la ayuda y la guía
del que consideremos subjetivamente el más propio para tal opinión; por ejemplo
elegimos acorde a criterios como la edad, posición profesional, grado de amistad
y mutua simpatía. Sin embargo, rara vez alguien cuenta con nuestras
expectativas, ya que deseamos que este sea dúctil con nuestro modo de ser y a
nuestro gusto.
A tal
punto que solo vemos las críticas, molestias y envidias detrás de las
recomendaciones que se hacen respeto a nuestra conducta, trabajo y personalidad,
todo ello debido a la falta de carácter que poseemos. Tal es así, que advertir
en cada situación una oportunidad de mejora personal o de beneficio para los
demás, es un efecto fundamental de la docilidad.
La
existencia de personas con habilidades y experiencias personales, nos
aconsejarán sobre nuestros defectos y errores, pero con la finalidad de mejorar
todos los sentidos de nuestra vida personal. En pocas palabras, la docilidad
pretende cambios y buena voluntad y disposición personal para lograr un
beneficio mutuo.
Si somos personas que rechazamos ideas y opiniones por propia necedad, es decir
que nuestro criterio está por encima de todo, lo único que logramos es mostrar
resistencia y poca apertura a todo aquello que este directamente vinculado al
cambio.
Ojo,
cualquier persona, en algún momento y lugar menos esperado puede ser el que nos
proveerá de un buen consejo y sugerencia; ya que la vida misma nos invita a
descubrir a cada instante las oportunidades para ser mejores en ella.
Para
ello, en los siguientes apartados te ayudaremos a ser más dóciles:
• Piensa y reflexiona, que las personas que más te exigen, es porque te estiman
o cumplen con su obligación. Esto puede ser en tu casa, escuela o trabajo.
• Necesariamente, no siempre te agradará lo que te sugieren, pero aprende a
considerarlos. Y trata de disponerte de manera positiva con tus acciones.
• Respeta y sigue las indicaciones recibidas, luego podrás hacer con ellas las
observaciones convenientes.
• Siempre y cuando el consejo recibido, y en cualquier ámbito sea bueno, haz el
propósito de mejorar en ese punto que más te insisten.
• Finalmente, recuerda que los que suplican en orientarte, tienen buena
intención en ti, por ello evita criticarlos.
Ahora
bien, ustedes se preguntaran: ¿Cuáles son los beneficios personales que obtengo
de ser dócil?... y yo les respondo: “muchos”. Por ejemplo: nuestra obediencia
colaborará gustosamente para alcanzar objetivos personales o en conjunto,
incrementaremos de esta manera la capacidad de adaptación a las exigencias
presentadas, maduraremos para evitar ser nuestros propios jueces, tendremos
mayor respeto y consideración por las personas. Pero sobre todas las cosas,
seremos felices, poniéndonos en manos de los demás y generando así, una mayor
confianza.
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