Un intento de clasificación
Los criterios posibles a la hora de clasificar las drogas son muy variados:
tantos como opiniones hay sobre el tema o como disciplinas científicas pretenden
abordarlo, y siempre parciales e insuficientes. Contando con esta multiplicidad
de partida, y con las constantes variaciones que introducen los nuevos avances
tecnológicos en el conocimiento de las drogas, lo cierto es que sí existen una
serie de clasificaciones más o menos útiles.
La primera de ellas, muy ambigua, diferencia entre drogas naturales, obtenidas
directamente de la naturaleza, y sintéticas, o conseguidas a partir de una
elaboración técnica. Más discutible aún es la que pretende clasificarlas según
sus estructuras químicas, cuando en realidad se desconocen las de muchas de
ellas y, además, no siempre dos sustancias químicamente similares producen
efectos también similares en la conducta de un mismo individuo.
Igualmente
discutibles pueden considerarse los esfuerzos de clasificación farmacológica,
porque gran parte de los mecanismos de actuación de las drogas sobre el sistema
nervioso central continúa siendo oscura; cuando no se ignoran las modificaciones
bioquímicas o metabólicas que muchas de ellas introducen, se desconocen las
relaciones entre estos cambios y los de la conducta individual.
Cronológicamente, el primer tipo de
clasificación del que se tuvo noticia fue el clínico o psicopatológico,
establecido en 1924 por Ludwig Lewin según los distintos efectos de las drogas
sobre el comportamiento. Mantuvo su vigencia durante muchos años, hasta ser
perfeccionada por L. Chaloult en 1971.
En opinión de Lewin, existirían cinco
tipos de drogas: Euphorica, que ocasionan bienestar físico y psíquico;
Phantastica, o alucinatorias; Inebrantia, o embriagantes; Hypnotica, o
productoras de sueño, y Excitantia, o estimulantes. Como una variante de esta
ordenación, sobre la base de considerar solo el principal de los efectos
psíquicos producidos .por cada sustancia, o «tono psicológico», Jean Delay
propuso en 1957 una nueva clasificación de las drogas en psicolépticas o disminuidoras del «tono»,
psicoanalépticas o elevadoras del mismo y
psicodislépticas o desviadoras.
El criterio de peligrosidad sobre la salud pública, no manejado en general por
ninguna de las clasificaciones anteriores, sí fue tenido en cuenta por la
Organización Mundial de la Salud como un factor primordial a la hora de
establecer la suya en 1975.
Según la OMS, las drogas más peligrosas serían, en
tres grupos por orden decreciente, las que crean dependencia física, las que
crean dependencia con mayor rapidez y las que poseen mayor toxicidad, y las
menos peligrosas (sobreentendiendo que todas lo son) las que solo crean
dependencia psicosocial, las que crean dependencia con menor rapidez y las que
poseen menor toxicidad.
En el grupo de mayor riesgo se incluirían sustancias
como el opio y sus derivados, y entre
las de menor riesgo, la mescalina y el LSD 25. Entre ambos se sitúan sustancias
como los barbitúricos y el alcohol, la coca y la cocaína y las anfetaminas y
derivados.
El trato diverso recibido por cada droga según la historia, tradición, ideología
y sistema económico y político de cada sociedad y marco cultural explicaría, por
último, los llamados criterios de clasificación sociológica, según los cuales
existe una distinción clara entre drogas institucionalizadas, legales, a las que
incluso no se reconoce oficialmente como tales, y drogas no institucionalizadas,
cuyo consumo está castigado por la ley y pertenece a todo un submundo de
marginación.
CLASIFICACIÓN PSICOPATOLÓGICA DE LAS DROGAS
