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LOS
ECLIPSES DE SOL Y DE LUNA: Cuando
la Tierra, la Luna y el Sol están exactamente alineados en el espacio, el cielo
se oscurece debido al eclipse. Los eclipses solares ocurren en luna nueva,
cuando la Luna pasa entre los dos astros mayores, tapando el Sol y proyectando
su sombra sobre la Tierra. (foto eclipse de Sol)
Hay
tres tipos de eclipses solares. En el eclipse parcial, la Luna se come al Sol
pero no acaba de devorarlo. El día se oscurece ligeramente y el Sol, visto con
cualquier clase de protector de los ojos o por un agujero muy pequeño, parece
una galleta a la que se le ha quitado un bocado. En el eclipse total, la cara
del Sol desaparece detrás de la Luna, florece la corona por lo general invisible
y los afortunados espectadores situados dentro de la sombra lunar pueden conocer
las tinieblas al
mediodía.* El tercer tipo de eclipse, el llamado anular, ocurre
cuando la Luna se halla a la máxima distancia de la Tierra y en consecuencia se
ve más pequeña que de ordinario. Incluso en el momento cumbre de tal eclipse, el
reborde del Sol envuelve la Luna, así:

La
luna llena es la época de los eclipses lunares, cuando la Tierra queda entre las
luminarias y su sombra cae en la superficie de la Luna. Lo mismo que los
eclipses solares, los eclipses lunares no ocurren todos los meses; sólo se
producen cuando la alineación tripartita es exacta. Esto sólo sucede de vez en
cuando, porque la órbita de la Luna, que es rotatoria, forma un ángulo de 50 con
el plano de la órbita que traza la Tierra alrededor del Sol.
Los
auténticos amantes de los eclipses no se detienen ante nada para verlos. Por
ejemplo, el 3 de octubre de 1986 Glenn Schneider, de Baltimore, y otras ocho
almas intrépidas contemplaron un eclipse de Sol desde un pequeño aeroplano a
12.200 metros por encima de Islandia.
Escribiendo en la revista
Sky & Telescope,
Schneider describe lo que vio cuando la
Luna se fue colocando delante del Sol y
la luz solar comenzó a filtrarse por los valles y las cimas montañosas situadas
en el borde lunar, produciendo el fenómeno conocido como los granos de Baily.
«Durante seis segundos enteros —recordaba Schneider—, la danza parpadeante de
granos fue relampagueando por el limbo... Un minuto después de la “totalidad”,
miramos por las ventanillas de la izquierda para valorar el aumento de la
luminosidad del cielo. La sombra de la Luna se proyectaba sobre la cara superior
de las nubes como un borrón de tinta (!). Durante todo un minuto contemplamos
esta mancha oscura, que tenía la misma forma que un cigarrillo aplastado y se
iba alejando de nosotros hacia el horizonte.»
Hay
eclipses todos los años: siete como máximo, dos como
mínimo. Entonces, ¿por qué no vemos más? Los eclipses lunares sólo son
visibles por la noche. La mitad de las veces ocurren durante el día y sólo se
ven desde la otra cara de la Tierra. Los eclipses solares son aún más elusivos,
porque sólo se ven durante unos minutos y sólo dentro de la zona donde cae la
sombra de la Luna. Esta zona es tan estrecha que en toda Inglaterra sólo han
sido visibles cuatro eclipses solares totales durante los últimos mil años.

Por
eso no son fáciles de ver los eclipses. Tomemos un año de cuatro eclipses, por
ejemplo 1997. En marzo será visible un eclipse de Luna desde todo el territorio
de Estados Unidos, pero únicamente se tratará de un eclipse parcial. Ese mismo
mes se podrá ver un eclipse total de Sol; pero sólo desde una estrecha franja de
terreno de China o bien yendo en barco por el océano Ártico. En septiembre, será
visible un eclipse solar siempre que se contemple desde Australia o Nueva
Zelanda, pero incluso allí abajo sólo será un eclipse parcial. Dos semanas
después habrá ocaSión de ver un eclipse total de Luna, pero desde América del
Norte. Tal es la persecución de los eclipses. La idea de alquilar un aeroplano
para presenciarlos empieza a no resultar del todo irrazonable.

Seis Eclipses Notables o
Históricos:
En la
mitología de Dahomey la Luna, que se llama Mawu, y su hermano gemelo el Sol,
llamado Lisa, hacen el amor durante los eclipses. Los sietes pares de gemelos
así concebidos se convirtieron en las estrellas y los planetas.
Pero
en la mayor parte de las mitologías los eclipses tienen asociaciones
terroríficas. Los antiguos chinos y los bolivianos imaginaban que durante los
eclipses unos perros furiosos desgarraban el Sol y la Luna con sus dientes. En
Yugoslavia se decía que los vampiros destrozaban las luminarias. Los egipcios
creían que de vez en cuando la serpiente Apep, que gobernaba el submundo y era
señora de los muertos, se erguía y se tragaba el barco en que surcaba los cielos
el dios solar Ra. En esos momentos el Sol desaparecía.
Las
explicaciones históricas tienden a ser semi mitológicas. A menudo hablan de un
ser superior —un conquistador o un científico— capaz de predecir los eclipses,
con lo que advierte del desastre al tiempo que ilustra lo de saber es poder. Dos
ejemplos:
* 28 de mayo de 585 a. C. A pesar de creer que la
Tierra era plana, Tales de Mileto es considerado el primer científico griego.
Puso en relación las matemáticas con la lógica y fue el primero en formular
varias verdades matemáticas que la mayor parte de nosotros aprendemos en el
bachillerato. Los antiguos lo reverenciaban por su capacidad para detener una
batalla, hazaña que llevó a cabo con ayuda de unas tablas babilónicas. Según
Herodoto, los medas y los
lidios estaban en medio de la batalla cuando «el día se convirtió en noche. Y
este cambio había sido predicho a los jonios por Tales de Mileto, que les había
dicho el año en que ocurriría». Aunque Tales no había especificado el día, su
predicción inspiró el suficiente temor para dar lugar inmediatamente a la paz.
* 29 de febrero de 1504. Cristóbal Colón había
estado aislado durante meses, con la tripulación descontenta, en la costa de
Jamaica. La leyenda cuenta que organizó una reunión con los indígenas para una
fecha en que sabía que iba a haber un eclipse total de Luna. Basaba sus
predicciones en las tablas de navegación del astrónomo Johann Müller, más
conocido por su nombre latino, Regiomontano. El eclipse se produjo según lo
previsto, los indios quedaron impresionados y los descubridores recobraron algo
de su decreciente influencia.
Hay
unos cuantos eclipses memorables por razones científicas:
* 21 de junio de 1629. Los chinos sabían predecir
los eclipses, pero no muy bien. Los astrónomos imperiales, que no habían
acertado a pronosticar el eclipse de 1610, predijeron un eclipse solar para una
fecha de 1629. Sin embargo, los misioneros jesuitas insistieron en que la
predicción llevaba una hora de adelanto y en que el eclipse, en lugar de durar
dos horas, sólo se vería dos minutos. Los jesuitas tenían razón. Como
consecuencia, el emperador ordenó que se revisara el calendario chino y se instó
a los jesuitas a que construyeran telescopios y empezaran a traducir al chino
libros sobre óptica, música y matemáticas.
* 8 de julio de 1842. Durante este eclipse solar
los científicos europeos dedujeron que las protuberancias de color rosa y los
rayos opalescentes de luz que envolvían por completo la Luna no eran emisiones
de la atmósfera lunar ni ilusión óptica, sino parte del Sol.
* 18 de agosto de 1868. Pierre Jules César Janssen,
un banquero francés convertido en astrónomo, hizo una lectura espectroscópica de
la corona solar durante este eclipse, lo cual permitió a los científicos
analizar la composición de la atmósfera solar. La corona era tan espectacular
que Janssen estaba convencido de que debía percibirse en condiciones normales.
Al día siguiente localizó las protuberancias y registró un espectro. Otro
científico, J. Norman Lockyer, había estado haciendo trabajos similares. Entre
los dos demostraron que la corona estaba presente en todo momento, bien que sólo
fuera visible durante los eclipses, y formaba parte del Sol, aunque con una
composición ligeramente distinta de la de la masa solar. También identificaron,
en la franja amarilla del espectro, un elemento que sería llamado por el nombre
griego del Sol y que no se encontraría en la Tierra hasta un cuarto de siglo
después: el helio.
Janssen estaba tan emocionado con estos resultados que en 1870, cuando iba a
haber un eclipse visible en Argelia, no dejó que nada le impidiera ir. Salir de
París constituyó un problema, no obstante, pues la ciudad estaba rodeada por
tropas prusianas hostiles. Las muchedumbres pululaban por las calles, los
ciudadanos hambrientos se comían los gatos y las ratas, los restaurantes
exóticos hacían incursiones al zoológico y sirvieron platos hechos con los dos
elefantes Cástor y Pólux, y la única manera de salir de la ciudad era hacerlo en
globo de hidrógeno. Janssen partió de Paris en una balsa y llegó a Argelia a
tiempo. Por desgracia, conforme se acercaba el eclipse total la temperatura
disminuyó, las nubes taparon la Luna y Janssen no pudo ver nada.
* 29 de marzo de 1919. Albert Einstein había
predicho que la luz, al pasar junto a un objeto pesado como el Sol, se curvaría
en proporción al campo gravitatorio del objeto. Esto estaba aún por demostrar,
pero el eclipse solar de marzo de 1919, cuando se vio la silueta del Sol contra
las apretadas estrellas del cúmulo de las Híades, ofreció la perfecta
oportunidad para comparar la posición habitual de estas bien conocidas estrellas
con su posición durante el eclipse. Pensando en esto, sir Arthur Eddington se
trasladó a una isla situada en la costa occidental africana y un grupo de
científicos británicos fue a Brasil.
Durante el eclipse los observadores
midieron las posiciones de varias estrellas de las Híades y descubrieron que la
luz procedente de estas estrellas resultaba curvada por la gravedad del Sol, por
lo que se trasladaban con respecto a su posición habitual exactamente tal como
había predicho Einstein, lo cual confirmó la teoría... y cambió la vida de su
autor.
En cuanto Einstein se enteró de la noticia, envió una postal a su madre,
anunciándole: «Gozosas noticias hoy». Un titular del New York Times proclamaba:
«Todas las luces bizquean en el cielo / Triunfa la teoría de Einstein». Y
Einstein pasó a ser definitivamente una celebridad mundial.
PARA SABER MAS...
EL SAROS
Los eclipses son fenómenos tan particulares que ya las poblaciones
antiguas investigaron sus eventuales ciclos.
Para los eclipses de Luna no es difícil hallar una ley que permita
predecir cuándo van a producirse, al menos aproximadamente. Esta ley
fue hallada después de atentas observaciones, y resultó que entre
dos eclipses de Luna median cinco o seis meses.
Al período de 223 meses lunares (la
duración del mes lunar equivale a 29 días y medio) se le dio el
nombre de saros, uno de los
períodos sobre los que puede calcularse con mayor precisión la
repetición de los eclipses.
En cambio, para los eclipses de Sol,
el cálculo es más complicado, ya que un eclipse solar es un fenómeno
local, no visible desde toda la Tierra, y depende estrechamente de
la posición exacta de la Luna en la bóveda celeste. Sin embargo, ya
en la Antigüedad se previeron eclipses de Sol: un ejemplo lo dio
Tales, que predijo el eclipse total que tuvo lugar el año 585 a.C.
OTROS
ECLIPSES
El fenómeno de los eclipses, tal como se presenta, no es exclusivo
del sistema formado por la Tierra, la Luna y el Sol, sino que se
produce en una gran cantidad de cuerpos celestes. Un ejemplo
conocido es el de los satélites galileanos, cuyo estudio permitió
llegar a una primera estimación de la velocidad de la luz.
Naturalmente, lo mismo que sucede en
la Tierra cuando la Luna se interpone entre ella y el Sol, también
podrían observarse eclipses de Sol desde Júpiter cuando uno de los
satélites pasa por delante del planeta gigante. Pero el fenómeno más
singular ocurre cuando, en determinadas condiciones, son los
satélites los que se eclipsan recíprocamente. Por ejemplo, hay
eclipses de Io provocados por Ganímedes, mientras que
en aquel mismo momento hay un eclipse de Sol en Io.
Otro caso interesante es el de dos
estrellas que orbitan una alrededor de otra y el plano orbital está
en la línea visual de la Tierra. En tal caso, las estrellas pasarán
periódicamente una delante de otra, enmascarando la luz de la
compañera que permanece detrás y provocando eclipses de estrellas.
Por consiguiente, los eclipses son una
notable fuente de información sobre los sistemas en los que se
producen. Esto es así incluso en nuestro medio: durante un eclipse
solar es posible estudiar más cómodamente partes del Sol que de otro
modo son de difícil observación. También se ha querido comprender el
estado de la atmósfera terrestre por el color que adquiere la Luna
durante algunos eclipses.
Un aspecto singular de este fenómeno,
ligado a su predictibilidad relativamente sencilla, es la
investigación histórica: si un hecho tiene una datación incierta y
ocurrió en el momento exacto o aproximado de un eclipse, es posible
deducir con más rigor su fecha precisa.
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