Coloque un frasco con agua en el
antepecho de una ventana, ponga en su interior unos cuantos renacuajos y algunas
plantas acuáticas y tendrá un ecosistema, una unidad reconocible de naturaleza
con partes vivientes y no vivientes. Se trata, por supuesto, de un ecosistema
increíblemente simple, comparado con un ecosistema como la gran selva lluviosa
del Amazonas.
Cualquier ecosistema está compuesto por dos partes: una
no viviente (el medio físico) y una viviente (la comunidad biológica).
El no viviente incluye habitualmente la energía solar, la temperatura, el agua,
los gases del aire, el viento, los suelos y las rocas que se extienden debajo de
la superficie, además de la topografía, o configuración del terreno. Las partes
no vivientes del ecosistema determinan los tipos de vida que pueden existir en
su seno y también influyen unos sobre otros.

La mayor parte de la precipitación pluvial cae sobre el
lado que mira hacia el mar, dejando muy poca humedad para
las tierras que se extienden más allá de las montañas.
Los desiertos, por ejemplo, se producen cuando la precipitación pluvial llega
sólo a doscientos cincuenta milímetros o menos por año. Esta falta de lluvia se
debe a veces al factor topográfico. A lo largo de la costa occidental de América
del Norte, por ejemplo, los vientos que soplan desde el Océano Pacífico llevan
el vapor de agua tierra adentro. El aire se ve obligado a elevarse al chocar con
las cadenas montañosas costeras. A medida que se eleva se enfría y el vapor de
agua del aire cae en forma de lluvia o de nieve sobre el flanco de las montañas
que mira hacia el mar. En consecuencia, la precipitación pluvial es escasa sobre
el otro flanco. Este fenómeno recibe el nombre de efecto de interceptación de la
lluvia.
En las Montañas de las Cascadas, en el Estado de Washington la precipitación
anual puede llegar a dos mil quinientos milímetros. Más allá de las Cascadas, en
el valle del río Columbia, las lluvias anuales sólo ascienden a doscientos
veintidós milímetros. Por lo tanto, la topografía tiene una enorme influencia
sobre la cantidad de agua de lluvia que cae sobre la tierra. Esto afecta, a su
vez, a la vida animal y vegetal. Las laderas occidentales de las Cascadas, que
tienen abundante agua de lluvia, están cubiertas por tupidos bosques. Del otro
lado de la cadena montañosa, donde la precipitación pluvial es escasa, sólo
crecen pastos amacollados artemisia y otras plantas desérticas.
Las partes orgánicas del ecosistema suelen afectar a las partes inorgánicas.
Cuando el agua de lluvia cae sobre un bosque, las ramas y las hojas de los
árboles amortiguan la fuerza de las gotas. Las capas de hojas muertas que se
acumulan en el suelo del bosque absorben el agua, impidiendo que las gotas
erosionen el terreno. El agua de escurrimiento es escasa. Por consiguiente, los
árboles contribuyen la conservación del suelo, del cual dependen para su
subsistencia. En realidad, los árboles constituyen un aporte ‘adicional para.
los suelos puesto que las hojas que caen terminan por des componerse, pasando a
formar parte del mismo suelo.
Los suelos son el mejor ejemplo de la influencia recíproca de las partes
orgánicas e inorgánicas de un ecosistema. El suelo está compuesto principalmente
por granos de minerales, como sílice y arcilla, que quedan en libertad a medida
que las rocas se descomponen lentamente. Los espacios entre las partículas
minerales se llenan de aire o de agua. Las raíces penetran en el suelo,
produciendo en éste cambios físicos (aflojamiento de las partículas compactas) y
químicos (extracción de minerales). Las lombrices de tierra y otros animales
introducen más profundamente en el suelo los restos de vegetales Y animales.
Millares de organismos viven en un puñado de tierra. La mayoría de ellos son
demasiado pequeños para ser observados a simple vista, pero todos afectan al
suelo al sustraer minerales y depositar en él sus desechos y organismos muertos.
Los suelos tienen especial interés para los ecólogos porque la existencia de
casi todos los organismos terrestres, incluidos los seres humanos, depende
considerablemente de ellos.
Cuando los ecólogos estudian los ecosistemas suelen recurrir a la ciencia de la
meteorología en busca de información. La precipitación pluvial anual se produce
en su mayor par te en una sola estación, o se distribuye uniformemente a lo
largo del año?
¿Cuáles son las variaciones de temperatura entre el día y la noche, y en el
transcurso del año? Es importante responder a estos interrogantes porque el
clima de una región tiene enorme influencia sobre la vida animal y vegetal. Si
queremos aprender algo más acerca de las partes vivientes de un ecosistema
podríamos visitar una pequeña laguna. Para llegar a ella probablemente tendremos
que atravesar un campo, abrirnos paso en medio del follaje de un bosque o cruzar
un arroyo que nace o desemboca en la laguna. La laguna es afectada,
evidentemente, por otros ecosistemas, y a su vez influye sobre ellos.
El ecosistema de una laguna suele contener todos los elementos no vivientes
antes mencionados. El Sol proporciona la energía necesaria para la vida. El
clima determina la cantidad de agua de lluvia que cae en la región, la duración
de la estación de crecimiento de las plantas y si el hielo cubrirá o no su
superficie en los meses de invierno. Estos factores pueden ejercer gran
influencia sobre la vida de los organismos que habitan en la laguna. Los suelos
y rocas subyacentes afectan la química del agua, la que a su vez permite determinar
qué espacies animales y vegetales vivirán en ella. Y la vida de la laguna
influye sobre el entorno no viviente: cuan do los animales y plantas mueren se
depositan en el fondo y allí se descomponen, convirtiéndose en detritos que se
acumulan y contribuyen a restar profundidad a dicha laguna.
Los organismos vivientes del ecosistema de una laguna (y de cualquier otro
ecosistema) pueden dividirse en tres grupos:
Los PRODUCTORES son plantas verdes que
absorben la energía radiante del Sol y la transforman en energía alimentaria.
También toman del medio sustancias como anhídrido carbónico, agua, oxígeno,
nitrógeno y azufre, y las convierten en materia vegetal que es utilizada por
otros organismos como alimento. En realidad, sería más adecuado llamarlos
transformadores y no productores. Sea como fuere, todas las formas de vida del
ecosistema de la laguna dependen de las plantas verdes, y lo mismo ocurre en los
bosques, las praderas, la tundra y los océanos.
En las lagunas podemos ver espadañas que crecen a orillas del agua; más lejos
aparecen los nenúfares, y las lentejas de agua cubren a veces la superficie
formando una verdadera alfombra, pero las plantas productoras realmente
importantes son invisibles. Minúsculas plantitas denominadas Jito-plancton, que
flotan en el agua, constituyen comúnmente una fuente alimentaria mucho más
importante que las gran des plantas visibles a simple vista. A veces el
fitoplancton es tan abundante que confiere al lago o a la laguna un color verde
uniforme.
Los CONSUMIDORES son animales que dependen
de las plantas verdes para su alimentación. Algunos se alimentan directamente de
plantas; otros, de animales que se alimentan de plantas. Los organismos que se
alimentan de plantas incluyen diminutos animales llamados zoo plancton
cuyo sustento es el fitoplancton, y animales de mayor tamaño, como renacuajos,
insectos y caracoles, que se alimentan de vegetales de mayores dimensiones.
Estos organismos herbívoros os obtienen su energía directamente de las plantas
verdes. Los otros consumidores son carnívoros (es decir, que se alimentan
comúnmente de animales herbívoros) u omnívoros (que se alimentan tanto de
vegetales como de animales). Los carnívoros del ecosistema de una laguna
comprenden peces, garzas e insectos como los gigantescos escarabajos de agua. El
mapache y el hombre son omnívoros.
Los DESINTEGRADORES constituyen el tercer
grupo importante de organismos. Utilizan para su alimento la materia proveniente
de plantas y animales muertos. Des componen esta materia de la que obtienen la
energía necesaria para su subsistencia,» y liberan minerales y otros nutrimentos
que vuelven al medio. La mayoría de los desintegra dores son plantas simples,
como hongos y bacterias. Estos organismos microscópicos se encuentran en toda la
extensión de la laguna, pero son especialmente abundantes en el fondo, (donde se
depositan los restos de vegetales y animales muertos. En tierra, los
desintegradores predominan en o cerca de la superficie del suelo.
Los desintegradores son, por así decirlo, los porteros de la naturaleza. Sin
ellos, todo lo que muere permanecería en el lugar donde ha caído. Materias
primas como el carbón, el los loro y el nitrógeno seguirían ligados a los restos
inertes y no podrían ser aprovechados incorporándose a un nuevo ciclo de vida.
Los desintegradores liberan estas sustancias vitales que pasan al aire, al agua
o al suelo, y de ese modo permiten su reiterada utilización.
La visita a una laguna enseña otra importante lección ecológica y es que ni
siquiera podemos ver a los fitoplancton productores y a los hongos y bacterias
desintegradores. Tanto en la laguna como en otros ecosistemas, algunos de los
organismos y de los procesos más importantes están ocultos a nuestra vista. Se
debe tener bien presentes los tres grupos principales de organismos vivientes de
los ecosistemas: productores, consumidores y desintegradores.
Cualquiera que sea el ecosistema que uno observe,
siempre encontrará señales de estos tres grupos. Incluso en los terrenos baldíos
de la ciudad hay malezas (productores) que sirven de alimento a insectos
(consumidores), mientras que los hongos y bacterias trabajan invisibles entre
los desperdicios y las hojas muertas que cubren el suelo.
En un ecosistema es dable observar que ciertas clases de organismos cumplen una
tarea específica, a la que los ecólogos denominan nicho ecológico. No hay
dos tipos (especies) de plantas o animales de una comunidad que puedan compartir
exactamente el mismo nicho durante mucho tiempo. Cuando esto ocurre, compiten
entre sí y a la larga una de las especies termina por desaparecer. El bisonte
fue el principal animal que pastaba en las llanuras norteamericanas. Ese era su
nicho. Ahora ese nicho está ocupado en algunas regiones por ganado vacuno y en
otras por ganado lanar.
En
las planicies africanas viven varios tipos de mamíferos que pastan. En un primer
momento se podría creer que todos tienen el mismo nicho, pero no es así. Las
jirafas se alimentan de las hojas de los árboles, los rinocerontes de matorrales
y los ñúes de pastos. Incluso entre los animales que comen pastos, cada
especie tiene un nicho diferente. La avena roja es el principal alimento de tres
especies de animales que pastan: el ñú, el topi y la cebra.
Pero los ñúes prefieren las hojitas nuevas y
cortas de la avena; las cebras comen el pasto cuando está muy crecido, pero lo
rechazan si las hojas están secas, mientras que los topis se alimentan
exclusivamente de hojas secas. Cada especie tiene un nicho distinto y de este
modo cada una puede sobrevivir dentro del mismo ecosistema. (imagen: ñùes)
Los seres vivientes de un ecosistema influyen unos sobre otros de muchas
maneras. Los consumidores que matan a otros animales para procurarse el sustento
se llaman depredadores. El término depredador suele evocar imágenes de
leones y lobos, pero también son depredadores los petirrojos, las ranas y los
seres humanos. Estos últimos son, dicho sea al pasar, los más grandes
depredadores que el mundo ha conocido. Algunos depredadores carnívoros, corno
los leones, dependen enteramente de los animales que matan, mientras que otros,
como los zorros y el hombre, también ingieren alimentos de origen vegetal.
Algunas personas consideran que los depredadores son “malos”. Claro está que a
veces los depredadores atacan y devoran a los animales de granja, en cuyo caso
es preciso tomar ciertas medidas de control. Sin embargo, con demasiada
frecuencia la gente trata de exterminar a poblaciones ente as de depredadores
con la idea equivocada de que hacen un bien.
Muchos
creen que los animales depredadores gozan de una vida fácil a expensas de sus
indefensas víctimas, pero los estudios sobre los depredadores y sus presas
demuestran que eso no es cierto. Después de observar los hábitos y el
comportamiento de los tigres de la India (imagen), el doctor George Schaller
escribió:
“El conjunto de medios de defensa aparentemente
invencibles con que cuenta el tigre —sus aguzados sentidos, su gran velocidad
(que sólo despliega durante cortas distancias), su fortaleza, su gran tamaño y
sus formidables garras y dientes— dieron a muchos naturalistas la impresión de
que el tigre puede matar a voluntad. . . Mi experiencia indica precisamente lo
contrario: el tigre tiene que trabajar duramente para conseguir su alimento...
Calculo que por cada presa salvaje que consigue matar, el tigre realiza de
veinte a treinta tentativas infructuosas”.
Otro biólogo efectuó las mismas observaciones con los lobos. Después de estudiar
a los lobos norteamericanos durante doce años, el doctor L. David Mech llegó a
la conclusión de que estos depredadores fracasan frecuentemente en su intento de
matar a las presas que eligen como víctimas y que, por otra parte, tienden a
eliminar a animales jóvenes viejos, enfermos, débiles o heridos.

El doctor Mech escribió: “Como sucede con la
mayoría de los depredadores, el lobo es un oportunista. . . El depredador se
apodera de lo que puede atrapar. Si el lobo pudiera capturar piezas sanas y
escogidas, ciertamente lo haría. Pero no siempre puede hacerlo. Lo que sucede es
que todas las especies de presa del lobo están perfectamente equipadas con
magníficos sistemas de detección, defensa y huida. Mientras estos sistemas
funcionan adecuadamente, el animal de presa suele estar a salvo del ataque del
lobo”.
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