|
Al hablar de la economía de un país, nos referimos a los recursos que tiene ese
país, a los bienes que produce, a los métodos de producción que emplea y al
destino final de los bienes producidos. También designamos con el término
economía las políticas económicas de los gobiernos, que intervienen, en mayor o
menor medida, a la hora de establecer los sistemas productivos de un país, de
fijar precios y salarios, de recaudar impuestos, de establecer ventajas o
limitaciones, etc. El Estado, por ejemplo, puede crear y dirigir sus propias
empresas, limitar la producción de un bien y fomentar la de otro, conceder
ventajas para el establecimiento de industrias en una determinada región,
conceder exenciones o ventajas fiscales.
Para
estudiar metódicamente los bienes que produce un país, se suele dividir la
economía en tres sectores:
—El
sector primario, que abarca la agricultura,
la ganadería, la pesca y la explotación forestal; esta última consiste en el
aprovechamiento económico de los bosques para la obtención de madera, pasta de
papel y algunas otras sustancias como resinas y caucho.
—El
sector secundario, que engloba la minería y
la industria.
—El
sector terciario, que agrupa todas las demás
actividades necesarias para el desarrollo de una sociedad: comercio, finanzas,
transportes, turismo, enseñanza, sanidad, deportes, espectáculos, etc.,
consideradas desde un punto de vista económico, es decir, como productoras de
riqueza.
Comprende
las actividades que se realizan en contacto directo con la naturaleza y se
caracteriza por dedicarse directamente a la producción de bienes, sin someterlos
a ningún proceso de transformación.
EL
SECTOR PRIMARIO:
LA AGRICULTURA
La
agricultura es el arte de cultivar la tierra. Engloba, por tanto, todas las
acciones necesarias para convertir el medio natural en terreno apto para el
crecimiento de los productos de cultivo y todas las actividades necesarias para
el desarrollo óptimo y la recolección de dichos productos.
La
agricultura comenzó en el Oriente Próximo durante la Prehistoria, en el período
llamado Neolítico, hace unos 11.000 años, cuando los hombres aprendieron a
cultivar la tierra, para obtener así productos alimenticios sin tener que
trasladarse de unos lugares a otros. Hasta entonces, el hombre prehistórico
había vivido de la caza, de la pesca y de la recolección de frutos, raíces y
semillas.
Al ser una
actividad que se desarrolla generalmente al aire libre, la agricultura depende
en gran medida del clima, de los suelos y del relieve. El clima puede hacer
imposible la agricultura, como por ejemplo en los desiertos por exceso de aridez
y en las regiones polares por exceso de frío, pero influye sobre todo en el tipo
de cultivos: no se pueden cultivar los mismos vegetales en una zona tropical que
en una zona templada.
También los
suelos deben reunir determinadas cualidades para que puedan crecer en ellos las
plantas; en primer lugar, deben tener un grado adecuado de humedad, ni demasiado
alto ni demasiado bajo, porque las plantas se alimentan absorbiendo agua del
suelo; en segundo tienen que tener determinadas sustancias minerales, como
nitrógeno, fósforo potasio y calcio, necesarias para la vida de os
vegetales. En algunos suelos, como los pantanosos, los excesivamente pedregosos
o los muy finos, la agricultura es posible.
El relieve
condiciona mucho la agria porque sólo los suelos bastante son aptos para el
cultivo. En cambio , es muy difícil llevar a cabo las tarea agrícolas en las
vertientes de las montañas o en los terrenos demasiado accidentado. Aunque
también puede ocurrir que las zonas excesivamente llanas se encharquen tras las
lluvias, lo que imposibilita los cultivos.
Desde tiempos
muy
remotos, en su afán la extensión de los terrenos nombre ha luchado contra todos
estos inconvenientes y en algunos lo ha vencido: por ejemplo, construyendo
invernaderos para proteger algunas plantas de los rigores del clima, aumentando
la fertilidad del suelo por medio de abonos construyendo canales de desagüe para
secar las zonas encharcadas y pantanosas y disponiendo las vertientes de las
montañas en terrazas para poder cultivarlas.
Además para
mantener la fertilidad de los suelos , el hombre ha recurrido desde
antiguo a dos sistemas: el barbecho y la rotación de cultivos. El barbecho
consiste en dejar descansar la tierra para que esta recupere las
sustancias nutritivas que pierde cuando está cultivada. El barbecho más
frecuente, que cultiva la tierra un año y la deja reposar al siguiente, se
denomina de año y vez. La rotación de cultivos consiste en alternar determinados
cultivos en un mismo campo, para que unos le aporten al suelo lo que los otros
le quitan. Existen muchos tipos de rotación de cultivos; uno de los más
corrientes es el que alterna un cereal con patatas y plantas forrajeras
(alfalfa, trébol, remolacha).
En la
actualidad, estos sistemas se siguen utilizando en algunos lugares, pero en
muchos otros se puede prescindir de ellos gracias a los abonos y fertilizantes
químicos, que le proporcionan al suelo todas las sustancias necesarias.
En su lucha
contra el medio ambiente, el hombre ha obtenido sus mayores victorias por medio
del regadío, que permite convertir en cultivables tierras que de otro modo
serían infértiles a causa de la aridez del clima. Se distingue así entre
agricultura de secano, en la que toda el agua que reciben las plantas procede de
las lluvias, y agricultura de regadío, en la que el hombre aporta agua
artificialmente a los cultivos. En la agricultura de regadío, el riego puede ser
por inundación: inundando campos ya sembrados (se utiliza, por ejemplo, en los
arrozales); por infiltración: haciendo llegar el agua a los campos por medio de
canales, acequias y surcos; y por aspersión: echando agua desde arriba como si
se tratara de gotas de lluvia. Esta última se lleva a cabo con unos aparatos
especiales y tiene la ventaja de que limpia las plantas, lo que les permite
respirar mejor.
Con el
regadío se pueden cultivar los campos a lo largo de todo el año, incluso en las
estaciones secas, y obtener más de una cosecha al año.
La
agricultura puede ser también extensiva o intensiva. La agricultura extensiva es
aquella que se realiza sobre una gran superficie de terreno, con pocos
trabajadores y una sola cosecha al año. Es típica, por ejemplo, de las grandes
llanuras de América del Norte, donde se cultiva un solo producto con una
mecanización máxima de las tareas agrícolas.
Aunque
obtiene un bajo rendimiento por hectárea, normalmente proporciona grandes
beneficios económicos. La agricultura intensiva es la que se lleva a cabo con
mucha mano de obra y trabajando constantemente la tierra, sin dejarla descansar,
para obtener dos y hasta tres cosechas al año. Suele practicarse en parcelas
pequeñas y es típica de las zonas muy pobladas de Europa y Asia. Cuando en una
región se cultiva un solo producto, se habla de monocultivo y cuando se cultivan
varios productos al mismo tiempo, se denomina policultivo.
También se
puede distinguir entre agricultura de subsistencia y agricultura comercial. La
agricultura de subsistencia, propia de los países poco desarrollados, es la que
se destina en su totalidad a la alimentación de los agricultores y de sus
familias, sin que le sobren excedentes para el mercado. La agricultura
comercial, propia de los países desarrollados, es la que se orienta casi
exclusivamente a la venta de sus productos en el mercado tanto nacional como
internacional. La primera suele usar técnicas y métodos muy rudimentarios,
mientras que la segunda aplica todos los recursos modernos de maquinaria,
abonos, fumigadores, etcétera.
Los
principales productos agrícolas son: los cereales (trigo, maíz, arroz, cebada,
avena, mijo, sorgo), las plantas oleaginosas (girasol, colza, soja), las plantas
textiles (algodón, lino, cáñamo, yute), las plantas comerciales (café, cacao,
caña de azúcar, tabaco), las plantas forrajeras (alfalfa, trébol, remolacha),
los tubérculos (patata, chufa), las plantas hortícola (verduras, hortalizas,
leguminosas) y los frutales.
LA GANADERÍA:
Al igual que
la agricultura, la ganadería comenzó en el Neolítico, cuando el hombre aprendió
a domesticar animales y a criarlos en cautividad para obtener de ellos alimentos
(carne, leche, huevos) y otros productos útiles como el cuero y la lana.
Simultáneamente, los hombres aprendieron también a usar a los animales como
fuerza de tiro y como medio de transporte. Desde entonces, la ganadería ha
progresado mucho, sobre todo por medio de la selección de razas, que permite
escoger para la crianza los animales mejor dotados.
En las
distintas regiones del mundo, el hombre ha elegido siempre para criar aquellos
animales que mejor se adaptaban al medio ambiente. Por ello, en las regiones
húmedas y templadas se crían vacas, mientras que en las zonas más secas abundan
las ovejas y las cabras. En regiones húmedas de América del Sur se crían también
rebaños de llamas y alpacas. La ganadería se practica en algunos lugares como
complemento de la agricultura, pero hay zonas en las que se da por separado, por
ejemplo en la Patagonia (Argentina).
Como la
agricultura, también la ganadería puede ser extensiva o intensiva. Hablamos de
ganadería extensiva cuando los animales pacen libremente en grandes extensiones
de terreno y están al cuidado de pocos hombres. La ganadería intensiva es la que
se lleva a cabo en pequeñas extensiones de terreno y, sobre todo, en granjas,
donde los animales viven siempre a cubierto
y donde son alimentados con piensos compuestos para que se desarrollen
rápidamente y produzcan gran cantidad de carne, leche o huevos. Existen granjas
avícolas, en las que se crían aves de corral, porcinas, en las que se crían
cerdos, y de vacunos, en las que se crían terneros y vacas. Estas últimas
normalmente se especializan en la producción de leche o de carne. Las ovejas y
las cabras no suelen criarse en granjas. La ganadería vacuna tiene una gran
importancia en Argentina, Uruguay, el sur de Brasil, Estados Unidos, Holanda y
Dinamarca. La ganadería ovina es importante en Australia, en los países
mediterráneos y en algunas zonas del interior de Asia. La ganadería porcuna y la
avicultura están desarrolladas prácticamente en todo el mundo, aunque la crianza
de estos animales puede variar mucho de unos países a otros.
LA PESCA:
El pescado
es uno de los principales alimentos del ser humano, que en algunos países, como
China y Japón, llega a ser incluso más importante que la carne. Esta importancia
se refleja en que son muchos los hombres que en todo el mundo se dedican a
actividades pesqueras, tanto a capturar a los peces como a conservarlos por
medio de la congelación y de otras técnicas.
La pesca
puede ser de bajura y de altura. La pesca de bajura es la que se realiza cerca
de las costas; normalmente los pescadores salen por la mañana temprano del
puerto y vuelven a él al atardecer para descargar y subastar las capturas. Este
tipo de pesca puede llevarse a cabo con barcos relativamente sencillos y poco
equipados. La pesca de altura es la que tiene lugar en alta mar; los barcos, mas
grandes y mejor equipados, permanecen en el mar uno o varios meses y viajan, a
veces, hasta zonas muy alejadas de sus puertos de origen.
Los lugares
en los que más abunda la pesca son las plataformas continentales y los sectores
de los océanos donde las aguas están frías. Por eso, entre las principales zonas
pesqueras del mundo se encuentran las bañadas por corriente marinas frías, como
las costas del Perú. Terranova (Canadá) y las costas del Sahara (África).
También es muy abundante la pesca en el mar del Norte (Europa), en el mar del
Japón (Asia), los alrededores de Islandia y en los mares del sur (Argentina).
El aumento
de la pesca a lo largo del siglo XX ha sido tan espectacular que mucho
países se han visto obligados a limitar las capturas para evitar la extinción de
algunas especies, como la ballena, particularmente amenazada por el peligro de
la desaparición.
|