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PRACTICAS MEDICAS EN LA BAJA EDAD MEDIA:
Varios manuscritos médicos de la Inglaterra anglosajona, escritos en inglés
antiguo, han logrado sobrevivir. Aunque la mayor parte de los textos médicos
datan de los siglos X al siglo XII, los académicos piensan que incluyen copias
de trabajos anteriores, así como influencias más antiguas. Como lo ilustran las
siguientes selecciones, tomadas de tres de estos tratados, las hierbas
constituían los materiales básicos de los médicos anglosajones (o
curanderos, como aquí los nombran) y, en consecuencia, sus tratamientos se
reducían casi por completo a remedios botánicos.
El herbario anglosajón:
Berro (Nasturtíum)
1. En
caso de que se le caiga el cabello a un hombre, exprime el jugo de la hierba
llamada nasturtium, conocida como berro, colócalo en la nariz y el
cabello crecerá.
2.
Este berro no se cultiva, sino que crece espontáneamente en los manantiales y en
los arroyuelos; también se ha constatado que en algunos lugares brota en las
paredes.
3.
Para una cabeza ulcerada, debido a la caspa o a la comezón, toma las semillas de
esta misma planta, junto con grasa de ganso, tritúralas juntas y quitarás lo
blanquecino de la caspa.
Para
el dolor de cuerpo [la indigestión], toma esta misma planta, junto con la menta
de campo, disuélvelas en agua y bebe la poción; el dolor de cuerpo y el mal se
irán.
El curandero de Bald:
He aquí bálsamos para todas las heridas, y brebajes y purgas de todo tipo,
externas o internas. Muele y mezcla llantén con manteca
rancia, la fresca no sirve. Otro remedio para heridas: toma una semilla de
llantén, aplástala, úntala en la herida y pronto estará mejor.
Para
quemaduras, si un hombre se quemó sólo con fuego, toma azucena, flor de lis y
tilo de arroyuelo; fríelos en mantequilla y úntalos de inmediato. Si se quemó
con un líquido, toma la corteza del olmo y raíces de azucena, hiérbelas en
leche, úntasela rápidamente tres veces al día. Para las quemaduras de sol, fríe
en mantequilla varitas tiernas de hiedra y úntasela de inmediato.
El peri-didaxeon:
• Para una fractura de cabeza
Para una fractura o herida en la cabeza provocada por los humores de la cabeza,
consigue betónica, tritúrala y ponla en la herida, con eso se aliviarán todos
los dolores.
• Para dormir
Esto se debe hacer para el hombre que no pueda dormir; consigue ajenjo y
disuélvelo con vino o agua tibia, deja que el hombre lo beba y pronto se sentirá
mejor consigo mismo.
• Para manos ásperas
Esta artimaña de hechicero es buena para las manos ásperas y los dedos ásperos,
conocidos como callos de niños. Toma olíbano blanco y pavesas de plata y
mézclalos, luego agrégale aceite a esta mezcla, después calienta sus manos y
úntalas con la mezcla que se ha hecho. Envuélvele las manos con una pieza de
lino.
LA SALUD:
La práctica médica en la época carolingia hacía hincapié en la utilización de
medicina herbolaria (véase el recuadro anterior) y la sangría. Aunque esta
última práctica se hacía con regularidad, se recomendaba con frecuencia la
moderación. Otros aconsejaban también la cautela: “Quienes se atrevan a
llevar a cabo una sangría deberán asegurarse de que su mano no tiemble".
También se disponía de médicos cuando las personas padecían graves enfermedades.
Muchos eran clérigos, y los monasterios instruían a los suyos propios. Las
bibliotecas monásticas conservaban manuscritos médicos, copias de obras
antiguas; asimismo, cultivaban hierbas para disponer de una reserva de plantas
medicinales.
Los
manuscritos médicos carolingios sí contenían descripciones científicas de
enfermedades, recetas para pociones médicas e, incluso, consejos ginecológicos,
a pesar de que los monjes no hacían grandes esfuerzos para satisfacer las
necesidades médicas de las mujeres. Además, algunos manuales incluían
instrucciones para realizar operaciones, sobre todo a los soldados heridos en
batalla. Algunas fuentes demostraban con claridad que había técnicas precisas
para amputar miembros gangrenosos:
Si debes amputar un miembro
enfermo de un cuerpo sano, entonces no cortes en el limite de la carne sana,
sino más allá, donde esté fresca toda la carne, de modo que se pueda hacer una
mejor y más rápida curación. Cuando le apliques fuego al hombre [es decir,
cauterices] toma hojas de puerro tierno y sal cernida, y cubre los lugares de
manera que el calor del fuego se quite rápidamente.
Aunque los académicos no están seguros de la clase de anestesia que se usaba en
tales operaciones, los manuales medievales recomendaban amapola, mandrágora y
beleño, dadas sus propiedades narcóticas.
Los
médicos de la Edad Media complementaban estas medicinas y las prácticas
naturales con invocaciones de ayuda del otro mundo. Las influencias y los ritos
mágicos se heredaron de los tiempos paganos; las tribus germánicas habían usado
la medicina mágica por siglos. Los médicos recomendaban a sus pacientes que se
pusieran amuletos y dijes en el cuerpo, con el fin de ahuyentar las
enfermedades:
Busca un poco de excremento de
lobo, preferiblemente del que contenga pequeñas astillas de huesos, e
introdúcelo en un tubo para que el paciente pueda usarlo con facilidad como
amuleto.
Para la epilepsia, toma un clavo
de una nave náufraga, haz con él un brazalete e incrústale un trozo del corazón
de un venado, extraído de su cuerpo cuando el animal estaba todavía vivo;
póntelo en el brazo izquierdo; te asombrarás del resultado.
Pero,
conforme los paganos se convertían al cristianismo, pronto las curaciones
milagrosas mediante la intervención de Dios, Cristo o los santos reemplazaron
las prácticas paganas. Las crónicas medievales son abundantes en narraciones de
gente que se sanó al tocar el cuerpo de un santo. Sin embargo, el recurso a
plegarias cristianas escritas y utilizadas como amuletos, nos recuerda que ambas
prácticas médicas, paganas y cristianas, sobrevivieron por siglos una al lado de
la otra.
La Medicina: El diagnóstico se basaba sobre
todo en la inspección de la orina, que según con los numerosos tratados y
sistemas de uroscopia en existencia se interpretaba según las capas de sedimento
que se distinguían en el recipiente, ya que cada una correspondía a una zona
específica del cuerpo; también la inspección de la sangre y la del esputo eran
importantes para reconocer la enfermedad. La toma del pulso había caído en
desuso, o por lo menos ya no se practicaba con la acuciosidad con que lo
recomendaba Galeno. El tratamiento se basaba en el principio de contraria
contrariis y se reducía a cuatro medidas generales:
1) Sangría, realizada con la idea de eliminar el
humor excesivo responsable de la discrasia o desequilibrio (plétora) o bien para
derivarlo de un órgano a otro, según se practicara del mismo lado anatómico
donde se localizaba la enfermedad o del lado opuesto, respectivamente.
2) Dieta, para evitar que a partir de los alimentos
se siguiera produciendo el humor responsable de la discrasia. Desde los tiempos
hipocráticos la dieta era uno de los medios terapéuticos principales, basada en
dos principios: restricción alimentaria, frecuentemente absoluta, aun en casos
en los que conducía rápidamente a desnutrición y a caquexia, y direcciones
precisas y voluminosas para la preparación de los alimentos y bebidas
permitidos, que al final eran tisanas, caldos, huevos y leche.
3) Purga, para facilitar la eliminación del exceso
del humor causante de la enfermedad. Quizá ésta sea la medida terapéutica médica
y popular más antigua de todas: identificada como eficiente desde el siglo XI
a.C. en Egipto, todavía tenía vigencia a mediados del siglo XX. A veces los
purgantes eran sustituidos por enemas.
4) Drogas de muy distintos tipos, obtenidas la
mayoría de las diversas plantas, a las que se les atribuían distintas
propiedades, muchas veces en forma correcta: digestivas, laxantes, diuréticas,
diaforéticas, analgésicas, etc.
Al
mismo tiempo que estas medidas terapéuticas también se usaban otras basadas en
poderes sobrenaturales. Los exorcismos eran importantes en el manejo de
trastornos mentales, epilepsia o impotencia; en estos casos el sacerdote
sustituía al médico. La creencia en los poderes curativos de las reliquias era
generalizada, y entonces como ahora se rezaba a santos especiales para el alivio
de padecimientos específicos
Los
médicos no practicaban la cirugía, que estaba en manos de los cirujanos y de los
barberos. Los cirujanos no asistían a las universidades, no hablaban latín y
eran considerados gente poco educada y de clase inferior. Muchos eran
itinerantes, que iban de una ciudad a otra operando hernias, cálculos vesicales
o cataratas, lo que requería experiencia y habilidad quirúrgica, o bien curando
heridas superficiales, abriendo abscesos y tratando fracturas. Sus principales
competidores eran los barberos, que además de cortar el cabello vendían
ungüentos, sacaban dientes, aplicaban ventosas, ponían enemas y hacían
flebotomías.
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