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Vestido y Aseo:
Los germanos solían utilizar amplios vestidos forrados que se ceñían ligeramente
al cuerpo gracias a fíbulas o cinturones. Una camisa de lino hasta las rodillas
sobre la que se ponía una túnica, pantalones con polainas y botas o zuecos,
dependiendo de la condición social, sería la indumentaria masculina mientras que
las mujeres nobles llevaban sobre la túnica una especie de bata abierta por
delante y recogida con una cadenita que permitía caminar. Si eran campesinas se
vestían sólo con la túnica. Los días de frío se utiliza un chaleco de piel y un
manto de lana.
Los hombres germanos solían llevar el cabello largo y la frente, la barba y la
nuca despejadas mientras que los romanos se lo cortan sobre la nuca. La longitud
del cabello obedece a un claro simbolismo ya que indica fuerza, bravura y
virilidad. Por eso los esclavos y los clérigos tienen la obligación de estar
tonsurados, quedando sólo en su cabeza una corona de cabello o una banda que va
de oreja a oreja, moda habitual entre los monjes irlandeses. No en balde, cortar
el cabello a una joven o a un muchacho estaba castigado 45 sueldos. El desnudo
sólo se permitía en dos casos, al lavarse o al ir a dormir.
Hasta el siglo VIII el bautismo se había realizado, tanto a hombres como
mujeres, por inmersión en una piscina adosada a la catedral. La ceremonia se
celebraba las noches del sábado santo y los neonatos en la religión recibían el
bautismo desnudos. La desnudez bautismal tenía un simbolismo que desapareció en
época carolingia al sustituirse el bautismo por inmersión, aplicando al cuerpo
desnudo exclusivamente carga sexual. Esta es la razón por la que se empezó a
vestir el cuerpo de Cristo cuando se le representaba en la Crucifixión o san
Benito aconsejaba a sus monjes acostarse vestidos.
La mujer y el hombre sólo podían mostrarse desnudos en el lecho donde tendrá
lugar la procreación, aportando al tálamo un cierto aire de sacralidad. Incluso
la ley regulaba los contactos ya que si un hombre libre tocaba la mano de una
mujer debía de pagar 15 sueldos que aumentaban a 30 si se trataba del brazo
hasta el codo, 35 sueldos por tocar encima del codo y 45 si eran los senos la
zona tocada. La razón de estos castigos estaría justificada por las ceremonias
paganas en las que las mujeres se desnudaban para atraer la lluvia o provocar la
fecundidad de la tierra.
De esta manera tocar a la mujer supondría un atentado contra la generación de la
vida. El aseo personal solía hacerse en los lechos de los ríos o en las piscinas
de aguas termales. Los príncipes carolingios se bañaban y cambiaban sus ropas
los sábados. Nos han quedado restos de utensilios de cuidado personal como
tijeras, pinzas depilatorias o peines, especialmente para las damas que mesaban
sus cabellos y los "esculpían" con ayuda de largas horquillas.
Encontramos numerosas joyas que servían para adornar vestidos y capas,
considerándose la orfebrería germánica como una de las más atractivas de la
historia. Nos han quedado sortijas, anillos, pendientes, horquillas, broches,
placas-hebillas, joyas que exclusivamente podían utilizar las mujeres como se ha
podido constatar en los yacimientos arqueológicos. Estas joyas nos dan fe de la
existencia de grandes fortunas en la Alta Edad Media.
Tenemos el ejemplo de un general merovingio llamado Mummolus, quien a su muerte
dejó 250 talentos de plata y 30 de oro lo que suponían 6250 kilos de plata y 750
de oro, fortuna entre la que destaca una fuente de 56 kilos. Un esclavo culto
llamado Andarchius valoró su fortuna en 16.000 sueldos de oro -unos 68 kilos-
para convencer a una noble dama de que podía casarse con su hija. El obispo
Didier de Auxerre legó a su iglesia en el año 621 aproximadamente 140 kilos de
orfebrería litúrgica. Son algunas muestras de la pasión por el oro y la plata
desencadenada en estos tiempos.
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