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Demografía en la Edad Media:
Hace
mil años, la población mundial era mucho más reducida que en la actualidad.
Probablemente, toda Inglaterra tenía menos habitantes entonces que Manchester
hoy en día, y muchos menos que el Londres contemporáneo. China debía contar con
una décima parte de su población actual.
La
población creció ininterrumpidamente entre los años 500 y 1900, de 200 millones
a poco mas de 1600 millones en 1900. Se ve una tendencia que se remonta a la
aparición de la agricultura. Hubo de transcurrir mucho tiempo para que la
población empezara a aumentar rápidamente, y aunque el proceso se aceleró en el
transcurso de los siglos, el crecimiento fue bastante lento en casi todos los
puntos del globo hasta 1700. La razón estriba en que para que hubiera más
población tenía que haber más alimentos y durante muchos siglos
la única manera de obtenerlos consistió en talar bosques y cortar maleza para
procurarse tierras de cultivo, tarea que también resultaba muy lenta.
A
veces se malograban las cosechas o sobrevenía una epidemia de peste u otra
enfermedad que diezmaba a los campesinos y no quedaba nadie para trabajar la
tierra. Por eso la gente también moría de hambre, en ocasiones a millares. Entre
4350 y 1400 perecieron millones de europeos,
como ocurrió en la China y la India
hace apenas un siglo (o en estos mismos países y Rusia en fechas aún más
recientes). Cuando se producía una catástrofe de esta naturaleza la población
tardaba mucho tiempo en recuperar el nivel anterior.
Otro
de los motivos por los que el crecimiento de la humanidad fue muy lento radica
en el bajo índice de la esperanza de vida; incluso hace pocos siglos los
europeos no llegaban a los cuarenta años, debido en parte a una alimentación
peor que la actual. La mayoría de las personas crecía con un cuerpo desmedrado,
huesos débiles y menores probabilidades de superar las enfermedades que los
habitantes del mundo de hoy en día.
Los estudios antropológicos en los cementerios han permitido un mayor
acercamiento a la demografía de la época. Podemos afirmar que la mortalidad
infantil era muy elevada, estableciéndose la tasa en 45 por mil.
La esperanza de vida rondaría los 30 años, situándose la longevidad media entre
30 y 40 años para las mujeres y 45 años para los hombres.
La mayoría de los fallecimientos femeninos se producen entre los 18 y 29 años
debido a fiebres puerperales o a partos difíciles.
La natalidad también era muy alta, estimándose
en un 50 por mil pero las familias sólo tenían -por término medio- un par de
hijos que alcanzaran el matrimonio.
La estatura media se acercaría a 1,67 metros
para los hombres y 1,55 para las mujeres, estaturas bajas posiblemente debido a
la malnutrición.
Entre las enfermedades mentales encontramos numerosas depresiones, neurosis que
explicarían parálisis o fenómenos como las manos engarfiadas provocando que las
uñas atravesaran las palmas, manías agudas acompañadas de epilepsias o estados
maniacos asociados o provocados por el alcoholismo.
La poliomielitis estaría también a la orden del día debido a la desastrosa
situación de los acueductos y la necesidad de consumir agua estancada.
(Estos datos han podido ser
constatados gracias a los registros de los lugares de peregrinación ya que los
monjes registraban los casos médicos que llegaban para intentar establecer
diagnósticos siguiendo las enseñanzas de Hipócrates.)
En
consecuencia, y hasta época muy reciente, se producían descensos bruscos de
población a causa de la escasez y las enfermedades, a pesar de lo cual podemos
decir que el número de seres humanos siguió aumentando. Después se disparó
repentinamente, gracias a una mayor producción de alimentos y a que los médicos
descubrieron métodos para combatir las enfermedades, circunstancia que, en gran
medida, desembocó en la invención de la «demografía» —el estudio de la
población— en los dos últimos siglos. Pero de momento dejaremos a un lado este
repentino incremento, pues sólo vamos a ocuparnos del crecimiento lento que se
produjo entre los años 500 y 1500.
En la
mayoría de los países había muchas más ciudades en 1500 que en el 500. Algunas
eran muy grandes, pero por lo general no podemos decir lo mismo en el caso de
Europa, si bien París, Milán, Florencia, Venecia y Génova se aproximaban a los
100.000 habitantes poco después de 1 300. Mucho antes de esta fecha,
Constantinopla ocupaba más de 1.500 hectáreas cuando París apenas tenía 10.
Pekín contaba con 1.000.000 de habitantes, aproximadamente, hacia el 1200 d.C.,
Roma con unos 20.000 (la población se había reducido con respecto a la de la
época del imperio romano, que se elevaba a 1.000.000). Durante más de un
milenio, la mayoría de los europeos vivió en ciudades de menos de 10.000 almas;
el cambio más destacable entre el 500 y el 1500 consistió en que aumentó el
numero de ciudades de ese tamaño. Además, la suerte de las grandes ciudades
estaba sometida a frecuentes altibajos. Pongamos como ejemplo una vez más á
Constantinopla: podía tener 300.000 habitantes en el siglo VI, pero en el XV
este número se redujo a una octava parte.
En la
Europa del 500 había pocos intercambios comerciales entre países e incluso entre
ciudades. Un siglo más tarde se convertiría en el centro comercial más
importante del mundo. Por entonces sus comerciantes llevaban ya mucho
tiempo realizando transacciones con China y trayendo productos del Lejano
Oriente en caravanas que recorrían la denominada «ruta de la seda» (porque por
este camino se transportaba la seda china), que atravesaba el Asia Central.
En
el siglo XIV establecieron centros comerciales en las costas africanas, de los
que procedían los esclavos que llegaban a Europa. Sin embargo, mucho antes de
esta época ya había otros pueblos que realizaban importantes actividades
comerciales.
Poco
a poco, los barcos pasaron a ser el vehículo más común para el transporte de
mercancías a grandes distancias, sobre todo a partir del 1500. En el interior
del continente europeo resultaba más fácil llevar los productos por vía fluvial
que por las carreteras, que eran mucho peores que en época romana. Aparecieron
las ferias, y varias ciudades se especializaron en el comercio con lugares
lejanos. Durante mucho tiempo la más destacada fue Venecia, que dominaba la
mayor parte del tráfico comercial marítimo con el Mediterráneo oriental y el
Asia Menor.
Al
igual que la población, el comercio creció muy lentamente durante mucho tiempo.
El cargamento de todos los barcos que atracaban en la Venecia medieval en el
transcurso de un año— podía tener cabida en un carguero actual, y aún sobraría
espacio. Pero con las caravanas y los barcos llegaban otros elementos menos
apreciados: por ejemplo, las ratas, portadoras de las pulgas que propagaban
gérmenes desde Asia hasta Europa.
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