Las Diversiones en la Edad Media, fiestas y juegos de caza

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Diversiones Medievales:

Entre los romanos la ociosidad era el modo ideal de vida ya que el trabajo era algo despreciable que ya realizaban los esclavos. Pero en la Europa

 germánica cambiará este concepto, en parte por la introducción del cristianismo. No en balde, san Benito de Nursia incorpora a su regla monástica la máxima "ora et labora" que implica aceptar el trabajo como algo saludable y que satisface al espíritu. Aún así los nobles no son muy aficionadas a la labor por lo que sus diversiones son bastante conocidas.

LA GUERRA, LOS TORNEOS Y LA CAZA: Las principales ocupaciones de los señores eran la guerra, los torneos y la caza. La guerra, ocupación favorita de aquellas violentas personas, pues la hacían valiéndose del motivo más baladí, consistía generalmente en sorpresas; era táctica acostumbrada destruir las cosechas del adversario para rendirlo por hambre. Cuando ocurría un choque, los combatientes procuraban más bien - hacer prisioneros que matar, porque los prisioneros eran fuente de provechos. Los ponían, en efecto, en libertad, pero siempre mediante el pago de una suma de dinero llamada rescate.

A falta de guerra, el señor se distraía con los torneos. Los torneos, que más tarde se convirtieron en simulacros de combate en campo cerrado entre dos hombres, fueron en su origen verdaderas batallas entre dos tropas. En Francia, en tiempo de Felipe Augusto, un torneo reunió tres mil caballeros. Los adversarios se encontraban en campo raso y cargaban con furor. Cuando una de las dos partes cedía, « entonces, dice un testigo del torneo, empezaba la persecución encarnizada por los viñedos, los fosos y los bosques; entonces se velan los caballeros y las cabalgaduras que caían pisoteados por los vencedores y sus caballos, heridos y aniquilados. »

En los torneos, como en la guerra, se hacían prisioneros que debían pagar rescate. Muchos señores vivían de sus victorias en esas lides, como Otros viven hoy de las suyas, los vencedores en las carreras caballos y en los campeonatos y proezas deportivas.

La caza era menos un placer que una necesidad. El señor cazaba para alimentarse y alimentar a sus hombres. Como la mayor parte del suelo era improductivo, — cubierto de bosques y pantanos, — había poco ganado vacuno y lanar; rara vez se comía carne de vaca o de carnero. El alimento consistía principalmente en carne de cerdo, que de este animal había numerosas manadas en los bosques, en carne de cabrito y, en fin, la que suministraba la caza jabalí, oso, ciervo y corzo cuyos cuartos se Servían enteros.

También se utilizaban trampas como el ciervo en celo atado a unas ramas que con sus bramidos atraía a las hembras. Otro tipo de caza era el que tenía a las aves de presa como protagonistas. Los halcones eran muy preciados y aquel que osase robar uno de una percha debía soportar un cruel castigo: el animal devoraría cinco onzas de carne roja sobre el pecho del ladrón. Para la caza era habitual utilizar el arco, especialmente para una modalidad denominada tiro al vuelo. El cazador, montado a caballo, disparaba sus flechas contra las aves, siendo su criado quien le preparaba el arco. Otro tipo era la caza a cuchillo, especialmente para los jabalíes, la pieza más preciada.

Entre las diversiones más sosegadas tenemos la pesca -que no requería casi actividad física por lo que no era ocio típico del guerrero- el ajedrez y los banquetes, momento en el que el noble se abandonaba a las pasiones de la comida y la bebida.

Los Festines:  En los banquetes con que celebraban las fiestas — torneos, casamientos, bautizos, etc. — también se servían  a más de las aves de corral, perdices, avutardas, cisne y pavos reales o pavones. Los guisos se sazonaban d manera exagerada. Esos festines, harto prolongados, se interrumpían reiteradas veces con diversiones muy variadas, llamadas entremeses; una de ellas consistía en servir enormes pasteles que, al abrirlos, dejaban escapar multitud de pajarillos, y en soltar halcones que les daba; caza allí mismo. En aquella época se comía con los dedos, pues e tenedor era tan maravilla en el siglo XV, que el rey de Francia, Carlos V. sólo poseía seis utensilios de este género. En vez de café y de licores, se ofrecía vino refrescado con hielo y aromatizado con canela, clavos, incienso y miel. Ese era el momento en que aparecían juglares, músicos y acróbatas, que tocaban el arpa, la cornamusa, la chirimía, y, al mismo tiempo, mostraban títeres y animales adiestrados, hacían habilidades sobre cuerdas, y juegos y truhanerías. Después se presentaban trovadores y troveros que cantaban y recitaban trozos de los cantares de gesto o las hazañas de Carlomagno y del Cid.

El Ajedrez fue uno de los juegos favoritos de los señores feudales: era originario de oriente y tuvo una amplia difusión en Europa con la llegada de los árabes. El entusiasmo que genero este juego tiene que ver con la actividad guerrera de estos señores. El ajedrez es un juego en el que se despliegan jugadas, tácticas y estrategias de tipo militar, cuyo objetivo es abrirse en paso entre las filas enemigas para capturar a su rey.

ALGO MAS...

Los orígenes del balonpié se remontan a la Edad media. Hay constancia de que en 1217 se jugaba en Derby, ciudad inglesa que se atribuye la calidad de cuna de este deporte.

Desde esos remotos inicios, el fútbol parece haber sido un juego violento, una especie de rito masculino y guerrero. En Chester, después de una victoria militar contra Dinamarca, los ingleses disputaron un célebre partido usando como balón la cabeza de un soldado danés. Curiosamente, como se ha visto, los primeros campeonatos olímpicos de fútbol se jugaron entre ingleses y daneses.

El deporte llegó a ser tan brutal que el rey Eduardo II optó por prohibirlo. Shakespeare en su Rey Lear criticó ácidamente la violencia de este juego en el que a veces el enfrentamiento de dos equipos ocasionaba verdadera batalla entre ciudades y pueblos.

Aunque en 1457 el monarca Juan III acentuó la persecución contra estos futbolistas primitivos, rudimentarios y bárbaros, el deporte se siguió practicando clandestinamente.

Un historiador de la época anotaba: "los jugadores se rompen el cuello, a veces un brazo, otras los dos y es frecuente verlos sangrar por las narices. Casi siempre todos terminan heridos".

En las iglesias se recitaba una oración que decía: "Señor, aleja de nosotros ese juego que atenta contra la virtud divina y el espíritu de bien. El fútbol, Señor, es una forma de contienda, una práctica sangrienta, no un juego''.
Pese a la persecución que se prolongo por cinco siglos, la popularidad del fútbol siguió cundiendo especialmente entre las clases populares de Inglaterra.

La prohibición se levantó recién en 1681, bajo el reinado de Carlos II

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