La
“Señora de Paris”, como suele llamarse en Francia a la esbelta torre del
ingeniero Eiffel, se inauguré en el año 1889 con motivo de la exposición
universal de París, por lo que actualmente ya es una señora bastante mayor. A
pesar de todo ello, la torre Eiffel no ha perdido nada de su atractivo, de su
significación técnica ni de su fuerza simbólica. Al contrario, desde su
terminación nunca se hicieron subir tantos visitantes (unos dos millones al año)
en los crujientes ascensores hasta las amplias plataformas del esqueleto de
acero.
Desde
el restaurante, se puede disfrutar de una impresionante vista sobre toda la
ciudad. Los parisinos dicen que no se podría imaginar a París sin la torre
Eiffel.
La
primera proposición concreta de levantar una “torre de mil pies” (304?80 m) la
hizo en 1833 el inglés Trevithick. Pero este proyecto no se llevó a cabo, como
tampoco se llevó a buen término el de construir una torre de mil
pies con motivo de la exposición universal de Filadelfia en el año 1874. En
1884 se elaboré en el despacho del ingeniero Eiffel el primer anteproyecto para
una torre metálica de 300 m de altura.
Había
toda una serie de diversos proyectos. La población se entusiasmó, por ejemplo,
con la idea de una “torre solar” de 300 m de altura, con un foco en la cima, que
Convertiría la noche parisina en claro día y uno de los detalles curiosos, es
que en una de las plantas de la torre se pensaba instalar un hospital para curas
de alta montaña. Otro proyecto fue el de una torre en forma de fuente que sería
útil en tiempos de sequía.
Pero
el Ministerio de Comercio, de cuya competencia era la exposición, prefirió el
plan de Eiffel. Se decidió levantar la torre sobre una superficie de 125 m de
lado. Se estudiaron 107 posibles lugares de emplazamiento. La Comisión para la
Exposición Universal de 1889 deseaba Construir la torre en forma de un puente
sobre el Sena. Pero este proyecto se vio fallido a causa de las malas
condiciones del suelo movedizo existente junto al río. Finalmente la decisión
recayó sobre el campo de Marte, donde de todas formas se había decidido situar
la exposición.
No
fue casualidad que el encargo de construir la torre recayese en el ingeniero y
constructor Alexandre Gustave Eiffel (imagen izquierda) ,
de 54 años. Ya mucho antes de la construcción de “su” torre estaba considerado
como el más famoso especialista del mundo en construcciones metálicas,
se le
consideraba como “ingeniero del Universo” y se hizo célebre como fundador de la
aerodinámica. De la empresa de Eiffel habían surgido docenas de grandes
estructuras metálicas en todo el mundo. De entre algunas de estas obras de
Eiffel se encuentran el puente de Luis 1 en Oporto, sobre el río Duero. El
acueducto de Garabit con un arco de 122 m. Se deben también a su genio, una
iglesia y una sinagoga y cuarenta y dos puentes y se le denominaba “el hombre de
los puentes”. Sin embargo, posteriormente sólo se conoció a Eiffel como creador
de la torre que lleva su nombre. “Esta torre aun será mi muerte —decía
suspirando—. Como si yo no hubiese hecho nada más en mi vida.”
Alexandre Gustave Eiffel nació en Dijon en 1832. Sus biógrafos franceses
descubrieron que descendía de un alemán llamado Hans Heinrich Bónickhausen,
quien en la época de Luis XIV abandonó su población natal de Marmagen en el
Eiffel y emigró a Francia. Este emigrante, en recuerdo de su patria renana,
amplió su nombre a “Eiffel-Bónickhausen”. La familia mantuvo el nombre compuesto
hasta 1880. Alexandre Gustave Eiffel eliminó el nombre original, llamándose
simplemente “Eiffel”.
En
1886 empezaron los trabajos preliminares de la torre. Para los cuatro pilares
tuvieron que construirse cimientos de 26 m2, que penetraban a 14 m de
profundidad en la orilla del Sena, junto al Campo de Martey 9 m en la otra. La
construcción presentaba un serio problema y es que el terreno sobre el cual se
debía elevar era movedizo y los obreros se negaban a trabajar en tan malas
condiciones, por lo que hubo que pagar jornales tres veces mayores de lo normal
a todos aquellos que se vieran con arreos suficientes como para trabajar en la
tierra barrosa.
El 30
de junio de 1887, dos años antes de la inauguración de la exposición universal,
se finalizaron los trabajos de cimentación, pudiendo iniciarse la construcción
de la torre misma.
El
público reaccionó de diferentes formas ante la construcción de la torre.
Mientras que oficialmente se le alababa de antemano como a “triunfo de la
cultura industrial”, “obra maestra de la moderna arquitectura metálica” y
“símbolo del renacer de Francia” (después de la derrota de 1871), hubo famosos
escritores, pintores, escultores y arquitectos que se reunieron para protestar
ya antes del inicio de las obras. “En nombre del buen gusto”, y como “amantes
apasionados de la hasta ahora intacta belleza de París”, se alzaron enojados
contra la costosa construcción de la “inútil y monstruosa” torre Eiffel.
El
escritor Guy de Maupassant, uno de los firmantes, hacía burla en una entrevista
sensacional de la “horrorosa y fragmentaría pirámide.” Y algún tiempo después
escribía “Me he visto en la obligación de abandonar París, y Francia, porque
allí donde iba me encontraba con la imagen de esa horrenda y torturante torre
Eiffel.”
Otros
retractores al final acabaron por ceder ante la fama sin límites que la Torre
iba ganando día a día, Eiffel, junto con la dirección de la exposición, tenía
mucho que luchar en defensa de la torre, que sus enemigos calificaban de
“construcción de vertiginosa ridiculez”, que “domina Paris como gigantesca y
negra chimenea”. Pero de nada sirvieron las protestas. El Estado francés apoyaba
a la “Societé de la Tour Eiffel”, fundada con un capital de 5 100 000 francos.
Los trabajos seguían tal y como se habían planeado y cuando, un año después de
iniciadas las obras, se terminaron los cuatro pilares hasta el primer piso,
Eiffel hizo arder un castillo de fuegos artificiales. Desde este primer piso a
58 m de altura se levantó la torre hasta la segunda (116 m) y tercera (273 m)
plataforma.
Nuevas dificultades surgieron cuando los trabajos llegaron hasta la segunda
plataforma; los obreros después de la comida se negaban a subir los 700
escalones que existen hasta ella, por lo que hubo que construir un bar para que
los trabajadores no tuvieran que bajar a la hora de la comida.
Hoy
el viento y el sol besan los nombres de estos esforzados obreros, que en lo alto
de la torre están grabados, y sin los cuales tan magna obra hubiera sido de todo
punto imposible de realizarse.
Los
planos eran verdaderamente grandiosos, ocupaban 5.000
hojas de papel del 0,80 m. En los planos para las 15000 piezas de que consta
tuvieron ocupación, durante dos años, 40 dibujantes. Una fábrica de Clichy
producía las piezas a la medida prevista, de forma que sólo había que atornillarllas
y soldarlas.
La
construcción acabada pesa 9700 toneladas; extraordinaria masa de acero, y a
pesar de ello, una obra de filigrana. Tan sólo el aire contenido en un cilindro
de 300 m de altura, en cuya base estuviese inscrito el cuadrado base de la
torre, pesaría más que toda ella.
Para
acabar la torre en la fecha prevista había que trabajar 10 horas diarias,
incluso durante el duro invierno de 1888 a 1889.
La construcción costó cerca de 8
millones de francos:
El 31
de marzo pudo Eiffel izar la bandera tricolor en la cúspide de la torre. Francia
tenía la mayor asta, para su bandera, del mundo. Todo estaba listo para la
inauguración de la exposición el 6 de mayo de 1889. La empresa no sólo hizo un
gran negocio con las visitas (ya en el año de la inauguración, el importe
recaudado por la sociedad de fa torre Eiffel igualó casi
al capital fundacional, se recaudaron unos 6,50 millones de francos), sino
también con la venta de pequeñas reproducciones de la torre. Los que hablan
dicho que la torre Eiffel sería un mal negocio quedaron en ridículo, ante las
cifras presentadas.
La
torre Eiffel forma parte de París. Aún hoy se hacen oír protestas porque
destroza el aspecto de la ciudad. Es famosa la anécdota de aquel hombre que cada
día se sube a lo alto de la torre porque es el único lugar de Paris desde el que
no se tiene constantemente a la vista la torre Eiffel.
La
literatura y el arte se apropiaron de la “señora de París”. Ya no se habla de la
“vertiginosa ridiculez”; más bien se siente una especie de tierno cariño por
este testigo de la naciente época del hierro, que forma parte de la
imagen de París, aun cuando ya no constituye sensación técnica alguna en el
siglo de la física nuclear de los viajes espaciales a la Luna.
En
1902 eL capitán Ferrié realiza algunas pruebas de T.S.H desde la torre Eiffel y
logra comunicación con los buques de guerra; más tarde,
en 1909 la torre no es derribada gracias a la colosal antena que hay en su
cúpula; en 1910 pro poroiona la hora internacional; en 1916 desde ésta se lo
gran las primeras emisiones transoceánicas por teléfono
sin hilo y finalmente viendo las inmejorables condiciones de la torre, en 1918
la radio francesa también se instala en ella.
La
vista para el visitante que sube hasta la cima puede llegar hasta 67 km, pero es
muy raro el día en que la atmósfera lo permite, ese día,
París y sus suburbios aparecen
inmediatamente como sobre un gigantesco plano en tres dimensiones. La mejor
visibilidad se presenta generalmente a la primera hora antes de la puesta de
sol.