El Plan Marshall Para La Recuperación Europea

EL PLAN DE AYUDA ECONÓMICA PARA LA RECUPERACIÓN DE EUROPA

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El Plan Marshall, nombre popular del European Recovery Program (ERP), fue un plan de los Estados Unidos para la reconstrucción de los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial. La iniciativa recibió el nombre del Secretario de estado de Estados Unidos George Marshall y fue diseñado principalmente por el Departamento de Estado.

 

EL PLAN MARSHALL: Después de la segunda guerra mundial, Estados Unidos se vió en la necesidad de implementar un sistema de ayuda para la reconstrucción de Europa Occidental. Este plan conocido como “Plan Marshall”, era el nombre popular del “European Recovery Program” (ERP) y fue conocido así porque fue diseñado principalmente por el Secretario de Estado de Estados Unidos, el general George Marshall.

La clase dirigente de Estados Unidos y su presidente, Harry Truman, comenzaron a preocuparse por la pérdida de liderazgo en Europa. Las tensiones con los soviéticos era cada vez mayor, y estos últimos habían comenzado a influir en la política de casi toda Europa.

Estados Unidos, no podía esperar más para comenzar a socorrer económicamente a Europa. Y dos hechos político-militares ayudaron a decidirse a los norteamericanos. El primero, era el debilitamiento británico en el Mediterráneo, el Golfo Pérsico, el océano Indico y hasta en el pacífico. Además, el Reino Unido ya no podía seguir asistiendo a griegos, turcos e iraníes frente al ataque de los soviéticos. Cada vez, los ingleses tenían menos recursos para mantener sus numerosas bases en el Mediterráneo (Malta, Gibraltar, Chipre, Libia y el canal de Suez). Lo mismo sucedía en el Mar Rojo, en la India y en China donde los avances de los ejércitos de Mao parecían incontenibles, a pesar de que había reconquistado Hong-Kong en 1947.

El segundo problema, provenía de la constante expansión de la Unión Soviética en Europa Occidental. Italia contaba con un partido comunista fuerte y poderoso, y los mismo pasaba en Francia. Hasta los gobiernos de coalición que gobernaban en Francia y en Italia, habían tenido que acceder a incorporar en distintos ministerios a miembros del partido comunista.

Al mismo tiempo, en que Truman anticipaba su doctrina, el general Marshall, reunido con su colegas occidentales les advertía que, de no mediar una ayuda económica-financiera, toda Europa Occidental caería en manos de la dominación soviética. Finalmente, en 1947, el presidente Truman anunció el envío de la ayuda con la coordinación de George Marshall.

 

Dos motivos esenciales llevaron a los estadounidenses a tomar esa medida: Primero, evitar que su propia economía cayera en un bache, que detuviera el crecimiento económico que había provocado la industria bélica durante la segunda guerra. Además, de esta forma se impediría la caída de la demanda, y la posible baja de la actividad industrial y laboral. Y a su vez, colocar las grandes sumas de capital en créditos para recuperar a Europa.

El segundo, era evitar la expansión soviética sobre todo el continente europeo, lo cual hubiera hecho perder el “equilibrio” de la región.

Truman, firmó el programa en 1948 y casi simultáneamente se constituyó en Paris la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE), para coordinar la distribución de la ayuda. Así, siete mil millones de dólares en forma de manufacturas y créditos, comenzaron a invadir Europa. Salvo, España y Finlandia, que quedaron excluidas de la ayuda por sus regímenes políticos neofascistas y porque durante la guerra habían colaborado con el nazismo.

El Plan Marshall
Yo no tengo necesidad de recordarles, señores, que la situación mundial es muy seria (...)• Una de las dificultades consiste en que el problema es de una tal complejidad que el conjunto de los hechos presentados al público por la prensa y la radio hace extremadamente difícil, para el hombre de la calles, apreciar claramente la situación. Además, las gentes de este país están dejadas de las zonas angustiadas del globo, siendo conveniente para ellos comprender la situación y las reacciones de los pueblos que sufren, y las consecuencias de estas reacciones sobre sus Gobiernos, en relación con nuestros esfuerzos para promover la paz en el mundo.

Considerando las necesidades para una puesta en orden de Europa, las pérdidas de vidas humanas, las visibles destrucciones de ciudades, fábricas, minas, ferrocarriles, han sido correctamente estimadas; pero ha llegado a ser evidente durante el transcurso de los últimos meses que esta destrucción aparente es probablemente menos seria que la dislocación de toda la estructura económica europea (...). Los tradicionales lazos comerciales, las instituciones privadas, los bancos, las compañías de seguros y marítimas han desaparecido, por falta de capitales, absorbidos como consecuencia de nacionalizaciones, o por simple desaparición. En gran número de países, la confianza en la moneda nacional ha sido rota (...). La reconstrucción ha sido seriamente retardada por el hecho de que dos años después del fin de las hostilidades un tratado de paz no ha podido ser establecido con Alemania y con Austria.

La verdad es que las necesidades de Europa en productos alimenticios y otros productos esenciales —principalmente de América— en el curso de los tres o cuatro años próximos excederán en este punto su capacidad de pago, teniendo necesidad de una ayuda suplementaria importante, si se quiere evitar que tenga graves problemas económicos, sociales y políticos.

Además de los efectos desmoralizadores sobre el mundo en general y de los peligros de desórdenes resultantes de la desaparición de los pueblos en cuestión, las consecuencias sobre la economía americana están claras para todos. Es lógico que los Estados Unidos hagan todo lo posible para favorecer la vuelta del mundo a una salud económica normal, sin la cual no puede haber ni estabilidad política ni paz asegurada. Nuestra política no está dirigida contra ningún país ni doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos (...). Toda asistencia por parte de nuestro Gobierno debe ser, no un paliativo, sino un remedio. Todo Gobierno que consienta en colaborar con nosotros en la tarea de reconstrucción encontrará, estoy seguro, una cooperación completa por parte del Gobierno americano. Todo Gobierno que maniobre para detener la reconstrucción de otros países no puede esperar ayuda de nuestra parte. Además, los Gobiernos, partidos políticos o grupos que intentan perpetuar la miseria humana para su provecho político o de otra clase, encontrarán la oposición de Estados Unidos.

(...) No sería ni conveniente ni eficaz el poner en aplicación unilateralmente por nuestra parte un programa destinado a restablecer a Europa sobre sus bases, económicamente. Esto es asunto de los europeos. La iniciativa, en mi opinión, debe venir de Europa. El papel de nuestro país deberá consistir en ayudar a los europeos a elaborar tal programa, y seguidamente a aplicarlo, en la medida en que nosotros podamos hacerlo. El programa deberá ser aceptado por la mayoría, si no la totalidad de las naciones europeas (...).

George Marshall,
Secretario de Estado de los Estados Unidos, Universidad de Harvard, 5 de junio de 1947.

PARA SABER MAS...
El plan Marshall

En 1947, el secretario de Estado norteamericano George C. Marshall, un antiguo militar profesional, regresaba de una inefectiva conferencia sobre indemnizaciones celebrada en Moscú, convencido de que las economías europeas se encontraban en un estado lamentable y que la Unión Soviética deseaba exacerbar esta situación. Sólo Estados Unidos se encontraba en posición de emprender las medidas económicas necesarias para una recuperación europea.

En junio de 1947, Marshall anunció su Programa de Recuperación Europea, que debía ser administrado por un Comité Internacional para la Cooperación Económica Europea en París. El programa fue recibido con alivio y entusiasmo por parte de los ministros de Asuntos Exteriores de los Estados europeos no comunistas, aunque la Unión Soviética declinó la invitación e insistió en que ningún otro país comunista tornase parte en el programa.

El PRE se inició en 1948 y finalizó en 1952. Durante este período, las naciones europeas dispusieron de más de 13.000 millones de dólares, en gran parte en forma de alimentos, materias primas y equipo. Si bien a la hora de iniciar el PRE Estados Unidos estaba tan preocupado por evitar la proliferación del comunismo, como por ayudar a la recuperación europea, esta motivación no se reflejó claramente en la distribución de la ayuda. Irlanda, un país neutral durante la guerra y que tenía pocas probabilidades de ser víctima de un golpe comunista, recibió, entre el 1 de julio de 1948 y el 30 de junio de 1949, recursos equivalentes a casi el 8 por ciento de su renta nacional.

Por otra parte, Alemania Occidental ganó sólo cerca del 2,9 por ciento de su renta nacional. Después de 1951, Europa recibió otros 2.600 millones de dólares. Los productores estadounidenses también se beneficiaron de la expansión de la demanda en un momento en que existía la posibilidad de una recesión. La falta de salud forzó la renuncia de Marshall en 1949, quien, sin embargo, fue galardonado con el premio Nobel de la Paz en 1953.

La ayuda Marshall y el baluarte europeo
En marzo de 1947, el presidente Truman había prometido ayudar a los países no comunistas y el secretario de Estado George Marshall, en junio del mismo año, hizo una primera sugerencia pública para un Programa de Recuperación Europeo financiado por Estados Unidos (European Recovery Program, ERP). No obstante, el congreso evitó aprobar el ERP hasta el golpe de Estado comunista prosoviético de febrero de 1948 en Checoslovaquia. Después de ello y del bloqueo de Berlín, el Congreso se convenció de que la seguridad de Estados Unidos necesitaba un «baluarte europeo» contra el comunismo. Esto, junto con la perspectiva de una caída en la demanda de los productos estadounidenses, que hacía surgir el fantasma de la depresión, fue suficiente para cambiar la política exterior de Estados Unidos poniendo en marcha el plan Marshall.

La mayor parte de la ayuda facilitada de este modo adoptó la forma de productos estadounidenses, y si bien la ayuda fue relativamente pequeña como porcentaje del PNB o de la inversión, el efecto en la renta nacional europea fue probablemente varias veces mayor. Por lo general se aceptaba que eliminaba los cuellos de botella en la producción europea y lubricaba las ruedas del comercio y los pagos internacionales, liberando los preciosos dólares para la adquisición de equipo vital. Un bono adicional para Estados Unidos era el aumento de la influencia estadounidense en las políticas monetarias y fiscales, y el estímulo de la cooperación europea.

Una forma que adoptó este estímulo fue la fundación de un comité, la Organización para la Cooperación Económica Europea, para redactar la solicitud formal de ayuda norteamericana. La OCEE seguía entonces otras políticas colectivas para acelerar la recuperación y liberalizar el comercio. (En 1961, Estados Unidos y Canadá se convertirían en miembros plenos
de la sucesora de esta organización, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE.) Otro mecanismo para la cooperación europea fue introducido por los administradores del ERP: la Unión de Pagos Europea que había sido diseñada para simplificar la expansión del comercio europeo, por lo menos sobre una base temporal.

Los préstamos a largo plazo y la cooperación comercial: Los receptores de la ayuda Marshall no tenían derecho a participar en los arreglos del FMI, y puesto que tantas economías principales estaban fuera del marco de referencia del acuerdo de Bretton Woods, éste era poco importante en los años de la recuperación. Este no era el caso del BIRD.

Los países miembros contribuían con capital, en forma de oro o dólares y de monedas nacionales; pero la mayor parte de los préstamos a largo plazo del Banco Mundial estaban financiados por otras fuentes. Sin embargo, el Banco no podía exigir tipos de interés comerciales bajos en el mercado neoyorquino, hasta que hubiese establecido una reputación de éxito en su trayectoria. En un principio, por aquel entonces su capacidad para prestar era muy limitada. Los préstamos iban a parar a la reconstrucción de Europa y a continuación los países más pobres recibían capital del BIRD. La nueva organización debía demostrar su capacidad para combinar los beneficios con inversiones a largo plazo^socialmente valiosas en países pobres y justificar el concepto detrás de su fundación.

La propuesta Organización para el Comercio Mundial (OCM) no tuvo tanto éxito. La Carta de La Habana para prepararla fue aceptada finalmente en 1948, pero nunca fue ratificada puesto que varios países siguieron presionando sobre determinados tipos de discriminación comercial. Por fin, hacia 1948 los logros de la primera sesión del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) había reducido la necesidad de una OCM.

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