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La sociedad
de la información:
Una tendencia
en el desarrollo de la civilización industrial ha sido la aplicación creciente
de la ciencia y la tecnología al proceso productivo. Las transformaciones
económicas y organizativas que caracterizan la nueva fase de la economía mundial
están estrechamente asociadas a un profundo cambio científico y tecnológico.
Este cambio tiene su núcleo en las tecnologías de la información
—microelectrónica, informática, telecomunicaciones—.
Estas nuevas tecnologías
tienen un doble efecto. Por una parte, abren nuevos sectores industriales, como
la industria de la computación. Pero, además, desencadenan grandes
transformaciones en un conjunto muy amplio de actividades económicas.
Estos cambios
son acompañados en las sociedades capitalistas avanzadas por una importancia
creciente de las actividades de procesamiento de información, tanto en el
producto bruto como en la estructura ocupacional. La organización de la
producción y el trabajo también se ha visto profundamente modificada.
Así como el
fordismo —la aplicación sistemática de los principios de la organización
científica del trabajo en un sector industrial específico que sirve como modelo
para otros sectores— caracterizó la organización productiva desde los primeros
años del siglo xx, desde el último tercio del siglo creció en importancia un
nuevo modelo de organización del trabajo y de la producción. Este modelo suele
denominarse toyotismo —porque fue desarrollado en la fábrica japonesa de
automóviles Toyota— u ohnismo
—porque su
concepción y diseño fueron realizadas por Taiichi Ohno, ingeniero jefe de
Toyota—. Las nuevas formas organizativas se caracterizan por la flexibilidad de
la producción y de la gestión empresaria, no sólo en la estructura interna de
las empresas sino también en relación con sus sistemas de proveedores y su
demanda.
La economía
global : La economía
contemporánea es cada vez más una economía global, en la que, como señala Manuel
Castells, “el capital, la producción, la gestión, los mercados, la fuerza de
trabajo, la información y la tecnología se organizan en flujos que atraviesan
las fronteras nacionales”. No se trata simplemente de que “la economía tenga una
dimensión mundial (lo cual es cierto desde el siglo XVII, sino que el sistema
económico funciona cotidianamente como una unidad en el ámbito mundial”.
La
primera fase de la Revolución Industrial estuvo estrechamente identificada con
el ascenso de Inglaterra; la segunda, con el avance de los Estados Unidos y
Alemania. La tercera fase muestra el ascenso de Japón, que durante las décadas
de 1970 y 1980 supo sacar el mayor provecho de las posibilidades productivas de
las tecnologías de la información. Esto no significa que los Estados Unidos y
los países de Europa occidental hayan quedado marginados de este proceso, sino
más bien que hay nuevos y poderosos actores en el escenario económico
internacional.
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