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Terminó
la lenta agonía. El Vaticano anunció oficialmente que el anciano cuerpo de Juan
Pablo II dijo basta a las 21.37 hora de Roma (16.37 hora argentina), en un día
que quedará en la historia como el final de una era para la Iglesia Católica. La
triste noticia trascendió primero extraoficialmente y luego fue confirmada por
la Santa Sede.
La
muerte del Papa significa el final del doloroso calvario al que lo expuso su
salud en los últimos años. El golpe final fue la infección urinaria que comenzó
a sufrir ayer y que terminó por afectar el funcionamiento de todos sus órganos
vitales. Juan Pablo II, de 84 años y enfermo de Parkinson, no
pudo soportarlo.
Los principales problemas de su
físico comenzaron con el atentado contra su vida del 13 de mayo de 1981. El
ataque el turco de 23 años Alí Mehmet Agca le causó graves heridas y por las
operaciones perdió 55 centímetros de intestinos.
Su recuperación fue milagrosa,
pero no volvió a ser el mismo. Desde ese entonces, lo sometieron a otras
intervenciones quirúrgicas por diferentes motivos: una infección, un tumor -que
le significó otra extracción de intestinos-, una luxación de hombro, una rotura
del cuello del fémur y una apendicitis.
En los últimos tiempos su
deterioro físico se hizo más evidente. El mal de Parkinson que comenzó a
afectarlo desde hace más de una década fue impidiéndole cada vez más caminar y
hablar. Pero este año, sus problemas se aceleraron con las dificultades
respiratorias. En una de las últimas recaídas, los médicos tuvieron que
realizarle una traqueotomía e insertarle una cánula para permitirle un ingreso
más fluido de aire en los pulmones. Y luego hubo que colocarle una sonda
nasogástrica para alimentarlo.
En los próximos días se elegirá al
sucesor de Juan Pablo II, que deberá ser votado por dos tercios de los
cardenales que se reunirán en la Capilla Sixtina. Luego de ser electo, el nuevo
Pontífice anunciará su nombre y vestirá los hábitos papales. Será el comienzo de
una nueva era en el Vaticano.
Un reinado que duró más de 26 años
Karol Wojtyla, nacido el 18 de
mayo de 1920 en la ciudad de Wadowice, al sur de Polonia, fue el primer Papa
eslavo en la historia de la Iglesia y el primero no italiano en 455 años.
Su fe católica se manifestó ya
siendo muy joven. A los 22 años ingresó en un seminario clandestino y cuatro
años más tarde, ordenado sacerdote, partió hacia Roma para completar sus
estudios. Su carrera fue en firme ascenso: a los 38 años fue promovido a
arzobispo. Tres años después era cardenal. Y el 16 de octubre de 1978 lo
eligieron Papa.
La línea de su papado fue
básicamente conservadora. De todas maneras, luego de la caída del bloque
socialista, Juan Pablo II también tuvo críticas hacia el “capitalismo salvaje” y
la globalización.
Sus
años de reinado estuvieron marcados por la enorme cantidad de viajes alrededor
del mundo. Superó los cien, más de los que habían hecho todos sus predecesores
juntos
Uno
de los más importantes lo realizó en 1979 a su patria natal. Su presencia de
diez días en la capital, Varsovia, sentó las bases que aceleraron la caída del
gobierno comunista. Un año después se creó el sindicato Solidaridad, que resultó
clave en la oposición al Gobierno.
Su visita a Cuba en 1998 fue otra
de las consideradas históricas. “Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a
Cuba”, proclamó en el aeropuerto de La Habana. Su discurso apuntó a una
modificación en las políticas del gobierno de Fidel Castro, pero también a la
necesidad de que cambiara la política de EE.UU., de 40 años de bloqueo contra el
régimen de la isla.
Hubo
además en el reinado del Papa episodios, y de gran importancia, que involucraron
a Argentina. El primero fue en 1979, cuando una mediación de su enviado, el
cardenal Antonio Samoré, logró evitar la guerra con Chile por el Beagle.
En junio de 1982, durante el conflicto con Gran Bretaña por las Malvinas, fue su
primera visita a Argentina. Su principal misión fue procurar la paz, a la que se
llegó pocos días después de su partida de Buenos Aires, con la rendición de las
tropas argentinas. El Papa volvería al país el 9 de abril de 1987, durante el
Gobierno de Raúl Alfonsín.
NOTA PERMANENTE DE PLANETA SEDNA ANTES DE SU
FALLECIMIENTO
La salud del
Juan Pablo 11 se deteriora día a día. El Papa viajero en su último viaje a
Eslovaquia con una fuerza de voluntad que, sin embargo, no logró disimular sus
múltiples dificultades físicas. Tardó media hora en bajar del avión, saludó a
sus fieles con una voz que apenas se oía y no pudo terminar su discurso. Al
deterioro natural de su edad (83) se suma el mal de Parkinson que padece desde
hace tiempo y una creciente debilidad cardiaca agudizada por el intenso calor
del último verano europeo.
En su residencia veraniega de Castelgandolfo, en el
sur de Roma, se lo vio fatigado y decaído. Los allegados se niegan a admitir
que el viaje que acaba de realizar pueda ser el ultimo y el propio Pontífice
afirma que persistirá en su tarea hasta que le den las fuerzas. Sin embargo, en
el Vaticano se vive un clima de depresión y tristeza.
En octubre se
cumplen 25 años de su pontificado, el cuarto más largo de la historia, sólo
superado por los de León XIII, Pío IX, y San Pedro. A partir de esa fecha,
luego de las celebraciones del Jubileo por el aniversario, se concretarán los
cambios en la cúpula de la Iglesia que el Papa polaco ha venido preparando.
Entre estos cambios se contarían el nombramiento de 50 nuevos cardenales y el
pase a retiro de dos importantes protagonistas de su papado.
Su precario
estado de salud, sin embargo, hace temer que no pueda llegar a realizar esas
reformas. Los nuevos purpurados, por ejemplo, se concretarían recién en el mes
de febrero en el Consistorio convocado para el día 22. Si Juan Pablo II no
negara a esa fecha, la reforma en marcha quedaría trunca, ya que los cardenales
no pueden tomar resoluciones que sólo le competen al Papa. En consecuencia, si
alguna reforma se haría , ésta sería responsabilidad exclusiva del nuevo
pontífice.
Y, en este
punto, se abre un nuevo escenario para el Vaticano: la inminencia de la elección
de un Papa cuyo perfil responda a los características de los tiempos que corren,
es decir, que sea capaz de posicionar acertadamente a la Iglesia Católica frente
a un mundo en el que, neoliberalismo y globalización mediante, la injusticia
social gana terreno día a día.

Los cambios.
Las reformas en la cúpula de la Iglesia podrían comenzar con la Curia Romana, es
decir, por el gobierno central de la institución. Dos son los cardenales que
pasarían a retiro: Angelo Sodano y Joseph Ratzinger.
Sodano (75) es
secretario de Estado y preferirla que su sucesor fuera Crescenzo Sepe, un
personaje que no cuenta la adhesión de los "vaticanistas". El favorito del
propio Juan Pablo II, en cambio, sería Giovanni Battista Re (69), quien durante
13 años fue sustituto de la Secretaría de Estado, cargo que actualmente ocupa un
arzobispo argentino: Leonardo Sandid (60).
Ratzinger (76),
de origen alemán, es Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y un
reconocido teólogo que desea dedicarse a tareas menos fatigantes que las que
desempeña actualmente, como el estudio y la escritura.
Pero los cambios
en las altas esferas eclesiásticas no terminarían aquí. También sería removido
monseñor Jean Louis Taurán de su cargo de "canciller" papas para ser promovido
al purpurado.
Por su parte,
varios arzobispos latinoamericanos, entre los que se cuentan los de México, Río
de Janeiro, Montevideo, Asunción del Paraguay y Monterrey, serían promovidos al
rango de "príncipes de la Iglesia".
MODALIDAD
PROPIA. Mientras crecen los rumores en tomo a los posibles sucesores de
Juan Pablo II, se advierte claramente que quien resulte electo deberá aportar
características de personalidad muy fuertes para emular las de su antecesor.
En efecto, Karol
Wojtyla tuvo un perfil bien definido desde el principio. Fue el primer Papa
eslavo en 450 años de regencia italiana. Fue, además, el más viajero de toda la
historia papas. Realizó 102 viajes fuera de Italia y recorrió 1.246.000
kilómetros y 133 países, muchos de los cuales recibían por primera vez la visita
de la suprema autoridad de la Iglesia Católica. En muchos de esos viajes
residió en hoteles y no en nunciaturas apostólicas como se hace
tradicionalmente.
También promovió
la autocrítica de la Iglesia impulsando el reconocimiento de pecados
históricos. Durante su papado se admitió, por ejemplo, la arbitrariedad del
juicio a Gahleo Galflei. De esta forma, aunque tardíamente, la Iglesia se hacía
cargo de manera retrospectiva de los frenos impuestos al pensamiento científico
en nombre de la fe.
Las guerras de
religión, las divisiones entre iglesias, los tribunales de la Inquisición, la
persecución de judíos y musulmanes, la crueldad de la conquista americana fueron
tópicos frecuentes en sus discursos. Dijo en la basílica de San Pedro el 12 de
marzo de 2002: "Pedimos perdón por las divisiones entre cristianos, por el uso
de la violencia por algunos cristianos en el servicio de la verdad y por el
comportamiento de desconfianza y hostili dad usado a veces hacia los seguidores
de otras religiones".
POSTULANTES:
El perfil que debe tener un nuevo Papa se discute entre los cardenales que
integran el Cónclave. Para formar parte de él, es preciso que la edad sea
inferior a los 80 años. Tres de los cuatro cardenales argentinos ya han
alcanzado esa edad, por lo cual sólo el jesuita Jorge Bergoglio podrá integrar
dicho Cónclave y aspirar al papado.
El vaticanista
del Senúnario norteamericano National Catholic Reporter, John AUen, autor del
libro "Conclave" afirmó: "Un alto funcionario del Vaticano que asegura que él
predijo la elección de Karol Wojtiyla, en 1978, hoy dice que está convencido de
que Bergoglio será el próximo Papa. El tiempo dirá."
En su última
columna editorial, Allen dijo, además, que el hecho de de que el nuevo papa
fuera un latinoamericano sería "símbolo de la solidaridad de la Iglesia con el
mundo en vías de desarrollo". Según Allen, Bergoglio recibió un espaldarazo en
el reciente encuentro en la ciudad de Rimini de "Comunione e liberazione", un
importante movimiento católico italiano. En cuanto al perfil de Bergoglio,
considera que es el indicado por haber tenido una intensa intervención en la
crisis social de la Argentina, lo que lo convertiría en un símbolo de los
peligros que la globalización puede imponer en los países pobres.

El semanario
italiano "L'Espresso," por su parte, le dedicó un artículo titulado "Bergogllo
en pole position". El vocabulario tomado de la 'fórmula uno' da cuenta de que
el purpurado se encuentra en un alto lugar del ranking.
El nombre que
hasta el momento suena como el favorito para ocupar la máxima jerarquía
eclesiástica, sin embargo, es el del arzobispo de Milán, Diorúgi Tettamanzi.
Aunque los integrantes de la Iglesia prefieren no adelantar nombres ni
características antes de tiempo, el progresivo deterioro físico del Papa ha
instalado el tema tanto en la Iglesia como en la opinión pública.
Quienquiera que
resulte el elegido, resulta fácil deducir que el nuevo Pontífice deberá unir a
sus méritos religiosos la energía y la capacidad de un buen estadista. La
arbitrarla distribución de la riqueza, las políticas de dominación de los países
más poderosos, las guerras y el desarrollo armamentista permiten esperar que sea
capaz de adoptar una posición clara y firme.
El
derecho a elegir un nuevo Sumo Pontífice, que está regulado por una serie de
normas canónicas muy precisas y estrictas, está a cargo únicamente de los
cardenales de la Santa Iglesia Católica Romana. El proceso de elección comienza
después de la celebración de las exequias del Papa difunto, se gún los ritos
prescritos, no antes del decimoquinto día de la muerte y no más allá del
vigésimo. Los cardenales electores se reúnen en la Capilla Sextina del Palacio
Apostólico, donde permanecerán encerrados y totalmente incomunicados hasta que
hagan público el nombre del nuevo Pontífice.

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Fuente Consultada: Revista Noticias y Muy Interesante
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