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En el ciclo vital de un hombre, el
nacimiento no es más que una etapa, capital es cierto, de la vida de un ser que
tiene detrás de él nueve meses de gestación, es decir de elaboración, en el
curso de los cuales desarrolla las características esenciales del futuro
individuo. La primera fase de la vida transcurre pues en el útero materno. El
minúsculo huevo, formado por dos células germinales del padre y de la madre,
sufre prodigiosas transformaciones para convertirse, al cabo de nueve meses, en
un recién nacido.
LA FECUNDACIÓN: El
huevo es el resultado de la unión de dos elementos sexuales (los gametos): el
espermatozoide paterno y el óvulo materno. Espermatozoide y óvulo nacen en las
glándulas genitales: testículos en el hombre y ovarios en la mujer. En los
testículos se forman permanentemente, desde la pubertad hasta la vejez, un gran
número de espermatozoides: alrededor de 100 millones por cm3 de líquido
espermático. En el ovario, por el contrario, el almacenamiento de óvulos se
produce antes del nacimiento, entre 200.000 y 400.000. Pero en el curso de la
vida de una mujer, desde la pubertad a la menopausia, sólo se producirán unas
400 ovulaciones. la ovulación Cada óvulo se halla rodeado de una capa protectora
que forma lo que se llama el folículo primordial, o folículo de Graaf.
Al
comienzo de cada ciclo menstrual (primer día de la regla), la hipófisis segrega
una hormona, la F.S.H. (del inglés: Fo/lic/e Stímulating Hormone), que
provoca alternativamente en cada ovario (aunque este orden no es absoluto) el
crecimiento de un folículo primordial. Este aumenta poco a poco de volumen.
Cuando llega a su desarrollo máximo, entre el onceavo y el catorceavo día del
ciclo, se perfora y se llena de foliculina, substancia segregada por las
células de la pared del folículo. Cuando la secreción de foliculina ha alcanzado
un nivel suficiente, el folículo, hinchado por el líquido folicular y por el
óvulo —que también se ha desarrollado— sale a la superficie del ovario y se
rompe, liberando el óvulo: es la ovulación o puesta del óvulo por el ovario.
El
significado de las reglas o menstruación: Al romperse el folículo se transforma bajo la
influencia de una segunda hormona hipofisaria, la L.H. (del inglés: Luteinizing
Hormone), en cuerpo amarillo, que se desarrolla durante doce o trece días y
segrega a su vez una hormona, la progesterona, que frena las secreciones
hipofisiarias y modifica la pared del útero. Esta pared se espesa, se hincha, se
distienden sus vasos
sanguíneos. La mucosa, repleta de un líquido nutritivo, está preparada para
recibir y alimentar al huevo. Si el óvulo no ha sido fecundado, el cuerpo
amarillo interrumpe su actividad y la mucosa del útero, que ya no es estimulada
ni por la foliculina ni por la progesterona, se atrofia y se elimina. Se
deshincha, se rompen sus pequeños vasos sanguíneos, arrastrando las secreciones
glandulares y el óvulo: son las reglas, que marcan el comienzo de un nuevo ciclo.
Si, por el contrario, el óvulo ha sido fecundado, el cuerpo amarillo continua
creciendo, hecho que durará hasta el cuarto mes del embarazo.
El
encuentro del espermatozoide y del óvulo El óvulo es una célula grande (150
micras), incapaz de moverse por ella misma. Cuando se produce la ovulación, es
captado por las vellosidades que bordean el pabellón, es decir el extremo de las
trompas uterinas, o trompas de Fallopio, y penetra en una de ellas. Las trompas
de Fallopio son dos conductos muy finos de 10 a 15 cm. de longitud,, que unen
el útero con cada uno de los ovarios.
El espermatozoide es una célula muy
pequeña (50 micras), la más pequeña de las células humanas. Se parece a un
minúsculo renacuajo, con una cabeza, una pieza intermedia y una larga y fina
cola que mide 40 micras, lo que le confiere una gran movilidad: puede alcanzar
una velocidad de 2 mm. por minuto, lo que le permite, una vez colocado en las
vías genitales de ¡a mujer, remontar el útero y las trompas hasta encontrarse
con el óvulo, es decir, recorrer una distancia de 20 cm. en dos horas. En el
momento de la relación sexual, el esperma (que contiene los espermatozoides) es
proyectado por el pene hacia el fondo de la vagina y sobre el cuello del útero.
Inmediatamente, los espermatozoides remontan las vías genitales de la mujer,
ayudados en su avance por una sustancia o flema fluente, que se encuentra en el
cuello del útero en el momento de la ovulación. La travesía de las trompas se
realiza gracias a los movimientos producidos por pequeños cilios vibrátiles de
la pared de la trompa. El encuentro con el óvulo tiene lugar generalmente en el
primer tercio de la trompa, cerca del pabellón. El espermatozoide debe ahora
penetrar en el óvulo, que se halla rodeado por una cubierta de células
granulosas. Las células germinales macho rodean entonces esta cubierta,
segregando un producto que puede perforarla.
Cada espermatozoide produce tan
sólo una pequeña cantidad de este producto, pero todos juntos consiguen romper
la cubierta. Sólo el primer espermatozoide que alcanza la membrana exterior del
óvulo puede penetrar. Inmediatamente intervienen fenómenos físico-químicos que
impiden a los otros espermatozoides el acceso al óvulo. En el interior del
óvulo, los núcleos de las células germinales macho y hembra se unen para formar
un minúsculo huevo (de alrededor de 150 micras) y los cromosomas paternos y
maternos se combinan, formando la primera base del nuevo ser que acaba de ser
concebido.
LA
ANIDACIÓN DEL HUEVO: Una
vez fecundado el óvulo, el huevo debe dirigirse hacia el útero para fijarse
allí. Ello constituye la anidación. La traslación está asegurada por ¡a acción de
los cilios vibrátiles de la trompa y por los movimientos de la pared tubárica.
El desplazamiento tarda de cuatro a seis días: durante este tiempo, el huevo ha
iniciado ya su desarrollo. Al llegar a la cavidad uterina, se fijará hacia el
séptimo o décimo día después de ¡a fecundación: durante el tiempo del recorrido,
las paredes del útero se espesan, presentando una estructura favorable para su
fijación.
Los dos o tres días en los cuales el huevo permanece en libertad son
el período de pre-fijación, período crítico ya que el huevo continúa su
desarrollo, muy rápido y vive de sus reservas. En este momento se presenta como
una pequeña mora, la mórula, rodeada de una capa de células, el trofoblasto, que
segrega una sustancia capaz de perforar la mucosa del útero a fin de que pueda
hundirse allí, cosa que se completa en el doceavo día. El trofoblasto, cuyas
células siguen multiplicándose, se ha convertido en corión y envía delgados
filamentos, las vellosidades coriales, hacia la mucosa uterina, rompiendo los
pequeños vasos sanguíneos y destruyendo las células para alimentar al huevo,
agotadas sus reservas.
La anidación debe efectuarse hacia el fondo ael útero.
Como caso excepcional puede ocurrir que el huevo se fije fuera del útero: en un
ovario, en el peritoneo y, más frecuentemente, en una trompa. Se trata entonces
de un embarazo extra-uterino. En la mayoría de los casos, este embarazo se
interrumpe espontáneamente; en caso contrario, lo que es raro, es necesaria una
intervención quirúrgica. También puede ocurrir que el huevo se coloque mal en el
útero: al lado del cuello, lo que constituye un peligro a la hora del parto. Se
tratará de una placenta previa, es decir, que la placenta aparecerá antes que el
niño. El ginecólogo reconoce muy pronto una placenta mal situada por lo que, si
es necesario, provocará un parto prematuro para evitar una hemorragia y
sufrimientos al niño.
EL
HUEVO SE CONVIERTE EN EMBRIÓN:
Inmediatamente después de la fecundación, cuando inicia su recorrido hacia el
útero, el huevo comienza a segmentarse. Se divide primero en dos células
iguales, después en cuatro, luego en ocho, dieciséis, etc. Estas células se
llaman blastómeros y, a medida que se van formando, van disponiéndose como los
granos de una mora, de ahí el nombre de mórula. Las células de la mórula no se
reproducen siempre de la misma manera. Se observan pequeñas células claras, los
micrómeros, y grandes células oscuras, los macrómeros. Los micrómeros se
multiplican rápidamente y envuelven a los macrómeros con una capa que originará
los anexos embrionarios, mientras que los macrómeros constituyen el núcleo
embrionario.
En el curso de la segunda semana, se forma una cavidad entre la
capa externa y el núcleo embrionario. Poco a poco en este último aparecen a su
vez dos cavidades: la superior será el saco amniótico y la inferior el saco vitelino. Entre estas dos cavidades se situan dos delgadas hojas: el ectodermo,
que nace de la pared superior, y el endodermo, que se origina de la pared
inferior. Este conjunto constituye el alma embrionaria. Durante la tercera
semana se intercala, entre las dos primeras una tercera hoja, el mesodermo. El
embrión se desarrollará a partir de estas tres hojas, que forman el disco
embrionario, empleando una pequeña parte del huevo humano en la formación del
embrión propiamente dicho. Cada una de estas tres hojas dará origen a órganos
determinados.
El ectodermo originará la epidermis y el sistema nervioso. El
endodermo el tubo digestivo, las glándulas anexas y los pulmones. El mesodermo
el esqueleto, los músculos, el corazón, los vasos sanguíneos, los riñones y las
glándulas sexuales. Mientras que las células iniciales se van diferenciando poco
a poco para dar lugar a los diferentes órganos, ciertas células permanecen
idénticas a las primeras células del huevo. Constituyen la descendencia germinal
que producirá los óvulos o los espermatozoides del futuro hombre o de la futura
mujer. Son ellas las que llevan el patrimonio hereditario, los 23 cromosomas
procedentes del padre y los 23 cromosomas procedentes de la madre, portadores de
los genes encargados de transmitir los caracteres hereditarios. Sobreviven,
pues, unidas, una célula del padre y una célula de la madre. No es, por tanto,
metafórico decir que sobrevivimos en nuestra descendencia.
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