ETAPAS DEL DESARROLLO DEL BEBE

EL EMBARAZO - EVOLUCIÓN DEL FETO

Etapas del desarrollo del bebe

 

 

 

 

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EMBARAZO, las etapas de desarrollo:

Primer mes: organización del embrión Ya hemos visto que, tras la fecundación, las células comienzan a multiplicarse y que el huevo, a su llegada al útero, es un pequeño amasijo de células. Algunas de ellas constituirán el núcleo embrionario, que al principio es un fino disco de células, el cual va alargándose y adoptando una forma ovoide. Al cabo de dieciocho días, se imbrican las diferentes hojas para formar un disco embrionario en el que se hallan representadas todas las futuras regiones del cuerpo, pero situadas en un mismo plano horizontal.

Este disco embrionario mide 1,17 Mm. de longitud. Las tres primeras semanas son inciertas para el embrión: uno de cada dos huevos muere antes de la anidación; un tercio de los supervivientes es evacuado antes del final de la tercera semana. La naturaleza efectúa así una especie de selección que pasa desapercibida. Hacia el treintavo día, el embrión mide de 2 a 6 Mm.

Tiene el aspecto de una larva sin patas, enrollada sobre ella misma, con un extremo hinchado, la futura cabeza, dotada de una aberturas branquiales, como las de un pez. Por el mismo tiempo se forma un pequeño riñón primitivo, destinado a desaparecer algunos días más tarde, y que se parece a una porción de riñón de pescado (del tipo del de la lamprea). Más tarde aparece un nuevo riñón, también efímero, comparable al de una rana: son circunstancias pasajeras.

En la cara ventral del embrión se distingue también el saliente del corazón. Las primeras contracciones cardíacas aparecen hacia el veinteavo día y suponen el comienzo de la circulación sanguínea embrionaria. Al final del primer mes, se esboza el sistema nervioso. Ya se adivinan los futuros miembros a los lados. El embrión tiene, en el lugar en el que estará el coxis, un apéndice caudal, que más tarde desaparecerá.

Segundo mes: el embrión toma forma. Las transformaciones en el curso de este periodo son importantes tanto en lo concerniente al aspecto exterior como en la organización interna. Hacia el cincuentavo día, el embrión crece, mide 3 cm. La cabeza ha aumentado considerablemente de tamaño; se encuentra todavía en continuación directa con el cuerpo, pero ya se levanta un poco. Se distingue un esbozo de los ojos, de las orejas y de la boca: el labio superior está ya formado, pero la cavidad nasal no se halla separada todavía de la cavidad bucal; las ventanas de la nariz están obturadas por un tapón de piel.

Los brotes de los miembros se han alargado: se dividen en dos y después en tres segmentos; en la primera parte aparecen cuatro surcos que, al hacerse más profundos, separarán los cinco dedos de cada extremidad. El esbozo de cola ya casi ha desaparecido. Se dibujan los órganos genitales, pero es todavía necesario un profundo estudio de los tejidos glandulares para distinguir los dos sexos.

Comienzan a formarse la mayor parte de los órganos. El corazón se estructura de una forma más completa. Se coloca en su sitio el segundo sistema circulatorio, el sistema pulmonar, que comenzará a funcionar en el momento del nacimiento. El hígado se halla muy desarrollado en comparación con los restantes órganos. Aparecen las primeras trazas de osificación. Los músculos del tronco, de los miembros y de la cabeza comienzan a entrar en acción, pero sus movimientos son todavía muy débiles para poder percibirse a través de las membranas y del útero.

Tercer mes: el embrión se convierte en feto Al comienzo del tercer mes, el embrión toma el nombre de feto. En el curso del periodo fetal, los órganos, ya esbozados, se afirmarán y sufrirán un aumento de tamaño: sólo el sistema nervioso y el aparato genital seguirán estando sometidos a importantes modificaciones y continuaran sin completar incluso después del nacimiento.

A los tres meses, el feto alcanza una longitud total de 10 cm. Tiene todavía una cabeza muy gruesa en relación con el resto del cuerpo.

Pero se dibuja el cuello, b nariz toma forma, aparecen los párpados que se suelen entre sí y el sexo es fácilmente identificable. Se distinguen las uñas. Se precisan las articulaciones del feto, permitiéndole ejecutar ya débiles movimientos. El desarrollo de los órganos es cada vez más complejo y algunos comienzan a funcionar: el hígado segrega bilis y la médula espinal forma ya algunos glóbulos. El feto puede beber: traga líquido amniótico, provocando así el funcionamiento de su aparato digestivo. Algunos huesos, están ya bien esbozados y aparecen otros puntos de osificación. El cerebro y los pulmones tienen ya su estructura general definitiva.

Cuarto mes: movimientos perceptibles Las relaciones de proporción entre la cabeza y el cuerpo se modifican, ya que el cuerpo se desarrolla más rápidamente.

Cada día se modelan con más nitidez los rasgos del rostro y aparecen los cabellos. Es también el momento en que la madre siente moverse a su hijo por vez primera, ya que es capaz de hacer funcionar sus músculos con la fuerza suficiente para que sus movimientos puedan notarse a través de las paredes del útero. El feto puede abrir y cerrar las manos, estornuda y traga.

Sin embargo, no mide más que de 18 a 20 cm. de longitud total, aunque en realidad son sólo 13 cm. ya que tiene las piernas replegadas sobre el vientre, y no pesa más que 150 g. La piel se cubre con una capa blanquecina, el vermix caseoso, y con un fino vello, el lanugo, especialmente abundante sobre los hombros, las ingles y las axilas.

Quinto mes: crece más aprisa En este momento, el feto mide alrededor de 27 cm. y pesa unos 400 g. Su crecimiento se hace cada vez más rápido. El cuerpo sigue siendo delgado, pero alcanza las proporciones del de un recién nacido. Los dientes de leche se recubren de esmalte y de marfil, mientras se forman los esbozos de los dientes definitivos: es pues en este momento cuando se determina la calidad de los dientes del futuro adulto.

Por ello es por lo que se recomienda a las mujeres encinta que vigilen que su régimen alimenticio contenga el calcio y el flúor necesario para la formación de la dentición del feto.

La nariz comienza a osificarse y las aletas están ya abiertas. A partir del quinto mes, el crecimiento del feto y el incremento de sus necesidades obligan a la placenta a aumentar de tamaño y de peso: el disco placentario alcanzará a los nueve meses un diámetro de 20 cm., con un espesor de 3 cm. y un peso de 500 g.

A los cinco meses, el feto goza aún de mucho espacio y no se priva de moverse. Puede que comience en esta época a chuparse el pulgar.

Sexto mes: ve la luz A los seis meses, el feto mide 34 cm. y pesa 1 kg. Los órganos genitales sufren todavía una evolución importante: aparecen las glándulas uterinas y bajan los sacos vaginales y los testículos. Se fisura el cerebro y se dibujan las circunvoluciones. Las capas de la retina están ya todas y en el fondo del ojo.

Es probable que el feto sea capaz de percibir la luz en esta época. Sus párpados, herméticamente soldados al principio, se hallan ahora completamente abiertos.

El feto percibe sonidos, oye el ruido regular del corazón materno y puede sentirse molestado por los borborigmos intempestivos de los intestinos o por los ruidos procedentes del exterior. Ciertos médicos afirman incluso que es sensible a la música.

 

Séptimo mes: ya está dispuesto el aparato respiratorio El tercer trimestre del embarazo es esencialmente un período de crecimiento, de aumento muy rápido de peso y de tamaño, y de maduración. Las últimas transformaciones que preparan al feto para la vida extra-uterina se producen hacia los comienzos del séptimo mes. A partir de este momento, el niño nacido antes de tiempo, es un prematuro con posibilidades de supervivencia. Mide 39 cm. y pesa 1.600 gramos. Hacia el sexto mes, el árbol respiratorio, con sus ramificaciones de bronquios, se coloca en su sitio. En e séptimo mes comienza el estadio alveolario, con los alvéolos, que constituyen la zona de intercambios respiratorios.

El conjunto muscular y esquelético del tórax alcanza el grado de desarrollo necesario para la función respiratoria, al mismo tiempo que los centros nerviosos que lo dirigen. Desde este momento, el nacido prematuramente es capaz de utilizar el oxígeno atmosférico y puede vivir. Sin embargo, en el séptimo mes, el feto se parece a un conejo despellejado: delgado, con una piel lisa y roja, está preparado para vivir, pero aún no ha alcanzado la madurez.

Octavo mes: engorda En el transcurso de los dos últimos meses, doblará su peso, engordando tanto como durante los siete meses precedentes. Proporcionalmente, crece menos. Sus formas pues se redondean, su piel se hace mas tensa sobre una delgada capa de grasa. Sus uñas y sus cabellos siguen creciendo. En contrapartida, le caerá un poco de lanugo, esa fina pelusilla que cubría casi todo su cuerpo hacia el sexto mes.

Por ello, el niño nacido a término tiene una pilosidad menos desarrollada que el prematuro. Los huesos se solidifican, aunque el esqueleto no estará aún terminado en el momento del nacimiento. Los huesos de los pies, de las manos y el esternón son todavía cartilaginosos.

Finalmente, habrá que esperar todavía de quince a dieciocho meses para que se suelden las fontanelas, que son los puntos de unión de los diferentes huesos del cráneo. Ello explica a la vez la fragilidad de la cabeza del recién nacido, cuyo cerebro no está todavía bien protegido, pero también su flexibilidad, lo que puede facilitar el parto. Al final del octavo mes, el feto mide 45 cm. y pesa 2.200 gramos.

Noveno mes: preparado para nacer En el noveno mes, el feto mide 50 cm., y pesa alrededor de 3 kilos. Ha adquirido fuerza y comienza a sentirse muy estrecho en su receptáculo, hecho que manifiesta dando patadas, pudiendo alcanzar en ocasiones las costillas de la madre, cuando consigue estirar las piernas. Algunas de sus reacciones son muy evidentes y ya individualizadas: algunos se agitan cuando la madre toma un baño demasiado caliente; otros cuando se acuesta sobre la espalda, puesto que entonces se apoya sobre la columna vertebral, en una postura bastante incómoda.

En contrapartida, el ritmo de un paseo realizado con paso regular les acuna y les calma. Cuarenta semanas después de su concepción, ya casi preparado para nacer, el bebé es 2.500 veces mayor que el huevo del que proviene y 800 millones de veces más pesado. Está compuesto por alrededor de 26 billones de células... y todo ello no es más que un comienzo, un nacimiento.

Estas fotos fueron tomadas del libro: “A Child Is Born“, por Lennart Nilsson (Autor).

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