Siniestros y Crueles Emperadores Romanos

BIOGRAFÍAS DE EMPERADORES ROMANOS: TIBERIO-CALÍGULA-NERÓN-CÓMODO

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Historia de Roma
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Emperadores Los Seres Más Perversos del Imperio Romano

 

 

 

 

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Tristemente Recordados: Los Seres Más Perversos del Imperio Romano 


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Emperador Tiberio

 

Emperador Calígula

 

Emperador Nerón

 

Emperador Cómodo

INTRODUCCIÓN: AUGUSTO, EL PRIMER EMPERADOR DE ROMA

Con la muerte de César murió la República; con Augusto nació el Imperio. Así podrían quedar situados el hombre y la época. Cayo Octavio, convertido por adopción en Cayo Julio César Octaviano, y por título en Augusto, fue el fundador de un régimen que, a pesar de las muchas vicisitudes, duró casi cinco siglos. Su aventura política es una de las más extraordinarias que se hayan dado, pues Augusto no tenía ni los talentos ni la audacia de César. Sin embargo, estableció en Roma, lo que equivale a decir, en la época, casi en el mundo entero, una monarquía fáctica en provecho propio y en el de sus herederos. Además, su largo mandato constituye un período de florecimiento literario y artístico que merece el nombre de siglo de Augusto.

EMPERADOR AUGUSTO

El camino hacia el poder
Octavio nació en Roma en el año 63 a.C., en el seno de una familia modesta. Su fortuna consistió en ser, por parte de madre, sobrino de César, quien le adoptó en el año 45 a.C. y le dio su nombre. Se enteró de la muerte de su tío cuando estaba acabando sus estudios en Iliria. Vuelto a Roma para hacer valer su adopción y reivindicar su herencia, ha de enfrentarse con Antonio, quien considera que ostenta el primer rango en la sucesión. El conflicto degenera y acaba con la victoria de Octavio, en Módena, en el 43.

Entonces reclama el consulado y, ante la negativa del Senado, con el mismo espíritu de decisión que César, marcha sobre Roma y se hace elegir. En ese momento se encuentra una solución de compromiso: se trata de la entente de Octavio con Lépido, el magistrado auxiliar de César, y finalmente, también con Antonio (octubre del 43).

El triunvirato
Como el de César, este segundo triunvirato no constituye más que una etapa en la escalada hacia el poder. Su objetivo confesado era dar una «constitución a los romanos», pero su tarea inmediata fue acabar con todas las resistencias. Así, Octavio v Antonio aplastan a los ejércitos republicanos de Bruto y Casio, en Filipos, en el 42. La proscripción de los republicanos se completa con el reparto de sus tierras, lo que suscita una revuelta, dominada en Perusa. A pesar de su rivalidad, en el año 40 los triunviros prolongan su acuerdo por otros cinco años, y se confirman en sus respectivos derechos: Lépido sobre África, Antonio sobre el Oriente y Octavio sobre el Occidente.

Pero todavía no han llegado los tiempos propicios a un reparto duradero del Imperio, sino que, muy al contrario, un sordo impulso de unidad debía soldar a Italia con las provincias bajo la égida de un jefe único. Así, en el 36, en Nauloque, Octavio y Agripa hacen añicos el poderío naval del hijo de Pompeyo el Grande, Sexto, que era el dueño de Sicilia, Córcega y Cerdeña. En el mismo año, Lépido fue desposeído de su cargo, mientras que Antonio, entregado por entero a su pasión por Cleopatra, parece más preocupado en restaurar el Imperio lágida que en defender los intereses romanos.

Octavio, dueño único del Imperio
Con un prestigio y una popularidad ya consolidados, Octavio camina decididamente hacia el poder. En el año 32 se enfrentan Oriente y Occidente. La batalla naval de Actium, en septiembre del 31, aunque de resultado indeciso, es seguida por la fuga y suicidio de Cleopatra y Antonio. Egipto se convierte en provincia romana, y Octavio es, a partir de entonces, el único dueño. Vuelto a Roma, triunfa en el 29, e inaugura una nueva época: la del principado, también conocido como Imperio. En dos sesiones del Senado, en enero del 27, se funda un régimen que, de hecho, es una monarquía, aunque no ostenta tal nombre, odioso para los romanos. Octavio César recibe el título de princeps senatus (primero de los senadores), y después el de augustus. Se le entrega también el imperium proconsular, es decir, el mando militar, en principio de algunas provincias, y más tarde de todo el Imperio. Finalmente, en el 9 a.C., es nombrado «Padre de la patria».

El «princeps»
El largo reinado de este primer «princeps» resulta importante a muchos respectos. Anotemos particularmente la reforma del Senado que instaura un control más severo del emperador sobre dicha asamblea, el retorno al rigor moral y la regulación legal de las finanzas y de la administración de las provincias. En política exterior, aunque sufre graves reveses, se le debe la pacificación de los Alpes y de España, la anexión de Gemianía y de Egipto y el estacionamiento de legiones contra los bárbaros en las fronteras del Imperio, y no ya alrededor de Roma. Iniciada como la de un aventurero, la vida de Augusto termina como la de un soberano autoritario, pero paternal, de discreto poder militar y adorado finalmente como un dios. La imagen de Augusto acaba por confundirse con la de Roma, y la imagen de Roma con la del Imperio.

palacio de augusto

La mansión de Augusto, a imagen del personaje, es muy simple. No se trata de un palacio, sino de la casa de un ciudadano acomodado. Fue construida sobre el Palatino, que se convertirá, a partir de Tiberio, en la colina de las residencias imperiales. Sobre sus muros, frescos y colgaduras evocan escenas mitológicas o paisajes. El princeps era particularmente aficionado a los jardines, pero su toma de postura a favor de la austeridad le impidió tener uno alrededor de su casa. Modesto en lo referente a si mismo, fue un gran constructor para Roma. Se le deben el templo de Apolo Palatino, tres santuarios para Minerva, Juno y Júpiter, así como un nuevo foro contiguo al de César, con un templo de Marte Vindicador y un teatro. Estos monumentos fastuosos no eran ya de ladrillo, sino de mármol, como los de Grecia.

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HISTORIA DESDE AUGUSTO HASTA NERÓN:

Se dice del emperador Augusto que, sintiéndose en su lecho ya próximo a morir, preguntó a quienes le rodeaban si, a su juicio, había representado bien su papel en el mundo. Los circunstantes respondieron unánimemente que sí. Y el enfermo añadió: "Pues entonces, señores, aplaudid". Augusto murió el 19 de agosto del año 14 de nuestra era después de 44 años de reinado. Los historiadores, en general, han coincidido en que el aplauso que Augusto solicitara para sí era sobradamente merecido. Al desaparecer, dejaba el Imperio Romano en la paz y prosperidad. Desde entonces correspondía a sus sucesores la dura tarea de proseguír su obra.

UN DIGNO SUCESOR DE AUGUSTO
El trono imperial fue ocupado por Tiberio, hijastro del emperador fallecido. Tiberio, que contaba 55 años de edad al ascender al poder, había evidenciado, ya en su juventud, singulares dotes de jefe militar, en las luchas contra los germanos. Logrado el poder supremo, Tiberio se propuso continuar la obra de Augusto. En verdad, a semejanza de su antecesor, Tiberio no aprovechó) despóticamente del omnímodo poder personal de que se hallaba investidura y procuró reconocer numerosas atribuciones al Senado, con cuya colaboración realizó buena parte de su obra de gobierno. Y tal como hicieron Augusto, tomó las providencias necesarias para mantener la paz en todo el Imperio. Trató de lograr la defensa de las extensas fronteras, más con negociaciones diplomáticas que con la fuerza de las armas. Tiberio fue también un óptimo administrador: con el propósito de mejorar las finanzas estatales, no ofreció al pueblo las fastuosas fiestas y espectáculos que tanto sus antecesores como los emperadores posteriores brincaren pródigamente.

Por ese motivo suele decirse que no fue querido por el pueblo romano, o, por lo menos, por un fuerte sector popular acostumbrado a las diversiones proporcionadas por el Estado. Pero tal impopularidad, a lo que parece, no desagradaba del todo a Tiberio. Se ha llegado a decir, en efecto, que su máxima preferida harria sido la siguiente: "¡Que me odie el pueblo, con tal de que me tema!" No deseó tampoco que se edificaran templos en su honor, ni que le fuera levantadas estatuas.

Desdichadamente, en los últimos años de su gobierno Tiberio se convirtió en un tirano. De modo que en el año 37 de nuestra era, cuando murió, el pueblo romano no se preocupó por ocultar su alegría, echando al olvido todo cuanto había hecho de bueno durante todo un largo período de gobierno enérgico y honesto.

UN EMPERADOR LOCO
A la muerte de Tiberio, el Senado confió el gobierno a un lejano sobrino del monarca muerto, el joven Cayo César, de 24 años de edad. Cayo era conocido por el apodo de Calígula, derivado de la palabra latina "caliga", con que se designaba el calzado militar que el nuevo emperador usaba.

Muy pronto se desvanecieron las esperanzas del pueblo de que el nuevo emperador hiciera olvidar los tristísimos años finales del reinado de Tiberio. Poco después de una grave enfermedad, Calígula comenzó a manifestar síntomas de desequilibrio mental y se abandonó a las más absurdas extravagancias y a una crueldad inaudita. Pretendió ser adorado como un dios, nombró cónsul y pontífice máximo a su caballo, condenó a muerte a los ciudadanos más ricos para apropiarse de sus riquezas y llegó a celebrar las victorias de expediciones militares imaginarias.

A diferencia de Augusto y de Tiberio, que habitaron en edificios modestos, Calígula se instaló en un palacio fastuoso. Ofrecía fiestas y espectáculos grandiosos, despilfarrando en poco tiempo el .patrimonio estatal que Tiberio había acumulado en 23 años de gobierno mesurado e inteligente. Una conjura, organizada entre los pretorianos, libró al Imperio de este desequilibrado. Calígula murió apuñalado en uno de los corredores de su palacio el año 41 de nuestra era, a los cuatro años de subir al poder.

SE EXTIENDEN LAS FRONTERAS DEL IMPERIO
La muerte de Calígula fue seguida de una cierta agitación: el Senado y el pueblo, aterrorizados por las atrocidades cometidas por Calígula, se manifestaron propensos a restablecer la república. Mas los pretorianos, que desde hacía tiempo habían asumido en Roma un poder decisivo, querían continuar con el sistema del poder unipersonal instituido por Augusto, y nombraron un nuevo emperador. Fue' designado Claudio, tío de Calígula. El Senado, privado de todo poder desde hacía algunas décadas, y el pueblo, carente de toda influencia desde mucho antes, no tuvieron otra alternativa que aceptar la designación.

Ascendido al poder cuando contaba casi cincuenta años de edad, Claudio fue un hombre juicioso y justo. Convencido de que solamente el sistema de gobierno practicado por Augusto podría dar paz y bienestar al Imperio, se preocupó por restablecer el prestigio del Senado y colaboró con él. Como Tiberio, fue un excelente administrador; en poco tiempo logró reordenar las finanzas, contrarrestando un tanto los estragos ocasionados por el breve gobierno de Calígula.

El pueblo romano llegó a creer que habían retornado los buenos tiempos de Augusto. El nombre de Claudio se halla ligado a una gran empresa militar: la conquista de casi toda la isla de Gran Bretaña, incluyendo los territorios de la actual Inglaterra y el país de Gales. Las tropas romanas vencieron a los britanos en una batalla, en el año 43. Quedó así cumplido, casi un siglo más tarde, el proyecto de Julio César.

Otra importante acción militar fue la llevada a cabo en África, mediante la cual se conquistó el territorio de Mauritania. Ésta y Britania pasaron a la categoría de provincias (colonias) romanas.

IMPONENTES OBRAS PÚBLICAS
A Claudio se debe también la realización de notables obras públicas. Además de la construcción de un grandioso acueducto el acueducto de Claudio, del cual quedan en pie aun en nuestros días muchos de sus arcos), llevó a cabo otras dos de relieve gigantesco: el desecamiento parcial del lago Fucino y un nuevo puerto cercano al de Ostia, cerca de Roma, que se había vuelto insuficiente para llenar las necesidades de la ciudad.

UN EMPERADOR MALVADO
Cuando en el año 54 murió Claudio, asesinado por su esposa, Agripina, le sucedió en el cargo su hijastro Lucio Dominicio Nerón, hijo del patricio Cneo Domicio Enobarbo y de su esposa Agripina, segunda esposa de Claudio. El nuevo emperador, ascendido al poder a los 17 años, gracias a las intrigas de su madre, Agripina, comenzó su gobierno procurando imitar la tolerancia y respeto hacia los tradicionales poderes romanos, principalmente el Senado, tal como lo hicieran Augusto y el mismo Claudio.

Muy pronto, sin embargo, embriagado por el poder absoluto de que se hallaba investido, comenzó Nerón a manifestar una terrible crueldad. Baste decir que llegó al punto de mandar asesinar a su propia madre, no bien ella apareció vinculada a una conspiración. Carente de limitaciones para sus caprichos cometía crímenes por motivos asaz ridículos. Vespasiano, que habría de sucederle pocos años después, estuvo a punto de perder la vida por haberse dormido en un banquete, mientras Nerón cantaba. Convencido de ser un gran poeta, músico y luchador, restableció los juegos olímpicos de Grecia, adonde concurrió para volver cargado con todas las coronas olímpicas.

El gobierno le interesaba poco, pero despilfarraba sumas enormes en espectáculos públicos. El pueblo, a pesar de tales fiestas, no lo quería; en verdad, Nerón había comenzado a simbolizar todo cuanto había de odioso e infame en la sociedad imperial creada por el mismo Augusto, y que ahora se ponía de manifiesto con terrible claridad.

Así, cuando en el año 64 un violento incendio devastó los barrios más pobres de Roma, el pueblo dio crédito, con facilidad, a las versiones que atribuían a Nerón la culpabilidad del siniestro. Las versiones, hechas circular sin duda por sus enemigos políticos, pretendían que Nerón había ordenado el incendio para inspirarse, y que había contemplado las llamas tocando la lira... Sea o no verdad tal  imputación, Nerón no vaciló en arrojar, a su vez, la culpa sobre los cristianos. En una tentativa fútil por mostrarse inquieto por el interés público, y pretextando defenderlo con el castigo de los culpables del incendio, ordenó una feroz persecución de los cristianos, a los cuales exterminó por millares.

La guardia pretoriana, que consideraba desde hacía algún tiempo la oportunidad de tomar el poder de manos de este gobernante desorbitado, y el mismo Senado, envilecido desde décadas atrás, estimaban oportuno el momento para librarse del emperador. Los senadores, sintiéndose alentados por la participación de jefes pretorianos en la conjura, llegaron hasta a sublevarse, por considerar a Nerón como un enemigo del Estado, y votaron su condena a muerte. Galba, gobernador de España, se levantó en armas contra Nerón. Éste, espantado, trató de huir hasta que, cercado, se hizo matar por un esclavo.

Los cristianos, víctimas de su persecución, lo juzgaron sencillamente el Anticristo. Se cuenta que en momentos en que el esclavo estaba por herirlo, Nerón exclamó: "¡Qué gran artista pierde el mundo!". Era el año 68 de nuestra era. A sólo 54 años de la muerte de Augusto, la indignidad de los gobernantes amenazaba llevar al inmediato derrumbe del Imperio Romano.

PARA SABER MAS....

EN EL 27 a.C. Octavio (63 a.C.-14 dC.) se convierte en Augusto, el primer emperador romano. Augusto, que gobernó el imperio durante 40 años, compartió el gobierno con el Senado (un grupo de oficiales que gobernaban Roma) y convirtió el ejército en una fuerza profesional. Bajo su mandato los romanos gozaron de una época de paz y prosperidad. Augusto también se cuidó de proteger la figura del emperador, para ello formó un grupo de guardaespaldas imperiales muy bien pagados que eran conocidos como la guardia pretoriana.

CALÍGULA
Los primeros emperadores romanos eran miembros de la familia de Augusto. Cayo César (12-41 d.C.), conocido como Calígula (diminutivo de "sandalia militar"), se convirtió en emperador en el año 37 d.C. Los soldados del ejército que mandaba su padre le apodaron así por las pequeñas sandalias de soldado que llevaba cuando era niño.

UN EMPERADOR LOCO Tras convertirse en emperador, Calígula pareció perder la cordura. Una anécdota, recogida por el historiador romano Suetonio (69-104 d.C.), explica que Calígula envió a toda una tropa de soldados altamente entrenados a recoger conchas a una playa. Calígula nombró cónsul (un cargo de alto rango) a su caballo y se casó con su hermana, Drusila, pero más tarde la asesinó. Finalmente, Calígula murió a manos de miembros de la guardia pretoriana el año 41 d.C.

NERÓN
El último emperador que perteneció a la familia de Augusto fue Nerón (37-68 d.C.). En el 54 d.C. su ambiciosa madre, Agripnia (15-59 d.C.), había envenenado a su segundo marido, el emperador Claudio (10 a.C.-54 d.C.), para que su hijo Nerón de 17 años pudiera ocupar el trono. Tras un prometedor inicio de su mandato Nerón se convirtió en una persona cada vez más cruel y corrupta. Cuando Agripnia intentó influir en la caprichosa vida de su hijo, éste la mató. Nerón también se hizo famoso por sus fiestas y por presumir de su talento como poeta y músico.

ROMA EN LLAMAS En el 64 d.C. un gran incendió arrasó Roma. Todos conocían el deseo de Nerón de construir una nueva ciudad y muchos sospecharon que él había ordenado el incendio. Sin embargo, el emperador culpó a un nuevo grupo religioso, los cristianos, muchos de los cuales fueron condenados a muerte. La oposición a Nerón fue en aumento hasta que en el 68 d.C. se le obligó a quitarse la vida.

EL AÑO DE LOS CUATRO EMPERADORES
Tras la muerte de Nerón hubo cuatro emperadores en un mismo año. El primero fue un comandante del ejército, Galba (3 d.C-69 d.C.) quien murió a manos de la guardia pretoriana que, a su vez, nombró emperador a Otón (32-69 d.C.), gobernador de la provincia romana de Hispania. Al enterarse de la noticia, las legiones estacionadas en el Rin declararon emperador a su comandante, Vitelio (15-69 d.C.). Por último, Vespasiano (9-79 d.C.), un comandante rival, se dirigió con su ejército sobre Roma, mató a Vitelio y se convirtió en emperador.

ELEGIR UN SUCESOR
Vespasiano inició la tradición según la cual el emperador reinante nombraba, o adoptaba, a su sucesor, en vida. También fue él quien restauró el orden en Roma e inició un programa de construcción de edificios que incluía el famoso Coliseo. Este gran anfiteatro, en el que se celebraban espectáculos públicos, se acabó de construir durante el reinado del hijo de Vespasiano, Tito (39-81 d.C.), quien sucedió a su padre al frente del imperio.

EMPERADORES DE LAS PROVINCIAS
Durante el s. II d.C. las familias romanas importantes fueron cada vez menos influyentes a la hora de nombrar emperador. Sin embargo, los ciudadanos de las provincias romanas empezaron a ocupar puestos importantes en el gobierno y el ejército hasta que llegó un momento en que incluso los propios emperadores provenían de las provincias.

TRAJANO
El emperador Trajano (53-117 d.C.) nació en la provincia romana de Hispania (act. España). Fue un gran militar y durante su mandato el imperio romano alcanzó su máxima extensión. Para conmemorar sus conquistas mandó erigir un monumento, la Columna trajana, cuya decoración mostraba sus famosas victorias.

ADRIANO
El hijo adoptivo de Trajano, Adriano (76-138 d.C.), fue el siguiente emperador. Viajó por las provincias romanas durante todo su mandato y construyó defensas permanentes para impedir que los bárbaros invadieran las fronteras del imperio. Una de esas defensas, el muro de Adriano, todavía se levanta en el noroeste de Inglaterra. Adriano también introdujo muchas reformas que mejoraron el funcionamiento del imperio.

Fuente Consultada:
La Aventura del Hombre en la Tierra Tomo I
La Historia del Mundo DK Grupo Z

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