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EL ORO PERDIDO DE ARIZONA:
Quienes buscan la Mina Perdida del Holandés solo encuentran la
muerte
La historia de América esta llena de
episodios de descubrimiento de oro, pero ninguna resulta tan enigmática
como la de la Mina Perdida del Holandés, situada en algún lugar de las
inhóspitas montañas Supertition , en Arizona. Desde 1890 , nadie
ha podido localizar positivamente esa mina. en esta búsqueda han dejado
la vida mas de 20 hombres.
Los indios apaches fueron casi con
seguridad los primeros en descubrir la mina. Mucho antes de que
aprendieran a temer al hombre blanco y advirtieran su insaciable
apetencia de oro, los apaches mostraron el yacimiento, aurífero a los
monjes hispánicos de México. Fueron numerosos los hombres que
realizaron, con éxito expediciones a la mina, hasta que, años más tarde,
ésta pasó a ser propiedad de un español, don Miguel Peralta.
En 1871, su nieto, también llamado Miguel,
comunicó el secreto emplazamiento de la mina a dos Inmigrantes alemanes,
Jacob Waltz y Jacob Weiser, que le habían salvado la vida durante una,
refriega que se produjo en Arizpe, en el estado mexicano de Sonora. Don
Miguel contó a sus salvadores que sus antepasados habían obtenido
grandes fortunas extrayendo oro de la mina; para ello —narró— tuvieron
que valerse de un ejército privado de guardias y de trabajadores,
suficientemente poderoso para que los apaches no se atrevieran a
atacarlos. Por lo tanto, pidió a Waltz y a Weiser que lo acompañaran,
junto con un puñado de hombres: se proponía realizar una incursión por
sorpresa al sitio donde el oro, guardado por los apaches, sólo esperaba
ser recogido.
Antes de partir para su incursión por
sorpresa, don Miguel impuso una condición: él recibiría la mitad del oro
que consiguieran arrebatar a los apaches Pero, cuando regresaron a
México, don Miguel cambió de parecer y selló un nuevo acuerdo con Waltz
y Weiser, por el cual los alemanes renunciaban a su parte de botín a
cambio de la propiedad de la mina. Antes de que Waltz y Weiser
consiguieran regresar al yacimiento, otro hombre blanco’ recibió la
revelación de que la mina existía. Se trataba del doctor Abraham Thorne,
un médico que había atendido a algunos apaches; a fin de retribuir su
bondad, los Indígenas le dijeron que le compensarían con un regalo
consistente en oro. Si estaba dispuesto a recorrer 30 kilómetros ---le
dijeron podría--- llevarse tanto oro como pudiese transportar.
Los apaches no le mostraron la mina; pero,
mientras cargaba el oro en sus alforjas, el doctor Thorne tomó nota de
dos puntos identificables en el. Cuando Waltz y Wesier consiguieron
finalmente regresar a la región aurífera estaban solos. Encontraron la
mina usando como guía el mapa de don Miguel Peralta; inmediatamente
comenzaron a excavar en una de las vetas de cimiento. Pero cierto día
Weiser se quedó solo por un rato; cuando su compañero Waltz regresó,
Weiser había desaparecido, debido a un ataque de los indios.
Weiser parece que salvó su vida
milagrosamente, gracias a que logró refugiarse en la casa de un médico
quien lo ayudo a recuperarse. Weiser contó al médico todo que sabía del
yacimiento aurífero de las montañas y le pagó su ayuda con el mapa de
don Miguel Peralta. Es muy probable que haya sido el último hombre
blanco que visitó el yacimiento donde murió, poco después, el secreto de
la localización da la mina fue enteo con él. Antes de morir, Waltz le
contó- a un amigo que el yacimiento estaba situado en una región tan
intrincada, que un hombre puede estar en el mismo centro mina y no darse
cuenta de su existencia. Narró también que la veta era tremendamente
rica y el metal podía ser fácilmente separado de la roca.
La mina tiene la forma de un embudo, pero
alguien había excavado un túnel a través de la ladera hacia el fondo de
la mina para facilitar la extracción del oro. Waltz confesó también que
cierta vez, durante una visita que él y su compañero Weiser hicieron a
la mina, solo encontraron a dos trabajadores mexicanos, antiguos
miembros de una de sus expediciones. Algún tiempo después, sus cadáveres
fueron encontrados, desnudos, en las montañas.
En 1882, contó Apache Jack, se les
encomendó a los pieles rojas la tarea de rellenar la mina con rocas. En
1931, un tal Adolph Ruth emprendió el viaje hacia las montañas, después
de comunicar a sus parientes y amigos que había comprado un mapa del
camino hacia la Mina Perdida del Holandés a un miembro de la familia de
don Miguel Peralta.
En los innumerables relatos acerca de la
forma y de sus enormes filones de oro, existe una multitud de pistas
sobre su localización.
En 1912, dos aventureros encontraron
pepitas de oro en un pastizal, en el mismo sitio donde el padre de don
Miguel Peralta y sus hombres fueron brutalmente asesinados, en 1864. No
lejos de la Aguja del Tejedor, un punto de referencia que surge
constantemente en los relatos acerca del yacimiento, existían pruebas de
que muchos hombres habían hecho excavaciones. Entre los indicios de que
la mina estaba cerca, figuraba una gran cantidad de sandalias mexicanas
escondida en una cueva. Pero a pesar de todas las pistas y de todos los
relatos, esa enorme acumulación de riqueza aurífera oculta bajo la
tierra sigue haciendo honor a su nombre: la Mina Perdida del
Holandés.
Fuente Consultada: Grandes Enigmas de
Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del
Hombre |