BIOGRAFÍA ENRIQUE VIII

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BIOGRAFÍA ENRIQUE VIII (1509-1547) Heredó el trono a la muerte de su hermano, el príncipe Arturo, casado con Catalina de Aragón , hija de los Reyes Católicos. Era joven, bien parecido, de presencia atlética y muy inteligente; pero a la vez era egoísta, duro y cruel. Contrajo matrimonio con Catalina, viuda de su hermano. Dueño de un país tranquilo y próspero, todo hacía suponer que su reinado sería feliz.

Años después se enamoró perdidamente de una dama irlandesa, Ana Bolena, y pretendió obtener el divorcio. Ante la negativa del Papa, rompió las relaciones con Roma, repudió a Catalina de Aragón y se casó con Ana Bolena. A los tres años Ana era decapitada por coqueta. Todavía Enrique VIII contrajo cuatro nuevos matrimonios: con Juana Seymur, con Ana de Cleves, con Catalina Howard y con Catalina Parr, la única que le sobrevivió.

Por haber roto públicamente con Roma fue excomulgado por el papa Clemente VII, pero el monarca hizo promulgar el Acta de Supremacía que le constituían en jefe supremo de la Iglesia Anglicana. Definió el dogma a su capricho e impuso la pena de muerte, que aplicó cruelmente contra los católicos fieles a Roma.

A su muerte, subió al trono su hijo Eduardo VI (1547-1553). Durante su reinado llegaron a Inglaterra gran número de luteranos que afianzaron el anglicanismo y contribuyeron a darle forma, aunque subsistía una gran masa de población católica.

A la muerte de Eduardo VI fue reconocida como soberana la hija de Enrique VIII, María Tudor (1553-1558). Como era católica, dictó una serie de leyes prohibiendo o persiguiendo el culto protestante. Esta reina estaba casada con Felipe II de España y era tan ardientemente católica como él. Cuando murió la reina María Tudor, le sucedió su hermanastra, la hija de Enrique VIII y Ana Bolena, Isabel I (1558-1603), mujer de pocos escrúpulos, áspera e insensible, pero sagaz y calculadora. Era ardiente anglicana y durante su reinado mantuvo la misma trayectoria política sin tener en cuenta obstáculo alguno: proteger la corona y procurar la prosperidad de

Inglaterra manteniéndola apartada de las luchas que se desarrollaban en el Continente.

Completó la Reforma anglicana y persiguió con la misma dureza y crueldad a los católicos que a los calvinistas. Expropiadas las iglesias católicas, los sacerdotes tuvieron que celebrar la misa secretamente. Por esta razón fue la gran enemiga de Felipe II. Protegió a los protestantes, enemigos de España, y alentó las sublevaciones de los Países Bajos. Gracias a ella,Inglaterra fijó los cimientos de su grandeza y poderío. Bajo su protección y dirección, los piratas ingleses asolaban las colonias del Nuevo Mundo y se apoderaban de las naves que, cargadas de riquezas, regresaban a España. El más famoso de todos fue Francis Drake, el segundo navegante que dio la vuelta al mundo.

María Estuardo (1542-1587), hija de Jacobo V de Escocia, se educó en la Corte francesa, pues estaba destinada a ser la mujer del príncipe Francisco II. En 1560 murió su esposo, Francisco II, rey de Francia, y como sus padres habían fallecido también regresó a Escocia para ser coronada reina.

En su patria existía un gran ambiente de lucha religiosa. Juan Knox, discípulo de Calvino, propagaba la doctrina protestante, el Parlamento había adoptado las doctrinas presbiterianas y los católicos eran perseguidos, los prelados habían sido expulsados del reino y las turbas, enardecidas, destruían las imágenes y saqueaban las iglesias y conventos. El mayor deseo de María Estuardo era restablecer la religión católica en Escocia. Casó con su primo, el lord católico Enrique Darnley, hombre vicioso y de malas costumbres, que murió en circunstancias misteriosas. La voz popular atribuyó el asesinato al conde de Bothwell, íntimo de la reina. En el colmo de la irreflexión, María Estuardo contrajo matrimonio con el conde a los tres meses de haber enviudado.

Toda Escocia se conmovió por el hecho y consideró a María cómplice del asesinato. Los protestantes tomaron las armas, Bothwell huyó a Dinamarca y María Estuardo fue encarcelada, viéndose obligada a abdicar en favor de su hijo Jacobo.

Cuando pudo huir de su encierro, se refugió en Inglaterra bajo la "cariñosa protección" brindada por Isabel. Ésta, envidiosa de la belleza y talento de María Estuardo, la encarceló sin hacer caso a los reclamos de las cortes de España y Francia. Luego de 19 años de cautiverio, Isabel ordenó abrirle proceso, y acusándola de complicidad en una conjura la hizo decapitar en una sala del castillo de Fotheringay.

La política matrimonial de Enrique VIII -regida por su carácter pasional, la aspiración de tener un varón como heredero y las alianzas internacionales- marcó su reinado y condujo a la creación de la Iglesia anglicana. El rey se divorció de dos esposas, Catalina de Aragón y Ana de Heves, primera y cuarta, respectivamente. Ordenó decapitar a la segunda y a la quinta, Ana Bolena y Catalina Howard, a quienes acusó de adulterio, Juana Seymour, la tercera, murió al nacer Eduardo VI. Catalina Parr, la sexta, logró sobrevivirlo. En este marco de inestabilidad familiar también influyeron las facciones proespañola y profrancesa, que buscaban incidir en la política nacional inglesa.

 

Biografía de Enrique VIII
Por Federico Ortiz-Moreno
 

Uno de los personajes más importantes del siglo XVI. Hombre de recio carácter quien trató de dominar a su antojo. Rey de Inglaterra, monarca de monarcas. Impuso su peso y pensamiento sobre demás doctrinas y razones. Evidente es reconocer, no obstante, que fue él uno de los grandes constructores de la historia: Enrique VIII.

Un hombre de gran peso

Hay de hombres a hombres, de monarcas a monarcas, de reyes a reyes. La historia de este personaje, que hoy tocamos, parece ser la de un vivo recuerdo de muchos pormenores que hicieron cambiar la historia. Una figura de gran peso y gran renombre.

Indudable es reconocer la falsedad de muchos hechos, historias intrigantes, mezquinas, apócrifas, como también es menester hacer hincapié en que nuestra historia está plagada de gran cantidad de lagunas, a veces secas, a veces con demasiada agua como para poder atestiguar lo que fue cierto y lo que fue simple leyenda.

Hoy tocamos un personaje bastante pintoresco, llamémosle así. Un personaje que desde lo alto de su trono no se conformó con oponerse a leyes, reglas o preceptos. Él fue aún más allá de todo y enfrentó a grandes figuras desde ministros, gobernantes e incluso hasta a el mismo Papa.

Enrique VIII

Enrique VIII nació justo donde comienzan las horas, en el pequeño poblado de Greenwich, Inglaterra, allá por el año de 1491. Han pasado 499 años, ya casi cinco siglos y la historia de este gran monarca sigue siendo legendaria. Lo que a veces se escribe en los libros puede ser cierto, lo que se sabe de boca a boca, de traspunte a traspunte pudiera también ser verdad.

Rey de Inglaterra de 1509 a 1547, Enrique VIII fue el seudogénito (segundo hijo) de Enrique VII y de Isabel de York. Sucedió a su padre a causa del fallecimiento, en 1502, del primogénito, Arturo, su hermano. Esto, obvio, harían cambiar las cosas, ya que, tal vez (quién lo podrá asegurar?), las cosas pudieran haber sucedido de otra manera.

Enrique: el niño

Bajito y regordete, desde chiquito, el pequeño Enrique era muy dado a los dulces, pasteles y chocolates, lo mismo que a la fruta, particularmente la uva y la manzana. No podía estar sin comer y su madre lo regañaba porque muchas veces lo pescaba comiendo, a deshoras, las ricas galletas que preparaba para la cena.

Así, entre comida y lujos, entre festines y riquezas, entre ostentación, pleitos y riñas familiares fue creciendo el futuro rey de Inglaterra. Así, entre el correr de rumores, el zumbido de las abejas portadoras de rica aunque venenosa miel de murmuraciones, la vida de Enrique VIII fue tomando su rumbo.

Su primer matrimonio

A los dieciocho años, en el mismo año de su coronación (1509), contrajo matrimonio, principalmente por razones de estado, con Catalina de Aragón, viuda de Arturo, príncipe de Gales (muerto en 1502). Catalina era hija de los Reyes Católicos y había nacido en Alcalá de Henares.

Con lo anterior, es posible pasar a creer que los matrimonios (como muchas veces sigue sucediendo ahora) se hacían por conveniencia a fin de conjugar y acrecentar fortunas, olvidando el deber de gobernante y pensando solo en la fama, el poder y el avasallamiento.

Su política

Enrique basó su política en la confiada alianza con España dirigida contra Francia por sus tradicionales rivalidades sobre Flandes, Calais y Escocia. La preponderancia imperial después de la batalla de Pavía, en 1525, le indujo a aproximarse a Francia para contrarrestar el poderío español, el cual ya se dejaba sentir.

Desde los inicios de su reinado apoyó al papado frente a la Reforma, e incluso, consta, escribió en 1521 un tratado llamado Assertio septem sacramentorum (Defensa de los siete sacramentos) contra el credo luterano, por lo que se le concedió el título de "Defensor de la fe", pero la cuestión matrimonial (el querer casarse nuevamente, sin que hubiese muerto su legítima esposa) inició su distanciamiento y futuro rompimiento con la Santa Sede y con el Papa.

Inician los problemas

A falta de descendencia masculina del enlace con Catalina de Aragón, quiere Enrique romper su vínculo matrimonial; solicita la anulación al Papa, pero éste se opone. La vida de Enrique VIII empieza a disiparse. Ya no es el de antes y empieza a tener amoríos con quien se le ponga enfrente.

Ante esta falta de descendencia masculina, Enrique VIII decide nombrar duque de Richmond a su hijo ilegítimo Enrique Fitzroy, anteponiendo los derechos de éste a los de su esposa y de su hija, María Tudor (nacida en 1516).

Los problemas comienzan. Catalina es relegada a un segundo término. Piensa pedirle el divorcio. De hecho lo hace. Ella se opone. Luego, Enrique va más allá y le solicita al papa la anulación. En 1527 inician las negociaciones, aludiendo, o alegando como pretexto, su parentesco. (Recordemos que Catalina era la esposa de Arturo, hermano de Enrique).

El rompimiento

Cuando dichas negociaciones fracasan, ante la firme negativa de Clemente VII de otorgarle la anulación, se produce la caída del ministro Wolsey, siendo éste substituido por Thomas Cromwell. Luego, para lograr la sumisión del clero, Enrique VIII convoca al Parlamento (1529-1536) que dicta la anulación de muchos privilegios eclesiásticos.

Catalina, por su parte, había apelado al tribunal pontificio y a la ayuda de su sobrino Carlos V. El papa Clemente VII se había mostrado indeciso y conciliador, pero en 1529 el pontífice prohibió a Enrique VIII contraer nuevo matrimonio, aunque no se pronunció sobre el divorcio.

No obstante, el arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, declaró nulo el matrimonio (esto el 23 de mayo de 1533) y Catalina terminó sus días recluida en varios castillos, sin renunciar jamás a sus derechos de reina. Por su parte Enrique VIII recibía de parte del propio arzobispo de Canterbury la aprobación (qué farsa y qué desfachatez!) para su enlace con Ana Bolena.

Su rompimiento con Roma

El rompimiento se había dado. La aceptación de su enlace con Ana le obliga a romper con Roma. Y, mientras, por una parte, la Iglesia le excomulga (11 de julio de 1533), el parlamento aprueba un documento llamado "Acta de Supremacía" (noviembre de 1534), en que se declara la independencia de la iglesia anglicana bajo la soberanía del rey.

Hay ciertos opositores, entre ellos Tomás Moro y Juan Fisher. Pero Enrique VIII no podía soportar disidencias. Tanto Tomás Moro como Juan Fisher son vilmente ejecutados, en 1535. Las discrepancias continuaron. Algunos más se revelaron, pero quien tenía la sartén por el mango y la corona en la cabeza era Enrique VIII y él era quien habría de ganar.

La Iglesia anglicana fue consolidada por Isabel I, nació de un tácito compromiso entre el catolicismo y el calvinismo surgido en el continente europeo. Si bien su doctrina ponía el acento en la responsabilidad individual y en la interpretación personal de la Biblia, el sistema jerárquico establecido fue un calco de la jerarquía católica, así como las devociones y la liturgia apenas se diferenciaron de las romanas: similares cometidos de obispos y sacerdotes -con la única diferencia de que a los anglicanos se les permitía el matrimonio-, realismo de los sacramentos, conservación de las festividades de los santos y de los días de ayuno y abstinencia. Esta síntesis de catolicismo y calvinismo ha creado tensiones a lo largo de la historia del anglicanismo.

El reinado

Fue el reinado de Enrique VIII un gobierno donde hubo hechos, hubo enmiendas, a la vez que hubo farsas y verdades. En 1536 y 1539, por razones financieras, a la vez que, en parte, políticas, se procedió a secularizar los monasterios y a confiscar los bienes de la Iglesia.

En política interior Enrique VIII impulsó la formación de un estado moderno, un estado soberano, integrando los organismos feudales de las Marcas (provincias o distritos) en administraciones reales, verdaderas.

Quiso el soberano y lo logró, enaltecer el espíritu inglés. Con gran fuerza y excelente visión supo infundir el ánimo necesario para que el pueblo se considerase de gran valor. Durante su reinado se asimiló el País de Gales a Inglaterra (1536), anexionado Irlanda y proclamándose rey de este país en 1541.

De nuevo con la Iglesia

Fue, hasta cierto punto, un hombre de principios. Si bien enfrentado con el papa, excomulgado y de pleito por un simple capricho amoroso, Enrique VIII jamás dejó de reconocer muchas de las bondades de la religión.

Cauto en la cuestión religiosa (esto debido a su habilidad de gobernante, a su sapiencia para conservar el poder y tolerar enojos), durante su reinado, el anglicismo no pasó de ser un mero cisma religioso. Por una parte daba cabida al luteranismo, por otra parte daba vida al anglicismo y por último, mantenía, después de todo y a pesar de todo, sus lazos y benevolencia hacia el catolicismo.

Un rey entre mujeres

Enrique VIII no se conformó con una ni con dos esposas. Tal parece que nuestro simpático y regordete personaje (se dice que era muy chistoso, a veces atolondrado y caprichoso) no se conformaría con una sola mujer. Tenía amor para varias, aunque algunas de esas mismas "varias" dijesen que su marido o amante no era ya bueno para hacer el amor, pues aparte de gordo, ya no podía por lo viejo y roñoso.

Las mujeres se reían de él. El se enfadaba. Ellas tenían aventuras con caballeros más jóvenes y apuestos a quienes contaban todas las intimidades del decrépito monarca. Aún así, muchas le querían. Enrique VIII era el rey de Inglaterra y de algún modo habría que complacerle.

Sus demás matrimonios: Tras el matrimonio con Ana Bolena, de la que nació la futura Isabel I, la necesidad de un hijo varón y el temperamento apasionado, a veces infantil, del rey le condujeron a una serie de nuevos matrimonios. Así iría completar hasta seis nupcias.

Casado primeramente con Catalina de Aragón, luego con Ana Bolena, Enrique VIII se casaría posteriormente con Juana Seymour, Ana de Cléveris, Catalina Howard y Catalina Parr. Con todas tendría sus pasiones, lo mismo que sus enojos y desventuras.

Víctima de gota, el pesado Enrique VIII no tenía más remedio que aguantar dolores, rumores, vejaciones e insultos nada velados, aunque sí claramente insinuados e hirientes. El ya no podía como hombre defenderse. Era un simple bodoque al que aún le quedaba cierto don de mando y fuerza para seguir luchando, para seguir mandando y para seguir viviendo.

Sus últimos años

Aunque ya muy debilitado de fuerza y de carácter, más que todo por su estado físico y la gota que le acribillaba más su alma que sus pies, Enrique VIII intervino los últimos años, activamente, en política exterior.

No tuvo éxito en su intento de someter a Escocia, aunque sí se alió con Carlos I para contrarrestar la influencia de Francia que quería a toda costa la tierra escocesa. En otros aspectos, inició lo que sería una gran potencia marítima, la poderosa flota naval de Inglaterra. Hizo mucho por su reino y a pesar de todo, el pueblo le reconoce como un gran monarca que fue: Enrique VIII, el rey de las seis esposas

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