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INSTITUCIONES
Todas las leyes y la Constitución características de Esparta se atribuyen a
Licurgo, aunque de su persona se sabe bastante poco. Unos dicen que viajó por
todo el mundo conocido en su tiempo estudiando y comparando las leyes de
distintos pueblos. Otros afirman que se inspiró en la vida de las abejas para
componer sus leyes. Lo que está claro es que llevó a cabo una revolución
legislativa en su ciudad, dándole un régimen diferente de todos los demás.
Licurgo,
fue un legendario legislador espartano al que se atribuía la redacción de la
Constitución de la antigua Esparta. Se lo empezó a nombrar en el s. VI a.J.C.
Según la tradición, era el autor del código de costumbres que constituían las
leyes tradicionales de los espartanos.
TIERRA Y POLITICA. Dividió la tierra en lotes iguales, capaces de producir
mucho más de lo necesario para sustentar a una persona, y los repartió
equitativamente entre los ciudadanos. Luego instauró un sistema político
profundamente demócrata cuya norma fundamental, la llamada Gran Retra, era: “Que
el pueblo tome las decisiones. Pero si se equivoca, rechácenlas los ancianos y
los reyes”. Se hablaba de “los reyes”, en plural, porque una de las
peculiaridades espartanas era que reinaban dos reyes simultáneamente, con lo que
ninguno de ellos era monarca.
Además, había un Senado o Consejo de Ancianos,
compuesto por individuos respetados que formaban una especie de aristocracia
popular. La manera de elegirlos tenía el encanto de ¡os usos democráticos
primitivos. Un grupo de jueces se encerraba en una especie de caseta sin
ventanas, y el pueblo se congregaba a su alrededor. Los candidatos se iban
presentando de a uno ante la asamblea popular. El pueblo los aclamaba sin
mencionar sus nombres.
Los jueces, desde su encierro,
debían decidir cuál había sido el más aclamado, y ése era el elegido.
DINERO. Una de los mejores aportes de Licurgo fue la invalidación fáctica
del dinero. Las monedas espartanas eran de hierro, pero ni siquiera valían su
peso en hierro, porque se las templaba con vinagre para que el metal no pudiera
reutilizarse. Además, eran tan grandes y pesadas que para transportar mil
dracmas hacía falta una yunta de bueyes. Con eso se perseguían varios fines a la
vez: anular la codicia —o, al menos, ponerla en evidencia, ya que un hombre rico
necesitaba un granero para guardar su fortuna— dificultar los robos y mantener
un sistema autárquico sin contacto con el mercado exterior. Además, era una
forma de impedir el asentamiento en Esparta de extranjeros codiciosos, a quienes
se veía con enorme recelo.
FIDICIA. Otra de las instituciones de Licurgo fue 1 comida en público.
Todos los hombres estaban obligados a pertenecer a un especie de sociedad
gastronòmica formada por 15 miembros, a la que a aportaban en especie lo
necesario cada mes: harina, vino, queso, higos y algo de dinero para carne. El
plato imprescindible era su célebre “sopa negra” hecha de sangre, vino y
vísceras dedo. Estos clubes tenían u nombre —fldicia— que significa ahorro,
aunque la palabra también evocaba el
concepto de amistad. Eran
una vía para mantener la cohesión y la convivencia, así como una escuela para
los más jóvenes. Además servían de control para 1 mantener alejada la gula, un
vicio detestado en Esparta, y la obesidad, también mal vista. A pesar de la
rigidez de sus leyes, Licurgo no debió ser un hombres severo. Fue él quien
introdujo la estatua de La Risa, que presidía las fidicia.
MORAL SEXUAL.
LOS espartanos practicaban
una moral sexual tan asombrosa para sus contemporáneos como lo sigue siendo para
nosotros hoy en día. Allí no había prejuicios ni escándalos. Las jóvenes se
exhibían desnudas ante los varones. La mayorìa de los ciudadanos eran
bisexuales porque, si bien la homosexualidad era normal el matrimonio era
obligatorio. A los que no se casaba se los humillaba públicamente haciéndolos
dar vueltas a la plaza por no dar hijos a la patria. Las nociones de celos o
adulterio eran extrañas a una sociedad en la que no estaba mal visto que ambos
cónyuges mantuvieran otras relaciones, e incluso convivieran con sus maridos y
sus amantes en el mismo hogar.
Leyes severas y arbitrarias
Licurgo —arriba, su
retrato—, implantó leyes severas. Un consejo de ancianos examinaba a salud de os
bebés ¡nacer. Si no estaban sanos eran asesinados. Arriba, izquierda, un mosaico
muestra el asesinato de Licurgo.
MILICIA
La
manera de luchar de los espartanos era legendaria. Los reinos extranjeros que
querían invadir Grecia buscaban antes una alianza militar con Esparta y colmaban
a los espartanos de regalos. En cambio, el mejor presente que Esparta podía
hacer a las otras ciudades griegas era un general.
LOS HOPLITAS. Espartanos
eran los 300 hombres que contuvieron al formidable ejército persa en el
desfiladero de las Termópilas y también los que, junto a los atenienses, los
volvieron a derrotaren Platea. Entrenados desde la infancia para soportar el
dolor, agitados por un impulso patriótico ferviente y ávidos estudiosos de la
estrategia, los espartanos mantuvieron la preponderancia en Grecia durante el
siglo V a. de C. Ello fue consecuencia del desarrollo de su técnica militar, yen
especial de una nueva forma de ataque que consistía en el empuje frontal de una
masa de guerreros dotados de armaduras pesadas, los hoplitas. Pero estos éxitos
ahogaron a su sociedad en un militarismo ciego que anuló todas sus
otras capacidades, hasta el
punto de que la actividad cultural cesó.
TOTALITARIOS.
En
este militarismo yen otros aspectos —su xenofobia y su obediencia ciega a la
autoridad, por ejemplo—, los fundamentos de la vieja ciudad helena concuerdan
con las bases políticas de los totalitarismos del siglo pasado. Aunque Esparta
nunca soportó tiranos, tanto Hitler como Mussolini y Stalin hablaban con
admiración de ella, a pesar de que ninguno de los tres hubiera hecho allí una
carrera muy brillante.
LACONISMO. Les habría faltado una conducta meritoria que exhibir y les
habrían sobrado todos sus recursos oratorios, porque los espartanos odiaban los
discursos. De hecho fue para referirse a ellos para lo que nació el concepto de
laconismo.
LA MUJER
No
tiene nada de extraño que lo que más llamara la atención de los otros helenos
que con frecuencia visitaban Esparta fuera la conducta de las mujeres y su
estatus de igualdad con los varones.
DEPORTISTAS. Ellas ttambién
se ejercitaban en los juegos de deportivos, y era famosa a esbeltez y
fortaleza de sus cuerpos, que facilitaba además su
papel de madres. Peleaban
completamente desnudas y hubo en Esparta muchas atletas famosas que se
lamentaban de no poder participar en los Juegos Olímpicos con los hombres.
ADMINISTRADORAS.
Como el Estado se hacía
cargo de los hijos, y los maridos pasaban largas temporadas participando de las
guerras, disfrutaban de mucho tiempo libre para entretener se y
organizarse. Eran ellas las que manejaban la hacienda, la administraban
y llevaban las riendas del
hogar. Estaban tan poco
supeditadas al varón que una extranjera llegó a preguntar a
la mujer del famoso Leónidas de las Termópilas por qué, entre todas las mujeres, sólo las
espartanas dominaban a sus hombres. A lo que la otra mujer respondió:
“Será porque sólo nosotras parimos verdaderos hombres”.
AMANTES. Ellas no se casaban de acuerdo con la voluntad de sus padres, sino
con la suya propia y no lo hacían, como se acostumbraba en otras partes, a los
14 6 15 años, sino a los 20. Se dejaban raptar por el hombre que elegían y,
después de eso, las relaciones entre ellos se alargaban una temporada durante la
cual cada uno vivía en su casa. Los encuentros eran secretos, breves y en
completa oscuridad, sin mediar tiempo de convivencia, para mantener sus cuerpos
“recientes en el amor, por dejar siempre en ambos la llama del deseo y de la
complacencia”, como escribió Plutarco. A veces, esa relación duraba tanto que
había hombres que eran padres sin haber visto jamás a su mujer a la luz del sol.
No se les exigía dote y la ley reconocía su igualdad hasta el punto de que les
estaba permitida legal mente tener amantes. Una mujer joven casada con un hombre
mayor podía llevar a su casa a un amante joven si lo deseaba. Un hombre mayor
enamorado de una mujer casada podía obtener, si ella lo aceptaba, el permiso de
su marido para visitarla con una asiduidad convenida.
VOZ Y VOTO. LaS mujeres tenían voz en las asambleas políticas y podían
recibir la herencia de sus padres cuando ellos morían, de modo que había en
Esparta muchas damas acomodadas que vivían su vida con plena libertad.
SOCIEDAD
Aunque todos los ciudadanos de
Esparta eran iguales ante la ley, no todos los habitantes eran ciudadanos. La
mayor parte eran periecos
—hombres libres, pero sin derechos—
o ¡Iotas —esclavos—. Ambos vivían para garantizar la subsistencia y libre
disponibilidad de los espartanos, que jamás se manchaban las manos con otra cosa
que no fuera sangre, vino o la resma de las palestras. Vivían para atender las
necesidades del Estado en lo relativo a la milicia, la administración y sobre
todo la educación.
EDUCACIÓN. La base de Esparta residía en la educación. En realidad, toda la
filosofía de Licurgo descansaba en la idea de que, cuanto mejor fuera cada
ciudadano, mejor y más fuerte seria el Estado. Y el concepto de ser mejor se
confundía para Licurgo con el de ser más fuerte y necesitar menos. Se cuenta
que una vez le preguntaron cómo podía Esparta librarse para siempre de sus
enemigos y contestó:”siendo pobres y no deseando tener más poder que el otro.”
INFANCIA DURA. Licurgo pedía
mucho de sus conciudadanos, así que no resultaba fácil se un buen espartano. Se
examinaba con cuidado a los recién nacidos, y si las criaturas no eran normales
se las abandonaba o despeñaba desde el monte Taigeto. Los niños declarados sanos
vivían hasta los siete años con los padres.
Luego, el Estado se hacía
cargo de los varones. Ponían especial esfuerzo en liberarlos de los miedos
infantiles, la oscuridad, la soledad y las supersticiones, así que las amas de
crianza espartanas eran muy valoradas en toda Grecia.
PRUEBAS
CONSTANTES.
A los varones les hacían pasar
progresivamente por una serie de pruebas y sufrimientos que tenían el propósito
de endurecerlos. A veces, los educadores promovían peleas entre ellos con el fin
de estudiar sus cualidades y su valor individual. Les hacían pasar hambre y
frío, correr descalzos por lugares pedregosos y dormir sobre cañas que ellos
mismos cortaban con las manos. Aprendían a hablar poco y a decir las cosas de la
manera más exacta y con el menor número de palabras posible. Se les exigía
obediencia ciega. Los castigos iban desde morderles el pulgar hasta darles
latigazos. Les estaba permitido robar comida, pero si los descubrían eran
castigados. No por haber robado, sino por haber sido sorprendidos. En cuanto a
su instrucción como hoy la entendemos, aprendían a leer y escribir, pero no
mucho más. Se los veía por todas partes desnutridos, pero ágiles y vivos como
nadie. A los 18 años mejoraban de estado, pero continuaban viviendo en régimen
carcelario hasta los 30.
PATRIOTAS. Para dar una imagen del sentimiento patriótico que se les
inculcaba, sirva la anécdota de aquel espartano que, en lugar de sentirse
humillado por no haber sido elegido entre los 300 mejores ciudadanos, como él
pretendía, regresó de la elección muy contento de que hubiese en la ciudad 300
mejores que él.
En
cuanto a su régimen de libertad, además de la obligación de casar se, a los
ciudadanos les estaba prohibido viajar al extranjero, y debían obedecer una
serie de leyes suntuarias que les impedían poseer oro o plata. Pero si quedaban
sin nada hasta el punto de no poder contribuir a las comidas en común, se les
retiraba la ciudadanía.
FAMA Y MUERTE. Los espartanos nunca fueron muchos. Cuando más, unos 20.000,
así que se conocían todos entre sí y la fama era muy importante para ellos. Los
pocos que llegaban a los 60 años solían ser individuos famosos y respetados.
Vivían cómodamente el resto de sus vidas y cuando morían el Estado les hacía
grandes funerales, el mismo Estado que había dirigido y forzado cada paso de su
vida. Pero los entierros de la gente corriente eran mucho más sencillos:
los
envolvían con un paño, agregaban unas ramas de olivo y los sepultaban
discretamente. Por ley, los duelos sólo podían durar doce días.
En
cuanto a la religión, la espartana era ritual, oficialista, y dedicada a
reconocer a los dioses como aquellos que les dieron, a través del “profeta”
Licurgo, sus preciosas leyes.
Fuente Consultada:
Revista Muy
Interesante Nro. 229 (2004)
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