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ADOLFO
PEREZ ESQUIVEL:
El 26 de noviembre de 1931
nació Adolfo Pérez Esquivel en la ciudad de Buenos Aires. Su padre, Cándido
Pérez González, un pescador gallego. Su madre, Mercedes Petrona Esquivel,
correntina, hija de una india guaraní. De la rama española heredó el gusto por
el mar y la navegación. De la indígena, tal vez, esa paciencia que muchas veces
tuvo que tener para poder navegar contra corriente a lo largo de su vida. Su
madre murió cuando él tenía tres años de edad. Su padre, al no poder mantener
reunida la familia, decidió buscar ubicación para sus cuatro hijos.
Adolfo fue a dar al Patronato
Español. Allí comenzó su amor hacia la escultura cuando Josefa, la portera, le
enseñó a tallar la madera, labor en que ocupaba las horas muertas dentro del
asilo. Al tiempo volvió a reunirse con su familia. Fueron a vivir a una casa de
inquilinato del barrio de San Telmo, zona de carpinterías y tambos. Allí
transcurrió el resto de su infancia y su adolescencia. Repartía su tiempo entre
el estudio y la
calle, donde jugaba con los pibes de la barriada a la bolita, el
balero, la pelota de trapo, los barriletes. Ya en la adolescencia trabajaba de
día haciendo changas como vendedor de diarios o flores y estudiaba Bellas Artes
con Benito Quinquela Martín
en el taller que éste tenía en La Boca.
Por las noches acudía al colegio
secundario. En algunas ocasiones, con sus amigos, se acercaban al café La
Tranquera, en Avenida de Mayo, para escuchar desde afuera a Azucena Maizani.
El joven Pérez Esquivel era un gran lector. Con frecuencia retiraba libros de
una biblioteca popular y se pasaba horas leyendo bajo un árbol del Parque
Lezama.
Cuando podía, los compraba usados,
en un puesto detrás del Cabildo. Allí una tarde un vendedor le ofreció dos
libros que lo marcarían hasta la actualidad: La Autobiografía, de
Mahatma Gandhi y Las montañas de los siete círculos,
del monje trapense Tomas Merton. Poco después otro acontecimiento fue
importante en su formación. Victoria Ocampo invitó a Lanza del Vasto a dar una
conferencia en la Facultad de Derecho y Pérez Esquivel asistió a ella. “Ahí
fui comprendiendo la otra dimensión, más profunda, la dimensión espiritual del
compromiso que uno había asumido, lo que me ayudó a profundizarlo y llevarlo
adelante. Mi compromiso parte de lo espiritual más que de lo social y lo
político, estos dos órdenes se integran a todo el sentido espiritual como una
necesidad del compromiso concreto.”
MILITANTE DE LA
NO VIOLENCIA: Los años
sesenta lo encontraron militando en los grupos cristianos de base. Para entonces
la militancia cristiana se radicalizó hasta el punto, en muchos casos, de asumir
la violencia como forma de resolución de los conflictos. Claro ejemplo fue
Camilo Torres, él cura guerrillero colombiano. En la Argentina el Movimiento
de Sacerdotes del Tercer Mundo, asumió la postura de acompañar la lucha de
los oprimidos.
Otros grupos cristianos, si bien
compartían los ideales propuestos por los sectores radicalizados, (ambos bebían
de las aguas de la Teología
de la Liberación) , no compartían el camino de la violencia y
planteaban una resistencia diferente, más pacífica. En estos últimos militaba
Pérez Esquivel. “Son
formas distintas de encarar los caminos. Creo que cada uno en la vida tiene que
optar y asumir el compromiso. Yo opté por la no violencia porque creo en eso.
Esto no significa para nada pasividad, sino una resistencia y una lucha
permanente contra todo tipo de injusticia."
La búsqueda constante de los
valores de la dignidad de la persona humana, como o hicieron Dom Helder Cámara,
el Mahatma Gandhi, Martin Luther King, y todos los movimientos de Derechos
Humanos que trabajan en una dimensión no violenta. En 1974 se fundó el Servicio
de Paz y Justicia (Serpaj), una organización social laica de inspiración
cristiana-ecuménica. Sus orígenes se remontan a fines de los años sesenta. Allí
confluyeron diversos grupos comprometidos en promover los valores cristianos y
la metodología de la acción no violenta a partir de los procesos de liberación
latinoamericanos. Adolfo Pérez Esquivel fue uno de sus fundadores y el primer
Coordinador General Latinoamericano.
Un año después, en 1975, el
gobierno de Isabel Martínez de Perón se convirtió en el gabinete de ensayo del
accionar represivo, que se amplificaría durante el gobierno militar. Las
Tres A
funcionaban a pleno, los asesinatos y las primeras desapariciones pasaron a se
una realidad cotidiana. En ese momento un grupo de personas, entre las que
figuraba el futuro premio Nobel de la Paz, dieron forma a dos organismos
humanitarios: La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y el Movimiento
Ecuménico por los Derechos Humanos. Al comenzaron a recibir distintas
denuncias sobre los abusos policiales, parapoliciales y estatales.
LA DICTADURA Y LA CÁRCEL:
El 29 de marzo de 1976 parte hacia Europa para realizar una gira programada un
año antes. Dos semanas más tarde los integrantes del
Serpaj,
entre ellos su hijo Leonardo, fueron detenidos y llevados a la Superintendencia
de Seguridad de la Policía Federal, para se interrogados sobre el paradero su
coordinador. Un día después fueron dejados en libertad. A fines del mismo año
regresó al país.
El 4 de abril de 1977, al
presentarse en el Departamento Central de Policía para retirar su pasaporte, a
fin de realizar un viaje a Colombia, quedó detenido. Desde allí lo trasladaron a
la Superintendencia de Seguridad donde permaneció treinta y dos días sin ser
interrogado ni informado sobre la causa de su detención. En la madrugada del 5
de mayo lo “trasladaron. Lo llevaron a lo que luego se conocería como los vuelos
de la muerte”. Una contraorden lo salvó. Lo enviaron a la Unidad 9 de La Plata,
donde permaneció hasta julio de 1978 a disposición del Poder Ejecutivo Nacional,
sin proceso alguno en su contra. Su arresto fue prolongado, bajo la forma de
libertad vigilada, durante 14 meses más.
“Me torturaron cinco días en la
prisión de La Plata. Nunca me preguntaron nada... Una vez el Subjefe del Penal
de La Plata me lleva a una oficina y comienza a insultarme. Me dice: “A vos no
te va a salvar ni De Nevares, ni Aramburu. Ni la Virgen te va a salvar...’”
Jamás, a pesar de la
presentación de hábeas corpus, de la insistencia internacional, que era
muchísima, dieron explicación alguna...
“Hubo también otras presiones
físicas y psíquicas... a veces abrían la puerta del calabozo y recibía una
trompada, amenazas de muerte... mucha presión psicológica, porque me aplicaron
el régimen de máxima peligrosidad.“
Una situación
denigrante.
Estando en prisión fue cuando
recibí el Memorial Juan XXIII de la Paz, dado por Pax Christi
Internacional, que aquí se ocultó totalmente. Si bien en Argentina se ocultaba
la figura de Pérez Esquivel, internacionalmente se desató una gran campaña por
su libertad. La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos y distintas Iglesias
y Organizaciones Sociales de Europa, presionaron sobre el gobierno militar. Los
Movimientos de Paz y No Violencia tomaro n
el consulado argentino en Barcelona, pidiendo su liberación.
En 1978, Mairead Corrigan
Maquair y Betty Williams, dos mujeres de Irlanda del Norte, quienes habían
recibido el Premio Nobel de la Paz en 1976, realizaron la primera presentación
de Adolfo Pérez Esquivel ante el Comité Nobel, presentación que se reiteró dos
veces más, hasta su designación en 1980.
El 10 de diciembre de 1980,
ningún diplomático argentino se encontraba en el Aula Magna de la Universidad de
Oslo. Tan solo un periodista, Luis Mario Bello, del diario La Nación,
viajó para estar presente en la entrega del Premio. Nuevamente los medios
oficiales ignoraron a Pérez Esquivel. Desde los medios oficialistas el mensaje
era que “se le había otorgado el Premio Nobel de la Paz a un terrorista que
había estado preso”.
Ver: Discurso en Oslo
Actualmente Adolfo Pérez Esquivel
sigue trabajando en el Serpaj, organismo que preside en Argentina. Realiza el
mismo trabajo que desarrolló desde los años 70. Cotidianamente recibe denuncias
sobre violaciones a los derechos humanos en el continente. El Serpaj colabora
con los juicios a los militares de la dictadura que se llevan a cabo en España,
Francia, Italia y Alemania. Da apoyo jurídico y mantiene una aldea en General
Rodríguez para los “chicos de la calle”. En ese lugar más de 220 pibes reciben
capacitación profesional.
Biografía de
Adolfo Perez Esquivel- Fuente Consultada: Revista Todo Es Historia Nro. 400 (Biografías)
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