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La
formación del Estado moderno en Francia fue un proceso muy diferente del que se
dio en España. La monarquía no tuvo el problema de tener que unir reinos
diferentes con tradiciones políticas y culturales opuestas. Además, como no tuvo
la ventaja de ingresos provenientes de un imperio colonial, se vio obligada a
llevar adelante la centralización fiscal y administrativa del reino, lo que
reforzó la centralización de su poder.
La
monarquía de los Capeta extendió lentamente su soberanía, durante los siglos
XIII y XIV, desde el centro de Francia hasta Flandes y el Mediterráneo.
Los Valois y la Consolidación del
Estado Moderno Francés
A
mediados del siglo XIV, la dinastía de los Capeto se extinguió e Inglaterra
pretendió el trono de Francia. Pero la mayoría de la nobleza francesa se opuso a
tener un rey inglés y apoyó a Felipe de Valois.
La lucha por imponer a la
dinastía Valois, de origen francés, y expulsar a los ejércitos ingleses,
facilitó el proceso de formación de un Estado moderno. Hacia finales del siglo XV, el poder real estaba fortalecido por un ejército regular y un impuesto
directo que no podía ser discutido, pero todavía no se había logrado organizar
una administración unificada.

El prestigio de la dinastía de los
Valois creció cuando Francisco I decidió enfrentar a Carlos V y dirigió a la
nobleza bacía guerras exteriores, para conquistar Italia. Pero después de la
decisiva victoria española de San Quintín (1557), en 1559 se firmó la Paz de
Cateau-Cambrésis. Francia debió renunciar a sus pretensiones sobre Italia y
desde entonces Felipe II de Epaña intenvino en la política francesa.

Enrique IV
de Borbón declaró «París bien vale una misa” cuando en
1593 se convirtió al catolicismo,
con lo que se puso fin a la guerra entre católicos y protestantes. La política
se separó de la religión y la nueva monarquía francesa
se afianzó por encima de todas las facciones.
Las guerras de religión y el
origen del absolutismo
Luego
de la muerte de Enrique II de Valois, comenzó un largo conflicto religioso entre
los hugonotes (protestantes franceses) y los católicos, dando origen a
una guerra civil con la monarquía vacante. Esta lucha desencadenó conflictos
sociales más profundos; y pronto se enfrentaron por el poder las familias más
importantes de la nobleza francesa.
Para
sobrevivir los pequeños propietarios rurales sin recursos se unían a los
ejércitos católicos o protestantes. Los impuestos reales que había que pagar
para la guerra, llevaron a las ciudades a la miseria. Se originó levantamientos
entre los campesinos hambrientos por la devastación del campo de las constantes
campañas militares.
Hacia
1590, la nobleza se reunificó por el descontento rural y urbano. El hugonote
Enrique de Borbón, en 1593, aceptó convertirse al catolicismo y desde entonces
fue reconocido por los nobles católicos y protestantes como Enrique IV de
Francia, fundador de la dinastía de los Borbones. Enrique IV reconstruyó la
ciudad de París y la convirtió en capital permanente del reino y sede de la
monarquía.
Se
tomaron medidas para lograr la recuperación de la agricultura y el comercio de
exportación y la monarquía recuperó su prestigio entre la sociedad medio siglo
después. En 1598 cuando el Edicto de Nantes garantizó a los hugonotes libertad
de conciencia, una limitada libertad de culto, y derechos políticos y militares,
se consolidó la paz. Sobre estas bases, y a lo largo de todo el siglo XVII, se
consolidó el poder absoluto de la monarquía francesa.
El
absolutismo es una forma de gobierno en la cual el poder del dirigente no está
sujeto a ninguna limitación institucional que no sea la ley divina. Es un poder
único desde el punto de vista formal, indivisible, inalienable y libre.
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