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La
estatua de la Libertad se yergue a 93 m. sobre las aguas del puerto de Nueva York, donde según palabras de quien la creó, “la gente ve por primera vez el
Nuevo Mundo”.
Es la estatua de metal más grande del orbe, y fue transportada a
Estados Unidos a través del Atlántico después de más de 15 años de construcción
en un taller de París.
Los
delicados pliegues de la túnica de la estatua no dan ni el menor indicio del
enorme armazón que la sostiene. Se puede ascender por una escalera en espiral de
171 peldaños hasta un mirador oculto en el borde de la corona para disfrutar de
una espectacular vista de la ciudad y el océano.
Cada
ojo de la estatua es del largo de un brazo humano, su nariz mide 1.4 m de
longitud y su dedo índice 2.4 m; se levanta sobre un pedestal y una base de casi
la misma altura que ella (46 m), y mide 10.5 m de cintura.
La
majestuosa estatua fue construida hace más de un siglo, y fue el producto de la
combinación del talento artístico del escultor francés Frédéric Auguste
Bartholdi, con las innovadoras técnicas del ingeniero
Gustave Eiffel, que posteriormente
construyó la famosa torre que lleva su apellido.
Para construir la estatua tuvieron que repujarse a mano unas 300 láminas de
cobre, que fueron sostenidas con puntales provisionales para evitar que se
doblaran, y más tarde unidas con remaches hasta dar forma a todas las partes.
En el
taller de París las gigantescas secciones de la estatua fueron creadas una por
una. Fue 1865 cuando surgió la idea
de que el pueblo de Francia hiciera un obsequio a los Estados Unidos: una
estatua de la
“Libertad" iluminando su título oficial, que conmemoraba el Centenario de la
independencia de ese país y sería un símbolo duradero de amistad e ideales
compartidos entre ambas naciones.
Inspirándose en el legendario Coloso de Rodas —gigantesca estatua de bronce del
dios griego del sol, Helios, que se erguía a la entrada del puerto de Rodas en
el siglo V, Bartholdi diseñó y construyó un modelo de yeso de 11 m de altura. Una
vez terminada, la estatua sería más de cuatro veces más alta que el modelo, y lo
bastante fuerte para portar los embates del tiempo y la intemperie, pero a la
vez ligera para ser embarcada.
La
solución fue hacer hueca la estatua: una cobertura sobre un armazón interior, la
misma técnica usada para construir el Coloso de Rodas. Pero en tanto que éste
tenía un revestimiento de bronce fundido, Bartholdi decidió usar delgadas
láminas de cobre, material ligero y algo flexible. Para ello usó el método del
repujado, que consiste en dar forma al metal martillándolo sobre moldes de
madera esculpidos.
Bartholdi cortó en secciones su modelo maestro, e hizo miles de mediciones
cuidadosas antes de modelar en yeso una réplica de tamaño real de cada sección.
Se labraron entonces moldes de madera exactamente iguales a las réplicas y con
ellos se repujaron 300 láminas de cobre.
Mientras tanto, Eiffel trabajaba en el armazón interior de la estatua, que sería
la estructura de hierro más alta construida hasta ese tiempo; su revolucionario
diseño se anticipó al de los rascacielos modernos: el revestimiento no es
sostenido por soportes estructurales sino que flota en el armazón.
Un
costillar de hierro emerge de una columna central formada por cuatro jácenas
extendidas desde la base de la estatua hasta la nuca de la misma. Unida a ella
está la armadura, hecha de barras de hierro que se retuercen como resortes
siguiendo la forma de la estatua. Para reducir al mínimo el contacto
potencialmente corrosivo entre el cobre y el hierro, las láminas del
revestimiento cuelgan sobre este esqueleto mediante soportes de cobre protegidos
con un material aislante.
La
estatua costó 400.000 dólares al pueblo francés, y como la afluencia de fondos
fue esporádica, el trabajo avanzó en etapas. El poderoso brazo que sostiene la
antorcha de la Libertad quedó terminado a tiempo para celebrar el Centenario de
la independencia de Estados Unidos, en 1876, pero la estatua no quedó concluida
sino hasta junio de 1884, casi 20 años después de que fue planeada. Se irguió
triunfante sobre las calles de París y fue presentada al embajador
estadounidense en Francia el 4 de julio de ese año.
Seis
meses después la estatua fue desmantelada y empacada —con cada una de sus
secciones numeradas— en unas 200 cajas enormes, y llevada a su destino por el
carguero francés Isére.
UN REMOZAMIENTO QUE COSTO 69
MILLONES DE DÓLARES A principios de la década de 1980 se hizo un examen
exhaustivo de la estatua de la Libertad y resultó que estaba desintegrándose.
Más de un siglo de exposición a la intemperie y la condensación del aliento de
millones de visitantes que subían por su interior causaron una grave corrosión.
La estatua siempre tuvo filtraciones, y en años recientes algunos remaches del
revestimiento de cobre cedieron, lo que hizo que se filtrara más humedad.
Se
había desgastado casi todo el aislamiento original de asbesto colocado entre las
láminas de cobre y el armazón de hierro, y casi la mitad de la armadura estaba
oxidada (había que sustituir 1.800 barras). La antorcha estaba en peligro de
caer, así que había que reforzarla.
Recaudación de fondos: Fue necesario
conjuntar la pericia tecnológica y los recursos económicos de ambos lados del
Atlántico para iniciar la restauración, que duró tres años y medio. Los
franceses comenzaron la campaña de recaudación de fondos y enviaron arquitectos
y artesanos expertos a Nueva York.
La
estatua fue encerrada en el que quizá era el más grande andamiaje jamás visto,
erigido con ayuda de computadoras. Los artesanos franceses reconstruyeron la
antorcha de acuerdo con el diseño original de Bartholdi usando la técnica del
repujado, y recubrieron la llama con chapa de oro para que brillara al ser
encendida.
El andamiaje erigido para
efectuar la restauración era más alto que la propia estatua (casi 93 m).
El
remozamiento de las láminas de cobre empezó por cambiar los remaches y reponer
los faltantes. Con el paso del tiempo las láminas habían perdido su color
original y formado una pátina verde, la cual tuvo que dejarse al limpiar la
estatua pues forma una cubierta protectora contra la corrosión. Las siete capas
de pintura vieja que acumulaban humedad en las paredes interiores de la estatua
tuvieron que ser desprendidas con chorros de nitrógeno líquido, y las capas de
brea que había debajo de aquéllas fueron disueltas rociándolas con una solución
de bicarbonato de sodio.
Los trabajos de restauración de la estatua efectuados en la década de
1980 revelaron que el armazón de hierro que mantenía en su lugar las láminas de
cobre estaba muy corroído. Hasta los remaches de las juntas tuvieron que ser
renovados.
Se
hicieron copias fieles de las barras oxidadas de la armadura con acero
inoxidable, que no reacciona en forma corrosiva con el cobre como el hierro.
Este trabajo fue realizado sección por sección, pues no se podían reemplazar más
de 12 barras cada 24 horas. Para evitar el contacto entre éstas y las láminas de
cobre, se separaron con capas protectoras de cinta de teflón encerada.
Tecnologías de dos siglos: Para evitar
que se condensara la humedad en el interior, la escalera fue remozada con
barandillas más anchas, y se instaló un elevador con paredes de vidrio. Y para
los que no pueden subir hasta el mirador, circuitos cerrados de televisión
transmiten imágenes del interior de la estatua que muestran cómo se construyó y
restauró.
La llama vieja: En 1916 la llama fue revestida con
hojas de vidrio color ámbar sobre una rejilla de cobre. Pero estaba mal sellada
y la lluvia se infiltraba.
Un nuevo brillo En 1985 se hizo una nueva llama de
cobre para la antorcha con delgadas hojas de chapa de oro de 24 kílates. Además
de ser inoxidable, este material tiene un hermoso brillo dorado.
Fuente Consultada: Como Funcionan
Las Mayoría de las Cosas de Reader`s Digest - Wikipedia - Enciclopedia Encarta -
Enciclopedia Consultora
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