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Primeros Pobladores: Los Aborígenes: Los
españoles encontraron una gran diversidad de culturas aborígenes que habitaban
distintos ambientes: algunas se dedicaban a la caza, la pesca y a la recolección
de frutos y plantas silvestres.
La población del actual territorio argentino a la llegada de los españoles a
principios del siglo XVI sumaba unas 330.000 personas agrupadas en una veintena
de grupos étnicos. Los habitantes del Noroeste, las Sierras Centrales y la
Mesopotámica practicaban la agricultura, mientras que el resto del territorio
estaba ocupado por grupos de cazadores-recolectores.
Las culturas más extendidas fueron los diaguitas al Noroeste, los guaraníes, los
tupíes, los tobas y los guaycurúes en el Noreste, los pampas en el centro y los
tehuelches, mapuches y onas en el Sur.
La arqueología y las fuentes coloniales nos permiten atisbar dos grandes grupos
de culturas: los de la llanura chaqueña y los de la estepa patagónica.
Los pobladores más antiguos, que datan de hace unos 12.000 años, vivían en
cuevas que decoraban con pinturas y cazaban animales ya extinguidos, como el
mylodon —un perezoso gigante—, o el gliptodonte —una mulita gigante—. Estos
grupos se adaptaron pronto al uso de las especies introducidas por los
españoles, como el caballo.
Algunos de los pueblos que integraban este grupo son los wichis, los matacos,
los abipones, los chorotes, los chulupíes, los pilagaes, los mocovíes, los
tobas; y otros, tempranamente extinguidos, como los mocorotaes, los calchines,
los quiloazas y los chanátimbúes.
Los matacos habitaban al oeste de la actual provincia de Formosa y en el Chaco
salteño. Practicaban la pesca en los ríos y cultivaban, en forma rudimentaria,
el zapallo y el maíz. Sus chozas circulares estaban hechas de ramas y paja. Se
vestían con prendas de cuero y lucían collares, pinturas corporales, tatuajes,
tobilleras de plumas y vinchas. Eran monógamos, aunque los jefes podían tener
más de una mujer. Los caciques compartían su autoridad con los médicos
hechiceros. Creían en espíritus malos (ohots) que controlaban ciertos ritos y
fiestas.
Los abipones, tobas y pilagaes se extendieron en parte de las actuales
provincias de Formosa, Chaco y Santa Fe. Pescaban con amones y redes, y cazaban
venados y ñandúes. También recogían frutos y miel. Vivían en chozas de ramas y,
en épocas de frío, vestían el manto de piel de nutria (quillongo); usaban
vinchas, mocasines, faldas de piel y se tatuaban el rostro. Su familia
monogámica era fácilmente disoluble y la poligamia era común en los jefes. Sus
caciques eran hereditarios y tomaban esclavos entre los prisioneros de guerra.
Creían en un ser supremo y en espíritus de la naturaleza.
Un poco más al este y en la Mesopotamia vivían los caingang, pescadores
recolectores de miel, piñas de araucaria, tubérculos, frutos, etc. Vestían un
delantal pequeño, hecho con cuero para los hombres y con fibras vegetales para
las mujeres. Sus chozas eran simples techumbres a dos aguas sin paredes. Sus
caciques-hechiceros gobernaban tribus de unas veinte familias. Creían en un dios
bueno (Topen) y en uno maligno (Det Korenk); también sostenían que los
animales de caza tenían espíritus que los dominaban y protegían, por lo cual
permitían su caza para la alimentación, pero castigaban cualquier abuso.
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