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ESPECIE:
Conjunto de individuos capaces de
dar origen a hijos que puedan tener descendencia fértil. Definiciones algo más
concretas, hablan de «especie evolutiva», entendida como —siguiendo la
definición del naturalista George G. Simpson (1902-1984)— una estirpe (o
secuencia de poblaciones de ancestros-descendientes) que evoluciona
separadamente de otras y que tiene un papel y unas tendencias de evolución
propias y de carácter unitario.
Éste es el concepto más
ampliamente aceptado y de mayor consenso, al menos entre los zoólogos. El asumir
una especie como biológica, implica evolutivamente asumir que es una población
reproductivamente aislada, por lo que constituye un linaje evolutivo separado y
que es reforzado por una serie de barreras que pueden ser de carácter geográfico
o biológico
En
realidad, el concepto de especie tiene mucho de ambiguo. Generalmente, las
poblaciones vecinas de un determinado animal pueden cruzarse, pero entre
poblaciones de áreas geográficas más alejadas puede producirse una disminución
de la fertilidad si intentan el cruzamiento, hasta llegar a la imposibilidad
entre poblaciones muy distantes. Se puede entender esta reducción progresiva de
la fertilidad como debida a la posesión de dotaciones cromosómicas que se van
diversificando a medida que aumenta la distancia. Ahora bien, los miembros de
esas poblaciones distantes e infértiles por cruzamiento, ¿pertenecen a la misma
especie o a especies diferentes? Como no pueden cruzarse, habría que asignarlos
a especies diferentes. Pero como están conectados por una serie continua de
poblaciones cruzables, se podría considerar que, a fin de cuentas, pertenecen a
la misma especie. Desde este punto de vista, el concepto de especie tiene algo
de relativo, aunque, por otra parte, no deja de ser consecuente con el
gradualismo histórico darwiniano.
Además, el concepto moderno de especie, basado en el aislamiento reproductivo,
no es fácil de aplicar a aquellos organismos eucariotas (dotados, recuerden, de
núcleos) que se reproducen sin apareamiento, de modo que cada miembro de la
especie está aislado reproductivamente. Problemas parecidos los plantean
aquellas especies que se reproducen de forma vegetativa (por fisión del
progenitor), por partenogénesis (desarrollo a partir de óvulos no fertilizados)
o por auto fertilización de un hermafrodita. En esos casos hay que recurrir a
otros criterios de clasificación.
La
verdad, no encuentro ningún placer en estos tipos de diferenciación que con más
frecuencia de la deseada han conducido —aunque sea indirectamente— a la
discriminación, a contemplar a «los otros» como enemigos, o como esclavos (esto
es patente con los «otros animales», los no humanos, que nuestra especie
maltrata a menudo innecesariamente). Encuentro un mayor consuelo en los análisis
de parentesco entre especies diferentes que se realizan analizando las
cadenas de aminoácidos de algunas de sus proteínas, y que nos hablan de la
cercanía que nos une a, por ejemplo, los caballos. Me doy cuenta de que estos
argumentos míos son, en este punto, poco científicos, pero, lo repito una vez
mas: no doy la espalda a encontrar en los resultados de la investigación
científica algún que otro apoyo para causas morales.
EUGENESIA:
Movimiento iniciado en las últimas décadas del siglo XIX, que sostenía que la
mayoría de las características humanas eran estrictamente hereditarias y que
había que mejorar la especie humana, favoreciendo la reproducción de los mejores
especimenes y dificultando la de aquellos con deficiencias.
Los
eugenesistas mantenían que no sólo los rasgos físicos, como el color de los ojos
y la altura, sino también los atributos de la personalidad estaban determinados
genéticamente (en un sentido mendeliano) y que para elevar el nivel de la
población había que proceder poco más o menos como los ganaderos: favorecer la
reproducción de los «buenos» sujetos y aminorar, o incluso detener, la
reproducción de los «malos». A finales del siglo XIX y comienzos del XX, ayudado
por la credibilidad que le otorgaba una presunta base científica, el programa
eugenésico se extendió ampliamente, en especial en Estados Unidos y en algunos
países de Europa.
Fue
en Estados Unidos donde la fe en la genética mendeliana aplicada a los seres
humanos se llevó a la práctica por vez primera: en 1907 el estado de Indiana
aprobó las primeras leyes. que permitían la esterilización de los enfermos
mentales y criminales patológicos; a finales de la década de 1929 veintiocho
estados y una provincia canadiense habían introducido legislaciones parecidas.
Detrás de las ideas eugenésicas, se encuentra la convicción de que la vida
humana puede reducirse a la biología y que las instituciones humanas se
conducirán mejor teniendo en cuenta las «realidades» del determinismo biológico.
Ahora bien, semejante idea es cuestionable, y ello independientemente de que el
punto de partida científico sea correcto o no (ya señalaba esto a propósito del
determinismo biológico), de que, por ejemplo, las ideas eugenésicas hubieran
resultado ser correctas desde el punto de vista científico. El problema es que
el universo en el que se mueven los seres humanos no coincide exacta, ni
siquiera necesariamente, con el universo del conocimiento científico. Aldous
Huxley (1894-1963) expresó de manera magnífica tal diferencia cuando escribió:
El mundo al que se refiere la
literatura es el mundo en el que los hombres son engendrados, en el que viven y
en el que, al fin, mueren. El mundo en el que aman y odian, en el que triunfan o
se los humilla, en el que se desesperan o dan vuelos a sus esperanzas. El mundo
de las penas y las alegrías, de la locura y del sentido común, de la estupidez,
la hipocresía y la sabiduría. El mundo de toda suerte de presión social y de
pulsión individual, de la discordia entre la pasión y la razón, del instinto y
de las convenciones, del lenguaje común y de los sentimientos y sensaciones para
los que no tenemos palabras... [Por el contrario], el químico, el físico, el
fisiólogo son habitantes de un mundo radicalmente diverso —no del mundo de los
fenómenos dados, sino de un mundo de estructuras averiguadas y extremadamente
sutiles; no del mundo experiencial y de los fenómenos únicos y de las
propiedades múltiples, sino del mundo de las regularidades cuantificadas
Fuente Consultada: Diccionario de la Ciencia
Jose M. Sanchez Ron
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