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“De
qué sirve el sentido común cuando clasifica a los hombres en tres razas, blanca,
amarilla y negra? Durante mucho tiempo, la antropología ha mantenido estos
criterios sin discusión. Después de una confrontación trágica con la realidad
(el genocidio nazi), la interrogación científica sobre la noción de raza humana
se ha convertido en una imperiosa necesidad.
Todo
el mundo sabe que los hombres no presentan idéntica apariencia de un extremo al
otro del planeta. Todos creen también poder distinguir fácilmente tres
categorías de hombres según el color de la piel: la de los hombres de piel
blanca, la de los hombres de piel negra, la de los hombres de piel arilla”
(anteriormente, se reconocía también la categoría de los hombres de piel roja,
pero en realidad se que los indios de América comprendidos en esta categoría
tienen la piel “amarilla"). También está fuera de duda, según el buen sentido
común, que por lo menos hay tres grandes razas humanas: la raza blanca, raza
negra, la raza amarilla.
Siempre según el “buen sentido” ordinario, resulta impensable cuestionar
existencia de las razas humanas, sin embargo, en una declaración de la
UNESCO
denominada “llamamiento de Atenas”, publicada en abril 1981, expertos
internacionales en antropología y en genética estiman que la noción de raza en
la especie humana no tiene demasiado sentido biológico. (...) poblaciones
concentradas bajo el nombre de “gran raza negra”, por ejemplo, son en realidad
profundamente diferentes las unas de las otras. (...) La clasificación de la
especie humana en grandes razas se basa la elección arbitraria y mal
fundamentada de un pequeño número de caracteres físicos independientes... lo que
de hecho hay de arbitrario en la noción de raza corrientemente admitida es la
elección de un pequeño número de caracteres que presumiblemente varían en
concordancia (...) Consideremos, por ejemplo, caso de la “gran raza negra”.
Existen decenas de miles de hombres que viven en la India que poseen piel negra
pero no cabellos crespos sino ondulados y rizados, labios finos y nariz estrecha
como los individuos “raza blanca”. En Etiopía, poblaciones de piel negra tienen
igualmente cabellos poco crespos, siendo ondulados o ensortijados, la nariz
estrecha y saliente, los labios delgados. En cuanto a los habitantes de piel a
de Melanesia, algunos presentan cabellos rubios y ondulados (canacas de Nueva
Caledonia), otros nariz convexa y saliente (poblaciones papúes denominadas
“pseudosernitas” de Nueva Guinea) (“negros” con ellos rubios se encuentran
frecuentemente en las poblaciones australianas, que por otro lado están
emparentadas por sus caracteres sanguíneos con las poblaciones melanesias). Así, en
esta serie de ejemplos resulta fácil ver cómo el concepto de “raza negra” basado en
el diagnóstico de piel negra-cabellos crespos-nariz ancha no explica la realidad de
un modo correcto.
Por
otra parte, actualmente sabemos que según el grupo sanguíneo Rhesus,
especialmente, las poblaciones negras de la India pertenecen al grupo denominado
blanco, mientras que las poblaciones melanesias pertenecen al grupo denominado
amarillo. De igual modo, la categoría “gran raza blanca” produce agrupaciones
ciertamente erróneas: los ainú, del norte del Japón, tienen la piel blanca. Pero
el genetista ítaloamericano L.L.Cavalli-Sforza ha demostrado en anos 1970 que
estos “blancos” tradicionalmente clasificados en la “gran raza blanca están de
hecho netamente relacionados con las poblaciones orientales por sus
características sanguíneas.”
Marcel Blanc, en Mundo científico
N° 18
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