Explosión Demográfica
SUPEROBLACIÓN
CONTENIDO
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TRATADO SOBRE
SUPEROBLACIÓN:
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Cada vez somos más |
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El agotamiento de los acuíferos |
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La escasez de alimentos |
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La deforestación |
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La Iglesia Católica reniega del preservativo |
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Hambre Vs. sobrealimentación en los países desarrollados
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- Recursos y medios tecnológicos, repartir equitativamente
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La ONU calcula… |
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CONCEPTOS Y CRITERIOS:
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Población |
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Demografía |
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Datos y medidas demográficos |
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Métodos de investigación |
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Indices de población |
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Crecimiento y distribución de la población mundial
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Crecimiento pasado y presente |
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Distribución regional |
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Concentración urbana |
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Estimaciones de población |
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Políticas de población |
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Políticas de población en los países desarrollados
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Políticas de población en América Latina
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Políticas de población en el Tercer Mundo
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Graficas
Cuenta hasta diez... En este corto intervalo de tiempo han
aparecido sobre el suelo de este planeta, tres seres humanos más, 250.000
al día que compartirán con nosotros tierra, alimentos y agua. O por lo menos lo
intentarán, ya que mas del 90% de estos niños nacen prisioneros en países del Tercer
Mundo. Religión, sociedades patriarcales e intereses políticos y económicos han
mantenido a lo largo de la historia posturas contrarias al descenso en las tasas
de natalidad y han estrechado el cerco en torno a la mujer. ¿Por qué?
Cada vez somos más.
En la actualidad hay cerca de seis
mil millones de personas sobre la tierra y cada año se pueden sumar 95 millones
más. La ONU calcula que en el año 2.050 habrá entre 9.000 y 11.200 millones de
personas en el mundo. A pesar de ello podemos estar de enhorabuena, ya que los
dramáticos cálculos de Tomas Malthus hace doscientos años que predecían una
catástrofe demográfica -"La capacidad de crecimiento de la población es
infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos"-, de
momento no se ha cumplido. No obstante, son cifras que están ahí y que
sobrevuelan nuestras cabezas recordándonos que esas probabilidades están
presentes.
Los hechos demuestran que dar de comer a tantas bocas está provocando un fuerte
deterioro medioambiental que deja especial huella en los países del Tercer
Mundo. Allí la pérdida de los bosques y especies, la contaminación de lagos,
ríos y océanos, la acumulación de gases invernadero y destrucción de la capa de
ozono preservadora de la vida terrestre, son consecuencias derivadas de la
política llevada a cabo por aquellos gobiernos. La pobreza les ha conducido a
una sobreexplotación de los recursos naturales en un intento fallido por pagar
su deuda externa. Al final, los pobres han vendido o alquilado sus mejores
tierras a los ricos por no poder atenderlas, y ellos se han tenido que ir a los
bosques, a degradar suelos para poder alimentar a sus familias. Nos hallamos
ante una espiral descendente donde la pobreza contribuye directamente a un
crecimiento de población: Se necesitan hijos para trabajar en el campo, llevar
dinero a casa y asegurar en cierta forma el sustento en la vejez.
El agotamiento de los acuíferos, la escasez de alimentos y la
deforestación están empezando a afectar a las perspectivas económicas mundiales.
La escasez de alimentos, agotamiento de los acuíferos, de las
pesquerías y la deforestación están empezando a afectar a las perspectivas
económicas mundiales, pero más que por la cantidad -a juzgar por los hechos- nos
atreveríamos a decir que por la distribución, por el desigual reparto que
permite que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres más pobres. Sólo
EE.UU. consume la mitad de los recursos no renovables del planeta y su población
sólo supone el 5% de la población mundial.
En 1982 en el Reino Unido, se
gastaron más de 235 millones de dólares en ayudas para adelgazar, mientras que
se donaron 50 millones para el Tercer Mundo. Siguiendo con las incongruencias,
un porcentaje muy elevado de la población china actual es obesa debido a una
sobrealimentación, y se han triplicado los casos de diabetes y cáncer debido a
un consumo excesivo de grasas animales como parte de la dieta diaria.
Estos
datos apoyan sin duda la afirmación que realizó en 1992 el Fondo de Población de
Naciones Unidas que aseguraba que "existen suficientes recursos para acabar con
la pobreza, alcanzar un desarrollo social y económico significativo para la
mayor parte de la población mundial, proteger el medio ambiente y conservar al
mismo tiempo las comodidades y ventajas que ha aportado la tecnología moderna".
Tenemos conocimiento, recursos, medios tecnológicos, sólo resta combinarlo todo
para sentar los cimientos de un desarrollo humano sostenible -satisfacer las
necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras
generaciones-. Dicho de otra forma, mantener una correcta relación con la Tierra
ya que de ella se extrae casi el 90% de los alimentos que ingerimos. Aunque si
analizamos los resultados de la última Cumbre del Clima vemos que nos
encontramos ante una cuestión que exige compromisos esencialmente políticos que
sin duda reflejen un cambio de valores y como quedó patente, muy pocos gobiernos
están dispuestos a variar sus líneas de actuación.
La Iglesia Católica reniega del preservativo. Juan Pablo II se
atrevió a decirlo en Africa, continente asolado por el Sida que sigue
manteniendo la tasa de natalidad más alta del mundo.
No es cuestión de números.
El problema como hemos visto, no radica en el número
de habitantes del planeta, sino en la opción que pueda tener cada uno en función
de sus creencias y sus principios a elegir lo que quiere y cómo lo quiere. "Nos
preocupa que se interprete la cantidad de población como un factor principal y
aislado que incide de manera única en otros aspectos fundamentales como el medio
ambiente, la disponibilidad de recursos naturales, y, a la larga, en las
posibilidades de lograr un desarrollo humano sostenible", afirma Eva Martínez,
directora del programa Mujeres y Desarrollo de IEPALA(*). "Nos preocupa
-continúa- que la cantidad de población sea vista como una limitación al reparto
de riqueza cuando, en realidad, es una consecuencia de esto mismo y de la falta
de acceso a la información, a educación, a políticas y a servicios adecuados y
al disfrute de derechos fundamentales. Pensamos que si la población sigue
incrementándose al ritmo actual, la situación se tornará insostenible. Pero nos
preocupa bastante más el tipo de medidas que se puedan tomar al respecto, sin
tener en cuenta las opciones personales y las situaciones individuales de las
personas".
La realidad constatada por distintas
ong's que se encuentran
trabajando en diferentes países en vías de desarrollo muestra que "las parejas
del Tercer Mundo -afirma Infomundi de Medicus Mundi- no son libres para elegir
cuántos hijos quieren tener, bien porque son sometidas, de manera forzosa, a
diversas prácticas para controlar su fertilidad o porque, simplemente, no tienen
acceso efectivo a los distintos métodos de planificación familiar existentes".
Martin Sagreda asegura que para resolver el problema de población haría falta
situar la energía y la actividad sexual como algo natural y no como algo
exclusivamente reproductivo. El autor está convencido de que la sexofobia es la
raíz de todos los problemas y que en medio de todo ello se encuentra la mujer,
la culpable históricamente desde "Adán y Eva" -condenada a ser mero
depósito- y una de las claves a la hora de poner en marcha soluciones a este
problema, por ello es tan perseguida por fundamentalismos y religiones
puritanas.
La educación y la mujer son dos aspectos básicos a la hora de hablar
de control de la fecundidad. En Brasil por ejemplo, las mujeres sin estudios
tienen una media de seis hijos; las que poseen educación sólo tienen una media
de dos. Cuanto mayor sea el nivel de educación que tengan las mujeres, más
opciones van a tener tanto laborales como a la hora de plantear sus relaciones y
decidir lo que quieren o no hacer ¿El problema? Pues que generalmente no elige,
sino que se encuentra involucrada en situaciones donde el contexto social y
otros son los que deciden por ellas -especialmente en países en vías de
desarrollo-. "Los fundamentalismos -afirma Diana Sojo- son los que están
generando dificultades al desarrollo de la mujer.
Mientras tres cuartas partes de la humanidad mueren de hambre,
aumentan en los países desarrollados los problemas por sobrealimentación.
Está por ejemplo el caso de Afganistán donde las mujeres
fueron sacadas de los colegios y obligadas a circular con el burka que las aísla
absolutamente del mundo. Hay que luchar contra los fundamentalismos -del signo
que sean- que no dejan opciones a los individuos".
Muchos gobiernos incentivan
de mil formas a la población para llevar a cabo de manera voluntaria la
esterilización: es gratuita, quienes se someten a ella tienen derecho a percibir
sueldo correspondiente a una semana mientras se recuperan de la intervención,
pueden incluso acceder al cobro de los gastos derivados de su viaje al lugar
donde se realiza, etc.
Algunas organizaciones de derechos humanos como Amnistía
Internacional, han denunciado que bajo las políticas de planificación familiar
ciertas dictaduras esconden en realidad planes masivos de esterilización para
acabar con la resistencia étnica de parte de la población de sus países. El
analista portugués Joaquim Trigo de Negreiros pregunta "¿Cuál es la manera más
eficaz de impedir que un pueblo exija su derecho a la libertad? Exterminándolo.
¿Cómo se puede exterminar a un pueblo? Combinando programas de control forzado
de natalidad con transmigración en masa".
Se nota que estamos tocando el punto
más importante que ha estado presente en la batalla de los tiempos, de la
libertad y de los derechos humanos. Este punto es donde coinciden -como quedó
patente en la Conferencia de El Cairo (1994)- Vaticano, fundamentalismos
musulmanes, derechas tradicionales y algún heredero de la izquierda marxista que
hizo famosa aquella frase de "proporcionar hijos para la revolución".
Frase que
antes tuvo sus variantes en Mahoma o Platón con eso de "dar más almas a Dios",
frase también acuñada por la propia Iglesia con la idea de "aumentar el número
de católicos respecto a los demás". Lo resume perfectamente el cardenal Leclercq:
"Casi todas las familias numerosas son católicas, y este excedente de natalidad
es una brillante revancha de la verdad divina sobre las fuerzas destructoras del
error" (recoge Sagreda en su libro "Sexo, población y política"). Estamos
hablando de los intentos de controlar la vida desde el poder y de la oposición
de estos sistemas a la planificación y la reducción de la tasa demográfica. Y
también estamos hablando de los derechos de la mujer y el derecho a asumir el
control de su vida.
Existen recursos y medios tecnológicos suficientes para
mantener a toda la población mundial. Sólo es cuestión de repartir
equitativamente.
La iglesia y los fundamentalismos.
EL papa Juan Pablo II fue duramente criticado cuando
en 1993 decidió viajar hasta Africa, continente que tiene la mayor tasa de
natalidad y también de Sida del mundo- para exigir la no utilización de
preservativo. Ese hecho fue en su día calificado por el propio Parlamento
Europeo como "un auténtico genocidio, un crimen contra la humanidad".
El diario
Times (25-10-93) recogía en sus páginas "El que el Papa Juan Pablo II atraviese
el planeta predicando contra el 'pecado' del control natal en estos días de
desencadenado crecimiento poblacional, hambrunas y recursos cada vez más
escasos, es algo más que inconsciencia o irresponsabilidad. Es una maldad".
"No
es de extrañar, afirma Sagreda, que se hayan levantado muchas voces dentro de la
misma Iglesia contra esa morbosa obsesión, tan contraproducente, como vemos,
respecto a los pecados del 'sexo', mientras que se pasan por alto o incluso
bendicen acciones que atentan directa y masivamente contra la vida, como las
guerras coloniales".
Las ong's tienen mucho que decir al respecto porque se
encuentran trabajando en estos países con problemas llevando a cabo una labor
asistencial directa. Eva Martínez, de IEPALA, cree que "el papel de las iglesias
en este proceso -especialmente la Iglesia Católica- ha sido fundamental por
varios motivos. Por una parte, ha transmitido un modelo social y moral basado en
los designios divinos (por decirlo de alguna manera), que ha motivado la pérdida
de la potestad individual sobre la propia vida y la reproducción. Así, en muchos
grupos sociales se entiende que cada pareja (o cada mujer) tiene los hijos que
Dios le manda o le da, ignorando que cada persona puede decidir sobre su futuro,
el número de hijos e hijas que quiere tener y cuándo quiere tenerlos.
La ONU calcula que en el año 2050 habrá entre
9.000 y 11200
millones de personas en el mundo.
No deja de ser curiosa esa regresión que parece haber sufrido
la mujer en la historia -fenómeno muy estudiado y motivo de mucha literatura-,
donde pasó de ser casi un símbolo en muchas civilizaciones donde era respetada y
valorada; al papel actual de opresión y esclavitud impuesto en la mayoría de las
religiones y creencias.
Población, total de habitantes de un área específica (ciudad, país o
continente) en un determinado momento. La disciplina que estudia la población se
conoce como demografía y analiza el tamaño, composición y distribución de la
población, sus patrones de cambio a lo largo de los años en función de
nacimientos, defunciones y migración, y los determinantes y consecuencias de
estos cambios.
El estudio de la población proporciona una información de interés
para las tareas de planificación (especialmente administrativas) en sectores
como sanidad, educación, vivienda, seguridad social, empleo y conservación del
medio ambiente. Estos estudios también nos dan los datos necesarios para
formular políticas gubernamentales de población, para modificar tendencias
demográficas, y para conseguir objetivos económicos y sociales.
Demografía
Área interdisciplinaria que abarca disciplinas como
matemáticas, estadística, biología, medicina, sociología, economía, historia,
geografía y antropología. La demografía tiene una historia relativamente corta.
Nació con la publicación en 1798 del Ensayo sobre el principio de la
población, del economista británico Thomas Robert Malthus.
En su obra, Malthus advertía de la tendencia constante al crecimiento de la
población humana por encima de la producción de alimentos, e indicó las
diferentes formas en que podría ralentizarse este crecimiento. Diferenciaba
entre frenos positivos (guerra, hambre y enfermedad) y frenos preventivos
(abstinencia y anticoncepción).
El uso cada vez más generalizado de los registros
parroquiales y civiles con datos relativos a natalidad y mortalidad, y de los censos
(a partir del siglo XIX) con referencias al tamaño y composición de la población
ha permitido el desarrollo de la demografía. El avance de las ciencias del
comportamiento, de la estadística y la informática en el siglo XX, también han
estimulado la investigación demográfica y de las subáreas de esta disciplina:
demografía matemática, económica y social. Las Naciones Unidas tienen un centro
de formación demográfica para América Latina, situado en Santiago de Chile.
Datos y medidas demográficos
Los gobiernos modernos y las organizaciones internacionales
están muy interesados en la determinación exacta de su población y del resto del
mundo. Para poder describir la población actual y predecir la del futuro con
exactitud razonable se requieren datos fiables.
Métodos de investigación
Las principales fuentes de datos demográficos son los censos
nacionales, el registro civil y, a partir de la década de 1960, los muestreos a
nivel nacional. Estas fuentes proporcionan el material de base para investigar
las causas y las consecuencias de los cambios de población. La fuente más
habitual es el censo de población, que contabiliza en un cierto momento todas
las personas de un área dada, con sus datos personales y características
sociales y económicas específicas. Un registro civil es la contabilización
continua, por parte de las administraciones locales, de los nacimientos,
fallecimientos, migraciones, matrimonios y divorcios. Su fiabilidad depende de
lo veraces que sean los ciudadanos al proporcionar los datos. En el muestreo se
utiliza una selección estadística representativa de la población total.
En España, los datos de población general se recogen en las
oficinas del censo, y se encuentran en el Instituto Nacional de Estadística.
Algunas Comunidades Autónomas elaboran registros de población, donde se recogen
los datos actualizados cada cinco años, y en todos los municipios suele
disponerse del archivo del Registro Civil, aunque no siempre está completo. En
la mayoría de los países de América Latina se utilizan procedimientos de
registro similares.
Los datos sobre la población mundial son publicados de forma
sistemática por la Oficina de Estadística de las Naciones Unidas en su
Demographic Yearbook (Libro anual de Demografía), por la División
Demográfica de las Naciones Unidas en sus estudios y estimaciones bianuales
sobre la población mundial, y por el Banco Internacional para la Reconstrucción
y el Desarrollo.
Indices de población
La variación en el tamaño de la población viene determinada
por el número de nacimientos, fallecimientos, inmigrantes y emigrantes habidos a
lo largo de un periodo de tiempo dado. Estos factores de cambio se expresan como
porcentajes de la población total para calcular por comparación el índice de
natalidad, de mortalidad, de migración y de crecimiento de la población; los
índices de natalidad y mortalidad se suelen expresar como tantos por mil (‰)
anual. Estos índices dependen en exceso de la edad media de la población, lo que
puede crear importantes distorsiones. Así, por ejemplo, una población con
elevado nivel de vida que incluya un gran número de personas mayores, puede
tener un índice de mortalidad similar al de una población pobre compuesta en su
mayor parte por miembros jóvenes. Por esta razón los demógrafos suelen utilizar
índices que no dependen de la distribución por edades. Dos índices de este tipo
son el índice total de fertilidad y la esperanza de vida en el momento de nacer.
El índice total de fertilidad es el número de hijos que una
mujer podría tener durante su vida fértil si se cumplieran los índices vigentes
de fertilidad cada año. Los países de fertilidad alta pueden alcanzar índices de
natalidad de 40-50‰ (por año), e índices de fertilidad total de 5-7 hijos por
mujer. Los países de fertilidad baja presentan índices de natalidad del 15-20‰,
e índices de fertilidad total de 2 hijos por mujer. La fertilidad a "nivel de
reemplazo" (nivel en que cada persona tiene de media un solo hijo en la
siguiente generación) corresponde a un índice de fertilidad total de 2,1 hijos
en condiciones de baja mortalidad.
La esperanza de vida al nacimiento es la vida media de una
población en la que los riesgos de mortalidad en ese momento a cada edad se
mantuviesen de forma indefinida. Las poblaciones preindustriales se
caracterizaban por grandes fluctuaciones en la mortalidad. Sin embargo, a largo
plazo, los índices medios de mortalidad podrían haber sido del 30-40‰ y las
esperanzas de vida media de 25-35 años. En las condiciones actuales de sanidad,
resulta normal un índice de mortalidad inferior al 10‰ y una esperanza de vida
superior a 70 años.
Un índice importante de mortalidad es el de mortalidad
infantil, la probabilidad de fallecimiento durante el primer año de vida; suele
calcularse como el número de fallecimientos por cada 1.000 nacimientos. Muchos
países poco desarrollados presentan índices de mortalidad infantil superiores al
100‰, es decir, más del 10% de los niños mueren durante su primer año. Los
países con eficaces sistemas de sanidad y de educación tienen índices de
mortalidad infantil del 15‰ o incluso inferiores.
Crecimiento y distribución de la población mundial
Según las estimaciones de las Naciones Unidas, autoridad de
reconocido prestigio en el cálculo de niveles y tendencias de población, la
población mundial alcanzó los 5.300 millones en 1990 y aumenta cada año en más
de 90 millones de personas. El índice de crecimiento (1,7% anual) se encuentra
por debajo del máximo de 2% anual alcanzado en 1970. Sin embargo, no se espera
que el incremento anual absoluto comience a decrecer hasta después del año 2000.
Crecimiento pasado y presente
Las estimaciones de la población mundial antes de 1900 se
basaban en datos parciales, pero los investigadores coinciden en que, en
general, el crecimiento medio de la población se acercó al 0,02‰ anual. El
crecimiento no era constante y variaba en función del clima, producción de
alimentos, enfermedades y guerras.
A partir del siglo XVII, los grandes avances del conocimiento
científico, la agricultura, la industria, la medicina y la organización social
hicieron posible que la población creciera de forma considerable. Las
maquinarias fueron sustituyendo poco a poco la mano de obra humana y animal,
aumentando lentamente el conocimiento y los medios para controlar las
enfermedades. La población mundial se quintuplicó en 300 años (pasando de 500
millones en 1650 a 2.500 millones en 1950) y el crecimiento fue más espectacular
en las regiones donde se inventaron y aplicaron nuevas tecnologías.
Hacia 1950 se inicia una nueva fase en el crecimiento de
población. Se logra controlar el hambre y las enfermedades incluso en zonas que
no habían alcanzado todavía un alto nivel de escolarización o que no estaban
tecnológicamente desarrolladas. Las causas de este cambio fueron el bajo coste
de importación de vacunas, antibióticos, insecticidas y variedades de semillas
de alto rendimiento. Al mejorar la red de abastecimiento de agua, las
instalaciones de alcantarillado y las redes de transporte, aumentaron las
cosechas y disminuyó mucho el número de fallecimientos por enfermedades
infecciosas y parasitarias.
En la mayor parte de los países desarrollados, la
esperanza de vida al nacimiento pasó de 35-40 años en 1950 a 61 años en 1990. La
rápida disminución de fallecimientos en una población con altos índices de
fertilidad hizo que muchos países en vías de desarrollo alcanzaran un índice de
crecimiento anual superior al 3,1%, índice que duplicaría la población en
veintitrés años.
Distribución regional
En 1990 había una población de 1.200 millones de personas en
los países desarrollados y de 4.100 millones en los países menos desarrollados
del mundo. Más de la mitad de la población mundial habita en el este y en el sur
de Asia, destacando China con más de 1.200 millones de habitantes e India con
880 millones. Europa y los países de la antigua URSS representaban el 15%,
América el 14% y África el 12% de la población mundial.
Los diferentes índices de crecimiento regional alteran sin
cesar estos porcentajes. La población de África se duplicará para el 2025,
mientras que la población del Sureste asiático permanece casi constante y la de
Latinoamérica crece a un ritmo fuerte aunque desigual; y las demás regiones,
incluida Asia oriental, disminuyen de forma considerable. Para el 2025 se estima
que el porcentaje relativo a los países desarrollados actuales (23% en 1990)
descenderá al 17%. El 90% de los nacimientos actuales tiene lugar en los países
menos desarrollados.
Concentración urbana
A medida que un país pasa de una economía agrícola a una
economía industrial, se produce una migración en gran escala de los residente
rurales hacia las ciudades. En este proceso, el índice de crecimiento de las
áreas urbanas duplica el índice de crecimiento global de la población. En 1950,
el 29% de la población mundial vivía en áreas urbanas, en 1990 esta cifra era
del 43% y para el año 2000 se estima que aumentará a más del 50 por ciento.
Esa migración a las ciudades conlleva una importante
disminución del número de personas que vive en el campo, y en consecuencia
índices de crecimiento negativos en las áreas rurales. En los países menos
desarrollados, el rápido crecimiento de la población mundial ha diferido este
fenómeno aplazándolo hasta las primeras décadas del siglo XXI. La previsión para
América Latina es que en el año 2020 más de 300 millones de niños vivan en las
ciudades.
Estimaciones de población
La mayor parte de los padres potenciales de las próximas dos
décadas ya han nacido. Esto permite realizar estimaciones de población para este
periodo con fiabilidad razonable, salvo imprevistos. Por otro lado, a lo largo
de dos décadas, el grado de incertidumbre, tanto de los índices demográficos
como de otras características de la sociedad, crece a un ritmo vertiginoso,
haciendo que cualquier estimación resulte sólo especulativa.
Las estimaciones de las Naciones Unidas publicadas en 1990
indican que la población mundial pasará de 5.300 millones de personas en 1990 a
6.200 millones en el año 2000 y a 8.500 millones en el 2025. Las estimaciones
máxima y mínima para el año 2025 son de 9.100 millones y 7.900 millones
respectivamente. El índice medio de natalidad mundial, que en 1990 era del 26‰,
se reducirá al 22‰ para finales del siglo, y al 17‰ en el año 2025 (con la
correspondiente reducción del índice total de fertilidad de 3,3 en 1990 a 2,3 en
el 2025). El mayor porcentaje de población con edades de alta mortalidad hará
que el índice de mortalidad media mundial se reduzca sólo un poco, pasando del
9‰ en 1990 al 8‰ en el 2025. La esperanza de vida media mundial, sin embargo,
pasará de 65 años en 1990 a 73 años en el 2025.
Seguirán existiendo amplias variaciones en el crecimiento de
la población. En el mundo desarrollado, el crecimiento de la población seguirá
siendo muy lento y en algunos países incluso disminuirá. Se estima que la
población de Europa occidental decrecerá a partir del año 2000. En 1996 en las
ciudades de Madrid y Londres había más habitantes de 65 años que menores de 15.
En España el índice de fecundidad es de 1,4 hijos por mujer, siendo uno de los
países, junto con Italia, con menor natalidad del mundo. En el caso
estadounidense, las previsiones hablan de un crecimiento hasta el año 2050,
debido a la inmigración. A partir de este momento el índice de crecimiento será
prácticamente nulo. En cambio, para el año 2000, América Latina tendrá la mayor
tasa media anual de crecimiento del mundo.
Las Naciones Unidas estiman que los países menos
desarrollados tendrán unos índices de crecimiento de población en continuo
descenso. Para el conjunto de países menos desarrollados, el índice de
crecimiento, que en el 1990 era del 2% anual, en el 2025 se reducirá a la mitad.
África seguirá siendo la zona con el índice de crecimiento más alto (en 1990
este índice era del 3,1% y para el 2025 se estima que se reducirá al 2,2%). La
población africana se triplicará pasando de 682 millones de personas en 1990 a
1.580 millones de personas en el 2025 y se estima que seguirá creciendo hasta
duplicar su volumen de población en otros 35 años.
Políticas de población
Las políticas gubernamentales de población pretenden alcanzar
objetivos de desarrollo y bienestar aplicando medidas que, directa o
indirectamente, inciden sobre procesos demográficos como la fertilidad y la
migración. Como ejemplos cabe citar el establecimiento de la edad mínima
reglamentaria para contraer matrimonio, los programas de divulgación de uso de
anticonceptivos y los controles de migración. Cuando estas políticas se adoptan
por razones distintas a las demográficas reciben el nombre de políticas
implícitas.
Políticas de población en los países desarrollados
Los países europeos no tuvieron políticas de población hasta
el siglo XX. Se concedían ayudas a las familias numerosas en países tan dispares
como Gran Bretaña, Suecia, España y la Unión Soviética. Los fascistas italianos
en la década de 1920 y los nacionalsocialistas alemanes en la década de 1930
incluyeron el crecimiento de la población como parte importante de sus
doctrinas.
Japón, con una economía comparable a la de los países
europeos, fue el primer país desarrollado en la era moderna que inició un
programa de control de natalidad. En 1948 el gobierno japonés instituyó una
política que incluía la anticoncepción y el aborto para limitar el tamaño de las
familias.
Las políticas europeas a favor de la natalidad no tuvieron
mucho éxito en la década de 1930 y sus ligeras variantes de las dos últimas
décadas (en Francia, España y en muchos países europeos del este) no parece que
hayan logrado detener la continua y preocupante disminución de la natalidad. El
control gubernamental de la migración parece que resulta más eficaz. La
migración a corto plazo por demanda de trabajo ha sido una práctica común en
Europa occidental y ha dado a los diferentes países la flexibilidad para reducir
la migración durante las recesiones económicas.
Políticas de población en América Latina
Desde su independencia, los países hispanoamericanos se
plantearon los problemas de población derivados del mestizaje y la existencia de
amplias zonas de escasa presencia humana. "Gobernar es poblar", fue una consigna
generalizada, mientras se planteaban programas de atracción de colonos,
preferentemente europeos, que no siempre llegaban con facilidad.
El vertiginoso crecimiento de los índices de natalidad, las
tradiciones y prejuicios religiosos y familiares, las costumbres de fuerte
arraigo, contrarias a la contracepción, han obligado a todos los gobiernos a
desarrollar campañas de información y educación, a promover el control de la
natalidad y los programas de planificación familiar.
Políticas de población en el Tercer Mundo
En 1952 la India fue el primero de los países en vías de
desarrollo que adoptó una política oficial para ralentizar el crecimiento de su
población. El objetivo era facilitar el desarrollo social y económico reduciendo
la carga de una población joven y en constante crecimiento. Estudios para
investigar los conocimientos, actitudes y prácticas sobre anticonceptivos de la
población pusieron de relieve que un alto porcentaje de parejas no deseaban
tener más hijos, aunque algunos ya practicaban una anticoncepción eficaz. Los
programas de planificación familiar fueron considerados como una forma de
satisfacer el deseo de un amplio sector de la población de limitar y controlar
la natalidad.
La reducción del índice de crecimiento en Asia puede
atribuirse sobre todo a las estrictas políticas de control de la población en
China. A pesar de su inmensa población, China ha reducido con éxito los índices
de natalidad y mortalidad. Recientemente, el gobierno está apoyando una política
de familias con un solo hijo con el fin de reducir el índice actual de
crecimiento anual del país del 14‰ al 0‰ en el año 2000.

En 1979, más del 90% de la población de los países en vías de
desarrollo vivía bajo gobiernos que, al menos en principio, permitían el acceso
a anticonceptivos por razones de sanidad y garantizaba el derecho a elegir el
número de hijos y controlar los intervalos entre nacimientos.
Estudios recientes
muestran que en muchos países se están reduciendo los índices de natalidad y de
crecimiento de la población nacional, en parte gracias a los programas de
planificación familiar propiciados por los gobiernos. Los demógrafos
utilizan las tasas de nacimiento y defunción para determinar el crecimiento de
la población y evaluar la salud general de las poblaciones que estudian.
Generalmente, estos porcentajes señalan el número de nacimientos y defunciones
por cada 1.000 habitantes en un año dado, como muestra el cuadro (abajo).
Proyecciones de población
A
la hora de analizar las tendencias de la población mundial, con frecuencia los
economistas distinguen entre naciones desarrolladas y naciones en vías de
desarrollo. Generalmente, las naciones consideradas menos desarrolladas o en
vías de desarrollo tienen un nivel de vida inferior a las naciones
desarrolladas. Una gran parte de la población de estos países vive bajo los
límites de la subsistencia y los recursos médicos son limitados. Como
demuestra el gráfico (abajo) el crecimiento de la población en los
países menos desarrollados ostenta una tasa mucho más alta que la de las
naciones desarrolladas.

TRABAJO REALIZADO POR: ANTONIO MIGUEL DUGARTE
E-MIAL:
ANTONIO_DUGARTE@PANAMCO.COM.VE
ESTUDIANTE DE INGENIERÍA INDUSTRIAL
UNIVERSIDAD JOSÉ MARÍA VARGAS, CARACAS, VENEZUELA