EL FASCISMO EN ITALIA, Mussolini

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IDEOLOGÍAS DEL SIGLO XX: EL FASCISMO DE BENITO MUSSOLINI

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CONCEPTO DE GOBIERNOS TOTALITARIOS O AUTOCRACIAS

mussoliniLA DOCTRINA DEL FASCISMO: En los años 20 aparecen en Europa, como reacción contra la marea ascendente de los socialistas, una serie de movimientos ideológicos que con los medios de la revolución de izquierdas hacen una revolución de derechas. El contenido doctrinal pasa a segundo piano, se da más importancia a los hechos; así Hitler se resiste, al principio, a presentar un programa y Mussolini exclama:

“Nuestra doctrina es el hecho”. Aunque el proceso afecta a varios países europeos sus realizaciones modélicas se materializan en Italia y Alemania. Algunas notas pueden resaltarse en unos movimientos que arguyen el valor adjetivo de las ideas frente al sustantivo de los hechos: 

a) Omnipotencia del Estado. Los individuos están totalmente subordinados al Estado; todo para el Estado, será la fórmula. El Estado totalitario no tolera la separación ni el contrapeso de los poderes, que es en cambio el símbolo de los Estados democráticos. En el campo político se suprime toda oposición, a la que se considera sólo como una perturbación para el buen gobierno; en el campo intelectual el Estado monopoliza la verdad y la propaganda, al tiempo que se rechaza cualquier crítica. “Todo en el Estado, nada fuera del Estado”, sentencia Mussolini 

b) Protagonismo de las “elites”. Una minoría debe gobernar. Se parte de la desigualdad de los hombres, en contraposición al liberalismo decimonónico, basado en la igualdad, y en consecuencia se rechaza la democracia porque concede los mismos derechos a todos. Las elecciones se consideran un espectáculo inútil, una “falacia democrática”; Mussolini niega que el número pueda dirigir las sociedades humanas, y Hitler afirma que “es más fácil ver a un camello pasar por el ojo de una aguja que descubrir un gran hombre por medio de la elección”. 

Esta desigualdad esencial de los seres humanos ofrece reflejos diversos. En primer lugar una desvalorización de la mujer. Las mujeres, dirán los ideólogos nazis, deben estar en su lugar, su objeto deben ser las tres K (Kinder, Küche, Kirche: niños, cocina, iglesia). Argumentando que las mujeres son incapaces de usar las armas se convierten automáticamente en ciudadanos de segunda clase y se procura evitar la mano de obra femenina; el papel de la mujer se centra en el hogar, donde vive subordinada al marido. Más dramáticas fueron las conclusiones racistas que se dedujeron de la desigualdad de los hombres. Mussolini habla de la superioridad de los gobernantes y de la grandeza del pueblo italiano, llamado a regir y dominar a otros pueblos. Hitler desarrolla en Mein Kampf su doctrina de la superioridad de la raza aria.La igualdad democrática se basaba en la tradición judeocristiana, que considera a todos los hombres hijos de Dios. Para el fascismo, que rompe con esta tradición, la desigualdad no sólo es un hecho, sino un ideal. La dicotomía superioresinferiores ha sido bien resumida por Einstein: “En el código fascista, los hombres son superiores a las mujeres, los soldados a los civiles, los miembros del partido a los que no lo son, la propia nación a las demás, los fuertes a los débiles, y (lo que quizás es más importante para el punto de vista fascista), los vencedores en la guerra a los vencidos 

c) Exaltación del jefe carismático. Llevando a sus últimas consecuencias el postulado de la desigualdad de los hombres, una nación fuerte necesita encontrar al hombre excepcional, al superhombre, según la doctrina de Nietzsche; cuando la Providencia lo pone al frente de un pueblo debe prestársele obediencia ciega y seguirle sin titubeos. Max Fritsch presenta en una obra de teatro importante en la dramaturgia de nuestra época, La muralla china, al emperador como “el que nunca se equívoca”, “el que siempre tiene razón”; retrata así irónicamente la concepción del jefe carismático, inspirado. En escenografías grandiosas Mussolini invoca los estilos de la antigua Roma imperial; es el hombre histórico, indiscutido. Hitler utiliza los mitos del romanticismo alemán y organiza grandes concentraciones de escenografía wagneriana, en las que el centro de todas las atenciones y decisiones es el Führer. 

d) Imperialismo. A veces se ha definido el fascismo como un nacionalismo de vencidos, engendrado por la humillación de la derrota. Expresan sus mitos la desorientación de los antiguos combatientes. En Francia los excombatientes se oponían a medidas democráticas, pero su actitud fue menos desafiante que la de los alemanes; los vencidos adoptan posturas de revancha, que la nueva ideología canaliza. Del nacionalismo se pasa con facilidad al imperialismo, una gran nación encuentra su verdadero horizonte en la formación de un imperio, y en relación con él se defiende el principio del espacio vital. Un pueblo superior tiene derecho a disponer de espacio para realizarse y a conquistarlo; esta necesidad se coloca por encima del derecho internacional. 

e) Desconfianza en la razón. La tradición racionalista es uno de los más decisivos legados de Grecia a Occidente; el fascismo rechaza esta tradición y adopta posturas antirracionalistas, desconfiando de la razón y exaltando los elementos irracionales de la conducta, los sentimientos intensos, el fanatismo. En esta línea irracionalista se desenvuelven los dogmas, las ideas indiscutibles, como la superioridad de la raza o del jefe. En contraposición, la democracia estima que ningún tema debe dejar de ser discutido. El tabú, lo que debe aceptarse sin discusión, lo que no puede ser sometido a análisis, es rasgo peculiar de los regímenes totalitarios. 

LAS RAÍCES DEL FASCISMO ITALIANO 

Otto Bauer ha señalado tres procesos sociales, relacionados entre sí, que confluyen en la génesis del fascismo: la Guerra Mundial, la crisis económica y la pérdida de beneficios de la gran industria. 

a) La guerra de clases, es decir, separa de su grupo social, a grandes masas de combatientes. Estos, incapaces de reincorporarse a los modos de vida burgueses, nostálgicos de heroísmo, forman milicias. En Italia se organizan en muchos pueblos tropas de choque, orgullosas de sus condecoraciones y heridas, con hábitos de dar y recibir órdenes, de llevar uniforme y organizar desfiles. Su ideología es militarista, exigen la disciplina de las masas a los jefes. Psicológicamente la guerra crea hábitos definidores del fascismo. Pero lo hemos señalado antes como un nacionalismo de vencidos, e Italia se encuentra en 1918 en el bando de los vencedores. La antinomia es sólo aparente. Se ha hablado, certeramente, de una paz perdida. Italia ha sufrido mucho en la guerra y considera que ha perdido la paz porque no obtiene satisfacción a sus reivindicaciones territoriales. 

b) La crisis económica es otra condición indispensable, hasta el punto de que Angelo Tasca afirma que sin crisis económica no hay fascismo. Las destrucciones de la guerra sumen en la miseria a masas de pequeños burgueses y campesinos, que abandonan desengañadas a los partidos parlamentarios; las devaluaciones de la moneda arruinan a los pequeños propietarios. Con las subidas de los precios se producen en cadena reivindicaciones salariales. A los pequeños burgueses les indigna que el proletariado, arrancando constantes subidas de salarios, afronte la crisis mejor, y odia a los obreros insumisos. 

La situación económica es complicada. La guerra deja un aparato industrial superior a las necesidades normales, y de esta forma la superproducción coexiste con la escasez. Ha de buscarse culpables de esta coyuntura paradójica; la agresividad empieza a considerarse una virtud. 

c) La pérdida de los beneficios de los grandes industriales es considerada por Otto Bauer como una tercera raíz. Ebenstein considera que el desarrollo industrial es una condición esencial para el crecimiento del fascismo; en primer lugar porque pone a disposición de la nueva ideología un aparato técnico indispensable para su propaganda y actividad —radio, transportes—, y en segundo porque su apelación constante a la guerra no puede sino basarse en la posesión de considerables recursos industriales. 

En la posguerra los beneficios, muy altos, que algunos empresarios han conseguido disminuyen rápidamente. Para evitarlo es preciso romper la resistencia obrera por medio de milicias; se comienza apoyándolas financieramente y se termina por cederles el poder. En el campo se producen enfrentamientos de colonos y terratenientes, éstos recurren a los grupos de combate llamados fascios. La clase capitalista había descubierto la forma de romper el impetuoso ataque de la clase obrera. El dinero con que contó el fascismo le atrajo un infraproletarjado de parados, que así recibían un uniforme y una soldada. Al final, lo mismo en Italia que en Alemania, había que destruir el fascismo y ceder al empuje obrero, o entregarle el poder. Los capitalistas se inclinaron por la segunda alternativa.

LA MARCHA SOBRE ROMA

El desencanto ocasionado por los tratados de paz de Versalles, la depresión económica y el avance de la izquierda revolucionaria que amenazaba con desencadenar una guerra civil en Italia, sirvieron de pretexto a Benito Mussolini para exigir en la última semana de octubre de 1922 la formación de un gobierno fascista para salvar la patria de la amenaza socialista y de la anarquía.

El 29 de octubre, Mussolini, invitado por el rey Víctor Manuel III, viajó por la noche en tren expreso desde Milán a Roma acompañado por su séquito y al día siguiente formó gobierno. Apresuradamente, unos 25.000 camisas negras fueron transportados por el Partido Nacional Fascista desde la ciudad de Nápoles a la de Roma, donde el día 31 desfilaron aparatosamente en honor al Duce.

Por obra de la propaganda y la ampulosidad características del movimiento fascista este desfile pasó a la épica mussoliniana como la Marcha sobre Roma. (ampliar este tema)

EL FASCISMO EN EL PODER 

Carente de un autentico programa de gobierno, sin otro bagaje que su ansia de poder, Mussolini va a demostrar una astucia extraordinaria para hacer evolucionar el sistema parlamentario italiano hacia un modelo de dictadura personal. La práctica constitucional exigía el voto favorable de la Cámara, pero constituyendo los fascistas una minoría de una treintena de diputados, resultaba imprescindible el apoyo de la derecha. En conjunto se pueden distinguir dos fases en el proceso de sustitución de las estructuras democráticas; hasta enero de 1925 se cubre una etapa de dictadura solapada, desde esta fecha, de dictadura abierta. 

El primer paso es la consecución de la ley de plenos poderes, a la que solamente se oponen socialistas y comunistas. Dotado de atribuciones que ningún jefe de gobierno anterior había tenido, mientras se recrudecen las violencias de las bandas fascistas Mussolini se consagra a la creación de órganos paralelos a los del Estado, como el Gran Consejo del Fascismo, que puede tomar decisiones políticas y reduce al gobierno a un simple papel administrativo; de manera similar la Milicia para la seguridad del Estado suplanta a la Guardia Real —disuelta en enero de 1923—, y los comisarios políticos (“prefectos volantes”), reclutados entre los “ras”, restan toda autoridad a los prefectos provinciales. En un año Mussolini dispone de un Estado fascista paralelo. Aunque populares y liberales se apartan recelosos y sus periódicos comienzan a criticar a Mussolini, votan muchos de sus diputados la nueva ley electoral —ley Acerbo—, que prevé una sobre representación de la lista más votada (los 2/3 de asientos de la Cámara). Se trata de un suicidio parlamentario, solamente explicable por la capacidad de convicción del líder fascista, que ofrece a algunos partidos presentarse con una lista conjunta. 

En las elecciones de 1924 los fascistas obtienen cinco de los siete millones de votos, pero la resistencia antifascista aumenta por las irregularidades del proceso electoral. 

Al abrirse las sesiones del Parlamento el diputado socialista Matteotti hizo una crítica demoledora del fascismo y de la gestión gubernamental de Mussolini. El eco fue grande en toda Italia; el discurso de Matteotti desató las lenguas. Unos días después el valeroso secretario del partido socialista es raptado y asesinado. La prensa publica artículos indignados contra el fascismo criminal. 

Una parte de los diputados no fascistas, que colaboraban con Mussolini, como Orlando y Albertini, se apartan de él. En ese momento Mussolini lo tenía todo contra él; la Iglesia y el partido populista de Dom Sturzo, los liberales, los socialistas, la corte, la diplomacia, los universitarios. Benedetto Croce niega al fascismo cualquier valor político o histórico y lo califica de “doloroso incidente”. lntelectuales y profesores firman un manifiesto antifascista. Pero Mussolini se queda y sus fieles se dirigen a las provincias para dirigir una campaña de violencia que le afirme en poder. 

La oposición abandona el Parlamento; fue un error, no volvería a ocupar sus escaños. Mussolini declara que oposición es inútil. Durante varios meses de 1924 y 19 parece que el rey va a dar el paso de enfrentarse al di dor; los empresarios se muestran recelosos del giro del acontecimientos; un grupo, dirigido por el senador Ett Conti, intenta persuadir al rey para que despida al dictador; pero el monarca teme el regreso a la anarquía anterior, sólo para poder contemplar después otro tipo anarquía.

 Los partidos políticos desaparecen de la vida pública comenzando por los populistas y socialistas; la prensa aherrojada, los libros subversivos quemados en hogueras públicas, por plazas y aldeas se maltrata o asesina a los enemigos del régimen. Muchos abandonan Italia,  llega a haber 300.000 exiliados italianos, que publican periódico en su idioma. 

Al mismo tiempo, Mussolini, dando muestras de  extraordinarias dotes políticas, prescinde de los extremis de su partido. Cuando plantea un posible programa de vuelta a la normalidad, los “escuadristas” amenazan con un golpe de Estado y precipitan un estallido de violencia durante el año 1925. Es su final; Mussolini otorga poder excepcionales a los prefectos de las provincias y se de sembaraza de los que no le obedecen dentro del moví. miento. Es ya la figura clave. Uno de sus aciertos estriba en oponer ramas hostiles y disidentes del fascio; contra los escuadristas, sector exaltado y demagógico, se lanzan los sindicalistas, que soñaban con apoyarse en masas obreras, sector que tampoco agrada a Mussolini. Del choque de ambos sale robustecido el sector que encabezan Mussolini y Farinacci. 

Con toda la autoridad del Estado y del partido en un solo hombre, el Duce, se declara la ilegalidad de los restantes partidos políticos y la obligatoriedad de su programa para todos los funcionarios del Estado. La educación se somete a un control riguroso. Se organizan numerosas manifestaciones para demostrar la adhesión de las masas al Duce, en torno al cual se suscita un culto desmedido; se le canta como estadista genial, como la encarnación heroica de la nación. Su palacio de la plaza Venecia se convierte en su cuartel general; de su despacho salen nombramientos, ceses, condenas; algunos funcionarios se suicidan al ser convocados. 

En referéndum y elecciones se refleja una paulatina y creciente docilidad política del pueblo italiano. En 1929, en una consulta al pueblo se recogen 8,5 millones de síes y 136.000 no es; en 1934 diez millones de respuestas afirmativas y sólo 15.000 negativas. En las elecciones hay una sola lista que el elector tiene que aceptar o rechazar. 

LA GESTIÓN DE GOBIERNO

Frente al liberalismo, que propugna el libre juego de las fuerzas del mercado, como había postulado Adam Smith, y frente al socialismo, que supone la absorción de la vida económica por el Estado, el fascismo se presenta como una tercera vía, en la que se apoya a la empresa privada pero con una intervención estatal. 

El corporativismo se inspira en los gremios o corporaciones medievales, en los que, se afirmaba, se habían armonizado los intereses de patronos y trabajadores. De la misma manera el Estado corporativo suprimiría la lucha de clases, constituyendo al Estado en árbitro de las disputas dentro de unas instituciones comunes. El intervencionismo estatal fue una construcción jurídica de Alfredo Rocco, con las leyes laborales de los años 1926 y 1927, disposiciones que se resumen en la Carta del Lavoro (1927), que organiza las profesiones en corporaciones verticales de patronos y obreros. El Estado se reserva la última disposición 

Los planes de aumento de la producción se bautizan con denominación bélica. La “batalla del trigo” se inició en 1925; su objetivo era el autoabastecimiento para frenar la pérdida de divisas que provocaba la importación. Se consiguió con el cultivo de tierras marginales y convenciendo a los campesinos para que abandonaran otros cultivos. Una activa propaganda, en la que se presentaba a Mussolini con el torso desnudo, trabajando como agricultor, movilizó a millones de italianos en una empresa cuyo resultado feliz se identificaba con el prestigio de la nación.

Pero la batalla del trigo fue antieconómica. Parte de lo que se ahorró en compra de cereales extranjeros se perdió por el descenso en las ventas de otros productos, se abandonaron cultivos de huerta lucrativos, y en el Sur se antepuso el cereal a los pastos y a la ganadería, cuyos fertilizantes hubieran enriquecido el suelo. La agricultura intensiva, más idónea para una población en aumento rápido, provocado por la “batalla de los nacimientos’, fue olvidada.

 La “batalla de la lira” consistió en establecer una cotización excesivamente alta para la moneda italiana, estableciendo una ecuación entre moneda fuerte y prestigio internacional, pero tal cotización redujo la competitividad de los productos italianos en el mercado exterior y produjo la quiebra de las pequeñas empresas. 

Con gran publicidad se acometió la desecación de pantanos y marismas, la irrigación y la repoblación forestal. El ejemplo más famoso es la desecación de los pantanos pontinos, cerca de Roma; tras la recuperación de la tierra se trajeron colonos del Noreste, y se construyeron ciudades como Latina y Sabaudia. Obsesionado por hacer de esta tarea un escaparate de propaganda para los visitantes extranjeros, el régimen se olvidó de las zonas más alejadas de Roma. Según un estudio de Mario Bandini, de los 2,6 millones de hectáreas en las que se inició alguna tarea de recuperación sólo la décima parte mostró un aumento significativo en la producción y en el número de personas que la tierra podía sostener.  En un clima de falta de libertad muchos intelectuales tuvieron que abandonar Italia. 

facismo hitler-mussolini

Saludo entre los líderes Hitler y Mussolini- Firma de un pacto en Munich

PENSAMIENTO DE MUSSOLINI
La Omnipotencia del Estado

Texto de: La Doctrina del Fascismo , 1932

Como antiindividualista, el sistema de vida fascista pone de relieve la importancia del Estado y reconoce al individuo sólo en a medida que sus intereses coinciden con los del Estado, que representa la conciencia y la universalidad del hombre como entidad histórica [...]. El liberalismo negó al Estado en nombre del individuo; el fascismo reafirma los derechos del Estado como la expresión de la verdadera esencia de lo individual [...]. La concepción •fascista del Estado lo abarca todo; fuera de él no pueden existir valores humanos o espirituales. Entendido de esta forma, el fascismo es totalitarismo y el Estado fascista [...] interpreta, desarrolla y otorga poder adicional a toda la vida del pueblo [...].

Quien dice liberalismo dice individuo, y quien dice fascismo, dice Estado. El fascismo desea que el Estado sea fuerte y orgánico y que se alce sobre fundamentos sólidos que tengan el apoyo popular. El Estado fascista pretende dirigir también el campo económico. Quiere que su acción se oiga en todo el país mediante sus instituciones corporativas, sociales y educacionales y todas las fuerzas políticas, económicas y espirituales de la nación, organizadas en sus asociaciones respectivas, difundidas por todo el Estado [...]. El Estado fascista es una voluntad de potencia y de imperio. La tradición romana es aquí una idea: la fuerza. Según la doctrina fascista, el imperio no es tan solo una expresión territorial, mercantil o militar, sino espiritual"...

Que el fascismo es una doctrina de vida lo demuestra el hecho de que se ha creado una fe y que esta fe ha conquistado las almas; lo prueba el hecho de que ha habido hombres que han muerto por el fascismo y que el fascismo ha tenido sus mártires.

MUSSOLINI LLEGA AL PODER, ITALIA SE ENAMORA....
[Luego de la Marcha sobre Roma de la columnas fascista]...Haciendo uso de su derecho, el Rey, en vez de firmar el decreto, destituyó al débil Primer Ministro De Facta e hizo llamar a Mussolini al despacho real. Horas después, salían juntos. Benito Mussolini era el nuevo Jefe del Gobierno Italiano.

Una muchedumbre lo vitoreó. El paro general llegó a su término rápidamente y Mussolini tuvo su primer encuentro con los parlamentarios. Sus palabras fueron amenazantes. Comenzaría ahora un sistema de gobierno autoritario, de reconstrucción nacional.

En verdad, el gobierno de Mussolini tuvo un sorprendente éxito en sus programas de reconstrucción. El país recobró rápidamente la disciplina y volvió a haber paz social, aunque a costa de sangrientas persecuciones sobre los comunistas y la izquierda en general. Más sorprendente aún fue el aumento de la popularidad de Mussolini y el fascismo así como el portentoso aumento de su prestigio internacional.

Quizás el testimonio más significativo respecto de la personalidad y el gobierno de Mussolini, sea el que proporciona Sir Winston Churchill: "Ya les conté el triste episodio de cómo la política de Baldwin-Chamberlain respecto de Abisinia acarreó sobre nosotros lo peor de dos mundos, cómo se produjo entonces un alejamiento respecto del dictador italiano..." "En los años, a partir de 1924, hice todo cuanto estaba a mi alcance para preservar la tradicional amistad de Gran Bretaña e Italia". "Más aún, en el conflicto entre el fascismo y los bolcheviques, no cabía duda sobre hacia dónde iban mis simpatías y mis convicciones".

El mismo día en que Sir Winston Churchill fue designado Primer Ministro y Ministro de Defensa de Gran Bretaña, la primera carta que escribió, el 16 de mayo de 1940, fue dirigida a Benito Mussolini. Algunas de sus partes dicen:

"... recuerdo nuestras reuniones en Roma y siento el deseo de expresarle a usted, como Jefe del Estado Italiano, mis deseos de buena voluntad por encima de la creciente separación. ¿Es demasiado tarde para impedir que corra un río de sangre entre los pueblos inglés e italiano?" ".. .Yo declaro que nunca he sido adverso a la grandeza de Italia ni, en mi corazón, he sido jamás enemigo del que dicta las leyes de Italia." ... "Escuche mis palabras, se lo requiero con todo honor y respeto, antes de que la señal terrible (de guerra) sea dada. Y no seremos nosotros quienes demos esa señal".

De la ruina total, Italia había vuelto a alzarse como potencia. El mismo Churchill afirma que, si Mussolini hubiera tenido el sentido común que mostró Franco en España, y se hubiese mantenido neutral en la Segunda Guerra Mundial, Italia habría resultado incólume y más poderosa que nunca. Pero la respuesta de Mussolini, referida a la doctrina imperial de Italia, a los rencores de la Primera Guerra y a los pactos de honor que lo unían a Hitler, lanzó a Italia a la vorágine demencial.

Pero esa es otra historia. En 1924, Mussolini había enamorado a Italia y comenzaban los 16 años de luna de miel.

LOS MOVIMIENTOS FASCISTAS:

Además de hacerse con el poder en Italia y Alemania, el fascismo tuvo otras muchas manifestaciones en Europa. En Francia varios partidos se proclamaron fascistas, pero el más importante fue el Partido Popular Francés (PPF), de Jacques Doriot.

En Gran Bretaña, el fascismo se encarnó en la Unión Británica de Fascistas (BUF) de Oswald Mosley. Holanda conoció el Movimiento Nacionalsocialista (NSB) de Antón Mussert, En Bélgica, dividida lingüísticamente, la versión local del fascismo de la Valonia francófona -el rexismo de Léon Degrelle- tuvo un éxito notable, aunque fugaz; en la Flandes neerlandófona, el fascismo caló a fondo en el Movimiento Independentista.

En todos estos casos los movimientos fascistas lograron cierto respaldo, lo que les permitió contar con diputados, concejales, etc. Los únicos países de Europa Occidental donde las estadísticas electorales muestran que el fascismo fue irrelevante son España y Portugal, si bien en ambas se instauraron dictaduras con rasgos corporativistas.

Tampoco tuvo éxito el fascismo en Escandinavia, siendo la Unión Nacional (NS) noruega de Quisling la única muestra de un relativo eco en los países del Norte. Muy distinto fue lo ocurrido en Europa Oriental. En Croacia, la fracción radical del nacionalismo separatista dio origen a un movimiento fascista, los ustachi de Ante Pavelic. La Guardia de Hierro rumana de Corneliu Codreanu y el movimiento de la Cruz Flechada húngara de Ferenc Szalassi encontraron un masivo apoyo popular, sobre todo el primero. Sin embargo, la dictadura establecida en Rumania o el sistema de democracia restringida de Hungría no tenían como objetivo evitar los peligros del comunismo sino el avance del fascismo.

El fascismo también tuvo expresiones en América Latina, con agrupaciones como la Falange Socialista Boliviana o la Liga Patriótica Argentina, entre otras. (Fuente Consultada: Segunda Guerra Mundial Tomo N°1 El Rearme Alemán y el Inicio de la Contienda)


Fuente Consultada:
Cromos Historia del Mundo Moderno
HECHOS, Sucesos que estremecieron al mundo Tomo N°14 Mussolini Enamora a Italia

Biografías - Todo Argentina - Maravillas del Mundo - Historia Universal - Juegos Pasatiempo

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