Su trato con la Muerte "Todos nos vamos a morir. No tengo miedo: me codeo con la muerte todos los días. Mi madre murió a los 91 años, mi padre a los 86; pero eso no quiere decir nada. A pesar de venir de una familia profundamente católica, creo que ''Chau, bueno, se terminó para siempre''. Por eso cada día hay que tratar de hacer lo mejor para uno, la familia y la sociedad. Lo que va a quedar es el recuerdo". Nacido en La Plata, el 12 de julio de 1923, hijo de un carpintero y de una modista, René Favaloro vivió una infancia pobre en el barrio El Mondongo, un barrio de inmigrantes. En los potreros aprendió a amar el fútbol, y se hizo un hincha fanático de Gimnasia y Esgrima. Estudioso, fue un alumno aplicado, que hizo de la autodisciplina una filosofía de vida. En 1949 se graduó como médico en la Universidad Nacional de La Plata. Para él, la medicina era un apostolado, tal como la consideraban los maestros griegos. Desde que era estudiante había pensado en ejercer su profesión en algún pueblo del interior. En 1950 se radicó en Jacinto Aráuz, un perdido pueblito de La Pampa. Casado con María Antonia, su novia de la escuela secundaria, Favaloro pasó a ser en ese rincón pampeano el médico de todos. Austero, vivió con su mujer en una vieja casa. En su libro Recuerdos de un médico rural, cuenta: " En ella empezamos a organizar eso que llamamos clínica y que, en verdad, era sólo un centro asistencial adecuado a las necesidades de la zona". Dos años después de la radicación de Favaloro en La Pampa, llegó su hermano, también médico, y con grandes sacrificios armaron una sala de cirugía. Empecinados, trabajando más de 12 horas por día, los dos hermanos pudieron por fin comprar un equipo de rayos X. Escribía, "Todo lo que ganábamos lo invertíamos para agrandar y mejorar la clínica. Jamás compramos una sola hectárea de campo en Jacinto Aráuz." Pero su destino no era el de ser un buen médico rural. En 1962 viajó a los Estados Unidos a la Cleveland Clinic,
para especializarse en cirugía torácica y cardiovascular. Cinco años después, desarrolló con éxito la técnica del
by-pass aorto coronario.
En 1992, The New York Times lo consideró un "héroe mundial que cambió parte de la medicina moderna y revolucionó la medicina cardíaca". El diario estadounidense no exageraba: Favaloro realizó 13.000 by-pass hasta sus 69 años, cuando decidió dedicarse íntegramente a la enseñanza. Su paso por la célebre Cleveland Clinic, sus hallazgos científicos, le dieron un prestigio internacional que su modestia trataba de atenuar. Es larga la lista de distinciones internacionales que recibió. Pero la que mas lo emociono fue cuando en 1980 la Universidad de Tel Aviv lo designó Doctor Honoris Causa. Regresó a la Argentina en 1971, con la determinación de poner a nuestro servicio su prestigio y meritos en aras de lograr que la medicina estuviera al servicio de la gente. Se hizo cargo del Departamento de Diagnóstico y Tratamiento de Enfermedades Torácicas y Cardiovasculares del Sanatorio Güemes. Desde entonces su prestigio fue en aumento. Organizó la Fundación Favaloro, que ha realizado decenas de trasplantes de corazón en el país. Nunca tuvo pelos en la lengua, denunció la corrupción de la dirigencia política y propugnó una medicina social al servicio del hombre. Le gustaba hablar sobre casi todos los temas, con palabras sencillas pero cargadas de crudeza lógica, que normalmente provocaban rechazo en los sectores de poder. Como Medico lógico y cabal, no dudo en dar a conocer nuevos conceptos, que no siempre caían bien en sus colegas, como el que tomar con moderación un poco de vino y unos tragos de whisky podrían prevenir la ateroesclerosis. Muchas pueden ser las causas de su decisión, pero no NOS DEJEMOS ENGAÑAR: LA ABSOLUTA FALTA DE CONCIENCIA SOCIAL, DE POLÍTICOS Y GOBERNANTES. EL DESMEMBRAMIENTO DEL SISTEMA DE SALUD, EN ARAS DE UNA GLOBALIZACIÓN COMERCIAL Y FINANCIERA, FRÍA Y CRUEL, QUE NO TOMA EN CUENTA AL MAS NECESITADO. LA INDIFERENCIA ANTE SUS RECLAMOS PARA LOGRAR LOS FONDOS QUE EL GOBIERNO ADEUDA A SU FUNDACIÓN. EL VER QUE TODO UN PAÍS, "SU PAÍS", JUNTO CON SUS GOBERNANTES, SE MOVILIZARA PARA SALVAR DE LA QUIEBRA A UN CLUB DE FÚTBOL, Y NO TUVIERAN EN CUENTA QUE SU FUNDACIÓN, CREADA PARA AYUDAR AL NECESITADO, ESTUVIERA DESTINADA A DESAPARECER. FUERAN LOS MOTIVOS PRINCIPALES QUE LO LLEVARON A TERMINAR CON SU VIDA. A principios de 1994, tuve el honor de obtener la desinteresada ayuda del Dr. FAVALORO, en una investigación personal , sobre la Ecología y Medio Ambiente. Sus conceptos, expresados con Humildad y Sencillez, dejaron en mi, una imborrable marca. NO PERMITAMOS, QUE LA OBRA DE TAN ILUSTRE ARGENTINO DESAPAREZCA A CAUSA DE NUESTRA NEGLIGENCIA Y ESTUPIDEZ. Reconocimientos y distinciones Favaloro fue miembro activo de 26 sociedades, correspondiente de 4, y honorario de 43. Recibió innumerables distinciones internacionales entre las que se destacan: el Premio John Scott 1979, otorgado por la ciudad de Filadelfia, EE.UU; la creación de la Cátedra de Cirugía Cardiovascular "Dr René G. Favaloro" (Universidad de Tel Aviv, Israel, 1980); la distinción de la Fundación Conchita Rábago de Giménez Díaz (Madrid, España, 1982); el premio Maestro de la Medicina Argentina (1986); el premio Distinguished Alumnus Award de la Cleveland Clinic Foundation (1987); The Gairdner Foundation International Award, otorgado por la Gairdner Foundation (Toronto, Canadá, 1987); el Premio René Leriche 1989, otorgado por la Sociedad Internacional de Cirugía; el Gifted Teacher Award, otorgado por el Colegio Americano de Cardiología (1992); el Golden Plate Award de la American Academy of Achievement (1993); el Premio Príncipe Mahidol, otorgado por Su Majestad el Rey de Tailandia (Bangkok, Tailandia, 1999). Ramón Regés
Siempre he
creído que toda realidad futura se eleva sobre cimientos de ideales y utopías.
Sin duda, soñar es tarea fecunda. Dejaría de existir si no tuviera por delante
desafíos que involucren por sobre todas las cosas, contribuir dentro y fuera de
mi profesión al desarrollo ético del hombre.
Debe
entenderse que todos somos educadores. Cada acto de nuestra vida cotidiana tiene
implicancias, a veces significativas. Procuremos entonces enseñar con el
ejemplo.
Todos somos
culpables, pero si hubiera que repartir responsabilidades las mayores caerían
sobre las clases dirigentes. ¡Si resurgiera San Martín caparía a lo paisano
varias generaciones de mandantes!.
La ciencia
es una de las formas más elevadas del quehacer espiritual pues está ligada a la
actividad creadora del intelecto, forma suprema de nuestra condición humana.
La ciencia
es la expresión de una necesidad inherente al ser humano y, en todo caso, está
ligada a la función superior de su naturaleza inteligente: la capacidad de
crear.
Proceder con
honestidad en aras de la dignidad del hombre es el compromiso más trascendente
en nuestro corto paso por este mundo.
Ha llegado
el momento, insisto, de detener el girar constante de nuestro planeta.
Examinarlo, examinarnos, hacer el diagnóstico correcto y buscar todos juntos el
tratamiento adecuado. Sólo lo lograremos si entendemos que estamos convocados
por un compromiso ineludible: debemos luchar por una sociedad más justa y
equitativa, sin prejuicios de ninguna índole. Sólo lo lograremos si no nos
apartamos nunca de los lineamientos éticos basados en el respeto a la dignidad
del hombre.
Los
progresos de la medicina y de la bioingeniería podrán considerarse verdaderos
logros para la humanidad cuando todas las personas tengan acceso a sus
beneficios y dejen de ser un privilegio para las minorías.
Estoy
convencido de que a esta sociedad consumista, cegada por el mercado, la sucederá
otra que se caracterizará por el hecho trascendente de que no dejará de lado la
justicia social y la solidaridad.
En cada acto
médico debe estar presente el respeto por el paciente y los conceptos éticos y
morales; entonces la ciencia y la conciencia estarán siempre del mismo lado, del
lado de la humanidad.
Es necesario
insistir una vez más que si no estamos dispuestos a comprometernos
-principalmente los universitarios- a luchar pos los cambios estructurales que
nuestro país y toda Latinoamérica demanda -principalmente en educación y salud-
seguiremos siendo testigos de esta sociedad injusta donde parece que el tener y
el poder son las aspiraciones máximas.
¿Escucharemos alguna vez los mensajes que nos legaron con sus vidas y sus libros
Sarmiento, Hernández, Hudson, Mallea, Martínez Estrada, Agustín Álvarez, Luis
Franco, Julio Irazusta, Henríquez Ureña (por no citar sino algunos pocos) o
seguiremos siendo testigos de la decadencia de la sociedad de consumo?
Por sobre
todo deseo mostrar cómo, mediante una planificación ordenada, con decisión y
tremendo esfuerzo, pudieron realizarse cambios a nivel comunitario que hoy,
luego de muchos años, siguen teniendo en mí una vivencia real y cercana quizá
porque representan la parte más importante de mi vida, la que ha dejado a través
de profunda convivencia huellas que son imborrables en el fondo de mi alma.
Existe en el
país enorme cantidad de tierra improductiva -mucha de ella fiscal- a la que hay
que agregar en estos últimos años centenares de miles de hectáreas que están
allí, al lado de los diques construidos desde Cabra Corral hasta El Chocón,
esperando la mano del hombre para derramar el agua y traer progreso al país.
Sabemos, por ejemplo, que medio millón de hectáreas bajo riego en California
produce la inmensa mayoría de vegetales que consumen los 220.400.000 habitantes
de Estados Unidos de América. Es fácil predecir lo que se podría hacer
transformando más de dos millones de hectáreas dormidas al pie de nuestros lagos
con el esfuerzo mancomunado del hombre y del Estado.
De mi abuela
materna heredé un gran amor por la tierra; no podía vivir sin un huerto. Desde
muy pequeño la acompañaba por las tardes a trabajar en la quinta familiar. Doña
Cesárea fue, sin duda, una de las grandes mujeres que he tenido la suerte de
conocer, quizá la mejor. Se ocupaba de todo lo que correspondía al quehacer de
la casa en aquellos tiempos y todo lo hacía con amor. Sin proponérselo, era el
verdadero centro de la familia. Vivía para ella y para su hombre, mi abuelo,
quien podía jactarse ante sus amigos que hasta sus calcetines estaban tejidos
por su mujer. Excepto en los días de lluvia, terminaba su tarea diaria en el
huerto. Se entretenía y era feliz descansando -porque se descansa cambiando de
tarea-, entremezclada con sus vegetales y frutales. Cuando regresaba de su
trabajo, mi abuelo nos acompañaba. Conocía el arte de injertar y así se podían
ver higueras que producían dos o tres variedades diferentes o un duraznero
injertado con damasco o un ciruelo que, en una misma planta, producía frutos
renegridos junto a otros de color amarillo dorado. La huerta estaba salpicada
por muchos árboles frutales, que mi abuelo cuidaba con esmero. Con él aprendí
los secretos de la poda, que comenzábamos en julio; cada variedad tiene los
propios. El saber conservar en cada una los tallos fructíferos nos permitía
saborear, durante el verano, infinidad de gustos que aumentaban la exquisitez
por su frescura.
Estoy
convencido de que la única manera de rescatar y preservar a los hijos de la
villa miseria es con escuelas hogares. ¿Qué podemos esperar de semejante
promiscuidad que engendra el alcoholismo, el abuso sexual y el incesto, el robo,
la riña y el asesinato? De ahí saldrán los resentidos sociales y el caldo de
cultivo para doctrinas foráneas tan perjudiciales. En estos días en que tanto
hablamos de la Universidad , yo creo que hemos perdido el derrotero en cuanto a
prioridades en la enseñanza. Nos debería preocupar más la primaria y la
secundaria -pues es en la niñez y en la pubertad cuando se forma el ciudadano
del futuro- que la universitaria que si se la analizara en profundidad tendría
que rendir cuentas al país por su ineficacia.
Durante los
años que viví en Jacinto Aráuz, en el camino de regreso a mi casa, con
frecuencia me dejaba cautivar por los hermosos atardeceres -los atardeceres de
La Pampa son realmente fascinantes, quizás por el clima seco y los fuertes
vientos que golpean sobre las nubes- . En esas ocasiones, detenía el auto en
medio de la ruta y, mientras el cielo se encendía con colores tornasolados que
cambiaban a cada momento, mis sueños y utopías se entremezclaban con las nubes.
En esos momentos imborrables la injusticia social ocupaba un lugar en mi mente y
desde entonces nunca dejó de ocupar ese lugar.
Vivo
enraizado con mi país. Pero quizás por mi devoción a San Martín, Bolívar, Sucre
y Artigas a veces sufro más como latinoamericano que como argentino, a pesar de
estar machimbrado con mi tierra.
Nunca recibí
distinciones a título personal. Para mí el "nosotros" siempre estuvo por encima
del "yo".
El
medio ambiente se encuentra en estado de emergencia y los efectos de esta
degradación amenazan la seguridad económica, alimentaria y sanitaria
de los habitantes del planeta, en especial, de los más pobres. Una vez más se
hace evidente la diferencia entre ricos y pobres; si los países pobres
consumieran tanto como los países industrializados, se necesitarían diez
planetas semejantes para abastecer a todos.
La
prevención y el control de enfermedades son fundamentales para el mejoramiento
continuo de la salud de la población. Para ello se deben tomar medidas
destinadas a producir cambios en el nivel de vida de las poblaciones marginadas
y eliminar las desigualdades evitables e injustas en términos de salud y
bienestar individual y colectivo, demanda persistente y creciente de las
sociedades latinoamericanas.
En el
Congreso de Angostura de 1819, Bolívar decía que América debe razonar y pensar
un mundo nuevo en el que La República sea "eminentemente justa, eminentemente
moral, que encadene la opresión, la anarquía, la culpa, que haga reinar la
inocencia, la humanidad, y la paz, que haga triunfar bajo el imperio de las
leyes inexorables, la igualdad y la libertad".
Artigas,
otro hombre excepcional, exigía un lugar para obreros, indios, mestizos y
humildes y resentía poderosamente el privilegio y las pretensiones de las clases
altas. Fue uno de los primeros caudillos políticos que reconoció los peligros
que el libre comercio planteaba a las naciones sudamericanas y fue también el
que propuso considerar a América como patrimonio mítico, una tierra destinada a
ser algo más que un simple apéndice de Europa.
La
prevención debería ser el aspecto más trascendente de nuestra especialidad.
Estoy seguro de que, en el futuro, se harán menos angioplastias y menos cirugías
de revascularización. La prevención, junto con los adelantos de la biología
molecular relacionados con la genética, permitirán disminuir la incidencia de
las enfermedades cardiovasculares.
Es
imprescindible organizar la cooperación internacional entre los países
desarrollados y en desarrollo y luchar todos juntos por una sociedad mejor, con
mayor equidad y justicia social, que haga posible respetar y defender -junto con
las demás conquistas sociales- el derecho inalienable del hombre a gozar de
buena salud.
¿Cuándo se
concretarán los deseos de San Martín, Bolívar, O'Higgins, Sucre y tantos otros?
A la falta de una hermandad solidaria, que debería basarse en su propia cultura,
se agrega la carencia de una adecuada interrelación económica.
A mi
entender lo que más debe preocuparnos es volver a despertar en los niños y en
los adolescentes los valores esenciales, sin los cuales poco importa su
capacitación técnica o profesional. Es indudable que la única manera posible es
por medio de una sólida formación humanística. Una vez más, entendámonos bien,
como lo estableció con claridad don Pedro Henríquez Ureña: humanismo militante
con profundo contenido social en defensa de la libertad y la justicia. La
educación estará permanentemente centrada en la búsqueda "del hombre libre
abierto a los cuatro vientos del espíritu", entendiendo que el goce de la
libertad individual conlleva un compromiso social en procura de un ideal, una
utopía, "el ideal de la justicia" en busca de la "magna patria", "la tierra de
la promisión para la humanidad cansada de buscarla..."
Es imposible aceptar que la supervivencia de esta democracia liberal
consumista de occidente -consecuencia del derrumbe de los regímenes comunistas-
sea el final de la historia, como lo pretendía Francis Fukuyama en 1989. La
presencia de los fundamentalismos religiosos, los exagerados nacionalismos, el
desarrollo económico sin equidad priorizando el enriquecimiento desmedido, la
falta de compromiso social como resultado del individualismo "light" que sólo
busca tranquilidad y satisfacciones inmediatas, el mercantilismo internacional
con la explotación de mano de obra barata, la cultura de la música rock, los
videojuegos y las videocaseteras, el progreso científico sin respeto por la
naturaleza y aun hasta por sus propios semejantes (para citar unos pocos
ejemplos de las graves falencias) nos indican que a la Perestroika sobrevendrá
-no tengo dudas- una "Smithtroika" o una "Jonestroika", como suelo decirles a
mis innumerables amigos norteamericanos.
Estoy absolutamente seguro de que el cambio de rumbo sólo puede lograrse a través de la enseñanza. Sus objetivos principales son:
(De "Don Pedro y la educación") |
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