Unitarios y Federales
Porque Son Autonomistas Porteños?

HISTORIA ARGENTINA: ENFRENTAMIENTO ENTRE DOS IDEOLOGÍA POLÍTICAS

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Biografías de los
Caudillos Federales

 

 

 

 

La Generación del 37

La Anarquía Nacional

Juan Manuel de Rosas

General José María Paz

Batallas Argentinas

Muerte de Dorrego

Facundo Quiroga




El general Juan Lavalle. Desde 1820, Rivadavia y los miembros de la Sociedad Literaria lideraban el grupo porteño de los unitarios. En diciembre de 1828, el general Juan Lavalle encabezó un levantamiento militar contra el gobernador de Buenos Aires, Manuel Dorrego, y los unitarios porteños lo eligieron gobernador y lo reconocieron como jefe. Algunos de los defensores más activos del unitarismo, después de 1828, fueron Salvador María del Carril, Juan Cruz Varela y Florencio Varela.


 
 

Entre 1820 y 1852, diversos grupos sociales con proyectos políticos diferentes se enfrentaron en los intentos por constituir un Estado en las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La diferencia entre los proyectos enfrentados surgía —en primer lugar de la forma de organización política que proponían para el nuevo Estado: unos el centralismo y otros el federalismo. Por esto, es conveniente precisar en qué consistía, jurídicamente, esa diferencia.

La organización política de un Estado puede adoptar, básicamente, dos formas: el centralismo o el federalismo. En el centralismo también llamado unidad de régimen , todos los niveles de gobierno están subordinados al poder central. Además, un régimen centralista generalmente unifica la legislación y la administración en todo el país más allá de particularidades regionales o diversidades culturales. El federalismo, en cambio, se basa en la asociación voluntaria o federación de Estados o poderes regionales, que delegan algunas de sus atribuciones para constituir el Estado o poder central.

Para comprender mejor el período de la historia argentina estudiado, debe descartarse la mal planteada antinomia entre porteños centralistas o unitarios y provinciales federales. Federales y unitarios los hubo tanto en las provincias interiores como en Buenos Aires. 

Después de 1810, los pueblos de las provincias interiores mostraron un fuerte localismo en defensa de sus intereses, que entraban en colisión con los intereses de Buenos Aires.

Más tarde, muchos gobiernos provinciales comenzaron a declararse federales cuando advirtieron que la centralización política fortalecía los históricos privilegios de a ciudad puerto de Buenos Aires. La forma unitaria de gobierno fue sostenida no sólo por grupos porteños sino también por os grupos sociales del interior cuyos ingresos dependían de actividades económicas relacionadas con el puerto de Buenos Aires.

Se trató además de una reacción de las más antiguas y poderosas familias que controlaban los gobiernos provinciales frente al creciente poder de los nuevos jefes rurales.

Todos los gobiernos provinciales que se declararon federales también expresaron, unos en forma más explícita que otros, su voluntad de constituir e país. Para ellos, la constitución era un instrumento adecuado para terminar con los privilegios de Buenos Aires. Una constitución federal podía respetar la autonomía provincial de Buenos Aires y, al mismo tiempo, garantizar los derechos de todas las provincias a participar en la distribución de los ingresos del puerto de Buenos Aires, a través de un Estado central.

De acuerdo con los principios doctrinarios, los federales se oponían a un régimen de gobierno unitario en defensa de las autonomías provinciales. Pero en la provincia de Buenos Aires, la defensa de la autonomía provincial se transformó en una justificación para no ceder la ciudad y el puerto de Buenos Aires a un Estado central.

Por esta razón, entre los federales se distinguieron dos grupos: los federales doctrinarios y los autonomistas bonaerenses. Estos últimos se enfrentaron tanto a los unitarios como a los federales doctrinarios.

Desde 1828, el autonomismo de Buenos Aires se fue identificando cada vez más con Juan Manuel de Rosas —representante de los intereses de tos hacendados y terratenientes de la provincia—. Desde su gobierno sostuvo que antes de organizar la federación las provincias debían mejorar sus respectivas administraciones, y evitó nuevos intentos de constitución de un Estado central.

En la práctica, la ciudad y el puerto de Buenos Aires continuaron siendo el centro organizador de la economía y de a sociedad del nuevo país. Y los gobiernos federales de las provincias del Litoral y del interior siguieron reclamando al gobierno federal de Buenos Aires la libre navegación de los ríos y aranceles de aduana que protegieran sus industrias locales.

Fuente: Historia Alonso-Elizalde-Vázquez



Manuel Dorrego —militar veterano de las luchas contra los realistas— fue un federal convencido que se opuso a la Constitución de 1826, pero no coincidía en todo con los caudillos provinciales. Se lo reconoce como el jefe de los federales doctrinarios porque, para él, el federalismo era una doctrina política de sólidos fundamentos jurídicos (y no la simple autonomía sostenida por la fuerza de un régimen autocrático, como lo entendían los caudillos, según su opinión). Para Dorrego el federalismo era una garantía del régimen republicano y de la libertad, y el mejor camino para estimular la cultura, la población y la riqueza del país.

 


El hacendado Juan Manuel de Rosas fué el jefe de los federales bonaerenses que defendían la autonomía de la provincia de Buenos Aires. Formaban parte de este grupo comerciantes con capital como Braulio Costa, y hacendados y terratenientes como Tomás de Anchorena, Juan N. Terrero y José María Rojas.

Unitarios y Federales
¿QUIENES ERAN LOS BÁRBAROS?

Los años de anarquía y guerras fratricidas que se extendieron a lo largo de gran parte del siglo XIX fueron de una extremada crueldad. Unitarios y federales saqueaban, torturaban, degollaban, empalaban. Ambos bandos hicieron una guerra sin prisioneros.

Sin embargo, mientras algunos pasaron a la historia consagrada como "bárbaros", tal el caso de Facundo Quiroga o Pancho Ramírez, otros no perdieron su condición de "civilizados", como José María Paz. Pero Domingo Arrieta, que fuera su oficial en la "campaña de la sierra", cuenta en sus Memorias de un soldado: "Mata aquí, mata allá, mata acullá, mata en todas partes, no había que dejar vivo a ninguno de los que pillásemos y al cabo de dos meses quedó todo sosegado". Se calcula que fueron 2.500 los muertos y desaparecidos en esta represión "civilizada".

Tampoco Lavalle dejó fama de sanguinario. Sin embargo es suya la proclama contra Estanislao López: "¡La hora de la venganza ha sonado! ¡Vamos a humillar el orgullo de esos cobardes asesinos! Se engañarían los bárbaros si en su desesperación imploran nuestra clemencia. Es preciso degollarlos a todos. Purguemos .a la sociedad de esos monstruos. Muerte, muerte sin piedad". También: "Derramad a torrentes la inhumana sangre para que esta raza maldita de Dios y de los hombres no tenga sucesión".

Quien no puede quedar fuera de esta lista es Domingo Faustino Sarmiento, a quien se parcializa enalteciendo su vocación educativa. En sus instrucciones a Lamadrid escribió en 1840, mimetizado con su biografiado Facundo: "Es preciso emplear el terror para triunfar. Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos.

Todos los medios de obrar son buenos y deben emplearse sin vacilación alguna, imitando a los jacobinos de la época de Robespierre". También: "A los que no reconozcan a Paz (jefe de la Liga Unitaria) debiera mandarlos ahorcar y no fusilar o degollar. Este es el medio de imponer en los ánimos mayor idea de la autoridad" (1845).
Está claro que la historia fue escrita por los unitarios vencedores.

Fuente: Historias Argentinas - Pacho O´Donnell

Origen del Unitarismo y Federalismo


Chacho Peñaloza Estanislao López José Félix Aldao Juan B. Bustos Juan Felipe Ibarra Ricardo López Jordán Felipe Varela

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