FEDERALIZACIÓN DE BS. AS.

LA CIUDAD DE BUENOS AIRES CAPITAL FEDERAL DE ARGENTINA

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FEDERALIZACIÓN DE BUENOS AIRES
ANTECEDENTES:

Problema aún pendiente era cuál sería la capital de la República. Durante el período en que Buenos Aires y la Confederación se encontraban separadas, la capital se había instalado en Paraná. Cuando Mitre asumió provisionalmente el Poder Ejecutivo, luego del triunfo de Buenos Aires sobre la Confederación en Pavón en 1861, la capital fue trasladada Buenos Aires, desde donde se llevó a cabo su política de organización nacional.

En mayo de 1862 se reunió el Congreso Nacional de Buenos Aires para encontrar una solución al problema de la Capital Federal. El proyecto de la federalización de Buenos Aires  fue enviado a la Legislatura bonaerense en agosto de 1862, pero la provincia se negó entregar su ciudad capital.

Tras varios debates, no se llegó a un acuerdo, por lo cual se apeló a una solución temporaria. El gobierno nacional se Instaló en la ciudad de Buenos Aires en calidad de "huésped", coexistiendo en la misma ciudad con el gobierno provincial bonaerense. Como este acuerdo sólo duraba cinco años, tuvo que ser renovado periódicamente hasta 1880, cuando se llegó a una solución definitiva.

Federalización de Buenos Aires
Próxima a su fin la presidencia de Avellaneda, surgieron para reemplazarlo las candidaturas del general Roca y la del doctor Tejedor gobernador de Buenos Aires y paladín de su autonomía. La lucha electoral caldeó los ánimos ; los porteños comenzaron a organizarse militarmente y a efectuar desfiles, so pretexto de ejercicios de tiro; Avellaneda, por su parte, trajo a la capital algunas fuerzas de línea.

El problema de la capital había resurgido en 1867, al vencer el plazo estipulado por la ''ley de compromiso" (1862), que autorizaba por cinco años la residencia de las autoridades nacionales en la ciudad de Buenos Aires, con jurisdicción sobre el municipio. El gobierno nacional era considerado un ''huésped" en la provincia de Buenos Aires, sin soberanía en la ciudad, lo que revelaba su debilidad frente al poder provincial

La candidatura de Roca obtuvo un amplio triunfo en las elecciones primarias,[lo que enardeció aún más las pasiones políticas. El 1° de junio llegó al Riachuelo, un buque con materiales bélicos destinados al gobierno de la provincia.

Avellaneda dio orden de impedir el desembarco; pero el coronel Arias lo hizo efectivo con las tropas a sus órdenes. En la noche del día siguiente, el presidente abandonó la ciudad; el 3 expidió una proclama manifestando que el gobernador de Buenos Aires se había alzado abiertamente en armas y le había puesto en el caso de retirarse con las fuerzas nacionales, para evitar conflictos sangrientos.  El Poder Ejecutivo y una parte del Congreso se instalaron en Belgrano y la capital fue rodeada.

Del 20 al 23 de junio, sitiadores y sitiados empeñaron violentos combates en Barracas, los Corrales (hoy Parque Patricios) y Puente Alsina en general favorables a los primeros, hasta que por iniciativa del cuerpo diplomático extranjero, se pactó un armisticio. Ni la campaña bonaerense ni el resto del país, salvo Corrientes, prontamente dominada, habían respondido a la revolución; Tejedor renunció, y el vicegobernador, José María Moreno, reconoció a las autoridades nacionales.

El momento era propicio para la federalización de Buenos Aires: el Congreso la consagró por ley del 21 de septiembre de 1880. La legislatura de la provincia fue disuelta; la nueva, elegida bajo la presión de los acontecimientos, votó la cesión, a pesar de la elocuente protesta del diputado Leandro N. Alem.

El gobierno provincial fue autorizado para seguir residiendo en la ciudad, mientras estableciera su nueva capital; de dueño de casa pasaba a ser huésped.

El territorio cedido por la legislatura fue ampliado ,en 1877 con la incorporación de Flores y Belgrano, hasta entonces poblaciones separadas. Con esto la Capital Federal alcanzó sus límites actuales.

Algunas ideas para discutir...
Tradicionalmente se ha convertido casi en dogma de la opinión pública la dura crítica contra el "centralismo porteño" y a menudo se ha señalado, en ese marco, como un hecho indudablemente negativo la vigencia de Buenos Aires como capital de la República. Lo cierto es que durante casi toda nuestra historia Buenos Aires lo fue de un modo u otro por gravitación de su propia entidad, por su situación estratégica ya elegida en tiempos de su fundación.

Y no se ha demostrado convincentemente -pareciera- que otra variante hubiera mejorado las condiciones generales del país y de su pueblo. (Tampoco se ha demostrado, dicho sea de paso, que un sistema unitario -elegido y controlado democráticamente y administrado con equidad, se entiende- hubiera sido necesariamente menos beneficioso o hubiera hecho más desgraciados a sus habitantes.

La vigencia del federalismo -ratificado con ardoroso énfasis en discursos, proclamas, declaraciones y mensajes de todo tipo, aun por aquellos déspotas que impusieron dictaduras obviamente centralizadas- no ha impedido, por otra parte, el abuso de poder a nivel nacional o provincial ni garantizado la defensa de los justos intereses y el bienestar de todos los pueblos de la República). En relación con el tema central de estas páginas el plan de federalización de Buenos Aires de 1826 no era en sí mismo necesariamente opuesto a los intereses del interior: años más tarde y después de duras luchas sería retomado por los federales de las provincias y, nuevamente, resistido por intereses localistas de los bonaerenses.

A lo largo de la accidentada historia institucional del país surgieron muchas propuestas para reubicar la capital. Se propusieron como alternativas viables Córdoba, Fraile Muerto y Villa María (en la misma provincia), Villa Constitución (Santa Fe), Paraná, Rosario, San Fernando y San Nicolás (Buenos Aires), la isla de Martín García o, más recientemente, la ciudad de Viedma. ¿Hubieran garantizado, de concretarse, un mejor manejo de los intereses nacionales? No parece estar ahí -en la ubicación de la capital- el verdadero centro de la cuestión. La experiencia parecería indicar que es mejor dejar las cosas como están y resolver las cuestiones verdaderamente de fondo... Seguramente vale la pena considerarlo. (Fuente Consultada: Grandes Debates Nacionales Pagina 12)

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