EL FEMINISMO
QUE SIGNIFICA EL FEMINISMO, CUAL ES SU OBJETIVO?


 

 

La Mujer Vs. El Hombre

 Día Internacional de la Mujer

La Mujer en Afganistán

Mujeres En Argentina


«El feminismo logrará hacer caducos e irrisorios los sistemas anticuados de organización social e internacional en que las injusticias y las subordinaciones se ensañan, ante todo, en las mujeres de todos los países. Hoy herético, el feminismo llegará a ser a teoría y la práctica de millones de mujeres y de hombres en un mundo en busca de una sociedad equitativa”

ANDRÉE MICHEL

La palabra feminisme aparece en la lengua francesa a partir de 1837 para definirla doctrina que preconiza la extensión de los derechos y papel de la mujer en la sociedad. La doctrina feminista, desde su surgimiento ha ido acompañada del acciones múltiples en la lucha por defender los derechos de las mujeres y su papel en la sociedad. En los últimos años la teoría feminista ha forjado conceptos nuevos para el análisis de la condición femenina. La denuncia del sexismo se ha convertido en uno de los pilares de esta ofensiva. El sexismo es la consecuencia de la falacracia (dominación de los hombres sobre las mujeres o  el sistema patriarca) el cual no es sólo una forma de hegemonía, es un sistema que utiliza, ya abiertamente, ya de manera sutil todos los mecanismos institucionales e ideológicos a su alcance —el derecho, política, la economía, la moral, la ciencia, la medicina, la moda, la cultura, la educación, los medios de comunicación, etc.— para reproducir esta primacía de los hombres sobre las mujeres. Cuando el historiador, el etnólogo o el sociólogo abordan la condición de las mujeres, la mayoría de las veces lo hacen de manera androcéntríca, proyectando su propio modelo de los papeles masculino y femenino sobre las sociedades pasadas o contemporáneas. Es sintomático, por ejemplo, que las estadísticas contemporáneas del trabajo no tengan en cuenta la labor desempeñada por una gran cantidad de mujeres en su condición de amas de casa. Según estos criterios las mujeres en el hogar no trabajan, cuando es muy fácil comprobar que el total de sus horas de trabajo doméstico iguala o sobrepasa el total de las horas asalariadas o que dan derecho a un ingreso.

Pero la historia de las mujeres no es sólo la historia de su represión, sino también la historia no menos ocultada hasta hoy de su resistencia en el curso de. los siglos a esta represión y a su encierro. Una protesta que va a acelerarse desde que los ideales de emancipación del individuo, formulados desde el Renacimiento, fueron ganando nuevas capas sociológicas. La protesta culmina hoy en los movimientos de liberación de las mujeres. Éstos tienen lugar principalmente en los países más avanzados del hemisferio norte. En las naciones en vías de desarrollo el movimiento feminista, cuando no es reprimido y clandestino, sólo implica a algunas mujeres instruidas y aisladas, a las que un abismo inmenso separa de las campesinas analfabetas o de las mujeres pobres de las ciudades. No obstante las reivindicaciones feministas expresan, en su mayoría, las preocupaciones de las mujeres de las clases medias de los países del hemisferio norte, y no constituyen prioridades para las mujeres del Tercer Mundo. Por ejemplo, el control de la procreación es una tarea de urgencia para millones de estas mujeres que están abrumadas por la sucesión de las maternidades no deseadas y y que se hallan desesperadas al no poder asegurar un bienestar material y educativo mínimo a sus hijos. Las feministas occidentales son cada vez más conscientes de la opresión que sufren estas mujeres; acusan a sus compatriotas de haber impuesto modelos y prácticas patriarcales al Tercer Mundo, al eliminar a las mujeres de la formación y las técnicas agrícolas, quitándoles sus derechos a la tierra en beneficio del marido cabeza de familia», y obligándolas al éxodo urbano, ámbito en el que no pueden encontrar empleo. Los expertos occidentales del desarrollo no han hecho más agravar el subdesarrollo de dichas mujeres. Esta situación favorece el mantenimiento de las costumbres arcaicas que son mutiladoras para las mujeres. Para tener y suprimir el sistema patriarcal, objetivo de la lucha feminista, hay que conocerlo a fondo en sus aspectos múltiples y en sus fundamentos ocultos más  sólidos. Puesto que se alimenta, primero, del sistema de acumulación (de poder de lucro, etc.), lo que más urge es un análisis de la acumulación a escala mundial y en las relaciones de los países del hemisferio norte con los del hemisferio sur.

Entre las feministas existe el rechazo al sistema de valores impuesto por la sociedad moderna: competencia, culto del crecimiento ilimitado y del lucro, ~ miento del ser humano a la técnica y al economismo, gigantismo de los proyecto alta evaluación del egoísmo de la nación y de la familia nuclear, etc. Ann Tristan afirma que «para tener una oportunidad de estar sobre el camino de la verdad basta con tomar a la inversa todos los valores y las reglas de nuestra civilización masculina capitalista».

Algunos antecedentes: Francia en el siglo XVIII

En la Francia del siglo XVIII, las salonniéres triunfan: cada una se especializa en un espacio en la protección de uno o varios escritores del Siglo de las Luces. La Marquesa de Lambert expresa ideas feministas, Madame de Epinay protege al abad Galiani, Madame de Chátelet, a Voltarie Mademoiselle de Espínasse, D’Alembert, etc. Hijas o mujeres de banqueros desempeñan un papel importante Madame Necker y su hija Germanine de Stáel, abrieron su salón a los liberales. Madamme de Stáel, enemiga encarnizada del misógino Nápoleón, dirigió una cadena periódicos. En su salón, Madame de Condorcet y su marido se volvieron propagandistas de la igualdad de los sexos y de los derechos de las mujeres trabajadoras. En este periodo las mujeres de los medios populares desempeñaron un papel considerable de preparación y de apoyo a la lucha revolucionaria, tanto en París como en la provincia. En Bergerac, de 1770 a 1789, las mujeres participaron muy activamente en los motines a favor de la tasación del trigo. En Grenoble, en 1788, las mujeres dirigen una petición al rey; escriben una lista de sus quejas y denuncian la condición femenina: «Las hijas del tercer estado nacen, casi todas, sin fortuna. Su educación es muy viciosa o muy descuidada». Reclaman su franquicia, el derecho de votar y de ser representadas por ellas mismas, «puesto que los representantes deben tener absolutamente los mismos intereses que los representados, las mujeres no pueden estar representadas sino por mujeres». En 1789, las pequeñas comerciantes, las vendedoras de pescado, las lavanderas, las jornaleras, actrices, costureras, desempleadas, cantantes —alrededor de 4.000— se dirigen a Versalles, de donde volverán junto con la familia real y con el decreto sobre el precio del trigo. Las mujeres de las clases medias fundaron clubes para sostener la Revolución, algunos exclusivamente femeninos. Qlympie de Gouge publicó la Declaración de los Derechos de las Mujeres, cuyo artículo X afirma: «La mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener igualmente el derecho de subir a la tribuna». Condorcet habló ante la Asamblea Nacional a favor de la emancipación de las mujeres, era el mismo que había escrito en 1788: «El derecho de ocuparse directamente, o por representantes, en los asuntos de su país, es un derecho que los hombres tienen no por su sexos sino por su cualidad de seres racionales, que le es común con las mujeres. En 1793, después que las mt4jeres hubieran participado valerosa el esfuerzo de guerra de 1792 se plantean tres preguntas a los diputados franceses: ¿Debe permitirse la reunión de mujeres en París?, ¿pueden las mujeres ejercer los derechos políticos y tomar parte activa en los asuntos del gobierno?, las mujeres pueden deliberar, reunidas en asociaciones políticas o en sociedades A estas tres preguntas, los parlamentarios respondieron negativamente instaurando  así la muerte política de la mujer.

Las reivindicaciones históricas del feminismo

Aún hoy cuando se han alcanzado incuestionables logros en la lucha por la igualdad de la mujer, hay que reconocer que  continúan existiendo mecanismo sociales y culturales que la discriminan. En muchas naciones, la mujer de hoy vota, participa  en la vida pública y política y en teoría, tiene las mismas oportunidades y derechos que los hombres en todos los campos. Sin embargo, no en todos los países se respetan de igual forma estos principios. Incluso en los estados constitucionalmente los plantean, las mujeres siguen siendo victimas de una vieja y sólida cultura machista. La violencia doméstica, el acoso sexual, el trato diferenciado son denuncias cotidianas en las sociedades modernas. La lucha de las mujeres en este sentido tiene una larga historia. La conciencia feminista  actual se nutre de numerosos temas que habían comenzado a ser desarrollados Edad Media.

Por un lado, hay que mencionar la idea expresada en Francia en el siglo XIV (Cristina de Pisán) y en Inglaterra en los siglos XVII (Mary Astell) y XVIII (Mary Wollstonecraft) de que las diferencias entre hombres y mujeres no provienen de la naturaleza, sino de la distinta educación de los dos sexos, y de que el acceso de las muchachas a la instrucción debe prepararlas a asumir todas las funciones que se encuentran prohibidas por la sociedad. Igualmente relevante resulta la protesta contra la muerte civil de la mujer en la familia y su expulsión de las funciones económicas y políticas, difundida en el siglo XVI en Holanda, en Inglaterra en el siglo XVIII y en Francia en los siglos XVII y XVIII. El rechazo de la doble moral sexual fue expresado en el siglo XVII  por las inglesas, y en siglo XIX por las saint-simoniaanas y las feministas del International Council of Women (ICW). Hay que mencionar, igualmente, la teoría de que la liberación de las mujeres sólo podría ser obra de las mujeres, y la posición de las francesas del siglo XIX, según la cual la liberación femenina es inseparable de la de todos los trabajadores. El derecho de la mujer al placer fuera del matrimonio fue reivindicado en el siglo XIX por Claire Demar y las saint-simonianas. Resulta también fundamental la relación establecida en las asociaciones filantrópicas y religiosas de comienzos del siglo XIX y en las asociaciones feministas de fines de dicha centuria entre la lucha por la promoción de las mujeres y la lucha por la paz. En 1870 André Léo enunciaba la creencia de  las mujeres revolucionarias en el fracaso de la democracia porque los demócratas nunca han tomado en cuenta a las mujeres». Finalmente, no puede olvidarse la necesidad para las mujeres de extender su lucha a favor de la sociedad entera, idea formulada por Jane Addams y las feministas del ICW.

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe)

       
"Educad a los Niños Y No Castigarás a Los Hombres "
                                Página Personal No Comercial         Pitágoras
Si Reproduce Esta Información Respete Las Fuentes Que Fueron Consultadas

Resolución Ideal de Pantalla 1024 x 768 pixels