EL FEMINISMO EN LA  SOCIEDAD
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"El feminismo logrará hacer caducos e irrisorios los sistemas anticuados de organización social e internacional en que las injusticias y las subordinaciones se ensañan, ante todo, en las mujeres de todos los países. Hoy herético, el feminismo llegará a ser a teoría y la práctica de millones de mujeres y de hombres en un mundo en busca de una sociedad equitativa”

ANDRÉE MICHEL

manifestacion feminista

Es en 1837, cuando emerge en la lengua francesa, la expresión feminisme, la cual intenta apoyar públicamente los derechos del género femenino en dicha sociedad. Desde el surgimiento de esta doctrina, las mujeres han llevado a cabo luchas incansables para defender sus derechos y su papel en la esfera de la vida publica. Pero es en los últimos años, donde esta teoría feminista ha forjado conceptos nuevos, evolucionando para un mejor análisis al respecto.

Esta ofensiva tiene su punto de partida en las denuncias sobre el sexismo. Entendido a este, como la consecuencia de la falocracia (dominación de los hombres sobre las mujeres o  el sistema patriarcal) y además, no simplemente como una hegemonía, sino como  un sistema que recurre claramente y de manera sutil a todos los mecanismos institucionales e ideológicos que encuentre a su alcance, con el objetivo de reproducir la primacía de los hombres sobre el sexo opuesto. Estos de ámbitos de opresión pueden abarcar desde la política, la economía, la moral, la ciencia, la medicina, hasta la moda, la cultura, la educación, los medios de comunicación, entre otros.

Cuando esta problemática la abordan distintos profesionales, es decir historiadores, etnólogos o sociólogos, la mayoría de las veces lo realizan esbozando desde su propio modelo del roles, tanto masculino como femenino, es decir de una manera androcéntrica. Pero lo representativo de esta cuestión, es que por ejemplo, las estadísticas contemporáneas del trabajo no tienen en cuenta a la condición de muchas de estas personas (el de ser amas de casa), como criterio para evaluar si su labor doméstico es considerado un trabajo similar al de cualquier otro que perciba un salario.

Pero la historia de las mujeres no es sólo la historia de su represión, sino también la historia no menos ocultada hasta hoy de su resistencia en el curso de los siglos a esta represión y a su encierro. La discriminación de la mujer ha sido constante a lo largo de muchas etapas de la historia de la humanidad, en base a una supuesta inferioridad del llamado “sexo débil”.

La lucha por la igualdad y la dignidad de las mujeres, se evidencia hoy en las protestas llevadas a cabo por las mismas como movimientos de liberación. Estas surgen en el Renacimiento, cuando los ideales de emancipación del individuo comienzan a urgirse desde los nuevos estratos sociales. En cambio, hoy estas protestas tienen lugar primordialmente en aquellos lugares en donde la situación de la mujer a mejorado considerablemente, es decir en los países desarrollados. Ya que en las naciones en vías de desarrollo el movimiento feminista, solo es llevado a cabo por aquellas mujeres que pudieron tener acceso a una educación superior, pero lo llevan a cabo en forma clandestina o muchas veces es mandado a ser reprimido tal reclamo justo.

Es así como estas reivindicaciones feministas, en su gran parte, enuncian las preocupaciones de sus pares de los países del hemisferio norte, en particular aquellas que se encuentran en las clases medias, sin tener en cuenta la similar situación de aquellas emergidas en los países del tercer Mundo.  Por ejemplo, hay casos en que las mujeres se encuentran desesperadas por no poder garantizar a sus hijos el mínimo bienestar necesario para cualquier individuo. Esta cuestión es consciente por parte de sus pares del otro lado del mundo, las cuales sostienen que este sufrimiento es causa de los modelos y prácticas guiadas por sus compratiotas a través de distintos hechos, como ser: eliminar a las mujeres de la formación y las técnicas agrícolas, quitándoles sus derechos a la tierra en beneficio del marido cabeza de familia, y obligándolas al éxodo urbano, ámbito en el que no pueden encontrar empleo.

Este subdesarrollo en dichas mujeres, ha sido agudizado por los expertos occidentales, ya que favoreció el mantenimiento de costumbres primitivas que son mutiladoras para las implicadas. Sin lugar a dudas, es necesario conocer en sus aspectos y fundamentos el sistema patriarcal, el cual se alimenta del sistema de acumulación (tanto de poder como de lucro) con el objetivo de lograr suprimirlo, para obtener resultados innegables en esta lucha femenina analizando esto a diferentes escalas, ya sea mundial o en cuanto a las relaciones entre países de ambos hemisferios

No caben dudas, que para impedir la discriminación hay que tener leyes más equitativas. Controlarlas que en la práctica se cumplan, realizar análisis cuantitativos del acceso y oportunidades sociales tomando en cuanto los sexos para ver si participan equitativamente. Y obviamente luchar contra los factores cualitativos que hacen al objetivo de esta lucha social, que establecen barreras difíciles en este mundo moderno muchas veces difíciles de superar. Por que tienen que ver con actitudes que se transmiten en la crianza, educación y que se filtran en los diversos modos de la cultura.

Algunos antecedentes: Francia en el siglo XVIII

En la Francia del siglo XVIII, las salonniéres triunfan: cada una se especializa en un espacio en la protección de uno o varios escritores del Siglo de las Luces. La Marquesa de Lambert expresa ideas feministas, Madame de Epinay protege al abad Galiani, Madame de Chátelet, a Voltarie Mademoiselle de Espínasse, D’Alembert, etc. Es aquí donde  Hijas o mujeres de banqueros comienzan a desempeñar un papel importante. Por ejemplo, Madame Necker y su hija Germanine de Stáel, abrieron su salón a los liberales. La primera de ellas era enemiga encarnizada del misógino Nápoleón, la cual dirigió una cadena periódicos. En su salón, Madame de Condorcet y su marido se volvieron propagandistas de la igualdad de los sexos y de los derechos de las mujeres trabajadoras.

En este periodo las mujeres de los medios populares desempeñaron un papel considerable de preparación y de apoyo a la lucha revolucionaria, tanto en París como en la provincia. En Bergerac, de 1770 a 1789, las mujeres participaron muy activamente en los motines a favor de la tasación del trigo. Por su parte, en Grenoble (1788), las mujeres dirigen una petición al rey; escriben una lista de sus quejas y denuncian la condición femenina: «Las hijas del tercer estado nacen, casi todas, sin fortuna. Su educación es muy viciosa o muy descuidada». Reclaman su franquicia, el derecho de votar y de ser representadas por ellas mismas, «puesto que los representantes deben tener absolutamente los mismos intereses que los representados, las mujeres no pueden estar representadas sino por mujeres». En 1789, las pequeñas comerciantes, las vendedoras de pescado, las lavanderas, las jornaleras, actrices, costureras, desempleadas, cantantes —alrededor de 4.000— se dirigen a Versalles, de donde volverán junto con la familia real y con el decreto sobre el precio del trigo.

Las mujeres de las clases medias fundaron clubes para sostener la Revolución, algunos exclusivamente femeninos. Qlympie de Gouge publicó la Declaración de los Derechos de las Mujeres, cuyo artículo X afirma: «La mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener igualmente el derecho de subir a la tribuna». Condorcet habló ante la Asamblea Nacional a favor de la emancipación de las mujeres, era el mismo que había escrito en 1788: «El derecho de ocuparse directamente, o por representantes, en los asuntos de su país, es un derecho que los hombres tienen no por su sexos sino por su cualidad de seres racionales, que le es común con las mujeres.

En 1793, después que las mujeres hubieran participado valerosa del esfuerzo de guerra de 1792 se plantean tres preguntas a los diputados franceses: ¿Debe permitirse la reunión de mujeres en París?, ¿pueden las mujeres ejercer los derechos políticos y tomar parte activa en los asuntos del gobierno?, y ¿las mujeres pueden deliberar, reunidas en asociaciones políticas o en sociedades? Sin lugar a dudas las respuestas a estos interrogantes por parte de los parlamentarios fueron de carácter negativo, instaurando  así la muerte política de la mujer.

Las reivindicaciones históricas del feminismo

Aún hoy cuando se han alcanzado incuestionables logros en la lucha por la igualdad de la mujer, hay que reconocer que  continúan existiendo mecanismo sociales y culturales que la discriminan. En muchas naciones, la mujer de hoy vota, participa  en la vida pública y política y en teoría, tiene las mismas oportunidades y derechos que los hombres en todos los campos. Sin embargo, en todos los países no se respetan de igual manera estos principios. Incluso en los estados constitucionalmente los plantean, logrando que las mujeres sigan siendo victimas de una vieja y sólida cultura machista. En este caso son: la violencia doméstica, el acoso sexual, el trato diferenciado, denuncias cotidianas en las sociedades modernas. La lucha de las mujeres en este sentido tiene una larga historia, que se  nutre en numerosos temas que habían comenzado a ser desarrollados desde la Edad Media.

Por un lado, hay que mencionar la idea expresada en Francia en el siglo XIV (Cristina de Pisán) y en Inglaterra en los siglos XVII (Mary Astell) y XVIII (Mary Wollstonecraft) de que las diferencias entre hombres y mujeres no provienen de la naturaleza, sino de la distinta educación de los dos sexos, y de que el acceso de las muchachas a la instrucción debe prepararlas a asumir todas las funciones que se encuentran prohibidas por la sociedad. Igualmente relevante resulta la protesta contra la muerte civil de la mujer en la familia y su expulsión de las funciones económicas y políticas, difundida en el siglo XVI en Holanda, en Inglaterra en el siglo XVIII y en Francia en los siglos XVII y XVIII. El rechazo de la doble moral sexual fue expresado en el siglo XVII  por las inglesas, y en siglo XIX por las saint-simoniaanas y las feministas del International Council of Women (ICW).

De igual manera, cabe mencionar que la teoría de que la liberación de las mujeres sólo podría ser obra de las mujeres, y de la posición de las francesas del siglo XIX, según la cual esta liberación femenina es inseparable de la de todos los trabajadores. Sumado a esto, el derecho de la mujer al placer fuera del matrimonio fue reivindicado en el siglo XIX por Claire Demar y las saint-simonianas.

Resulta también fundamental, sumar a ello, la relación establecida en las asociaciones filantrópicas y religiosas de comienzos del siglo XIX y en las asociaciones feministas de fines de dicha centuria lo cual luchaban por la promoción de las mujeres y la por la paz. En 1870 André Léo enunciaba “la creencia de  las mujeres revolucionarias” en el fracaso de la democracia, porque los demócratas nunca habían tomado en cuenta a estas personas de diferente sexo. Finalmente, no puede olvidarse la necesidad para las mujeres de extender su lucha a favor de la sociedad entera, idea formulada por Jane Addams y las feministas del ICW.

Fuente Consultada: Texto Basado en Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe) - Wikipedia - Enc. Encarta

El resurgimiento del movimiento feminista en el período que va desde la década del '60 a la del '80 fue acompañado por un debate entre distintas posiciones en el seno del movimiento.

A partir de esos debates, se hace difícil formular una definición universal de feminismo, como, por ejemplo, aquella que afirma que el feminismo es "la teoría de la igualdad política, económica y social de los sexos". En realidad, estamos frente a un conjunto de hechos y de ideas sobre la posibilidad de construir una identidad femenina, que variaron a lo largo de la historia .

Un primer problema con el que nos encontramos es la delimitación de los distintos grupos, ya que los límites entre ellos se fueron corriendo en el transcurso de estas décadas. Por ejemplo, en Inglaterra, a comienzos de los años '80, se distinguían dos grupos: las feministas radicales y las que se identificaban con la "liberación de la mujer". Las primeras sostenían que la femineidad tenía una base biológica, en cambio, las "liberacionistas" rechazaban esta idea, porque pensaban que la condición de mujer es principalmente social. Por otra parte, el panorama se complica más aún al vincular los diferentes movimientos feministas con las grandes corrientes ideológicas. Se pueden mencionar grupos feministas radicales, socialistas, liberales, etcétera.

Pero, tal vez, uno de los debates más interesantes y profundos se refiere al intento de contestar simplemente: "¿Qué es una mujer?". Al tratar de responder esta pregunta, los diferentes movimientos feministas oscilaron entre construir la categoría "mujer", acentuando la diferencia entre los sexos, o destruir esta categoría, borrando las fronteras entre los sexos. Este debate se conoce como el debate entre las defensoras de la "igualdad" y las que sostienen la "diferencia".

Estas dos posiciones pueden esquematizarse del siguiente modo: las defensoras de la "igualdad", al discutir el lugar social al que quedaba relegada la mujer, tienen como reclamo principal la igualdad de derechos para la mujer y, para esto, es necesario un mundo neutro desde el punto de vista de la oposición sexual. Las defensoras de la "diferencia" sostienen que la posición anterior provoca una pérdida de identidad y "masculiniza" a las mujeres. Esta corriente lucha contra la tendencia que hace desaparecer la diferencia entre los sexos e intenta construir una identidad específicamente femenina. Es interesante destacar que, en los hechos, esta polarización se suaviza, ya que las feministas han reclamado tanto derechos especiales (por ejemplo, licencia por maternidad), invocando la diferencia sexual, como derechos iguales (obtener el mismo salario que los hombres), borrando la diferencia de sexos.

Tomado de: Yasmin Ergas. "El sujeto mujer. El feminismo de los años sesenta- ochenta"
en Historia de las mujeres, T. 10. Taurus, Madrid, 1994.

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