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Enrico Fermi
nació en Roma, Italia, el 29 de septiembre de 1901. Murió 28 de noviembre de
1954. Era hijo de un oficial de ferrocarril, estudió en la Universidad de Pisa
desde 1918 hasta 1922 y más tarde en las Universidades de Leyden y Gottingen.
Se convirtió en profesor de física teórica en la Universidad de Roma en 1927.
El dominio completo de la desintegración del átomo se alcanzó en 1942, cuando el
italiano Enrico Fermi hizo funcionar, en la Universidad de Chicago, la primera
pila atómica. En ella se provocó la primera desintegración autosostenida y
controlada, es decir, la reacción en cadena. La desintegración de un átomo
provoca la de otro, y así sucesivamente, hasta alcanzar la energía y el calor
que se requieren.
A raíz de este trabajo se conoce a Fermi como el "Padre de la
Bomba Atómica. El átomo, intuido y conocido por el hombre desde el siglo V antes
de Cristo, siendo la base fundamental de la materia, ha sido estudiado y
penetrado hasta arrancarle sus secretos y convertirlo, al menos por ahora, en el
elemento más destructor que jamás la humanidad haya conocido.
(Fuente Consultada: Libros Maravillosos Sobre Física)
Sagaz
teórico y brillante experimentador, FERMI, con sus colaboradores, sometió una
larga serie de elementos al bombardeo por neutrones. Una pequeña ampolla que
contenía una mezcla de polvo de berilio y de radón constituía la fuente de
proyectiles y lanzaba por segundo 20.000.000 de neutrones contra blancos
formados por las sustancias elegidas para la investigación.
Las
energías individuales de los proyectiles se repartían sobre una escala amplia;
muchos alcanzaban hasta 8.000.000 de electrón-voltios. La mayoría de los sesenta
y tres elementos que FERMI y sus colaboradores investigaban, cedieron a la
acción transformadora del bombardeo y se volvieron activos. Si bien la duración
de la vida del núcleo activado raramente sobrepasó algunos minutos, FERMI y sus
colaboradores lograron identificar la naturaleza química de los elementos
portadores de la actividad inducida.
De
las sustancias examinadas por FERMI, más de cuarenta se revelaron transmutables
por la irradiación neutrónica. Así los muros del núcleo se habían abierto al
intruso neutrón. Mas, seis meses después de sus primeros ensayos de bombardeó
neutrónico, FERMI y su equipo, guiados por un azar benévolo, realizaron un
descubrimiento de excepcionales alcances. Al procurar mejorar el rendimiento de
las transmutaciones, notaron que la intensidad de la activación como función de
la distancia a la fuente, presentaba anomalías que dependían —así parecía— de la
materia que rodeaba a la fuente neutrónica.
Comprobaron que el pasaje de los proyectiles a través de sustancias hidrogenadas
como agua y parafina, en vez, disminuir —como hubiera podido creerse—, aumentaba
de manera sorprendente, a menudo en la relación de uno a cien, la eficacia de
los proyectiles y la consiguiente actividad de la materia bombardeada.
FERMI interpretó con admirable sagacidad el efecto imprevisto: los neutrones —al
penetrar en la sustancia hidrogenada— pierden rápidamente energía en sus
reiterados choques con los protones.
Expulsados por la fuente con una velocidad de varios millares de
kilómetros por segundo, se convierten al atravesar una pantalla de parafina en
neutrones lentos con una velocidad del orden de un kilómetro por segundo, casi
desprovistos de energía y mas o menos en equilibrio térmico con la materia que
los rodea.
El
efecto descubierto por FERMI es sumamente extraño y sin modelo en nuestro mundo
microscópico donde la eficacia de los proyectiles crece con su energía cinética.
Lo mismo sucede con proyectiles cargados en el mundo microscópico. Los
físicos que habían bombardeado los blancos atómicos con partículas alfa,
con deutones o protones, pusieron su empeño en acelerar los proyectiles: los
tubos de descarga de COCKCROFT los generadores electroestáticos de VAN DF GRAAFF,
los ciclotrones LAWRENCE, fueron inventados y construidos, en primer término
para servir a esa finalidad. Antes del descubrimiento de FERMI los
investigadores hubieran comprendido difícilmente que e: menester moderar la
velocidad de un proyectil para aumento su eficacia.
Mas
con los neutrones que no llevan carga y que por ende, están libres de toda
repulsión por parte de las barro ras de potencial eléctrico de los núcleos, el
problema cambio de aspecto. Dada su pequeña velocidad, los neutrones lento
—explicó FERMI— tienen tiempo para sufrir la acción de lo núcleos que atraviesan
y dejarse capturar por éstos gracias a un efecto de resonancia con las capas
neutrónicas de los núcleos efecto del cual la mecánica ondulatoria permite dar
cuenta.
La
facilidad con que los neutrones lentos se incorporan en los núcleos, provocando
su transmutación, permitió a FERMI y a sus colaboradores producir isótopos
radiactivos de una larga serie de elementos Los isótopos así obtenidos, más
pesados que la sustancia primitiva, se desintegran expulsando electrones
negativos; como la pérdida de una carga negativa equivale a la ganancia de una
Positiva, se forman de esta manera nuevos núcleos con números atómicos más
elevados que el núcleo primitivo. Este proceso que FERMI encontró como regla
para el bombardeo neutrónico de los elementos pesados, cobró particular interés
cuando el físico italiano atacó en 1934 al más pesado de los elementos
naturales, el uranio.
El
núcleo de este último radiactivo en estado natural, se desintegra irradiando una
partícula alfa, disminuyéndose así en dos su número atómico. Sin embargo, era de
esperar que el núcleo de uranio, expuesto al bombardeo neutrónico, al capturar
un neutrón, se desintegrara con emisión de un electrón, lo cual aumentaría su
número atómico en una unidad, formando entonces un elemento desconocido de
número 93.
Si
éste resultaba radiactivo a su vez, podía dar nacimiento a un elemento de número
94 expulsando un electrón. Átomos nuevos, inexistentes en la naturaleza
terrestre, aparecerían así y ocuparían en la tabla de
MENDELEIEV casillas
situadas mas allá del uranio, elementos transuranianos.
En
efecto, en la primavera de 1934, FERMI creía haber producido núcleos con números
atómicos mayores que el del uranio. Guiada por la misma hipótesis, IRENE CURIE,
procuró establecer la naturaleza química de la enigmática sustancia engendrada
por el bombardeo neutrónico del uranio.
Llegó
al sorprendente resultado de que las propiedades del elemento desconocido eran
análogas a las del lantano. El número atómico de este último es 57, el número de
su masa 139; los números correspondientes de uranio son 92 y 238. ¿Cómo admitir,
se preguntó IRENE CURIE, que la desintegración del uranio hubiese producido
lantano?. (imagen izq. Irene Curie y Su esposo Joliet)
Todas
las reacciones nucleares conocidas hasta entonces habían llevado a elementos
cercanos en número atómico y en número másico a los de la sustancia primitiva.
Ni IRENE CURIE ni su colaborador PAUL SAVITCH sospecharon que se encontraban
ante una reacción nuclear de tipo completamente nuevo, y estaban lejos de pensar
que el intrigante fenómeno con que habían tropezado tenía alcances formidables,
superiores a los del supuesto hallazgo de un elemento transuraniano. La
presencia del lantano entre los productos de la desintegración del uranio, hizo
nacer dudas en el espíritu del físico berlinés OTTO HAHN (1879-1968), quien
resolvió repetir y verificar a fondo las experiencias parisienses.
Para
identificar los nuevos radio-elementos, HAHN y su colaborador FRITZ STRASSMANN
(1902) (foto derecha: Hahn y Meitner) acudieron a los procedimientos clásicos de
precipitación y cristalización fraccionadas. Sin embargo, cuando trataron de
separar el nuevo radio-elemento del bario —empleado como elemento de arrastre—,
fracasaron todos sus esfuerzos.
Ante
la imposibilidad de realizar la aludida separación, HAHN y STRASSMANN terminaron
por admitir, tras muchas vacilaciones, que el núcleo de uranio bombardeado por
neutrones, en lugar de limitarse emitir partículas de pocas masa, se habría
quebrado en gruesos fragmentos, de los cuales uno sería posiblemente el núcleo
del bario y el otro probablemente el del kriptón.
Las
masas de los dos fragmentos serían sólo aproximadamente iguales, ya que la
ruptura puede producirse de distintas maneras y puede originar incluso más de
dos fragmentos. Hipótesis osada fue ésta HAHN y STEASSMANN formularon en enero
de 1939 con toda las reservas, puesto que ese tipo de reacción nuclear no tenía
precedentes en la experiencia.
Sin
embargo, el irrecusable testimonio de los hechos no tardo en apuntalar
sólidamente la Suposición de los dos investigadores y las confirmaciones que
afluyeron de todas partes pusieron pronto fuera de duda la realidad del fenómeno
que HAHN y STBASSMANN habían bautizado como KERNSPAITUNG: partición o “fisión”
del núcleo uránico. El nuevo fenómeno concentró casi inmediatamente el interés
de todos los laboratorios de física atómica en el viejo y en el nuevo
continente.
En
efecto, si el núcleo de uranio se divide en gruesos fragmentos, la suma de las
masas de estos es considerablemente inferior a aquella del núcleo inicial. En
lugar de la masa que desaparece , se libera una cantidad extraordinaria de
energía, a la que el cálculo asigna por núcleo cerca de 200.000.000 de
electrón-voltios. Así, la ruptura de todos los átomos presentes de una
molécula-gramo de uranio liberaría una cantidad de energia equivalente a
6.000.000 de kilovatios-hora, la suficiente para llevar a la ebullición
instantánea 50.000.000 de litros de agua.
Dos
investigadores expulsados de Alemania por el régimen hitleriano, LISA MEITNER
(1878-1969) y ROBERT FRISCH (1904), simultáneamente con aportar la primera
prueba experimental al fenómeno de HAHN y STRASSMANN, bosquejaron una teoría de
la “fisión” nuclear. ¿Cómo explicar que una excitación moderada la captura de un
neutrón, baste para producir una ruptura explosiva del núcleo? ¿Por qué esta
captura provoca fisiones en los núcleos más pesados y no en los livianos?
La respuesta que MEITNER y FRISCH sugirieron se inspiró en el modelo de BOHR
del núcleo.
BOHR
había asimilado el núcleo a una gota líquida; ésta, puesta en vibración, puede
quebrarse en dos gotitas más pequeñas, como el núcleo puede dividirse en dos
fragmentos gracias al aporte de una energía exterior. El fenómeno tiene mayor
probabilidad de producirse cuanto mas pesado y menos estable es el núcleo
considerado. En el núcleo muy complejo del uranio repleto de protones, las
fuerzas repulsivas que se ejercen entre las partículas cargadas son casi tan
grandes como las fuerzas de intercambio protono-neutrónicas garantes de
la cohesión del núcleo.
Es
pues lógico admitir, concluyeron LISA MEITNER y FRISCH, que una excitación
moderada de esos núcleos puede determinar su ruptura. Guiado por consideraciones
teóricas, BOHR (foto izquierda)y su discípulo WHEELER reconocieron, en febrero
de 1939, que el uranio “fisionable” por neutrones lentos no es el isótopo
corriente con el número másico 238, sino el isótopo raro con número másico 235,
presente en el uranio natural en cantidades muy reducidas (0,7%). Poco antes
FERMI había sugerido que durante el proceso de la “fisión” del núcleo de uranio,
además de los pesados fragmentos animados por una tremenda energía cinética, se
lanzan también neutrones.
Esta
suposición abrió una perspectiva de formidables alcances e hizo entrever la
posibilidad de una reacción auto sustentadora, es decir, una reacción en cadena,
capaz de poner al alcance del hombre la liberación de la energía atómica en una
escala ponderable.
En
efecto, por considerable que sea la energía de 200.000.000 de electrón-voltios
liberada por la ruptura de un solo núcleo, la cantidad total de la energía
liberada no pasaría de la escala microscópica, si solamente parte infinitesimal
de los núcleos presentes se desintegrara por el bombardeo. Pero el problema
cambia de aspecto si el proyectil neutrónico expulsa del átomo neutrones que
pueden servir a su vez como proyectiles.
Al
penetrar éstos en los núcleos vecinos, producen nuevos proyectiles, y de esta
manera la “fisión” de un núcleo entraña rápidamente la de otros y la reacción,
una vez desencadenada, es susceptible de mantenerse por sí misma, propagándose
como fuego en un pajar. Distinta en todos sus aspectos de las reacciones
nucleares estudiadas hasta entonces, la reacción en cadena prometía la
utilización práctica de la energía nuclear, ya como fuerza propulsiva de
máquinas, ya como explosivo para superbombas.
Esta
promesa dio excepcional importancia a la perspectiva abierta por FERMI y
confirió jerarquía histórica a la reunión de eminentes físicos realizada a fines
de enero de 1939 en Washington en la que el problema fue discutido.
Fuente Consultada: Historia de la Ciencia Desidero Papp
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