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NUEVAS CUESTIONES ACERCA DEL SENTIDO TRANSMUTACIÓN DE
LOS VALORES
ARTHUR SCHOPNENHAUER:
Como
Hegel y como numerosos pensadores anteriores a él, Schopenhauer desarrolló una
filosofía con una pretensión explicativa muy comprehensiva cuyo objetivo es
averiguar lo que “mantiene unido el mundo en su interior”. Pero dos
planteamientos centrales de su pensamiento lo alejan de la tradición metafísica.
Schopenhauer no empieza ni acaba con Dios, con el ser, con la conciencia aislada
o con sus experiencias y conceptos, sino con el ser humano.
Su
relación con el mundo es iluminada, desde un principio, filosófica y
epistemológicamente, pero su conocer es contemplado junto con su corporeidad,
sus necesidades y su implicación en la actividad inacabable de las situaciones
vitales. Esta implicación es vista por Schopenhauer como un estar entregado,
como sufrimiento, y a partir de estoy rompiendo también con la tradición
europea, la totalidad de su doctrina es pesimista. (El pesimismo de Schopenhauer
no debe ser entendido preeminentemente como la ausencia de esperanzas en el
futuro, sino como una actitud negativo-crítica, de rechazo al mundo ya la vida.)
El título de la obra central de Schopenhauer, El mundo como voluntad y
representación (1818), expresa, como él mismo afirma, “el único pensamiento”
acerca del cual disertan todos sus escritos.
La
“y” del título contiene un elemento de este pensamiento, ya que se trata de la
relación de des aspectos del mundo, de cómo los experimentamos y los
interpretamos, El mundo como voluntad y representación, así resume Schopenhauer
la crítica moderna al realismo simple, según el cual vemos y conocemos el mundo
tal como ea en realidad. En cambio, Kant, dice Schopenhauer, explicó
concluyentemente que sólo nos son dadas las “apariencias”, nunca una “cosa en
sí”. Espacio, tiempo, causalidad, determinan nuestro mundo, son a su vez
determinaciones a priori en nosotros, y sólo nos pueden ser atribuidas a
nosotros, los sujetos de la experiencia. “Apariencia” es para Schopenhauer en la
mayoría de los casos lo mismo que “representación”, y una y otra, distan-dándose
de Kant, son entendidas más o menos en el sentido de “mere apariencias”.
“Estamos hechos de la misma materia que los sueños, y nuestra pequeña vida está
rodeada del sueño”: estas palabras de la Tempestad de Shakespeare expresan para
Schopenhauer más que un mero pensamiento poético. La vida en vigilia con sus
regularidades, continuidades y recuerdos es distinta del sueño, pero en
principio el mundo como representación es onírico, aunque para nosotros es el
“velo de Meya” real e irrebasable. Más allá de las representaciones no hay nada.
Aquí Schopenhauer critica la idea de Kant de cosa en si como un tipo de causa
completamente incognoscible, que actúa sobre nuestra recepción sensible.
La
cosa en si es más bien algo que no se encuentra en una relación causa-efecto
(que sólo existe “en” las representaciones) con las representaciones, a las que
sí que poseemos un acceso, en un determinado modo de la vivencia. Esta vivencia
es la auto experiencia corporal. Nuestro cuerpo visto en términos de crítica del
conocimiento es una representación, como todas las cosas del mundo exterior,
pero es también algo completamente distinto, algo que es movido por la propia
voluntad de la vivencia. ¿Cómo se relacionan el impulso de la voluntad, p. ej.,
de mover el brazo, y el brazo en movimiento percibido por mí? Para Schopenhauer,
no existe de modo alguno en primer lugar la voluntad y después el movimiento.
Movimiento y voluntad de movimiento son una y la misma cosa”, existente de
maneras distintas, a saber, como voluntad y como representación. “La acción del
cuerpo no es Otra cosa que el acto de la voluntad objetivado, es decir, que ha
pasado a la intuición.” Esto puede ser expresado de modo más acentuado aún: “La
totalidad del cuerpo no es otra cosa que la voluntad objetivada, es decir, que
ha devenido representación”.
Partiendo de aquí Schopenhauer identifica una voluntad del mundo supraindividual
con la cosa en si, que en el sentido kantiano no puede ser un objeto de la
experiencia y del conocimiento. Pero, a partir de la analogía de la experiencia
del cuerpo, realiza afirmaciones metafísicas sobre la voluntad. Como para
Schelling y Hegel hay una totalidad, un absoluto, que en sí mismo se diferencia
y se objetiva. Pero en contraposición total con el “espíritu” de Hegel, la
“voluntad” de Schopenhauer es irracional, ciega y carente de sentido. La
voluntad como un anhelo insensible es incompletitud, carencia; ésta es la base
de su automovimiento insaciable.
Este
conduce a objetivaciones que en la forma originaria <es decir, “previa” al ser
humano) y no existente del mundo como representación adoptan la forma del cosmos
inorgánico, después la de lo orgánico, animado y, finalmente, (con el ser
humano) la de la conciencia. Al aparecer este aspecto en la existencia, la
voluntad en cierto modo se ha engañado a sí misma, ya que con la voluntad y la
facultad de reflexión se ha dado simultáneamente la libertad para autonegar la
voluntad (en su representación en los seres humanos concretos). La forma
adecuada de la negación de lo absurdo no es para Schopenhauer el suicidio, el
cual rechaza, sino el ascetismo. Existe, no obstante, otra forma de alcanzar la
libertad de la voluntad, por lo menos en momentos señalados. En la “experiencia
artística” desaparecen todas las finalidades y los horizontes particulares de la
vida, todos los anhelos y necesidades involuntarios. El ser humano deviene un
“sujeto puro de conocimiento”, la rueda de Ixión se detiene (referencia a una
torture mítica, que simboliza al mismo tiempo el paso circular y sin mete del
tiempo y la inmutable determinación del acontecer).
Fuente Consultada: Historia de la Filosofía
-Desde la antigüedad hasta nuestro días -
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