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Florentino Ameghino
(1854 - 1911)
Naturalista, Paleontólogo y Antropólogo
También considerado climatólogo, geólogo y zoologo.
Nació
en Villa del Luján, de la Provincia de Buenos Aires, el 18 de septiembre de
1854, hijo de don Antonio Ameghino y de doña María Dina Armanino. (hay
versiones que dicen que nació en Génova, pero él declara que nació en
Luján)
En Ameghino su interés por
la paleontología comenzó muy de pequeño, cuando le preguntó a su padre de dónde
venían los restos de caracoles que había encontrado en la barranca del río
Luján, cerca de su casa, y éste le respondió que los traía el río. Florentino
consideró que no debía ser así porque la corriente no podría enterrarlos, y
decidió que averiguaría por qué estaban allí y cómo habían llegado.
Tenía dos hermanos, llamado Juan y Carlos que
le ayudaron en muchas oportunidades, pero Carlos fue siempre un excelente
colaborador sobretodo en arduas y lentas exploraciones.
Puede
considerarse como la primera gran figura de la ciencia nacional y la que
alcanzó, seguramente, mayor trascendencia internacional.
Fue un autodidacta, que puso por alto el prestigio científico del país sin más
fuerzas que su formidable tesón y el apoyo de su hermano Carlos, y sin más
financiamiento que los exiguos fondos obtenidos de una librería, negocio que
manejó durante años en La Plata.
Su
formación primaria la realizó en forma particular y como entretenimiento
infantil recogía huesos en las barrancas de Luján. En Buenos Aires siguió
los estudios secundarios que no concluyó y enseguida se trasladó a la localidad
bonaerense de Mercedes, donde fue maestro, director de una escuela y dedicó
nueve meses al estudio geológico y paleontológico de los terrenos de la llanura
pampeana.
Ameghino fue
un brillante autodidacta en paleontología, geología, antropología y anatomía
comparada. Ya de adolescente, aprendió idiomas para poder leer a los principales
científicos de la época, como el geólogo británico Charles Lyell, y
adhirió a la teoría de Darwin.
Cuando tenía
17 años le presentó a Germán Burmeister, entonces director del Museo de
Buenos Aires y autoridad máxima de las ciencias en el país, sus primeros
descubrimientos. Pero a éste las investigaciones del joven provinciano no le
inspiraron confianza ni le parecieron de interés. Al contrario de lo que podría
creerse, esto no desalentó a Ameghino, que más tarde diría: “Pero para algo
sirve la desgracia... la incredulidad e indiferencia que encontré hirieron mi
amor propio, me obligaron a estudiar y buscar medios de acumular nuevos
materiales”.
Siempre vivió estudiando, investigando y
luchando por conseguir medios económicos para crecer en su actividad científica.
En
1875 dio a conocer las primeras especies nuevas que había descubierto. En el
mismo año, se presentó en un concurso-exposición organizado por la Sociedad
Científica con siete cajas de fósiles. Pero a los jurados poco les interesaban
aquellas reliquias y sólo las premiaron con la última de las catorce menciones
honoríficas. Ameghino insistió al año siguiente con una memoria sobre el
cuaternario -la más reciente era geológica- que ni siquiera fue considerada.
Decidió viajar a Europa, y presentar su crecida colección de huesos en la
Exposición Internacional de París de 1878 y
gracias a su trabajo en
la escuela puedo financiar en 1875 su primer viaje a Uruguay. Mas tarde con el
apoyo del pueblo natal pudo viajar a París en 1878 y exhibir su colección de
huesos en la
Exposición Universal donde logró la admiración de los científicos mas destacados
de su época.
Su viaje a Paris le demandó tres años y debió
vender parte de los objetos llevado, por 40.000 francos, y con ese dinero
financió la edición de
La antigüedad del hombre en el Plata,
una de sus principales obras
y
Los Mamíferos fósiles en la América Meridional.
Al poco tiempo debió volver a vender mas material de su colección (que no se lo
aceptaban en museos de la Argentina); hacia 1892, setenta piezas de su colección
fueron destinadas a un museo de Munich y, tres años más tarde, se vio obligado a
vender al Museo Británico una colección de unas 380 aves fósiles. El objetivo
era, como siempre, financiar nuevas investigaciones.
Como curiosidad histórica hay que destacar
que cuando regresa de Europa,
llega casado con una joven parisina Leontina Poirier y pobre y como si
fuera poco, se encuentra que había sido exonerado de su cargo de director de la
escuela de Mercedes por abandono del puesto.
En 1886, Francisco Moreno lo nombra vicedirector
del Museo de la Plata, en el cual Ameghino aporta su propia colección de
huesos, pero lamentablemente al poco tiempo estos científicos entran en un
conflicto debido a diferencias y celos profesionales y pierde el cargo
oficial. Como salida decide abrir un negocio de libros y en donde por tercera
vez volvió a iniciar una colección de fósiles, ya que Moreno le había prohibido
la entrada al museo y no podía estudiar sus propios fósiles.
Su obra publicada —185 títulos que totalizan unas 20.000
páginas— hace referencia tanto a la descripción de piezas fósiles, en gran parte
halladas por él, como a apoyar su teoría sobre el origen americano del hombre.
Para Ameghino, la especie humana había evolucionado en las Pampas argentinas,
desde donde habría migrado al resto del planeta. Y para probarlo se sirvió de
todos sus hallazgos paleontológicos.
De todas
maneras en su etapas de comerciante, Ameghino desplegó un gran esfuerzo creador:
Filogenia (otro libro de su autoría) le brindó el reconocimiento nacional
y mientras fue librero en La Plata publicó el trabajo premiado en Paris y
mantuvo acaloradas polémicas con científicos nacionales y extranjeros.
Un
año después presentó en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias su obra
magna, compuesta por 1028 páginas y un atlas: Contribución al conocimiento de
los mamíferos fósiles de la República Argentina.
En la
exposición de París de 1889,obtuvo uno de los mayores logros científicos
internacionales de la época: la medalla de oro y el diploma de honor, por su
contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de Argentina, escrita en
poco mas de un año, entre grandes dramas económicos. Este reconocimiento lo
ubicó entre las pocas figuras mundiales del
enfoque paleontológico de la biología evolutiva.
Ameghino murió en La Plata, el 6 de agosto de 1911. Su entierro fue grandioso,
teniendo en cuenta lo alejado que estuvo de las esferas oficiales. Todo el mundo
intelectual se hizo presente y al depositar sus restos en el Panteón de los
maestros, hicieron uso de las palabras eminentes personalidades como E. Holmberg,
Víctor Mercante, J. B. Ambrosetti, José Ingenieros y otros.
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