Los árabes emergieron de su península en 632 y empezaron una sorprendente serie de conquistas que, en el lapso de cincuenta años, parecieron infundir nueva vida al viejo Imperio persa, con la adición de Arabia y el norte de África. Todo parecía indicar la próxima caída de la ciudad de Constantinopla, a la que seguirían los antiguos dominios europeos del extinto Imperio romano. En 673, al ejército árabe no le separaba de Constantinopla más que el Helesponto, y su flota se concentraba frente a la costa. Parecía que nada iba a poder salvar la ciudad.
Pero en la capital vivía un alquimista llamado Calínico (siglo
VII), nacido en
Egipto o Siria, que había llegado a Constantinopla como refugiado. Fuente Consultada: Lo Se Todo Tomo III
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