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"República Argentina”, leyó el oficial del puesto
de control en la tapa del pasaporte. Miró con desconfianza al hombre sentado al
volante del Trabant rojo y le hizo un gesto de “vamos a ver”, mientras
bajaba la barrera a 95 centímetros del pavimento. Primera y adiós para siempre,
pensó el hombre que llevaba pasaporte argentino en el bolsillo y la chica que lo
desvelaba en el baúl.
Pisando el acelerador, aquella tarde de 1963
Norbert Kontad y Helga Werner cruzaron el Muro en un descapotable
alquilado de 89 centímetros de alto. Konrad lo había medido después de desinflar
un poco las cubiertas para poder escurrirse mejor debajo la barrera. La pareja
se sumó así a la lista de habitantes de Berlín oriental que lograron fugarse
hacia la parte de la ciudad donde se pone el sol.
Hans Conrad Schumann fue la primer persona en
escapar de Alemania del Este,
curiosamente era un guardia.
Entre 1949 y 1961 antes de que se levantara el Muro, uno dé cada seis alemanes
del Este daba cambio de domicilio a territorio bajo control norteamericano. De
acuerdo a un estudio de los historiadores Bérnd Eisenfeld y Roger Engelmann
publicado el año pasado, 240 personas murieron después tratando de
cruzar.
Entre ellos estuvo Chis Gueffroy, un joven de 20 años que jamás soñó
figuraren los libros de historia como la última víctima que se tragó el Muro. En
febrero de 1989, apenas nueve meses antes de la caída del paredón, Gueffroy fue
fusilado mientras intentaba treparlo. El informe dice que las 370 personas
dejaron la vida en el intento de pasar a Alemania Occidental a través de otros
puestos de control y que 189 hombres y mujeres murieron al querer huir a través
del Mar Báltico. Por otra parte, más de 5.000 guardias fueron capturados en el
instante en que intentaban quitarse el uniforme de encima y escapar. Alrededor
de 2.500 lo lograron.
El
Gobierno de Alemania del Este nunca dio detalles de la gente que murió
intentando escapar. "Nuestro objetivo era dar a las víctimas una cara y que no
quedasen olvidadas en la historia", ha dicho Maria Nooke, de la Fundación Muro
de Berlín. Las biografías de las 136 víctimas han sido publicadas en el libro
Las víctimas del Muro 1961-1989. La mayoría eran jóvenes con edades
comprendidas entre los 16 y los 30 años. Murieron nueve niños y ocho mujeres,
muchos berlineses del oeste y ocho guardias de Alemania del Este. Además, otras
251 personas murieron al cruzar la frontera oficial, la mayoría por "ataques al
corazón", han asegurado los investigadores.
Al Muro todavía le quedaban diez años de pie cuando Peten Strelzyk y Gíinter
Wetzel desplegaron en secreto manuales para aprender a volar en globo,
mientras sus esposas zurcían cortinas y sábanas para darle piel al sueño de
volar sobre la muralla rigurosamente vigilada.En la noche del 15 de septiembre
de 1979 el globo voló 40 kilómetros en 28 minutos. Sus ocho ocupantes
aterrizaron siete kilómetros al sur de la frontera.
Cinco años más tarde, Ivo Zdarsky, un estudiante de 24 años, le injertó
alas plegables y una hélice hecha a mano a un motor de auto. Le agregó el tanque
de combustible y las medas y se lanzó a sobrevolar el Muro. Recorrió 100
kilómetros y aterrizó en Austria.
Hubo quienes se inspiraron con el agua. En 1968, Kurt Meyer armó el
ciclomotor acuático con el que se sumergió en el Báltico. Llevaba una brújula
atada a una muñeca y tubos de oxígeno. Al llegar a Alemania occidental, estrene
libertad ~ empleo: una empresa lo había contratado para poner en la calle su
modelo.
Fue cavar, sin embargo, el modo de escape más exitoso. En 1962, seis mujeres,
dos hombres, dos chicos de 12 y 9 años y una beba de cuatro meses burlaron el
Muro bajo tierra. La beba iba en una cuna de metal transportada por poleas. Dos
años después, 57 personas entraron a un túnel por el baño de una casa del Este y
salieron al sótano de una panadería de la calle Bernauerstrasse; en la
parte occidental.
A trece años de la caída del Muro, las secuelas de las fugas aún supuran. A
fines de mayo, Wilfred Tews, un hombre de 54 años que fue baleado
mientras huía del Este, enfrentó en un tribunal al guardia que le disparó por la
espalda. Tews tenía 14 años cuando creyó que si nadaba hasta el otro lado del
canal, el destino le permitiría mezclar y dar de nuevo.
En el intento, ocho balas lo dejaron tullido para siempre. “Las heridas nunca
cerrarán”, dijo Tews, aproximándose a lo que sienten hoy los tres millones de
habitantes que tiene Berlín. La tan celebrada reunificación no fue gratis:
recortes en el presupuesto social, el aumento de los impuestos y de la
desocupación han provocado que vecinos de uno y otro lado deL muro que ya no
existe se miren con recelo. Porque la sombra del Muro no se desvaneció del todo.
En diciembre de 1961 Rainer Hildebnandt, un humanista que ayudó a idear fugas,
fundó el museo del Checkpoint Charlie, el más importante del mundo que recuerda
la historia del Muro. “El escape es la madre de la invención”, escribieron en la
entrada.
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