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La reciente decisión del
presidente Evo Morales de nacionalizar las reservas de gas de Bolivia, y el
proyecto de un gaseoducto que unirá Venezuela, Brasil y Argentina ponen en
evidencia la importancia creciente de este recurso energético. El mercado
global emergente del gas natural licuado tiene el potencial para satisfacer la
creciente demanda mundial de energía eléctrica. El interés de EE.UU. en la
medida en que su reservas disminuyen.
Un
nuevo negocio energético global (el del gas natural) está surgiendo. Tendrá un
impacto de largo alcance en la economía mundial, con nuevos riesgos y
oportunidades nuevos alineamientos y conflictos geopolíticos. Conforme el gas se
vuelva una mercancía primaria del comercio global, será esencial para satisfacer
una serie de necesidades urgentes. Estados Unidos necesita estar alerta y
prevenir una inminente escasez de energía; Europa, rejuvenecer su industria; los
países en desarrollo, impulsar el crecimiento, y todos, satisfacer sus
aspiraciones de tener un ambiente más limpio.
El
cambio se logrará tanto con gasoductos de larga distancia como con un gas
natural que, irónicamente, ya no está en forma gaseosa, pues ha sido licuado por
enfriamiento. Este “gas natural licuado” (GNL) será transportado en buques
cisterna que pueden virar de ruta en alta mar para responder a variaciones
repentinas en la demanda global o en los precios.
Gracias a este mercado global
emergente, la iluminación, el aire acondicionado y las fábricas de Estados
Unidos funcionarán con una electricidad que a veces se genera con gas natural
procedente de Indonesia, del desierto argelino, los mares de Trinidad o de
Nigeria, la isla de Sajalin, en el extremo oriental de Rusia, las frías aguas
nórdicas de Noruega o las estribaciones de los Andes. (foto: planta de gas
natural)
Sin
embargo, uno de los aspectos más inquietantes de este nuevo negocio global del
gas es que recuerda los años de transformación de finales de los sesenta y
principios de los setenta, cuando Estados Unidos se integró al mercado mundial
del petróleo. En unos cuantos años, el país dejó de ser un pequeño importador de
petróleo y se convirtió en un gran mercado de estas importaciones. El aumento en
la demanda de los mercados mundiales, impulsado por el motor de la economía
estadounidense, contribuyó a preparar el escenario para las crisis petroleras de
la década de 1970 y creó dependencias con las cuales el mundo aún se debate.
Durante más de medio siglo, Estados Unidos ha sido con mucho autosuficiente en
gas natural, salvo por algunas importaciones de Canadá. En los próximos cinco
años es probable que se vuelva un gran importador de gas; en diez años
desplazará a Japón como el mayor importador mundial. Como inevitablemente se
convertirá en parte de este nuevo mercado global del gas, ¿disparará Estados
Unidos nuevos problemas de seguridad?
En los próximos cinco años es
probable que se vuelva un gran importador de gas;
en diez años desplazará a Japón como el mayor importador mundial.
Muchos negocios se han vuelto auténticamente globales en sus operaciones y
perspectivas durante la década pasada. El gas natural ha sido una excepción
hasta ahora. Aunque es enorme —pues tiene un volumen comercial de más de medio
billón de dólares al año-, ha sido un negocio limitado por el alcance de los
gasoductos y la ausencia de un mercado global. Pero este cuadro está cambiando
porque el GNL permitirá que las abundantes pero por mucho tiempo
subdesarrolladas y “estancadas” reservas mundiales de gas sean llevadas con
eficiencia a los consumidores.
En
Estados Unidos, los precios del gas se han duplicado desde la segunda mitad de
la década de 1990, lo cual coloca una nueva carga sobre la economía y presagia
una escasez. Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de Estados
Unidos, habla advertido en 2004 que las menguantes reservas domésticas son “un
problema muy grave» y una amenaza importante a la economía estadounidense, y se
refirió con vehemencia a la necesidad de desarrollar suministros de gas natural
licuado.
Se
espera mucho del GNL en estos tiempos. Pero desarrollar su pleno potencial
podría costar unos 200.000 millones de dólares a escala mundial, y las compañías
energéticas tendrán que escoger entre invertir en GNL u otras fuentes de
energía. ¿Se establecerá a tiempo la compleja red de tecnología e inversión,
dadas las incertidumbres de los mercados, las regulaciones y las políticas
gubernamentales? ¿Los riesgos geopolíticos limitarán -o impedirán— el
desarrollo? ¿Podrá el gas natural satisfacer la necesidad, y las grandes
expectativas, que el mundo tiene de él?
Evo Morales dió un paso polémico
al decidir nacionalizar el gas en Bolivia
MERCADOS EN EXPANSIÓN:
El gas natural, como el petróleo, es un hidrocarburo, y se lo
encuentra solo o en compañía del petróleo. Hay un chiste de los primeros días
del negocio petrolero: un geólogo que informa sobre la perforación de un
quimérico pozo de exploración dice: “La mala noticia es que no encontramos
petróleo. La buena es que tampoco encontramos gas”. La frase de remate refleja
el mercado tradicionalmente mucho más limitado del gas natural, su bajo valor
comparado con el del petróleo y la apreciación de fastidio que se concedía a un
producto que no podía ser bombeado en el depósito de combustible de un
automóvil. En las últimas décadas, sin embargo, cada vez son más evidentes las
ventajas del gas.
Pero desarrollar su pleno
potencial podría costar unos 200.000 millones
de dólares a escala mundial
El
gas es el combustible fósil más limpio; produce poca contaminación y emite menos
dióxido de carbono —el gas principal en el efecto de invernadero— que el
petróleo o el carbón. También es muy abundante. Sus reservas probadas totalizan
lo que en términos petroleros ascenderían a más de un billón de barriles. Rusia,
que posee 30% de las reservas mundiales, es la “Arabia Saudita del gas natural”.
Otro 25% está en los subsuelos de Irán y Qatar que, juntos, componen el
gigantesco yacimiento North Fieldl South Pars, que se encuentra en el subsuelo
de ambos países. A continuación vienen, en términos de reservas, Arabia Saudita
y los Emiratos Arabes Unidos. Estados Unidos está en sexto lugar, pero con sólo
3,3% de las reservas mundiales. Otros países con reservas aún menores, como
Indonesia y Malasia, de todos modos figuran entre los principales exportadores
de GNL En muchos otros países se encuentran grandes reservas que pueden servir
de base para desarrollos de GNL. En efecto, debido al creciente interés por el
gas natural, se prevé que se descubrirán reservas mucho mayores en todo el
mundo. Por ejemplo, normalmente se piensa en Nigeria como un importante país
petrolero, pero para quienes conocen sus perspectivas la verdadera promesa es
una provincia potencialmente enorme de gas natural en la que además hay
petróleo.
El gas es el combustible fósil más
limpio; produce poca contaminación y emite menos dióxido de carbono —el gas
principal en el efecto de invernadero— que el petróleo o el carbón.
Hoy,
el gas proporciona casi la cuarta parte del total de energía a la economía de
Estados Unidos. Si bien el mercado europeo apenas comenzó sus operaciones en
gran escala en 1959, con el hallazgo de un importante yacimiento en Holanda,
actualmente el gas suministra más de 20% de la energía de la región, y esa
participación sigue elevándose.
La
fuente principal de gas en Europa ha sido la Unión Soviética (y Rusia en la
actualidad). En la década de 1980, la propuesta expansión de las remesas
soviéticas de gas natural a Europa causó un problema geopolítico: fue la disputa
que más dividió a estadounidenses y europeos en esa década. Quienes proponían el
tendido de nuevos gasoductos desde la Unión Soviética creían que el gas que
condujeran reduciría la dependencia europea de la Organización de Países
Exportadores de Petróleo (OPEP) y mejoraría su economía. Los opositores, sobre
todo en Estados Unidos, señalaban que incrementaría la dependencia europea de la
Unión Soviética y daría al Kremlin tanto ventajas políticas como divisas duras
para alimentar su complejo industrial militar. La construcción de lo que es hoy
un gasoducto de 9.600 kilómetros de longitud que va de Siberia a las costas del
Atlántico fue también uno de los sucesos precursores de la internacionalización
del negocio del gas. Otro más fue el surgimiento del gas natural licuado.
La fuente principal de gas en
Europa ha sido la Unión Soviética (y Rusia en la actualidad). En la década de
1980, la propuesta expansión de las remesas soviéticas de gas natural a Europa
causó un problema geopolítico: fue la disputa que más dividió a estadounidenses
y europeos en esa década.
PODER LIQUIDO:
En estado gaseoso, el gas natural sólo puede ser transportado con
eficiencia por medio de gasoductos. Pero cuando hay océanos de por medio, los
gasoductos no son funcionales. Por fortuna, cuando el gas natural se refrigera a
temperaturas menores a -162 grados centígrados, se condensa en un liquido que
puede ser colocado en un buque cisterna y transportado a lo largo de miles de
kilómetros por mar. Una vez en su destino, el gas licuado se restaura a su
estado original en una estación regasificadora. Por lo general, el proceso ha
sido relativamente costoso. Pero es muy efectivo y permite empacar grandes
cantidades de energía en una sola carga: un solo embarque contiene el
equivalente de 5% del gas que se consume en Estados Unidos en un día promedio.
El
primer negocio comercial de GNL comenzó a mediados de la década de 1960 y
operaba entre Argelia y el Reino Unido y Francia. Pero esa operación incipiente
fue pronto reemplazada por reservas más baratas enviadas por gasoductos de los
Países Bajos y del Mar del Norte británico, y luego de Rusia y Noruega. No fue
sino a finales de los noventa cuando nuevos proyectos en Nigeria y Trinidad, y
más tarde Qatar, llevaron más GNL a Europa.
Sin
embargo, el verdadero crecimiento del GNL provino de Asia. Japón quería reducir
la contaminación del aire cambiando del carbón y el petróleo al gas natural para
generar electricidad, pero los gasoductos no eran una opción. Así pues, en 1969
comenzó a importar GNL de Alaska (lo cual continúa haciendo hasta hoy). Luego,
tras la crisis petrolera de 1973, el gobierno japonés promovió el GNL por
razones de seguridad energética: reducir la dependencia del petróleo del Medio
Oriente. Desde entonces Japón ha diversificado sus fuentes de abasto, e importa
GNL de varios estados como Abu Dhabi, Australia, Brunei, Indonesia, Malasia y
Qatar. Corea del Sur se convirtió en el segundo principal importador de Asia a
finales de la década de 1980, y Taiwán se unió al club de importadores asiáticos
en la de 1990. Enfrentadas a 4
una
demanda cada vez mayor de electricidad, las enormes economías de China e India
se preparan para sumarse a las ffias de importadores de GNL en los próximos
años.
EL MOTOR ESTADOUNIDENSE:
En los dos últimos años, Estados Unidos ha mostrado ser un mercado crucial de
expansión futura para el GNL: de hecho, es el mercado más importante. Por sí
solo representa la cuarta parte del gas natural consumido diariamente en el
mundo. Conforme las importaciones estadounidenses de Canadá se incrementaron en
la década de 1990, lo que había sido autosuficiencia nacional se transformó poco
a poco en autosuficiencia continental, e interdependencia. Y ahora, además,
México importa gas estadounidense.
Estados Unidos abrazó con entusiasmo la nueva tecnología impulsada por gas para
la generación de energía. En conjunto, su uso del gas natural en la producción
de energía eléctrica se ha incrementado casi 40% desde 1990, y viene un
crecimiento mucho mayor. Se han construido nuevas plantas de energía con
capacidad de generar más de 200.000 mega-vatios en fechas recientes o están
próximas a iniciar la producción. Se trata de una enorme capacidad de energía,
equivalente a más de la cuarta parte de la capacidad instalada del país en el
año 2000, y mayor que todas las industrias de energía eléctrica del Reino Unido
y Francia juntas. Mucho más de 90% de esta nueva capacidad es alimentada por gas
natural.
Pero
aumentar la demanda de gas choca con lo que ahora aparece como una escasez de
gas natural en Estados Unidos. Las fuentes tradicionales de energía ya no pueden
mantenerse al paso del creciente consumo de electricidad. Los muy decepcionantes
resultados del auge de perforación de 2000-2001 fueron el primer indicador de
esta disparidad. Desde 2001, la oferta ha decrecido en 4%. En los próximos años
se perforarán nuevos pozos y se añadirán nuevas reservas. (Debido al agotamiento
de los pozos existentes, en 10 años más de la mitad de la oferta doméstica
tendrá que provenir de pozos que aún no se perforan.) Puede haber un modesto
repunte de la oferta en los dos próximos años, el cual, junto con una débil
economía y un clima apacible, pueden encubrir temporaria mente la realidad de la
escasez. Pero, como observa el Consejo Nacional del Petróleo de Estados Unidos
en su nuevo estudio, persiste la realidad de que la base geológica de Estados
Unidos se ha agotado, es decir ha sido ex en su totalidad. La escasez de
energía, y la resultante elevación en el costo de producir electricidad a partir
del gas natural, fueron una de las razones de la crisis energética de California
en 2000-2001.
En
respuesta a la contracción de la oferta y la demanda en Estados Unidos, los
precios internos del gas se han duplicado, lo cual ha representado una carga
sobre la economía. Además, el actual declive de la oferta es pequeño en
comparación con lo que podría ser dentro de unos años, cuando comience la
verdadera disminución en la producción estadounidense de gas. La elevación de
precios lesionará a los propietarios de casas y a industrias como la de
fertilizantes, la química y la de plásticos, que dependen del gas. Empresas de
esos sectores ya están reduciendo su producción y cerrando plantas. Pero el
efecto total del aumento en los precios del gas aún no se siente. Cuando eso
ocurra, las fábricas se mudarán a otros países y se perderán empleos, en el
orden de cientos de miles e incluso de millones. En forma por demás dolorosa,
ello reducirá el consumo en el sector industrial. Algo de esto ya ha comenzado a
ocurrir. La conservación de la energía tendrá un papel importante en mitigar el
problema de la contracción de la oferta, pero habrá límites a lo que puede
lograr, en especial con el aumento inexorable de la demanda de energía eléctrica
(y, por lo tanto, del gas natural), que avanza más rápidamente que las mejoras
en la eficiencia energética. El hallazgo de nuevos yacimientos importantes, o
avances significativos en la tecnología de perforación, podrían incrementar las
existencias en el país. Además, hay importantes áreas prospectivas en Estados
Unidos: el oriente del Golfo de México, las Rocallosas y los litorales este y
oeste del país. Pero por el momento no son viables por razones ambientales, y
cualquier esfuerzo por mejorar el acceso a ellas conducirá en forma ni-evitable
a una tormenta política. A fin de cuentas, un nuevo gasoducto traerá grandes
cantidades de nuevas dotaciones de la Ladera Norte de Alaska (que no ha de
confundirse con el controvertido Refugio Nacional de la Vida Silvestre del
Ártico), pero la realización de ese proyecto tardará probablemente una década y,
aun entonces, sólo compensará una parte de las necesidades por cubrir.
Por
lo tanto, se necesita GNL para compensar una buena parte de la falta de oferta.
En
2002 el GNL representaba sólo 1% de la oferta de gas natural en Estados Unidos.
Hacia 2020 podría ser más de 20%.
UNA MIRADA AL FUTURO:
¿Qué podría hacer zozobrar el desarrollo del GNL? En una época en que
los precios del petróleo y el gas son elevados, sólo puede esperarse el
optimismo sobre los prospectos de un nuevo mercado de GNL Pero la industria no
se desarrollará siguiendo un solo camino; tendrá que sortear alteraciones y
hacer ajustes sobre la marcha. Los bajos precios del gas, incluso si son sólo
temporarios, pueden desanimar a los inversionistas y dificultar el crecimiento.
Se requiere más que una mayor demanda, reservas abundantes y costos competitivos
para construir un mercado global. Las compañías privadas necesitan comprometer
el capital y los recursos humanos necesarios. Las empresas de propiedad estatal
tienen que resolver los conflictos entre el atractivo comercial del GNL y otros
imperativos políticos y sociales. Los bancos y otras instituciones de crédito
necesitan tener confianza en la solidez financiera de los proyectos. Todos los
participantes requieren la habilidad de sortear los altibajos de un mercado de
productos básicos.
También los precios altos de los energéticos podrían alterar el negocio, al
renovar la tradicional batalla por el ingreso económico entre los gobiernos y
las compañías extranjeras. Alentados por la demanda del mercado, las presiones
financieras y los sentimientos nacionalistas, los gobiernos podrían verse
tentados a tratar de renegociar condiciones para sacar más valor de sus
recursos. En última instancia, los grandes proyectos de gas sólo saldrán
adelante cuando las condiciones de las negociaciones sean equitativas, justas y
estables para todas las partes.
Los
gobiernos de los países consumidores también necesitarán resistir una serie de
tentaciones. Si se permite que el mercado opere, dicen los manuales, la
elevación de los precios del gas debe crear una mayor oferta, con lo cual el
mercado y los precios volverían al equilibrio. En realidad, sin embargo, tales
precios también podrían impulsar a los gobiernos a adoptar políticas que, si
bien populares desde el punto de vista político, podrían ser contraproducentes
en lo económico. Ya se habla en Estados Unidos de imponer controles de precios y
restringir el consumo de gas con “leyes sobre el uso del gas”. Si esas medidas
se consideran seriamente, el riesgo y la incertidumbre de nuevos proyectos se
elevarán y, por lo tanto, se retrasará la tan necesaria inversión. La
implantación de tales restricciones puede frenar por completo el desarrollo.
La
globalización del mercado del gas también plantea interrogantes de índole
geopolítica. Algunos analistas prevén que los nuevos intereses e
interdependencias que producirá el comercio del GNL fortalecerán las relaciones
entre los países productores y los consumidores. Otros, en cambio, temen que
sólo conduzcan a depender de las importaciones de un nuevo producto básico
esencial, lo cual puede crear vulnerabilidad a maquinaciones deliberadas,
perturbaciones políticas o problemas económicos.
No es
posible dejar de lado estas inquietudes. En 2001, una insurgencia secesionista
islámica en la isla de Sumatra cerró temporaria-mente las instalaciones que
abastecen a Japón, si bien el GNL de otros lugares de Indonesia compensó el
desabastecimiento. En 2002, la producción petrolera se vio trastornada en
Venezuela por una virtual guerra civil entre el presidente Hugo Chávez y sus
opositores, yen Nigeria por tensiones étnicas y conflictos regionales, hechos,
ambos, que tuvieron fuerte impacto en el mercado mundial del petróleo. Bien se
pueden vislumbrar escenarios en los que las grandes exportaciones futuras de GNL
puedan verse sujetas a algún tipo de interrupción, aunque sea breve. Pero la
mejor respuesta a tales preocupaciones de seguridad es establecer el negocio
global del GNL y asegurar que provengan grandes suministros de muchos países.
¿Qué
probabilidades existen de que surja una “OPEG”, es decir; una especie de OPEP
del gas? ¿Podría ocurrir que unas cuantas naciones lleguen a dominar la oferta
de GNL y adopten políticas que hagan recordar la OPEP de la década de 1970,
enfrentada a los países consumidores? Es probable que se dé algún tipo de
asociación entre los exportadores de GNL. Muchos son también exportadores de
petróleo, ye! deseo de comparar condiciones fiscales será irresistible. Pero
habrá límites en cuanto a lo lejos que puedan llegar. Por principio de cuentas,
probablemente habrá muchos países, y muy diversos, como para formar un solo
bloque. Australia, Yemen y Angola verán el mundo en forma muy diferente. Además,
los países exportadores competirán no sólo entre sí, sino también con la
producción local en los países consumidores y con los suministros a través de
gasoductos, lo cual reducirá sus ventajas. En última instancia, los propios
países exportadores necesitar también mantener buenas relaciones con sus
clientes, proteger su segmento de mercado y promover más inversiones. Por lo
tanto, probablemente serán cautelosos en cuanto a adoptar acciones que puedan
perturbar el tan necesario flujo de ingresos hacia sus tesoros nacionales.
Estos
temas geopolíticos deben servir de recordatorio deque el comercio del gas
también tendrá implicaciones políticas, si bien no necesariamente alguna que
desencadene confrontaciones. El gas no es sólo una mercancía básica más. Puesto
que se lo comercia entre naciones, es también una oportunidad para que los
estados establezcan relaciones duraderas, como han hecho países en Asia y Europa
en las tres últimas décadas. Japón, siempre necesitado de energía, ha visto
desde hace mucho tiempo cómo forjar vínculos políticos fuertes con sus
proveedores de gas. Por ejemplo, el proyecto Sajalin de GNL, inversión de 10.000
millones de dólares para abastecer gas de Rusia a Japón, es la inversión privada
extranjera más cuantiosa en Rusia..
El
negocio del gas natural está en el umbral de un cambio profundo; listo para
volverse global y adoptar un modelo de mercado más flexible. El gas puede
convertirse verdaderamente en el combustible que ayude a mantener encendidas las
luces del planeta. Pero dicho avance no está predeterminado; Estados Unidos
necesita abarcar el mercado del GNL para completar esa transformación. El
compromiso es necesario también para satisfacer las demandas energéticas y
económicas del país. Para que esto ocurra se requiere que las estrategias de las
empresas y las políticas del gobierno avancen al unísono. La interdependencia
incrementada>producirá cierta variedad de riesgos, pero, en un mercado global
creciente y diversificado, es posible manejarlos. Estos son pequeños en
comparación con el riesgo mucho mayor de que Estados Unidos y Europa enfrenten
una escasez constante de gas natural. Existe una urgencia cada vez mayor de
hacer inversiones de corto plazo con el propósito de evitar trastornos más
serios en los mercados del gas y en las economías en los próximos años de esta
década
El negocio del gas natural está en
el umbral de un cambio profundo; listo para volverse global y adoptar un modelo
de mercado más flexible.
Nota: Daniel Yergin y Michael
Stoppard
Daniel Yergin es presidente
de Cambridge Energy Research Associates (CERA) y autor de The Prize: The Epic
Quest for Oil, Money, and Power.
Michael Stoppard es director de Global LNG de CERA y co autor de The New
Wave: Global LNG in the Twenty-first Centuty
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